#4 Tiempos
¡AGÁRRATE LA PILA! | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Amigos de mi alma prisionera, hijos de “será tu cárcel y nunca saldrás”: al centro penitenciario potosino, mejor conocido como La Pila (tiene un nombre larguísimo y aburrido), le auguro un gran porvenir.
Estoy cierto que, de reunir a ciertos huéspedes, dará un salto cuántico en su estructura y organización en tal magnitud que la potenciará como un modelo penitenciario digno de seguir para todo el sistema de readaptación social en el país.
No exagero, imagine solamente las posibilidades infinitas que tiene hoy La Pila si se reúnen pronto:
“El Gabo” Salazar, detenido desde el año pasado; el ex Secretario de Seguridad Pública, Jaime Pineda Arteaga, que espera el desahogo de pruebas y segunda audiencia y –digamos- solo por ocupar mi imaginación últimamente desquehacereada, a alguna ex titular de los servicios de salud, a algún encargado o encargada de obra pública, algún ex secretario o diputado (amigo y protector de los mencionados sin quien no se podría entender los privilegios y concesiones de los primeros).
Sume a uno que otro burócrata de esos expertos en contratos, adquisiciones o licitaciones, e incluso podríamos agregar (recuerde que este es un ejercicio de ficción y hasta el momento todos son presuntos, subrayado, inocentes) a algún ex funcionario o funcionaria de primer nivel de mando con experiencia en “movilidad masiva”.
¡Qué fiestón! ¿Apoco no? (hasta quiero que me pongan “El Rock de la Cárcel” a todo volumen).
Todos los estereotipos serán resquebrajados y los paradigmas estarán hechos pedazos.
Si la Fiscalía consigue que paguen, los que deban pagarla, por escandalosos desfalcos y tremendos apapachos que, presuntamente (subrayado otra vez), se dieron con el dinero de todos los potosinos o simplemente fueron omisos para que todos los demás manotearan con el recurso… ¡Agárrate! La Pila: Los cambios serán evidentes e inmediatos:
Para empezar el visionario “rey del emprendimiento”, y presunto estafador (siempre presuntos), Gabo Salazar organizaría con impunidad una “Caja de Ahorro para el Amigo Presidiario, Sociedad Anónima de Capital Volátil (CAAP S.A. DE C.V.)”.
A sus compañeros convictos los invitaría de “socios”, ofreciendo un buen rendimiento, además les prometería “servicios de seguridad a bajo costo”, así como los cursos de superación: “Cómo ser un presidiario exitoso” y “El ABC de un estafador excelente”.
Si a esa reunión carcelaria se invitara, por ejemplo, a alguna ex secretaria de salud, ya veo los cambios en los servicios de enfermería del centro penitenciario, habría hasta quirófanos (sin equipar eso sí, pero habría).
Se daría por hecho que jamás faltarían medicinas para los privados de la libertad (se tendrían en bodegas… pero de que habría medicinas, habría).
También se vendería (a un costo modesto) “seguros contra ataque de fileros y otros fierros”, “seguro anti tableo” o “seguro contra madriza repentina en el patio”, todo estaría incluido en una especie de “Seguro Popular para el Amigo Reo”.
Si su protector –sigamos imaginando- llega a hacerles compañía a todos ellos, rápidamente los servicios de la caja de ahorro así como los del seguro médico, se publicarían junto con la información más relevante de la prisión, los chismes y alegatos de las visitas conyugales y otros datos, en un periódico modesto impreso en papel del baño (que muchas veces e irónicamente es papel periódico) y se vendería a todas las secciones y áreas a peso, pero además contaría con un jugoso contrato con la dirección del Ceprereso. Se llamaría: “La Razón del Reo”.
Jaime Pineda por su parte (debe ser espantoso ser policía y estar preso) sería el encargado de autorizar las compras de uniformes tanto a internos como a custodios, licitar la compra de armamento, sugerir a los proveedores del centro y pondría “orden” a los motines, golpizas y linchamientos . Se haría un calendario ordenado de “suicidios” y en general los internos se sentirían mucho más protegidos que antes. Qué diferencia.
Pineda también sería inversionista en la caja del Gabo, y con sus rendimientos hasta pagaría una lujosa celda al poniente de la sección A durante su estancia.
La Pila contaría con el proyecto de un “puente a la libertad” imaginario que se quedaría en proyecto, pero al que todos los internos tendrían que aportar de sus ingresos.
Para familiares y amigos de los internos, La Pila y solo nuestra Pila en todo el país, contaría con un innovador “sistema masivo de transporte”, que por una módica cantidad o la compra de una tarjeta, llevaría a familiares y amigos de la entrada al área de visita en un “santiamén”, pues se construiría (también en la imaginación) un solo carril de traslado para los visitantes. Todo muy moderno.
Ahora que si a todos los juntan en algún taller de arte, manualidades o lectura de esos que se les da a los internos, apuesto a que los imaginarios huéspedes tienen capacidad de sobra para convertirlos en “asambleas” forman sindicato, arman asociación y en una de esas hasta partido político: “Partido Político La Pila” y su lema: “No hay libertad como la impunidad”.
En fin, me retiro pero reitero: Esto fue un ejercicio de ficción. ¿O no?
BEMOLES
PRECISIÓN COMERCIAL
Con mal tino y peor gusto quisieron armarle el fin de semana un “escándalo” a Betty Benavente, directora de Comercio Municipal. Es absolutamente falso la intervención de la funcionaria y mucho más falaz que se haya ido sin pagar la cuenta…por favor, eso se escribe “Mala leche” y se pronuncia: “No dejó instalar a los Antorchos y otros ambulantes el 14 de febrero”. #PaarFavaar
DILEMA OCULAR
Me he enterado de un tremendo problema al que se enfrentan los colaboradores, directores y empleados de Sedeco con su nuevo titular, Juan Carlos Valladares Eichelman. Resulta que tras su llegada, ha resultado muy difícil tomar acuerdos en persona con el secretario y es que la excusa de todos sus empleados parece ser la misma: “¿Por qué no hiciste el acuerdo? – “Es que me perdí en sus ojos…” –Contestan. #Jajajajaja
DE AN A MC
Desbandada de blanquiazules al partido naranja. Será que ¿The Orange its the new Blue? Daré detalles en la siguiente entrega #NoDesesperen
Hasta la próxima hijos de mi “pero recuerda nadie es perfecto y tú lo verás”.
Atentamente,
Jorge Saldaña.
También lee: ¿Quién quiere ser millonario? Hágase burócrata del estado | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.
«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.
¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted?
Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!».
Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.
Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué?
Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo!
Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».
¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya.
Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».
¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!
Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia.
Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca».
¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará.
«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido!
Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores.
Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.
De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…
Lee también: Candil de la calle | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular.
Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada.
Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)
Jornada 2.- América / derrota (0 puntos)
Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto)
Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos)
Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos)
Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos)
Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos)
Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos)
Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos)
Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos)
Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos)
Jornada 12.- León / victoria (17 puntos)
Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos)
Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos)
Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos)
Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos)
Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos)
Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular , una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla.
Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar.
Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.
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#4 Tiempos
SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva
Corredor Humanitario
Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.
Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.
Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.
En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.
Aquí no.
En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.
Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.
En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.
Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.
Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?
Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.
Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC) .
Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.
Han sido omisos profesionales.
Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.
¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?
Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.
Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.
Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.
Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.
Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.
Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.
Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.
Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.
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