agosto 17, 2026

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#4 Tiempos

Ya llegué. Tener miedo solo por ser mujer

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Chicas desaparecidas, acoso y temor… esta es la realidad de casi cualquier mujer en México

Por: Carla Amor

El combustible de La Orquesta.mx siempre ha sido la vitalidad de los jóvenes periodistas potosinos. Como parte de un ejercicio para dar a conocer su talento, durante las próximas semanas publicaremos entrevistas y crónicas realizadas por los alumnas y alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Queremos saber cuál es la visión de las chicas y chicos que, desde ya, son responsables de registrar la memoria de nuestra ciudad.

Viernes. Son las 9:00 am, despierto para ir a la escuela, termino de bañarme y es momento de escoger la ropa que utilizaré. Reviso el clima, estaremos a 28° la temperatura perfecta para usar una falda, vestido o short. Me pruebo todo pero nada me convence, pienso en las miradas desagradable que recibiré, las palabras tan asquerosas que saldrán de sus bocas, y me siento tan vulnerable a que quieran tocar mi cuerpo. No, creo que hoy me pondré un pantalón de mezclilla y camisa.

Desayuno y reviso el inicio de Facebook. “Ayúdanos localizar a Alejandra”, leo las descripciones, tiene 16 años salió a una fiesta y nunca más regresó a su casa, entro a los comentarios: “las mujeres no deben de estar solas en la noche”, “así debió andar vestida”, “por algo le paso”… Cierro la publicación, ya es tarde. Alisto mi mochila: libros, libretas, lapicera, cartera, celular y mi gas pimienta, se dice que es ilegal cargar con uno, más ilegal es lastimar a otro ser humano. Doy un beso a mi madre, ella me ve y trata de retener en su memoria cómo estoy vestida, por si me sucede algo, me da la bendición y me pide que me cuide, ella espera que sea un buen día.

Listo, llegué a la escuela sin problema alguno, espero en la jardinera de a fuera a mi amiga Ana, ella llega corriendo, temblando y con lágrimas en los ojos, le pregunto qué sucede, no logro descifrar lo que trata de decirme. Toma aire –un tipo en el camión se venía masturbando a lado mío. –Así fue la historia: el camión iba con pocas personas, Ana estaba sentada atrás, en el asiento pegado a la ventana. Un tipo que subió al camión, tenía unos 27 años, era alto, delgado. Ana no le dio importancia a la decisión de este sujeto de sentarse junto a ella. Mi amiga veía hacia la calle, cuando comenzó a sentir su pierna calentarse, volteó y el hombre con una mano rozaba la pierna de ella y con la otra se masturbaba. Ana grito y todos voltearon. El chofer corrió a defenderla y comenzó a golpear al chavo, lo bajo del camión, tranquilizaron a Ana y todo continuo. Ana marcó a sus padres y fueron por ella.

Salgo a las seis de la tarde de la universidad y el día se empieza a obscurecer. Voy sola a la parada del camión, pienso en Ana, le mando un mensaje pero ella no contesta, la entiendo, fue un día difícil. Si yo hubiera estado en su lugar sacaría mi gas y se lo rociaba en los ojos y en su miembro, maldito asqueroso. Bajo del camión, tengo que caminar dos cuadras para llegar a casa, comienzo a sentir miedo, pues el tipo que iba sentado a lado mío también se bajó y va caminado tras de mí. Miro un carro bajar la velocidad, pero fue por un tope, el chavo ya dio vuelta en la primera cuadra, más adelante hay varios hombre en círculo, caminaré por debajo de la banqueta, escucho chiflidos y susurros “Adiooooos… guapaaaa”. Me molesto pero sigo el camino, alcanzo a escuchar sus risas. Ya casi llego, apresuro mi paso, toco la puerta, abren, saludo a mi familia, “Qué bueno que ya llegaste”, es mi madre.

Dan las 8:30 de la noche y Ana sigue sin responderme, es hora de la cena y comenzamos a platicar del desagradable momento por el que pasó mi amiga, noto la cara de preocupación de mi madre y mi hermana, papá sugiere comprarnos a todas un teaser (paralizador). Terminamos de comer y voy a descansar, vuelvo a abrir Facebook y veo la noticia “Encuentran a jovencita en baldío”, entro a ver la nota y se trata de Alejandra, la chica que compartí en la mañana: la torturaron, abusaron sexualmente de ella y la aventaron en un montón de tierra como si fuera cualquier cosa. Me entra un sentimiento desgarrador de miedo. No quiero ser yo la próxima. No quiero que mi nombre sea una cifra más, no quiero que mi amiga, mi hermana, mi madre o cualquier mujer termine así.

Es sábado por la mañana, me despierto y tengo menajes de Ana, me cuenta que fue a poner una denuncia, pero no pueden hacer nada porque no hay evidencia, me dice que no quiere salir al concierto de esta noche por temor a que le suceda algo peor. La comprendo, ella insiste en que yo vaya, que ella estará bien, solo es cuestión de tiempo. Invito a otra amiga, Sarah, acepta acompañarme.

En la noche, me visto de nuevo con pantalón y una blusa fresca, tomo mis cosas son las 8:00 pm, Sarah y yo vamos hacia el concierto, llegamos y comenzamos a cantar y bailar, llega la canción más esperada y todo se comienzan a aventar y gritar, alguien acaba de tocarme una nalga, miro hacia atrás y nadie, no supe quién lo hizo. Le comento a Sarah lo que acaba de pasar y dice que ella sintió que le jalaron la blusa, decidimos cambiarnos de lugar, se terminó el concierto y tenemos que irnos por separado, pido un Uber y comparto mi ubicación con mi padres, con mi hermana, con Sarah, y ella hace los mismo. Mando captura de pantalla del conductor placas y la ruta. Aviso a mi familia que ya voy en camino.

Llega el Uber de Sarah y me quedo sola, trato de estar donde aún hay personas y luz, vuelvo a sentir miedo, llega el auto y voy tan atenta como puedo, no me distraigo ni un momento.

En casa, mi papá me esperaba afuera, me abraza y es hora de dormir, le mando un mensaje a Sarah

–Ya llegué, todo bien.
–Yo igual, descansa.

Entro a Facebook y veo “Ayúdanos a localizar a Paola salió de su casa a las 5 de la tarde y no se sabe nada de ella”. Solo pienso: ojalá no sea una más…

De limpiar vidrios a fundar la Facultad de Ciencias Sociales de la UASLP

#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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