octubre 25, 2026

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#4 Tiempos

Saberse protegido por la ley | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO

 

Bien dicen que para conocer a una sociedad, un buen acercamiento es leer sus leyes. A través de ellas es posible conocer historias, dinámicas, principios y prioridades. Se conoce ahí lo prohibido y lo protegido; aquello que duele y su respectivo remedio.

Hace algunas semanas, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó un dictamen para reformar el artículo 17 de la Constitución. El dictamen propone añadir un nuevo párrafo que reconozca el derecho de las personas desaparecidas a ser buscadas. La iniciativa de reforma dice: «Todas las personas tienen el derecho a ser buscadas; el Estado protegerá a las personas contra las desapariciones, las buscará bajo la presunción de vida, sin estar vinculado a la investigación ministerial. Preservará su personalidad conforme a la Ley y de encontrarla sin vida, las identificará y entregará sus restos de forma digna a quien tenga derecho».

Parece positivo, al menos a primera vista, que se reconozca en nuestra Constitución que todas las personas desaparecidas tienen el derecho a ser buscadas. Sin embargo, incluso aunque esta reforma constitucional no sea aprobada, las autoridades mexicanas ya se encuentran obligadas a buscar a toda persona desaparecida. Es decir, el derecho a la búsqueda y los mecanismos legales para poner en operación a este derecho ya existen; no es necesario que esté reconocido textualmente en la Constitución.

Pensemos en la siguiente analogía: la Teoría del color nos enseña que hay tres colores primarios que, combinados entre sí, pueden producir toda una amplísima gama de colores distintos, por ejemplo, mezclar amarrillo y azul para obtener verde. Sucede algo muy similar con el reconocimiento de los derechos: nuestra Constitución contiene redactados una serie de derechos fundamentales y principios básicos que, combinados entre sí, pueden abrir la posibilidad al pueblo de que exijan a la autoridad que actúe de determinada manera. Un ejemplo muy claro es el derecho a la protesta. Aunque es tan importante en nuestra tradición mexicana, no hay un artículo expreso en la Constitución que nos habilite directamente a protestar. Sin embargo, uniendo el ejercicio de dos derechos básicos, el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libre reunión, las personas estamos protegidas constitucionalmente para protestar en el espacio público.

Ese es también el caso del derecho que tienen las personas desaparecidas a ser buscadas, que puede construirse a partir de una interpretación del derecho de acceder de manera efectiva a la justicia. Este derecho a la búsqueda y las obligaciones del Estado mexicano de buscar a las personas desaparecidas ya tienen un robusto —aunque todavía inacabado— desarrollo en  nuestro marco jurídico. Los tratados internacionales, las leyes, protocolos, reglamentos e incluso los precedentes de la Suprema Corte ya se han encargado de definir el contenido del derecho de las personas a ser buscadas. Es un derecho que, aun sin estar reconocido textualmente en la Constitución, sí puede ser exigible a las autoridades con suficiente fuerza legal. Entonces, ¿de qué le servirá esta reforma a la sociedad, severamente azotada por el monstruoso fenómeno de desapariciones?

Es verdad que el hecho de que las autoridades mexicanas ya se encuentren obligadas a buscar a las personas desaparecidas no ha resultado en que los cientos de miles de familias afectadas se reencuentren con sus seres no localizados. El principal efecto de la eventual reforma, me parece, está en su función comunicativa y empoderante.

La Constitución es el relato fundamental que trata de unirnos a todos y todas como nación; es una fuente de identidad y de cohesión social. En el texto constitucional está escrita, de una u otra manera, una buena parte de nuestra historia, tradición y manera de entender la forma en que la autoridad y el pueblo nos relacionamos. La mirada al pasado que nos ofrece la Constitución es también el cimiento sobre el que se construye el futuro; ofrece una guía para avanzar. Incluir en nuestro relato nacional que hay personas que desaparecen, y que la autoridad tiene el deber de buscarlas, tiene implicaciones de la mayor trascendencia: significa dejar un registro indeleble de que la crisis de personas desaparecidas es una de las grandes enfermedades que padecemos en los tiempos que corren.

De aprobarse la reforma, la Constitución entonces le comunicará a todos los mexicanos y mexicanas —al mundo— que el gobierno no puede cumplir con la esencial tarea de decirle a una familia en dónde está su ser querido no localizado.

Este rol comunicativo de la Constitución funcionará como un elemento empoderante para la interacción con la autoridad. El lenguaje legal es un obstáculo infranqueable para que muchas personas puedan acceder a la justicia. En la mayoría de las ocasiones se necesita de un intérprete —un abogado o abogada— para poder hacerle una petición al sistema. Pero cuando nuestros derechos pueden ser fácilmente nombrados y ubicados en la Constitución, el texto legal de más fácil acceso, la experiencia de reclamar su cumplimiento tiene el gran potencial de ser  un poco menos desgastante.

Me parece que con esta reforma una madre podrá contar con el empoderamiento para plantarse frente a la autoridad a exigir la búsqueda de su hijo desaparecido, por la sencilla razón de que es su derecho y porque así lo dice —dirá— el artículo 17 de la Constitución. Todo esto sin la necesidad de hacer interpretaciones de la ley —mezclas de colores primarios— o de requerir de un intérprete que conozca a profundidad todas las leyes aplicables y los más recientes precedentes de la Suprema Corte sobre el tema. Será, espero, una experiencia menos aflictiva para las víctimas que tener que explicarle a la autoridad, generalmente indiferente, que con fundamento en un artículo perdido de una ley con un nombre imposible de memorizar, las instancias correspondientes deben iniciar las tareas de búsqueda y la investigación del posible delito.

Se requiere de un consenso a nivel nacional para escribir algo en nuestro relato fundamental. La iniciativa de reforma aún tiene que ser aprobada en el pleno de la Cámara de Diputados, luego en el Senado. Después, más de la mitad de los congresos locales también deberán aprobarla. Pero de nada servirán el consenso, el empoderamiento y el reconocimiento de la realidad si con ello no se acompañan planes, dineros suficientes y personas que trabajen en darle vida a la tinta escrita en el papel. La Constitución no será más que un inerte papel si el empoderamiento de saberse protegido por la ley se esfuma cuando las autoridades no inician la búsqueda de manera inmediata y con todos los recursos al alcance. Ojalá que durante el proceso legislativo se escuche con atención a los colectivos de víctimas y a las organizaciones. Ojalá que las agencias de investigación y las comisiones de búsqueda, la nacional y las de los estados, sean reconocidas con los medios suficientes para lograr tan relevante empresa: volver a unir a las familias desmembradas; volver a unir a la nación partida.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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