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American Psycho | Columna de José Miguel Fernández Rendón

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Más allá que un thriller psicológico, lo veo como una muestra de lo que el poder puede hacerle a algunas personas que no saben cómo manejar dicho poder. No es ficción, cosas así realmente pasan. Durante esta película podemos ver cuáles son los detonantes para que personas como el protagonista, Patrick Bateman (Christian Bale), decida hacer actos tan inhumanos y de esa magnitud.

Los tres actos de esta película, personalmente los veo como transiciones entre el ‘Yo’, ‘Superyó’, para acabar con el ‘Ello’.

Ello: es la parte de los impulsos primitivos. A veces considerado como nuestro verdadero ser.

Superyó: nuestra persona pero que percibe lo que la sociedad quiere ver, sirve para contrarrestar al Ello.

Yo: la persona que mostramos a la sociedad, un equilibrio entre el Superyó y el Ello basado en lo socialmente aceptado.

El ‘Yo’

El Yo nos es presentado desde el inicio de la película. Patrick Bateman, un hombre joven, de Wall Street, siempre preocupado por ser el mejor, tener los mejores trajes, departamento y con un extremo cuidado personal. Él mismo nos narra su rutina diaria, con una voz que podría sonar, inhumana por la falta de emoción al hablar.

Entre cada acto, hay destellos del Ello, que poco a poco es más difícil de controlar para Patrick. Lo interesante es que estos impulsos son detonados por mínimos detalles como una tarjeta de presentación.

El ‘Superyó’

El Superyó, es lo que toda la sociedad ve de Patrick Bateman, un hombre de 26 años, exitoso, bien relacionado, elegante. Siempre en los mejores recintos de la ciudad de Nueva York. Lo vemos actuar más en esos mismos impulsos de Patrick por no dejar salir su verdadero ser.

Aunque rápidamente vemos ir perdiendo fuerza…

Volvemos a la tarjeta de presentación, una lucha de egos entre los hombres de negocios de Wall Street, todos luchando por la mejor tarjeta de presentación. Aunque todos lo ven como lo que es, una simple competencia amigable. Para Patrick es el detonante. Su mirada cambia, sus ojos se pierden, comienza a temblar de enojo, confusión e impotencia. Finge estar bien, aunque secretamente está planeando lo que será el primero de muchos asesinatos a sangre fría. Ante su enemigo de tarjetas Paul Allen (Jared Leto).

El ‘Ello’

El verdadero protagonista de esta película. Una vez que Bateman libera su verdadera forma de ser, no hay vuelta atrás. Comienza con Paul Allen, lo lleva a su departamento. Allen, tomado, no se da cuenta de lo que Patrick está haciendo. Cubre el piso, su traje, pone música a un volumen alto, como audiencia tampoco escuchamos a la perfección lo que está pasando.

Vemos una sonrisa enfermiza de Patrick, al mismo tiempo que un hacha se levanta para caer con fuerza sobre Paul Allen, todo el tiempo lo único que vemos es la cara de Patrick, la satisfacción ahora bañada en sangre. El ‘Ello’ ganó, a partir de ahí es quien toma el control sobre las acciones de Patrick. Con un toque de Ello, para comportarse ante la sociedad y no ser atrapado.

Hasta perder el control, no importa que pase, el continúa ingeniándoselas para seguir alimentando al Ello. Una noche se salió del control de esa inteligencia que solo el Ello conoce, mató sin importarle que dejaba huellas, pistas que lo relacionarían directo a él, hasta que se rinde, habla con su abogado y le explica que pasó.

¿No hay salida…?

Al  día siguiente entra al bar donde siempre pasaban el rato él y sus compañeros. Va con su abogado, habla con él, pero el abogado parece no entender nada. El abogado explica que no pudo haber hecho todo eso porque él había visto a Allen, después del supuesto asesinato. Pero… ¿qué pasó en realidad, fue solo una ilusión para satisfacer esos impulsos?

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