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10 mandamientos para las presentaciones de libros | Columna de Andrea Lárraga

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Mosaico de plumas

 

Durante toda mi vida estudiantil fui obligada a asistir a decenas de presentaciones de libros. El autor y un par de conocedores del tema se sentaban frente al público para intentar convencer a los asistentes de adquirir una copia del escrito. En la mayoría de los casos, quienes escriben o comentan las producciones literarias jamás han abierto un libro sobre cómo ser el mejor vendedor. Siempre cerrados a su mundo intelectual creen que todos los que asistimos somos especialistas en los temas y que nos encanta escuchar su mismo tono de voz por más de sesenta minutos.

Entre las decepciones más grandes que me brindaron las presentaciones de libro fue escuchar en voz del autor sus poemas. El autor no leía poesía, gritaba poesía, ni siquiera se distinguían los versos que pronunciaba. Todos los asistentes quedamos sordos por un par de horas. Gritar no es malo, si eres un vendedor de trastes en la feria, pero si eres un Premio Nacional de Cuento será mejor dejar tu poesía a la voz del lector. Si alguien compró su libro ese día fue por la fama y la calidad literaria, pero no por convencer al público a través de las palabras.

El caso anterior uno puede pasarlo por alto porque los escritores, mientras usen las palabras en papel, que importa sino saben leer en voz alta. En cambio, los presentadores no tienen justificación alguna por convertir las presentaciones en un calvario. Si ellos que han sido elegidos para hacer comerciales del libro no lo logran, nadie lo hará. Recuerdo asistir a una presentación en el marco de la Feria del Libro de la UASLP. El autor, ganador del premio Alfaguara, era el headline del evento, de los más esperados por especialistas y público en general. El escritor tuvo la mala suerte de ser presentado por una persona que necesitaba sus cinco minutos de fama. La primera mitad del evento fue un resumen de las lecturas del presentador. La otra mitad fue escuchar opiniones del autor sobre el extenso currículo de su acompañante. La novela del autor fue pasada a segundo plano como su figura, fue una decepción para los asistentes de esa noche no escuchar más allá de la sinopsis de la novela. El tiempo se terminó y sólo un par de fotografías quedaron en la memoria.

Pero quizá, la peor de todas las experiencias es cuando el presentador confunde una presentación de libros con un congreso académico, pues lleva un escrito largo y tedioso. Cargado de citas y autores que difícilmente convencen a un lector promedio de adquirir un libro que ronda los 200 pesos. No hay apoyos visuales ni uso de la función apelativa, sólo frases que dichas frente a un micrófono van perdiendo sentido y lentamente se convierten en canciones de cuna.

Los escritores deberán recordar que el libro como un objeto comercial genera ganancias y requiere ser vendido. Como vendedores de historias deberán adaptar los 10 mandamientos del buen vendedor, propuestos por Blair Singer, al ambiente literario:

  1. No ignorarás la cara de los presentes: Presta atención al estado de ánimo de los asistentes. Esos cabeceos y salidas al baño solo pueden indicar algo: cuenta un chiste.
  2. No pensarás que todos son tus lectores: Si un lugar se encuentra lleno no quiere decir que todos sean tus fieles seguidores que sin preguntar comprarán tu libro. Recuerda que existen profesores que obligan a sus estudiantes a asistir a presentaciones de libro a cambio de unos puntos extras. Es en ellos en los que te tienes que enfocar.
  3. No te alejarás de los lectores y creerás ser un rockstar: En un país donde se lee poco tienes que agradecer a quiénes pagan por tus escritos. No llenarás un Estadio Azteca, así que, toma tu tiempo para responder las preguntas de tus lectores por más simples y repetitivas que te parezcan.
  4. No confiarás en la improvisación: Puedes ser un gran escritor, pero improvisar las palabras que convencerán al público de pagar dos salarios mínimos por alguien que bebe alcohol en cualquier cantina de la ciudad debería ser considerado pecado. Ya escribiste un libro, puedes escribir un par de ideas que guíen tu presentación.
  5. No tendrás problemas de comunicación oral: Tu lectura debe ser agradable, no una imitación de Jigglypuff o de Cantinflas, eso déjalo para después de un par de copas.
  6. No permitirás que los críticos vendan tu obra: No todos los presentadores serán amplios conocedores de tu obra, algunos estarán ahí porque nadie más podía presentarte. Recuerda, escritor, tú tienes mayor poder de venta.
  7. No regresarás con libros a casa después de una presentación: Recuerda asumir durante toda la presentación que los asistentes comprarán tu libro. No les des opción de no llevarse a casa un ejemplar de tu obra a casa.
  8. No dejarás de aprovechar a tus críticos literarios: Aprovecha los buenos comentarios hacia tu libro por parte de tu presentador, pero sobre todo, los testimonios de los asistentes que ya han tenido la oportunidad de leer tu obra.
  9. No defraudarás la confianza de tus lectores: Algunos asistentes estarán sólo por ti y tus letras en ese lugar, por favor, sigue todos los puntos de esta lista y no los defraudes con una aburrida presentación.
  10. No olvidarás la importancia del servicio al lector: Una foto con una sonrisa, una dedicatoria en la primera página y un par de minutos para charlar siempre serán el mejor servicio de post venta que un lector se puede llevar y presumir en redes sociales.

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Perfil del secretario de Cultura | Columna de León García Lam

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VOLUTA.

 

Estimado y culto público de La Orquesta, Mauricio Gómez publicó en su periódico Grado 23 un detallado estado de la cultura y de las experiencias con las últimas administraciones estatales, que obligan a la reflexión sobre el perfil del próximo secretario de cultura y como imaginar y proponer no cuesta nada, aquí propongo mis humildes consideraciones.

  1. Comprensión cultural transversal

No solo cultura a secas, no solo cultura en un campo (música, artes visuales, arte popular o letras), se requiere de alguien que reconozca de los problemas básicos de la cultura en San Luis Potosí, que no son pocos y sí muy variados: como los espacios abandonados, las instituciones disfuncionales, el desdén por la cultura indígena, la pérdida de lenguas y de patrimonio cultural, la falta de objetivos artísticos-académicos, la renovación de concursos, convocatorias y programas, la instalación de un programa editorial, o sea: la definición de una política cultural. Hubo un tiempo donde hubo un secretario que era culto, muy culto, ávido de música, pero nada más de eso, lo demás importó lo mismo que un cilantro partido a la mitad. Se requiere pues de un especialista en todo. Transversal significa, en resumidas cuentas, que comprenda la complejidad de cada caso, que tenga la virtud de actuar en circo de tres pistas.

  1. Capacidad política frente a la administración del Estado

El secretario es un vocero del sector cultural frente al poder. Tuvimos alguna vez un secretario sensible y conocedor, como el que se describe atrás, pero atado de manos y pues no sirve de nada un secretario que no es escuchado por el gobernador. Se requiere de un mediador que tenga esa fuerza de hacerse escuchar en palacio de gobierno y que logre colocar en la agenda del estado los intereses del sector cultural.

Por el otro lado, la comunidad cultural es difícil: el aparador es insuficiente para tanto ego inflado. Así que la capacidad política no solo debe servir para codearse en la mesa de los secretarios del Estado sino para estabilizar las aguas tempestuosas de artistas, críticos, gestores y consumidores culturales, ávidos de chamba y aquí viene una pregunta ¿hasta dónde el Estado puede seguir siendo el mecenas del arte, la cultura y la academia?

  1. Vinculación nacional

También se requiere un tejedor de vínculos nacionales. Al estado de San Luis Potosí le conviene tutearse con las Escuelas de Arte de Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, Michoacán. ¡Nos estamos quedando bien atrás! Hay que impulsar programas federales en el suelo potosino y vincular a los intereses del locales con editoriales, museos, galerías, gestores e instituciones como el INALI, el INAH, los centros independientes de arte y un muy nutrido etcétera. No se crea que es cosa fácil, simplemente el acervo Julián Carrillo implica más de un dolor de cabeza.

Pero si el próximo secretario considera que la solución consiste sólo en importar cultura, en copiar modelos, eventos o festivales y que las soluciones vienen de fuera, pues ya se perdieron otros seis años de gobierno y otra oportunidad de desenredar el embrollo.

  1. Lejanía de las mafias culturales

En la encarnizada lucha que muchas personas emprendieron contra las élites culturales, estas fueron sustituidas por mafias, es decir por grupos que se enquistan en algún coto cultural, artístico o académico. Se requiere que el próximo secretario no deba cuentas a los mafiosos o esté enemistado con algún sector, porque de ser así, la institución se convierte para unos en una industria de regalías (justicia y gracia), y para otros de torpeza administrativa (ley a secas), o peor de vendettas.

  1. Voltear abajo

Estando en el Tlalocan es muy difícil voltear a ver lo que ocurre en el inframundo cultural. Los sacos y las corbatas impiden enterarse de que, acá abajo, hay unas “corbatas de tierra” (así me dijo un amigo de Santa María Acapulco). Un buen secretario debe saber que la parte de abajo no solo es chusma proletaria que hay que civilizar, sino la mejor mitad del mundo (Galinier dixit), por lo menos donde esta la infraestructura humana (infraestrukchor en el sexenio de Peña) y la oportunidad de pasar a la historia de ser el primer semidios que alcance a ver tan abajo.

  1. Dosificador de soluciones

El primer problema por solucionar será la premiación del 20 de noviembre 2021 en el contexto de la austeridad y COVID19 de estos tiempos, esa será la medida de todo el sexenio. Para que la Secult no sea una dosificadora de programas federales, requiere de cierta autonomía y margen de maniobra. Aplicar el presupuesto con creatividad permitirá solucionar poco a poco la inmensa cantidad de pendientes culturales que tenemos acumulándose en el horizonte.

Hay más consideraciones claro, pero ya se acabó el espacio. Al fin que vendrán otros seis años para seguir comentando… ¿y usted qué piensa?

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#4 Tiempos

¿Usted es de clase media? | Columna de León García Lam

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VOLUTA IX.

Estimado y culto lector de La Orquesta: yo, más que una opinión, tengo una pregunta: ¿usted a qué clase social pertenece? (si tiene tiempo, responda este formulario) Seguramente usted es parte de ese exclusivo sector de la población que se llama así mismo “clase media”, pues el 78% de la población afirma pertenecer ahí. Queda claro que, la mayoría no somos tan ricos (o tan presumidos) para sentirnos clase alta, ni nos consideramos tan fregados pues siempre hay alguien más jodido que uno. Casi todos tenemos la suerte de estar en el justo medio, en el mero centro de la decencia existencial: ni muy muy, ni tan tan. Los opinólogos se arrancan los cabellos de desesperación, porque esa percepción no coincide con la evaluación de CONEVAL, la cual calcula 70 millones de pobres en México y creciendo.

Pero déjeme ponerle en contexto de dónde viene y a dónde va todo este debate sobre la clase media. Hace un año, Viri Ríos escribió para The New York Times un escandaloso artículo intitulado “No, no eres clase media” en donde refuta el mito de que todos somos clasemedieros, desde los que ganan $6 mil pesos al mes hasta los que ganan $120 mil pesos al día. Viri Ríos pone la vara en $16 mil pesos mensuales. Nadie recordaría la discusión del año pasado, si no es porque el presidente lleva semanas atacando a la clase media: aspiracionistas, egoístas, corruptos y privilegiados. Lo cual ha desencadenado ríos de tinta y harta discusión. Después de tanto, se determinó que, como casi todos somos clase media hay que dividirnos en clase media baja, clase media-media y clase media alta. El 90% de la población se ubicó como clase media-media.

Para algunos, que usted se considere clase media es un síntoma de una enfermedad muy grave que se llama conformismo, porque si se diera cuenta de su verdadera condición de pobreza, eso lo llevaría a luchar por salir del hoyo; para otros, que existan tantas personas aspirando a ser clase media es síntoma del egoísmo y del materialismo consumista que carcome los valores de nuestra sociedad. Hay quien piensa, por el contrario, que la única salida que tendríamos los mexicanos es a aspirar a ensanchar la clase media, pues ese sería el mejor signo de una repartición justa de la riqueza y hay quien piensa lo contrario, que la clase media es un callejón sin salida, porque seguir pensando en clases es reproducir el mismo sistema injusto, por lo tanto, nuestra aspiración debe ser hacia una sociedad de derechos.

Ante eso, déjeme contarle un secreto, aquí entre nos. Hay temas que no tienen solución. El concepto clase media surgió de la opinión popular, para referirnos a nosotros mismos, los que estamos en medio, que volteamos arriba con envidia y agradecemos no estar más abajo. Que los economistas (que son bien cuadrados) quieran encontrarle una definición exacta definitiva y cerrada a lo dicho en una discusión de cantina (que es donde seguramente apareció por primera vez el concepto), es muy su problema, ahí seguirán como el burro que persigue a la zanahoria, intentando poner un límite a la clase.

El gran error que cometen los economistas y comentólogos es partir del supositorio de que clase es igual a ingreso. Efectivamente, uno de nuestros principales anhelos son mayores ingresos, pero esos no cambiarán nuestra clase social. Uno podrá salir del barrio, pero el barrio nunca sale de nosotros, para que mejor me entienda. Un aumento en el ingreso solo incrementa el consumo en el mismo conjunto de significados que tiene nuestra clase, como cuando una familia recién acaudalada amuebla su nuevo departamento con una jirafa gigante de peluche o como cuando vemos pasar el coche deportivo edición limitada rebotando con frenesí al ritmo de los Ángeles Azules. Mudarse de colonia, vestir con ropa de marca, ostentar vehículos refleja solo la ventaja económica que tienen algunos en su propia clase. Dicho de otra manera, en todas las clases hay personas ricas y pobres.

Todo esto, me recuerda aquellas profecías apocalípticas: llegará el día que la clase alta no tenga clase, la clase media se quede sin medios y la clase trabajadora esté desempleada.

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#Si Sostenido

Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

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