julio 29, 2026

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#4 Tiempos

Un equilibrio roto y un golpe desde el más allá | Carlos López Medrano

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LUCES DE VARIEDAD.

Andrés Manuel López Obrador tuvo un gesto de pragmatismo luego de ser electo como presidente. Su gobierno, dijo, no apostaría a dinámicas persecutorias. “No es mi fuerte la venganza”, aseguró, “no creo que sea bueno para el país el que nos empantanemos en estar persiguiendo a presuntos corruptos”. En campaña habló incluso de perdón. Para evitar mayores turbulencias, se ponía un punto final a una era traumática en la historia del país. Un borrón y cuenta nueva a partir del que, ahora sí, ya no permitirían las canalladas de antes. El problema de esta polémica postura es que entraba en conflicto irresoluble con una cuestión existencial del proyecto que le llevó a Palacio Nacional: el enfrentamiento contra quienes abusaron de su posición en el sector público durante décadas, un antagonismo gracias al que se entiende su popularidad.

Atacar tan solo las corruptelas del punto B al punto C, implicaba dejar impune el espectro que partía del punto A, lo cual restaba fibra al discurso. Acaso por ello, y también ante los exiguos resultados en los primeros dos años de su gobierno, decaídos y criticados debido a crisis y fracasos en varios ejes, no quedó más que apelar a esa última baza, la más poderosa quizá, que implicaba de atacar frontalmente a las administraciones que le antecedieron. Un recurso para sacar en caso de emergencia. Un salvavidas político. La gran justificación a su permanencia.

La detención Emilio Lozoya llevó la cruzada al punto más radical. El exdirector de Pemex soltó denuncias al por mayor y amagó con videos que salpicarían a parte medular de quienes estuvieron al mando en los sexenios anteriores. El material, si se gestionaba cuidadosamente, se antojaba como el arma definitiva para demoler a corto y mediano plazo a la ya de por sí maltrecha oposición partidista. Con mayor o menor grado de separación, tales declaraciones, fueran honestas o no, anulaban a los competidores a golpe de titulares en medios. PAN, PRD, PRI e incluso formaciones embrionarias como México Libre se verían seriamente vulneradas a ojos de la ciudadanía. Todo iba bien para el gobierno, hasta que lo fue un poco menos. Un giro inesperado hizo trastabillar a lo que parecía infalible.

El caso Lozoya seguirá afectando a los involucrados, desde luego. Nadie sensato metería las manos al fuego por ninguno de los protagonistas de semejante telenovela. Pero entonces surgió una respuesta que posiblemente el proyecto de López Obrador no anticipaba. Un contrataque, dispuesto en los mismos términos (videoescándalos), proveniente de una parte del espectro político que tras meses de desfallecimiento terminó por dar señales de vida. No queda claro exactamente quién está detrás de las filtraciones. En ello probablemente hubo, en parte, fuego amigo, pero también otra influencia, un coletazo del viejo régimen, uno que se niega a morir.

La divulgación de videos que exponen al hermano del presidente en acciones presuntamente violatorias de la ley electoral pega de lleno en una parte sensible de la actual administración. Si ya antes había señalamientos a prácticas cuestionables de funcionarios de primer nivel (que podían personalizarse y por tanto no manchar el resto del organigrama), esta vez la sombra se extiende al ámbito familiar del líder y también a las prácticas de Morena en su persecución del éxito, maniobras indisociables de la estructura.

Aunque sacar conclusiones sería apresurado, lo anterior se antoja como el inicio de una lucha entre un bando establecido y uno difuso, de varios cuerpos y cabezas. Da la impresión de que el equilibrio se ha roto y que, de ser así, el marcador final no dejará un ganador en términos absolutos, sino que habrá pérdidas para todos los bandos involucrados, salvo que el gobierno federal decida bajar la velocidad y tranquilizar la balanza. O si es que los otros se quedan sin pólvora. Un revés del duelo callejero será el debilitamiento de la mediación institucional que pasa a segundo plano en pos de los ataques directos, el lanzamiento de lodo, el sálvese quien pueda. Un deterioro de acuerdo entre facciones, tan necesario, al menos mínimamente, para una sana vida democrática. Que no se confunda esto con una reivindicación de la impunidad. Cualquier mal manejo debe ser castigado según las disposiciones de la ley; priorizar el espectáculo, eso sí, trae efectos secundarios indeseables.

Es verdad que la presidencia tiene una ventaja sustantiva como lo es el manejo de un entramado de gobierno. En distintas oficinas y dependencias el presidente tiene a fieles mastines entregados a la causa que podrán presionar y lanzar mordidas intimidatorias desde sus respectivas esferas. No obstante, esta ventaja tiene puntos limítrofes, ya que, primero, levantará cuestionamientos (ya los hay) de una aplicación parcial de la justicia; y, segundo, cada uso de la carta Lozoya podría ser susceptible al contragolpe mediático que ponga en entredicho el espíritu de renovación moral que impulsa el gobierno. Este relato, que es uno de los principales sostenes de la presidencia, también es una debilidad en el sentido de que la pureza es difícil de sostener, no por lo que concierne al presidente de primera mano (que ha sido cuidadoso durante décadas en este tema), sino por quienes le rodean. Entre tantos subordinados, oficinas, acuerdos, parentela… siempre habrá alguna manzana podrida que estropee el cuento.

Tal es el peligro para el autoproclamado movimiento de regeneración, verse erosionado por una lucha a cara de perro que, por algo, en un principio se prefería soslayar. El presidente tendrá, sí, el recurso de lavarse las manos y pedir que cualquier eventualidad se solucione bajo los términos de la ley, una pulcritud que no confiere a las tropelías de sus adversarios, por cierto, a quienes utiliza para actos de proporciones circenses en conferencias que sustituyen a instancias especializadas que, junto a otras prácticas informales, transgreden el debido proceso. Además, a la postre será insuficiente, ya que eventualmente minará la retórica de un gobierno que prometió cambiar dinámicas enquistadas en la política. Si algún grupo logra instalar la idea de que los nuevos son iguales a los anteriores, el desgaste será inminente, aunque considero que sin la velocidad suficiente para un colapsar a Morena en 2021.

Por si fuera poco, el castigo a los propios colaboradores tiene un límite. Varios de ellos configuran parte básica de la cuadrilla por lo que no será fácil deslindarse de ellos o desecharlos, sin dificultades adicionales a la gobernanza. Tampoco hay proclividad a la aceptación del error. El relativismo aplicado a los yerros y claroscuros de figuras activas en el gobierno muestra que no hay una disposición estricta a eliminar los abusos de la clase dirigente del país siempre y cuando sean de parte decisiva del clan.

La lucha, pues, está abierta. Parece que la fuerza de los opositores fue subestimada y que, después de tanta deriva, estos últimos han encontrado una forma efectiva de socavar a la hegemonía actual, una que ha abierto demasiados frentes demasiado pronto, aunque obligada ante un contexto que no le ayuda con miras a las elecciones de medio término. La lucha contra los predecesores que es su gran reivindicación podría ser, paradójicamente, el inicio de un desgaste mayor. O puede que no, ya se verá en las elecciones, no tanto en las encuestas.

Después de la pequeña cisma que involucró a su hermano, el presidente manifestó que su misión continuará, pese a todo. Recurrió al enésimo paralelismo con referentes históricos a los que cada vez hay que meter con más calzador. Hay que decir que no está solo y él lo sabe. Tiene un respaldo considerable de la ciudadanía, una fracción de incondicionales que mantendrán firmes en su apoyo, sin importar los argumentos ni la evidencia que contradigan lo que finalmente es una creencia. Al contrario, cada golpe significará una nueva cimentación del dogma. Otros lo ven de un modo instrumental y tolerarán algunos pecados a cambio de la promesa de un bien mayor, como serían cambios de raíz en el entramado económico-social y la extirpación de lastres enquistados en el poder.

Lo que sí está en riesgo a nivel electoral son los apoyos dados en 2018 que se podrían categorizar como “coyunturales”, el hartazgo que constituyó una porción de los 30 millones de votos, cifra colosal que tiene algo de espejismo y que no equivale, como algunos creen, a un consenso, no al menos permanente. Una parte de ellos, imposibles de cuantificar, correspondieron no a incondicionales, sino a voto flotante que como vino se puede ir. La determinación de tales ciudadanos ante los hechos referidos medirá los alcances y límites de la actual administración, si bien las fuerzas que desafían a Morena perderán mientras estén dispersados.

#4 Tiempos

Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.

Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.

En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.

En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.

Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX,

además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.

Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.

En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.

Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.

El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.

Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.

Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.

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#4 Tiempos

Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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#4 Tiempos

Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.

El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.

En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.

Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.

En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.

Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.

De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:

“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.

Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:

Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.

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