agosto 19, 2026

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#4 Tiempos

¿Xavier Nava? ¿Para qué me lo recuerdan? | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

El ex presidente municipal, Xavier Nava Palacios, puede, con todo el derecho, andar “por ahí de bar en bar, llorando sin podérsela olvidar”… ¿Cuál es el problema?

Si al ex alcalde y actual presidente del Frente Cívico Potosino le gusta estar de antro en antro y apurando el “sirvanmeotra” nadie tiene por qué decirle nada.

Si al líder de los “niños sin hambre”, como fue bautizado su círculo cercano cuando gobernó esta capital, no le importa faltarle el respeto a su esposa, a su familia y a sus hijas, exhibiéndose en la danza nocturna de la polinización humana con cuanta flor o cuanto flor se le atraviese… pues allá él. Al final esa es su vida privada y nadie debe cuestionarla.

El umbral de su conciencia y vergüenza debe ser amplio para derrochar la dignidad en el fondo de los vasos, la “altura moral” en “chaparritas bailadoras”, y el apellido en bajezas públicas, pero a nosotros ¿en qué nos afecta?

No, nada de eso nos debe importar a los potosinos. Muy su vida, muy su sentido de moralidad, ética y escrúpulos. Muy su familia a la que humilla. Muy sus traiciones de conciencia… total: Hay que vivir y dejar vivir.

Por las razones antes expuestas, no escribiré de la vida privada, como jamás lo he hecho, de Xavier Nava Palacios.

Lo que no puede andar haciendo el personaje en cuestión, es “gastándose la piel” sin recordar sus juramentos. Específicamente los que hizo al pueblo potosino, porque esos sí nos conciernen, nos ofenden, esos sí deben ser cuestionados y juzgados, sobre todo porque resultaron mentiras.

De 2018 a 2021 a muchos, los que fuimos críticos desde el principio, los que no compramos el cuento de la profecía navista encarnada en Xavier, los que nos atrevimos a cuestionar al incuestionable, los que vimos más allá de su ligero disfraz, nos llamaron locos, nos señalaron de vendidos, de chayoteros y de mentirosos.

Pingo, el de Pulso, hizo caricaturas a sueldo, por ejemplo. Oscar Valle, Juan Hernández y otros, pagaron campañas negras y sabotearon docenas de páginas y medios adversos a su “son de paz”. El propio Xavier Nava sabe que su jefe de comunicación, Tiburcio Cadena, desvió dinero para pagar la guerra sucia. En su momento, Xavier Azuara, el del PAN, soltaba en cada mesa que éste y otros medios estábamos muy equivocados, la presidenta del DIF, Nancy Puente Orozco, enviaba a docenas de grupos de WhatsApp, calumnias e insultos contra cualquiera que criticara a su impecable consorte.

¿Y qué cree?

Ya se que resulta odioso, jactancioso y presumido decirlo pero, el tiempo nos dio la razón, como históricamente ha ocurrido en un sinfín de temas, a los que nos llamaron locos.

No, no eran mentiras. No era “pegarle” a Xavier por encargo, diversión, odios o deporte. Xavier Nava sí resultó ser un pillo e incompetente y no lo decimos los críticos “vendidos”, sino la propia Auditoría Superior del Estado y el Congreso, con documentos, evidencias y números en la mano.

El señor está inhabilitado para asumir un cargo público porque construyó en un terreno ajeno, con dolo si fue corrupto o sin dolo si fue incapaz.

“Lamento contrariarlos”, pero yo sí lo recuerdo: lo dijimos en su momento y hoy, con las nuevas observaciones hechas públicas por la ASE, por otros 350 millones de pesos se corrobora.

La auditoría observa y “presume” (será la Fiscalía quien lo persiga y el poder judicial quien lo juzgue) que:

Sí hubo sobreprecio en la compra de 400 mil luminarias:

De poder salir gratis, o en menos de 2 mil pesos, las compraron casi en 8 mil.

Sí, hicieron negocio.

Sí, otorgaron contratos de arrendamiento para patrullas a sus amigos con empresas que no rentan patrullas.

Sí, desviaron más de 64 millones de pesos en contratar personal por “fuera” de lo presupuestado.

Sí, hay evidencia de aviadores.

Sí, hay evidencia de haber desviado recursos y personal a la campaña interna del PAN.

Sí, hay evidencia de haber desviado recursos y personal a la campaña constitucional del ayuntamiento capitalino.

Sí, hay evidencia de compra de medicamento caduco o por caducar (compra caro lo barato y te quedas con la diferencia).

Sí, se despacharon con la cuchara grande.

Sí, usaron al Interapas como caja chica.

Sí, permitieron el abuso y el usufructo del agua a su conveniencia.

Sí, entregaron más de mil permisos a ambulantes.

Sí, entregaron efectivo a diputados para que les autorizaran un aumento a la tarifa (que ni así les salió…).

Sí, destinaron dinero para, desde el poder público, atacar a sus críticos y atentaron contra la libertad de expresión.

, acosaron a sus empleadas (Caso “huele calzones” que fue juzgado y sentenciado hasta que reparó los daños y se disculpó con las afectadas).

Sí, acosaron a sus asistentes (Caso Lujambio).

Sí, hay denuncias y “no hay borrón en su cuaderno”.

Sí, alguien va a ir a dar a la cárcel.

¿Quién va a responder? Xavier Nava, con todo y su decadencia política (y personal, de la que no hablaré) parece estar blindado de estar tras las rejas por sus, todavía, alcances federales pero… ¿y su equipo cercano con los que “vivió algo importante”?

Juan Manuel Carreras por lo menos pudo, con dinero o sin dinero, “rescatar” a Mónica Liliana Rangel. Metió las manos por ella para que saliera libre pero… si Xavier Nava no le es leal ni a su familia (que poco nos importa…) ¿qué esperan sus “amigos” y cómplices?

Los va a negar antes de que cante 1 vez el gallo.

(Yo que ustedes, ya empezaba a revisar el clima en Marbella).

Los potosinos no tenemos “Amnesia”.

Es todo, Culto Público, solo que antes de despedirme hago una pequeña acotación para que no piense usted que me estoy mordiendo la lengua o que estoy escupiendo para arriba. No es secreto que la vida que me doy es permisiva y desfachatada, no escondo ni mis parrandas ni mis desvelos.

Pero a diferencia del personaje en cuestión, yo no tengo que dar cuentas de recursos públicos a nadie, yo no me siento superior moral a nadie, no le soy infiel a nadie, no le hago daño a nadie, no me considero ejemplar, no me desgarro la túnica, no blanqueo mis tumbas, no me escondo de nadie, tengo palabra y sobre todo, nunca me he fallado a mi mismo.

Hasta la próxima.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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