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Un rugido en el desierto | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

EL CRONOPIO.

En el mes de octubre del 2019, se vivían los estragos del cordonazo de San Francisco, ese vientecillo helado que calan los huesos, después del deshielo que produce el sol en pleno. Aún en lo oscuro del amanecer, mientras las ratas canguro atraviesan a todo salto el camino pedregoso y terregoso a la vez, escapando de la camioneta que invade su espacio, un grupo de experimentadores recorrían las veredas del semidesierto potosino en los alrededores del municipio de Charcas.

Son las seis y media de la mañana y el equipo técnico de aventureros se dirige a la rampa de lanzamiento del nuevo Cabo Tuna, al igual que hace más de sesenta años lo hicieran aquellos pioneros en la experimentación aeroespacial en el país, en lo que posteriormente sería conocido como Cabo Tuna.

En esta ocasión se aprestaban a realizar lo que sería la primera prueba estática de un motor de cohete de combustible sólido en el país. A pesar de haberse lanzado durante veinte años un buen número de cohetes, tanto en San Luis Potosí, como otros puntos de la República Mexicana, hasta ese momento no se había realizado nunca una prueba estática.

Esa mañana el grupo de trabajo se preparaba para realizar un experimento que se convertiría en un nuevo hito en la historia de la ciencia y tecnología mexicana. La realización por primera vez en el país de una prueba estática de un motor de cohete de combustible sólido.

La prueba estática consiste en operar en condiciones reales el motor del cohete colocándolo de manera invertida, fijándolo de tal manera que este no se mueva, a fin de medir los parámetros de empuje y presión, así como el desarrollo de quema del combustible enfocando en la identificación de resonancias, conocidas como tonos de flauta, y el comportamiento mecánico de la estructura metálica del motor. Con estos datos es posible predecir el comportamiento de vuelo del cohete y establecer la misión específica del mismo que en este caso consistirá en probar el sistema de lanzamiento y recuperación del cohete, así como realizar mediciones de parámetros físicos en vuelo.

Ese día después de vencer múltiples problemas técnicos, iniciaba la consabida cuenta regresiva de diez segundos, lo que al final de la cuenta se encendía el motor con estruendoso rugido seguido de la expulsión de gases que avisaban del buen éxito del experimento. Ese día el 19 de octubre de 2019 se efectuaba por primera vez en el país, una prueba estática para un motor de combustible sólido y abría la posibilidad de lograr un lanzamiento en fechas posteriores, cosa que sucedería en marzo del 2020 y del que luego daremos detalles.

La prueba estática fue realizada en la Rampa de Lanzamiento No.1 para cohetes de combustible sólido, estabilizados aerodinámicamente del Puerto Espacial Cabo Tuna en Charcas, San Luis Potosí. A un año de aquella histórica prueba, perdura el eco del motor cohete en aquellos parajes del desierto charquense.

Los trabajos del desarrollo de cohetes en Cabo Tuna son coordinados por José Luis Arauz y Gerardo Saucedo Zárate, director del Instituto de Física de la UASLP y presidente del Instituto Mexicano del Espacio Ultraterrestre (INMEU), respectivamente, con el apoyo técnico de los profesores José Ángel de la Cruz Mendoza, Emmanuel Vázquez Martínez, Hernán González Aguilar y José Refugio Martínez Mendoza.


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