febrero 24, 2026

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Gerardo Saucedo, el potosino especialista en cohetes | J.R. Martínez/Dr. Flash

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El cronopio

Hace sesenta y tres años iniciaba en el país la investigación espacial al lanzarse en San Luis Potosí el primer cohete en Latinoamérica por estudiantes y profesores del Instituto de Física de la UASLP, iniciaba también ese famoso programa científico que fuera conocido como Cabo Tuna, el cual tendría una abrupta interrupción en 1972, para volver a reiniciar en el año 2009.

El programa Cabo Tuna tuvo como protagonistas a los alumnos de la entonces Escuela de Física y fue dirigido en sus diferentes etapas por Gustavo del Castillo y Gama, Candelario Pérez Rosales y Juan Fernando Cárdenas Rivero; en el último periodo de su primera etapa apareció un personaje que recogería la batuta de Juan Fernando Cárdenas: Gerardo Saucedo Zárate, quien inició la construcción de cohetes de una y dos etapas de las series Vesta y Filoctetes. El proyecto Vesta iniciaría a fines de los sesenta del siglo XX, y entre los cohetes construidos por Gerardo Saucedo y sus colaboradores se encuentra el Tiburón, que aún se conserva como vestigio de aquella intensa época que estaba por concluir en su primera etapa para entrar en un largo letargo que parecía enterrar aquellas proezas que se vivieron en el altiplano potosino. En 1972 se lanzaba el Filoctetes Dos, un cohete de dos etapas con lo que se cerraba la intensa actividad coheteril, después de quince años.

Sin embargo, Cabo Tuna no estaría enterrado, Gerardo Saucedo seguiría trabajando en el tema, mientras laboraba profesionalmente como físico en Petróleos Mexicanos. En sus “ratos libres” se allegaba información y plasmaba sus posibles diseños en espera de tiempos propicios para continuar esa aventura que le llevó a estudiar física en la universidad potosina. Saucedo se encontraba entre aquellos estudiantes que inspirados en el auge coheteril se aventuraban a estudiar física, tal como fue uno de los objetivos de Gustavo del Castillo y Candelario Pérez, despertar vocaciones a través de proyectos espectaculares como lo fue el programa de lanzamiento de cohetes suborbitales.

En el año 2006 al jubilarse en Pemex, Gerardo Saucedo funda el Instituto Mexicano del Espacio Ultraterrestre (INMEU), con el fin de continuar con el diseño y construcción de vehículos suborbitales, continuando en el punto tecnológico que se había cerrado en México en la década de los setenta del siglo XX. El diseño de cohetes tiene otra vertiente, que es esos productos tecnológicos que se derivan de sus desarrollos, que son conocidos como derivajes espaciales, los cuales contienen productos que usamos diariamente en nuestra vida moderna. De esta manera el INMEU se enfocaría a desarrollar tecnología asociada con el diseño de cohetes suborbitales y en aprovechar todas esas derivaciones de la tecnología aeroespacial que conformaban la base de datos tecnológicos con que cuenta el INMEU.

El esfuerzo de Gerardo Saucedo no encontraba eco en los grupos científicos en el país, sus propuestas eran desaprovechadas, pero no cejaba en su objetivo principal, continuar con la construcción de nuevas máquinas voladoras, cohetes de nueva generación que colocaran a México en la lista de países que desarrollan dicha tecnología.

Mientras, a principios de la década del 2010, lograba construir con recursos económicos propios, un par de cohetes de combustible líquido y a mediados de dicha década lograba por fin, interesar a una dependencia universitaria, justo la institución cuna del programa de construcción de cohetes en México, el Instituto de Física de la UASLP. Gracias a esa alianza se establecieron las bases técnicas necesarias para materializar dos cohetes de combustible sólido, en una serie que llevaría el nombre de proyecto Fénix, en el cual fue posible el regreso de la experimentación espacial en el país, al realizarse la primera prueba estática de un cohete y el lanzamiento del cohete Fénix I-2 “Alejandro Pedroza Meléndez”, en el mes de marzo del presente año.

El tesón de Gerardo Saucedo coloca a México entre los países que construyen vehículos suborbitales con diferentes fines científicos, y en los próximos meses tendrá construidos nuevos cohetes de combustible híbrido y se estarán realizando diversas pruebas en el desierto potosino, previas a sus futuros lanzamientos.

Gerardo Saucedo Zárate es prácticamente el único especialista en el país en construcción de cohetes, esas máquinas voladoras que dieron brillo, y seguirán dándolo, a la ciencia e ingeniería mexicana.

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El Cronopio

Física y Literatura en la obra de Jorge Comensal | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Me enteré de la obra del narrador Jorge Comensal en la sección mesa de novedades del programa que conduce Rafael Pérez Gay, “La otra aventura”, que por lo regular estoy atento para seleccionar mis lecturas de obras literarias. Me llamó la atención la presentación de Pérez Gay sobre la novela de Jorge Comensal, este vacío que hierve, pues la protagonista sería una física de 25 años que trabaja en su tesis doctoral en una teoría cuántica de la gravedad, aunque la trama de la novela se centra en conflictos familiares, pero donde orbitan temas fundamentales de nuestra realidad como la crisis ambiental, las adicciones, el fanatismo y el vínculo de la humanidad con los demás seres que habitan el planeta, sin dejar de lado los temas de física que resuenan en la cotidianidad de la protagonista.

Conseguí la novela y me sumí en su lectura descubriendo a la vez a un joven escritor, que es una de las grandes revelaciones literarias del país. Además de su magnífica narrativa resalta el manejo de temas científicos, lo que me llamó su atención para conocer su formación.

Jorge Comensal estudió letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y en su labor profesional fue editor de la Revista de la Universidad de México, entre otros. Esta actividad de seguro le permitió relacionarse con el medio académico científico de la UNAM de tal forma que al abordar sus temas literarios los comenzó a relacionar con aspectos científicos, como fue su primera novela que al parecer ha tenido un buen éxito a nivel internacional, Mutaciones, donde trata el tema del cáncer lo que lo orilló a revisar una buena cantidad de textos científicos para abordarla. Dicha novela, la tengo pendiente de su lectura, publicada en 2016, así como algunos cuentos en la antología la sociedad de los científicos anónimos de 2018. Actualmente Jorge Comensal trabaja en una serie de crónicas dedicadas a la vida silvestre, vena que se refleja en la trama de la novela este vacío que hierve.

De esta forma descubro a Jorge Comensal, no sólo como escritor, sino como divulgador de la ciencia. Al parecer en la actualidad realiza una maestría en Filosofía de la Ciencia en la UNAM; todo ello se refleja en los protagonistas de la novela aludida, pues no sólo Karina la física que estudia su doctorado en la UNAM y que da clases en la Facultad de Ciencias siendo investigadora del Instituto de Investigaciones Nucleares, donde tiene su cubículo, y su pareja que es filósofo, desfilan por la novela, pues aparecen esporádicamente neurólogos, entre otros.

En una entrevista publicada el 27 de febrero del 2023, día de mi chamuco, realizada por Ana Lagos para Wired, Comensal habla de su interés en los temas de física: “Me interesa mucho. Tengo opiniones muy calurosas y no muy bien fundadas sobre esos temas, como el de la materia oscura, la expansión acelerada del universo, las implicaciones de los raros fenómenos cuánticos como el entrelazamiento cuántico, que pareciera que hay comunicación entre partículas más rápido que la velocidad de la luz, lo cual viola el fundamento de la teoría de la relatividad o la idea popularizada por Gato de Schrödinger, que pareciera que el gato está vivo y muerto a la vez hasta que no abres la caja donde la tienen.

Todos estos temas, me parecen muy estimulantes. La vocación de Karina la encontré al imaginar la escena en la que batalla con su abuela, que está tan ebria que no puede levantarse por sí misma. Y ella no hace ejercicio y no puede cargarla y está sola. Entonces, al batallar con su abuela, pensé en la gravedad. Ella quiere proponer más cosas de las que sabemos sobre la gravedad. La ironía existencial de esto era que no podía con la gravedad. Ese fue el origen de cómo supe que Karina era física. También algo que resonaba con esta vocación era la presencia de estrellas fosforescentes en el techo de su cuarto, la formación de constelaciones y la magnitud del universo de la que ella es muy consciente por su profesión. Y que contrasta tanto con la magnitud de nuestras vidas, tan breves, tan pequeñas, tan insignificantes.”

Es gratificante encontrar personajes que combinan la literatura con temas científicos lo que es una extraordinaria forma de acercar al público, tanto a la lectura como la ciencia tratada en circunstancia de la vida diaria. Este vacío que hierve de Jorge Comensal, se estructura además con el uso del tratamiento espacio tiempo, para tejer un relato de suspenso fractal, así el tiempo avanza y retrocede, se expande y contrae.

Acompañemos a Karina, protagonista de la novela de Comensal de quien describe: “En la adolescencia, gracias a su temprano romance con la divulgación científica, Karina había llegado a creer en el poder inferior de las partículas elementales, las fluctuaciones cuánticas, los puentes de hidrógeno, las moléculas orgánicas, el ácido desoxirribonucleico, las hormonas y las células madre”, escribe Comensal en las primeras páginas. “En su cosmovisión no había lugar en la realidad para seres inmateriales de ningún orden”.

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Carta al Papa | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Por: Juan Jesús Priego

Estoy cansado, muy cansado, y a manera de terapia he decidido leer esta noche –por cuarta o quinta vez: casi podría decir que me la conozco de memoria- la larga carta que San Bernardo de Claraval escribió hacia el año 1149 al Papa Eugenio III para darle consejos acerca de cómo gobernar la Iglesia y, al mismo tiempo, para regañarlo por su vida tan ajetreada y tan llena de sobresaltos.

El papa Eugenio III había sido monje en su juventud, de modo que en el fondo de sí mismo amaba la calma y el silencio; sin embargo, ahora que había sido puesto en el centro del mundo, por decirlo así, corría el riesgo de no encontrar tiempo ni siquiera para decir sus oraciones cotidianas.

«No te fíes demasiado del afecto con que por ahora amas la contemplación –le decía el santo en su carta-. Porque nada está fijado en el ánimo que no lo borre el descuido y el tiempo».

Cuando leo estas palabras pienso, no sé por qué, en mis amigos, y en el olvido en que los tengo. Es cierto que los quiero, y mucho, pero también es verdad que ya casi no los busco. Los días pasan y no sé nada de ellos. ¿Dónde están, qué hacen, en qué se entretienen? ¿Y no es precisamente esta ignorancia la que erosiona los grandes afectos? Es necesario caer en la cuenta, pues –me digo a mí mismo-, de que lo que mata el amor no es únicamente la traición, sino sobre todo el olvido. «No te fíes demasiado del afecto con que ahora amas»… No, no te fíes, porque de pronto, y sin que te des cuenta, llegará un momento en que ya no amarás.

«Otra vez te lo digo –prosigue la carta-: temo que entre la multitud de ocupaciones que te oprimen, como no esperas que acaben jamás, tu alma se familiarice con ellas, y de este modo te prives poco a poco a ti mismo de este justo y provechoso dolor que ahora sientes por verte cercado por ellas. Mayor cordura será hurtarles el cuerpo que permitir que te arrastren y te lleven a donde tú no quieras. ¿Me preguntas a dónde? A un corazón duro».

En otras palabras: ¿sufres por vivir como vives? ¿Se te parte el alma al comprobar que nunca tienes tiempo para aquello que consideras importante? Bien, entonces cultiva esta nostalgia: es buena, pues te dice que no es normal ni saludable vivir así. Además, el diagnóstico del santo es certero: cuando uno no tiene tiempo para sí mismo, cuando vive siempre como volcado hacia los deseos y las exigencias de los demás, el corazón acaba por endurecérsenos. Entonces nos volvemos secos, agrios y maleducados.

La psicología actual habla de burn-out para describir esta sensación de cansancio que se apodera de nosotros cuando, por no poder disponer de un tiempo propio, acabamos odiando a aquellos mismos que nos prometíamos atender y ayudar. Llega un punto en el que, ya bien situados en el borde de la desesperación, exclamamos: «¿Pero qué se piensa esta gente que sólo pide y no da nada? ¿Te hablan, te buscan? ¡Lo hacen porque por ahora te necesitan! Pero ya verás cuando hayan resuelto su problema: ni siquiera se acordarán de ti». Cuando nos sentimos utilizados, nos amargamos, y de ahí a que el corazón se nos vuelva duro como un ladrillo hay sólo un paso. El buen vino se vuelve entonces vinagre, y las sonrisas –que debieran ser signos de cordialidad y afecto- se convierten en desagradables muecas.

«Ve aquí, pues, a dónde te pueden llevar estas malditas ocupaciones si continúas entregándote a ellas sin dejar nada de ti para ti». ¡Dios mío, y pensar que quien ha escrito esto vivió hace casi novecientos años! El ser humano, desde entonces, no ha cambiado gran cosa, por lo que puede verse.

¿Qué quiere San Bernardo de su antiguo hijo espiritual? Sólo esto: que deje un tiempo para sí mismo; que se entregue a los demás, sí, pero que tampoco sea su esclavo. «Te ruego que me digas si es ocupación digna de ti estar desde la mañana hasta la tarde litigando u oyendo a los litigantes. ¡Y quisiera Dios que bastara al día su malicia! Pero las mismas noches no quedan libres. Apenas se da un rato para el reposo necesario del cuerpo, cuando nuevamente hay que levantarse para la audiencia de los pleitos… Gran virtud es la paciencia, sí, mas no deseo que la practiques en esta ocasión. Quizá sea más acertado que te impacientes alguna vez. No es buena paciencia permitir que te hagas esclavo pudiendo ser libre… Indicio de un corazón entorpecido es no sentir su propia y continua vejación».

En otras palabras: no te acostumbres a ser un títere de las voluntades ajenas. Sírvelos de todo corazón y con toda tu alma, pero deja un tiempo, aunque sea corto, para estar contigo mismo y con tu Dios. No es bueno –y por lo tanto tampoco es cristiano- andar por la vida con la lengua de fuera, como los perros demasiado exhaustos.

Prosigue San Bernardo: «Si das toda tu vida y toda tu ciencia a la acción y nada a la contemplación, ¿te alabaré? Ciertamente que no. Si quieres ser de todos, a la manera de aquel que se hizo todo para con todos (1 Corintios. 9,22), alabo la caridad, pero con tal de que ésta sea completa. ¿Pero cómo estará completa si te excluyes a ti mismo? Tú también eres hombre. Luego, para que tu caridad sea perfecta es preciso que en ella también te incluyas tú. Así, ya que eres de todos, sé también para ti mismo… De los sabios y los ignorantes eres deudor, ¿y sólo a ti mismo te niegas? Finalmente, el que es malo para sí mismo, ¿cómo podría ser llamado bueno? Acuérdate, por lo tanto, no digo siempre ni a todas horas, pero sí algunas veces, de tener tiempo para ti mismo».

Cierro el libro que contiene esta carta, doy un beso a sus pastas grises –es un libro de la BAC, esa editorial imprescindible, al menos para un católico-, bendigo a Dios por la existencia de estos santos comprensivos y humanísimos, apago con un solo movimiento de manos mi teléfono celular y me digo a mí mismo que es necesario dormir.

Dormir, sí. Por hoy ha sido todo. Que Dios me perdone por lo que debí hacer y no hice. Y, sobre todo, por haber querido convertir, durante mucho tiempo, mis noches en días: un pecado que se paga caro…

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Columna de Nefrox

La sorpresa táctica y una victoria de lectura fina | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

El partido entre San Luis y Atlas se presenta envuelto en una sensación poco habitual: la duda como punto de partida. No tanto por el rival, sino por lo que San Luis ha venido mostrando desde la banca, donde las decisiones recientes de Guillermo Abascal han alterado un escenario que parecía más estable de lo que realmente era.

En el encuentro anterior, el técnico español del cuatro potosino sorprendió con una cantidad considerable de cambios en su alineación. No fueron ajustes cosméticos ni solo rotaciones obligadas, sino movimientos que modificaron la estructura del equipo y dejaron claro que solo algunos tienen el puesto asegurado. Esa sacudida abre ahora un interrogante inevitable: resulta complicado anticipar qué versión de San Luis veremos frente al Atlas, y esa incertidumbre convierte la previa en un ejercicio de especulación más que de certeza.

El buen resultado conseguido ante Querétaro sirve como respaldo inmediato, pero también requiere una lectura más profunda. El marcador fue amplio, sí, pero los tres goles llegaron más como consecuencia de un rival desordenado, frágil y superado por sus propios errores que por una exhibición contundente de San Luis. Fue un triunfo valioso en lo anímico, aunque no necesariamente una confirmación absoluta de funcionamiento.

Ese matiz es c lave para entender el momento. San Luis aprovechó lo que Querétaro le ofreció

, algo que también cuenta en la Liga MX, pero ahora enfrentará a un Atlas que suele cometer menos errores no forzados y que rara vez se descompone con facilidad. Ante un rival más sólido, la eficacia y la claridad táctica serán más exigidas.

Atlas llega como un equipo acostumbrado a partidos cerrados, cómodo en escenarios donde el rival aún está ajustando piezas. No necesita controlar el juego para competirlo y suele crecer cuando detecta dudas estructurales enfrente. En ese sentido, la posible rotación de San Luis puede ser tanto una ventaja como un riesgo, dependiendo de qué tan rápido el equipo logre reconocerse en el campo.

Este partido se empezará a jugar desde la alineación. La lectura inicial, los nombres elegidos y los roles asignados dirán mucho más que cualquier discurso previo. Si San Luis logra sostener orden pese a los cambios, el mensaje será positivo: hay profundidad y alternativas. Si no, la sensación será que el triunfo anterior maquilló problemas que siguen ahí.

Frente al Atlas, San Luis no solo defiende un resultado reciente, sino una idea en construcción. En la Liga MX, ganar ayuda, pero entender por qué se gana es lo que realmente define el rumbo. Y este encuentro será una prueba clara de si los cambios recientes fueron el inicio de una evolución… o solo una reacción momentánea ante un rival que se equivocó demasiado.

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