#4 Tiempos
Antonio F. Alonso, el oftalmólogo que fue gobernador y director del Instituto Científico | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
La oftalmología en México comenzó a desarrollarse al nacer el México independiente. Varios son los personajes que han trascendido en la historia de la oftalmología mexicana, entre ellos los doctores José María Vértiz, Manuel Carmona y Valle y el potosino José Ramos de quien ya hemos tratado en esta columna.
Para 1833, al fundarse el Establecimiento de Ciencias Médicas, se empezaron a cursar las nociones de oftalmología, egresando los primeros médicos cirujanos que se consagrarían a la oftalmología. A fines de los cincuenta decimonónicos se abriría la plaza de adjunto de la materia de física médica en la que participaría el Dr. Ángel Iglesias y Domínguez que regresaba de París especializándose en el estudio de los ojos, en el concurso por la plaza Iglesias eligió el tema de “Fenómenos físicos de la fisiología y patología del ojo”, otorgándosele la plaza de adjunto de la cátedra de física médica, incorporándose así el estudio de los ojos en la Escuela Nacional de Medicina.
Los médicos mexicanos especializados en oftalmología harían importantes contribuciones, muchas de ellas de primacía mundial, la mayoría centrados en la capital de la República. Sin embargo, las contribuciones en el interior del país no serían menos importantes. Así, en el caso de San Luis Potosí, destacaría el Dr. Antonio F. Alonso, que fuera catedrático del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí donde impartiría, entre otros, los cursos de patología general semeiotica y clínica oftalmológica. Antonio F. Alonso llegaría a ser director del Instituto Científico.
Antonio F. Alonso Vaquero nació en San Luis Potosí el de enero de 1872, fue estudiante de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, de donde partió a la ciudad de México a proseguir sus estudios de medicina en la Escuela Nacional de Medicina recibiéndose en 1893 como médico cirujano. Fue alumno del Dr. José Ramos y desde su época de estudiante incursionó en el estudio de la oftalmología, regresando a su ciudad natal ejerciendo la medicina y realizando estudios de investigación en oftalmología.
En 1893, ya radicado en San Luis Potosí, Antonio F. Alonso ya hablaba de las ventajas de la antisepsia en la oftalmología, iniciando su gran producción científica habiendo informado de casos de enucleación por algún tumor, blefaroplastias, iridectomías, punción en el tratamiento del desprendimiento de la retina, uso del injerto escleral en las prótesis oculares, sobre el método de Lagrange en el tratamiento del glaucoma, de su método en la catarata y de su técnica personal en el queratocono. La mayoría de las operaciones las llevó a cabo en el Hospital Civil de San Luis Potosí. Además, por primera vez en el país, informó sobre el tratamiento de la miopía por medio de la extracción del cristalino, convirtiéndose en uno de los principales oftalmólogos de México siguiendo los pasos de su maestro el oftalmólogo potosino José Ramos.
Además de director del Instituto Científico, fue Gobernador sustituto del Estado de San Luis Potosí y rescató parte de la rica biblioteca del obispo Montes de Oca que estaba siendo destruida. Parte de este acervo se encuentra ahora resguardado en el Centro de Documentación Histórica de la UASLP. En la primera década del siglo XX estuvo realizando estudios en oftalmología en clínicas francesas, alemanas y austriacas.
Su obra científica es bastante amplia y sus trabajos publicados han trascendido, por citar parte de su obra mencionamos:
Oftalmia purulenta de los recién nacidos y la ceguera en México: su importancia a la luz de la higiene, de la sociología y de la moral : su profilaxia y su terapéutica; 250 casos de cirugía ocular, comentarios y consideraciones prácticas: prueba escrita; Breve estudio sobre la arterio-esclerosis y su importancia patológica; la doctrina de Marx, la igualdad de los hombres y la filosofía científica; los problemas de la filosofía y de la ciencia: evolución del pensamiento universitario; contribución al tratamiento de la oftalmía simpática y valor de la enucleación ocular (San Luis Potosí, 1893); la asepsia y la antisepsia en oculística (San Luis Potosí, 1894); tratamiento quirúrgico de la miopía fuerte por la extracción del cristalino transparente (San Luis Potosí, 1903); la oftalmía purulenta y la ceguera en México. Su importancia médica y moral. Su profilaxia (San Luis Potosí, 1905); diagnóstico y tratamiento de la sífilis ocular (San Luis Potosí, 1905); la herencia sifilítica ocular y sus estigmas rudimentarios (San Luis Potosí, 1907); la oftalmía purulenta de los recién nacidos y la ceguera en México. Consejos prácticos a los médicos, las parteras y al público (San Luis Potosí, 1908); la oftalmoscopía en las enfermedades nerviosas (San Luis Potosí, 1908); la extracción del cristalino transparente en la miopía fuerte. Nuevos casos (San Luis Potosí, 1911); el Salvarsán (606) en oftalmología (San Luis Potosí, 1912).
El Dr. Antonio F. Alonso Vaquero murió en la ciudad de México el 23 de marzo de 1955.
También lee: La Gran Apachería, una obra de Antonio Martínez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Por: Redacción
El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.
San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.
Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.
El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga . Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.
Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.
Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.
El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.
San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.
También lee: Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.
En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.
El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.
González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador , entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.
El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.
Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.
Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.
Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.
También lee: Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.
Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.
En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.
Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.
Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.
Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.
Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.
Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.
Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.
Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.
«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.
Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud
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