marzo 25, 2026

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Columna de Nefrox

Venganza de promotores | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Guillermo Vázquez

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Hace unos días se hizo noticia un supuesto arreglo entre el promotor Greg Taylor y Guillermo Vázquez, se decía que dicho arreglo radicaba en la venta de jugadores para valorizarlos y después venderlos a precios muy altos en el mercado nacional.

Curiosamente esta noticia salía nuevamente de una fuente ubicada en el caribe mexicano, la misma que publicó la noticia de Gustavo Matosas y Fernando Pavón.

Llama la atención que la misma fuente difundió datos de entrenadores ligados a promotores y que ambos trabajaban o trabajan para el Atlético de San Luis.

Pero intentemos darle razón a la historia.

En primer lugar, los promotores mueven todo el futbol, no solo en México, sino en el mundo. No hay liga que no tenga los intereses muy metidos de algunos promotores. Estos sujetos comercializan, venden, revaloran, esconden, engañan, seducen, cuantifican, califican y clasifican a jugadores como si fueran mercancías. Ese es su negocio, viven de mover la pelota desde un escritorio.

Segundo, es obvio que muchos (sino es que todos) los técnicos del futbol mexicano tienen promotores como agentes, y que estos mismos promotores ven una oportunidad para valuar a “sus jugadores” cuando le consiguen trabajo a sus técnicos representados.

Tercero, el valor de un jugador en el mercado aumenta por dos circunstancias: minutos jugados y rendimiento de esos minutos jugados. Por más que se quiera inflar el valor de un jugador, los directores deportivos o presidentes que negocian su traspaso, tienen que hablar de datos y precios para ajustar su valor.

Ahora bien, el caso Memo Vázquez es muy curioso. Después del brillante paso de Vázquez por Necaxa, se hablaba mucho de su partida al futbol de Sudamérica, específicamente Ecuador, estaba muy cerca de firmar con uno de los grandes de aquel país para incluso dirigir las copas en Sudamérica. Al final, acuerdos más y acuerdos menos, firmó para el Atlético de San Luis, con algunas exigencias que puso el director técnico para sentarse en el banquillo.

Siguiendo con las curiosidades, Atlético de San Luis realizó cuatro “grandes” transferencias en el mercado invernal: dos del futbol local (Javier Cortés y Felipe Gallegos) y dos del futbol de Ecuador (León y Julio). Casualmente los dos jugadores provenientes de equipos mexicanos tienen un pasado que los liga a Memo Vázquez, mientras que los dos jugadores sudamericanos jugaban en la liga donde Vázquez iba a dirigir. Dicho con otras palabras, claramente está la mano de un promotor en las transferencias.

Pero seamos claros, no estoy hablando de Taylor o algún otro promotor en específico, ni tampoco estoy hablado de que Vázquez ha actuado mal por dichos movimientos. Estoy hablando de que la nota que se publica acusando al actual técnico de San Luis, parece más una venganza mediática de alguien que ha perdido mucho dinero por cortar sus relaciones de negocio con la entidad potosina.

“Cuando el río suena es porque agua lleva”, pero no significa que esta agua sea mala: los sonidos confunden al oído poco entrenado y engañan al inocente que no quiere ver la verdad.

Cuidado con lo que se dice y atención con lo que se lee. Hay que saber mediar las cosas para intentar entender las venganzas de los promotores.

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Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Hoy director técnico del Atlético de San Luis femenil, pero Ignacio Quintana “Nacho” como el mismo nos pidió llamarlo, tiene un pasado digno de contar y resaltar.

En el fútbol mexicano hay historias que se construyen desde la costumbre: jugadores que emigran, entrenadores que se forman en casa y procesos que rara vez cruzan ciertas fronteras. Por eso la historia de Nacho Quintana no es un episodio más, sino un punto de quiebre. Su presencia en un Mundial dirigiendo a una selección que no es México representa algo que durante años parecía improbable: un técnico mexicano abriéndose camino en otro país hasta alcanzar la máxima vitrina del fútbol.

No es solo un logro personal, es una señal. Durante mucho tiempo, el entrenador mexicano fue visto como una figura limitada al entorno local o, en el mejor de los casos, al ámbito regional. La exportación de talento desde el banquillo no era una constante, ni siquiera una aspiración clara. Quintana rompe con esa narrativa y lo hace desde un terreno que también ha exigido abrirse paso: el fútbol femenino.

Su camino no fue inmediato ni sencillo. Se construyó desde procesos formativos, desde el trabajo silencioso, desde la convicción de que el crecimiento real no siempre es visible en el corto plazo. Cuando asumió el reto de dirigir fuera de México, no llevaba consigo el respaldo de una etiqueta internacional consolidada, sino la responsabilidad de demostrar que la preparación también puede hablar por sí sola.

Nacho recibió el llamado de Centroamérica apenas dos días después de terminar su carrera de director técnico, literalmente recibió su título un sábado y el lunes estaba en el vuelo a Nicaragua para ser auxiliar del proyecto de selección femenil, un reto que pocos se atreven, y no es que las propuestas no existan, sino que son las mismas federaciones o equipos, los que dudan en ofrecerlo a entrenadores mexicanos, pensando que los aztecas rechazarán por el poco cartel que ofrece la zona a sus carreras.

Llegar a un Mundial no es producto del azar

. Es consecuencia de estructura, de lectura del entorno y de una capacidad constante de adaptación. Dirigir a una selección distinta implica entender otra cultura futbolística, otro tipo de jugadoras, otro ritmo competitivo y, sobre todo, otra manera de gestionar expectativas. Quintana no solo se integró: logró construir un equipo que compitiera lo suficiente como para alcanzar ese escenario
.

Lo que vuelve más relevante su historia es lo que representa hacia afuera. Su logro abre una puerta que durante años estuvo prácticamente cerrada para los entrenadores mexicanos. Demuestra que el talento no está limitado por la nacionalidad, sino por las oportunidades y la capacidad de sostener procesos en contextos distintos.

En un fútbol donde se habla constantemente de exportar jugadores, pocas veces se pone atención en quienes dirigen. Nacho Quintana obliga a voltear hacia ese otro lado, a preguntarse cuántos entrenadores mexicanos podrían seguir un camino similar si existieran más espacios y menos prejuicios.

Su presencia en un Mundial no es una casualidad ni un gesto simbólico. Es el resultado de un trabajo serio que encontró eco fuera de casa. Y en ese sentido, su historia tiene un valor mayor: no solo cuenta lo que logró, sino lo que puede venir después.

Porque a veces, lo más importante no es llegar primero, sino demostrar que sí se puede llegar.
Hoy Nacho dirige al Atlético de San Luis femenil, y asume el mismo reto que cuando dirigió a Panamá en aquel Mundial en Australia y Nueva Zelanda en 2023, el reto de la primera vez, con la selección canalera la ilusión era esa primera vez en un Mundial, hoy es la ilusión de alcanzar por primera vez una liguilla, cosa que parece muy complicada en el torneo actual. Pero de historias imposibles se ha llenado la carrera de Nacho, y hoy vive y trabaja en San Luis Potosí, en búsqueda de ser un semillero en el equipo potosino, un equipo donde se pueda lograr llevar jugadoras a los más altos niveles y con ellas hacer realidad esa ilusión de lograr pronto, hacer probable lo imposible.

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San Luis vs Pachuca: el partido fuera de la cancha | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El encuentro entre San Luis y Pachuca llega en un momento delicado para el equipo potosino. No solo por lo futbolístico, sino por el ambiente que se ha ido formando alrededor del proyecto. Cuando un equipo atraviesa resultados irregulares, la tensión suele trasladarse de la cancha a la tribuna, y eso es precisamente lo que hoy vive San Luis.

La relación entre la afición y el técnico Guillermo Abascal no atraviesa su mejor momento. Las dudas sobre su manejo del equipo, los constantes cambios en las alineaciones y ciertos resultados que no terminaron de convencer han ido generando un clima de escepticismo. Este es ya un rechazo absoluto, un reclamo generalizado a la directiva, el aficionado siente, piensa y exige que el cambio en el banquillo tenga que venir sin importar el resultado frente a Pachuca.

Esa tensión volvió a hacerse visible en la última rueda de prensa previa al partido, donde Abascal compareció acompañado por João Pedro. Más que un acto protocolario, la conferencia dejó entrever el momento que vive el equipo. El técnico insistió en que el proyecto sigue una línea clara de trabajo, defendió la necesidad de los ajustes tácticos y dejó claro que las decisiones se toman pensando en el rendimiento colectivo, aunque no siempre sean comprendidas desde fuera.

João Pedro, por su parte, asumió un tono más conciliador. Habló del compromiso del plantel, de la responsabilidad que sienten con la afición y de la importancia de recuperar resultados que devuelvan tranquilidad al entorno. Fue un mensaje directo: el vestidor sabe que el apoyo de la grada es fundamental, pero también entiende que ese respaldo se gana con actuaciones convincentes.

En ese contexto aparece Pachuca, un rival que rara vez concede partidos cómodos. El equipo hidalguense suele competir con orden, paciencia y una lectura inteligente de los momentos del juego. No necesita dominar largos tramos para resultar peligroso y suele castigar cuando el adversario se precipita. Ante un San Luis que llega con presión ambiental, esa característica puede convertirse en un factor determinante.

Por eso, el partido no será únicamente una cuestión táctica. También será un examen emocional. San Luis deberá demostrar que puede aislarse del ruido externo y concentrarse en el funcionamiento dentro del campo. Pachuca, en cambio, buscará aprovechar cualquier signo de ansiedad o desorden.

El Alfonso Lastras o Libertad Financiera será testigo de algo más que un simple enfrentamiento de liga. Será un escenario donde el equipo tendrá la oportunidad de reconstruir puentes con su afición o, en el peor de los casos, ampliar una distancia que ya empieza a sentirse.

En el fútbol, las relaciones entre entrenadores y tribunas suelen ser frágiles. Un buen resultado puede cambiar el ánimo en cuestión de minutos; una derrota puede profundizar las dudas. Frente a Pachuca, San Luis no solo se juega puntos, se juega también la posibilidad de reconciliar discurso, resultados y confianza. Porque cuando esas tres cosas caminan juntas, los proyectos suelen encontrar estabilidad. Cuando no, la tormenta aparece más pronto que tarde.

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Cero culpa | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Los resultados del San Luis han abierto inevitablemente el debate. Cuando un equipo entra en una racha irregular, las miradas suelen dirigirse primero al banquillo. Y en este caso, el nombre que aparece en el centro de la discusión es el de Guillermo Abascal.

La pregunta es inevitable: ¿los altibajos del San Luis son consecuencia directa de los planteamientos del técnico o responden a factores más complejos que van más allá de la pizarra?

Abascal ha mostrado desde su llegada una idea clara de juego, aunque no todos lo ven así. Un equipo que intenta tener orden táctico, que busca intensidad en ciertos tramos del partido y que no teme modificar su alineación cuando considera necesario ajustar piezas. De hecho, en más de una ocasión ha sorprendido con cambios importantes en la formación titular, algo que para algunos representa valentía estratégica y para otros una señal de inestabilidad.

Lo cierto es que cuando los resultados acompañan, esas decisiones se interpretan como parte de una visión táctica audaz. Pero cuando el marcador no favorece, las mismas decisiones se convierten en motivo de cuestionamiento.

Sin embargo, reducir el análisis únicamente al entrenador sería simplificar demasiado una realidad que en el fútbol suele ser más compleja. Los partidos también se deciden por errores individuales, momentos de desconcentración o detalles que escapan incluso al mejor plan táctico. Basta recordar encuentros en los que San Luis ha competido bien durante largos periodos, pero ha terminado pagando una jugada puntual.

También existe el factor anímico. Los equipos, como cualquier grupo humano, atraviesan momentos de confianza o incertidumbre. Una derrota inesperada puede alterar la dinámica, mientras que una victoria oportuna puede cambiar completamente el ánimo del vestidor.

Incluso el contexto del torneo influye. La Liga MX es un campeonato donde la diferencia entre ganar y perder muchas veces se mide en centímetros, en una decisión arbitral o en un error defensivo en los minutos finales. Por eso, juzgar el trabajo de un entrenador únicamente por un resultado puede resultar engañoso.

La verdadera pregunta quizá no sea si el problema es Abascal, sino si el equipo en su conjunto ha logrado sostener la consistencia que exige la competencia. Porque en el fútbol moderno los proyectos no dependen exclusivamente del técnico, sino de la suma de decisiones deportivas, rendimiento individual y gestión emocional del grupo.

San Luis tiene momentos en los que demuestra que puede competir con cualquiera, pero también episodios en los que pierde claridad o contundencia. Esa dualidad es la que alimenta el debate.

Al final, el tiempo suele ser el juez más justo para cualquier entrenador. Si los resultados regresan, las dudas se disipan rápidamente. Si no, las preguntas crecerán inevitablemente.

Por ahora, el cuestionamiento sigue abierto: ¿es el planteamiento de Abascal el origen de los problemas o simplemente el reflejo visible de un conjunto de factores que el fútbol?

Me quedo con una última reflexión, el ambiente que se deja ver del interior del equipo, no parece malo, como sucede cuando el técnico ya no trabaja bien con su cuadro, el equipo aún trabaja a las órdenes del mister, la confianza existe entre los miembros del plantel, cosa que me hace pensar que la ruptura, no parece inminente, solo el tiempo y los resultados de un calendario complicado, lo dirán.

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