septiembre 9, 2026

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#4 Tiempos

Un amor de sándwich | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Hace ya algunos años, una película mexicana de cuestionable factura, y cuyo nombre conviene no rebuscar, mostraba la historia de dos jóvenes que compartieron un lapso de veinticuatro horas tras conocerse fortuitamente en la fuente de un callejón perdido. Uno enamorándose, la otra dudando sobre el porvenir con su pareja de antaño.

El varón se esmeraba por cautivar a la chica, una española que no conocía a fondo la Ciudad de México. Hacía cosas fuera de la norma. La llevaba por la noche a un área restringida del bosque de Chapultepec. Grababa con ella una pieza en violonchelo para posteriormente confeccionar un sample de recital. La invitaba al enésimo speakeasy… la película gira en torno a sus esfuerzos por alcanzar lo extraordinario y, de esta manera, ser memorable para ella. El protagonista lo consigue a medias: la visitante pasa un día para el recuerdo, pero al final se despide y vuelve con su novio de toda la vida.

Desconfío de las relaciones sostenidas por la pirotecnia, por la necesidad de la épica, de la constante movilidad, de viajar como una huida carente de fondo, de estar en las postrimerías todo el tiempo, como si el filo de la navaja fuera lo que mantiene en funcionamiento a su amor. Y no, creo que no: en última instancia, el amor debería bastar por sí solo y persistir aún en el minimalismo, en la intimidad hasta el hueso, en una habitación sin mayor distracción que los dos.

Congeniar sin estimulantes externos. Superar el aburrimiento y la prueba de los silencios compartidos. Cualquier pareja la pasa bomba en una tarde con vistas al mar, en el pueblo mágico, en la cena de gala; la prueba de fuego es ir al mercado, la mañana en la alcoba cuando no hay mucho que hacer ni decir. Quienes empatan en tal circunstancia, y la pasan bien y se quieren, pueden estar seguros de poseer un vínculo especial. El día olvidable es una de las cumbres del amor.

Las mejores relaciones posibles, uno se da cuenta más tarde que temprano, son aquellas en las que no es necesario forzar la marcha. En las que el cariño fluye y no sientes que estás a prueba cada día, cada hora, cada minuto, teniendo que hacer maniobras para ser validado y respetado por la otra persona. Alcanzar una complicidad, apreciar la parte más frecuente del ser amado, aquella que el 95 por ciento del día respira y deambula por ahí sin mucho que añadir. Entender que no todo se reduce a la frase ingeniosa, al fantochismo, a la hazaña, sino que lo bello reside igualmente en la rutina, en leer juntos en el jardín.

Aquella película mexicana trataba de emular la magia de Before Sunrise (1995). Sin embargo, los creadores parecían ignorar que el encanto de aquel flechazo entre Jesse y Celine no estaba propiamente en la extravagancia, sino en una cadencia, en un compás, en ilustrar la maravilla de encajar con alguien, tal como Richard Linklater retrata en postales de plena normalidad. Ir al parque, sentir las campanas, hacer piojito. Comer en un restaurante cualquiera, jugar al pinball. Caminar sin rumbo y platicar con alguien que sabe escuchar.

Graham Greene lo describe bien en esa notable novela llamada El final del affair. El personaje de Sarah, en plena revuelta espiritual, revela su mayor deseo: estar con el hombre que la vida ha apartado de ella. Y no para tirarse de un parapente o ir de Safari a una región de África. «Quiero comer sándwiches con él», dice, «quiero estar tomando una copa en un bar con él»

. Eso es bastante cuando se quiere a alguien, cualquier extra te aleja de lo esencial. «Quiero un amor corruptible y humano y normal», añade después.

En otro capítulo, Bendrix, el hombre al que Sarah aludía, lamenta no gozar la cotidianidad que ella, la amante, tiene con su marido. Tras ser descubierto, se lo confiesa «Contigo, ella hacía la compra y cocinaba y se iba a dormir, conmigo solo podía hacer el amor».

El romance como carrera de fondo es una constante en la obra de Greene. En El tercer hombre da cuenta de su predilección por lo duradero antes que por la erupción volcánica: «No tenía una cara bonita, ése era el problema. Era una cara para vivir con ella un día tras otro. Una cara para toda la vida».

La primacía de lo templado. El amor que perdura no es el de puro vino y rosas y de explosión carnal que se desvanece, sino el que tiene un punto de resignación y que asume lo bueno y lo malo. Como católico, el escritor inglés entendía el valor de cargar con la cruz del otro. El deseo de la simple compañía.

Sería tonto oponerse a lo sublime, a la búsqueda de lo extraordinario, del ideal. Es absurdo renegar de fechas, celebraciones y citas especiales. De vacaciones memorables. Sin duda hay que tenerlas. Son chispas, fuegos que animan y que uno recuerda en la posteridad. Pero eso no se tiene siempre, son excepciones.

Apelar al vértigo es una carrera agotadora y sin sentido. Rafael Berrio lo cantaba en parafraseo carveriano en esa otra película que bebe de Before Sunrise (aunque con mayor gracia que la cinta mexicana), La reconquista (2016) de Jonás Trueba: «En el amor somos todos principiantes».

Vete a chiflar a otro lado con la expectativa en bandeja de plata. Hasta lo exquisito cansa, como diría un viejo príncipe. Lo que cuenta es alguien con quien sobrevivir al naufragio, al tedio que conforma la existencia y que al lado de la gente precisa ya no es tan insufrible y se convierte en un plano mejor. La gloria es la rutina con la persona adecuada. Alguien con quien pasar tu propio anochecer.

Ya de viejo, si llegas a serlo, o en temporadas difíciles, comprenderás la importancia de estar a gusto con alguien que apenas se mueve, que ya no puede tirar maromas y que no se subirá a un iceberg contigo. Que estará ahí, transparente, y que con un arqueo de ceja te endulzará el desayuno. Yo, como Sarah, cambio el cuento de Disney (la carroza que termina en calabaza) por un amor de sándwich. Un sándwich genuino.

 

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La joven promesa potosina del canto lírico, Jaqueline del Rocío | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Una de las herederas de la tradición potosina del canto lírico, representadas por María Luisa Escobar, Ernestina Perea y Oralia Domínguez, tratadas con anterioridad en esta columna, es la joven soprano Jaqueline del Rocío Medina Pérez.

Jaqueline del Rocío Medina creció en un ambiente musical, su padre es el chelista Raymundo Medina, mismo que comenzó a formalizar desde los cuatro años con lecciones de música combinando el juego y lo que sería su vocación, la música, iniciándose en la práctica del violín para después destacar en el ámbito del canto.

Egresada de la Licenciatura en Canto de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”, se ha convertido en una de las voces más destacadas de la lírica mexicana contemporánea. Inició sus estudios en la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo, en donde también imparte clase. En otro recinto con ese nombre del músico potosino, obtuvo en el mes de agosto de 2026, un doble premio: el Primer Lugar Femenino, así como el prestigioso Premio Concurso María Callas en la décima edición del Concurso Internacional de Canto Linus Lerner.

El certamen es reconocido como una de las plataformas de mayor exigencia y proyección para jóvenes intérpretes de la música clásica y la ópera en México, cuya final se realizó en la sala Julián Carrillo de la UNAM. Donde se evalúa principalmente aspectos técnicos esenciales del canto lírico como la solidez vocal, el dominio del repertorio operístico, la interpretación interpretativa y el desenvolvimiento escénico en disciplinas que incluyen zarzuela, oratorio, lied y canción de concierto.

Este prestigioso premio se suma a los galardones en otros certámenes que ha obtenido Jaqueline del Rocío, como el premio obtenido en 2024, Primer Lugar del XLI Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli con la interpretación del aria de Il corsaro: Non so le tetre immagini, así como el Premio del Público Pro Ópera en el mismo evento, premio concedido por voto directo del público, donde participaron, como cifra récord, 180 aspirantes; además obtuvo el Premio de Ópera de Bellas Artes, un recital con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Inbal, un recital con la Dirección de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, la participación en un título de la temporada de la empresa Escena 77 Producciones y el Premio Ópera de San Miguel, la Orquesta Sinfónica del Estado de México le ofrece una actuación en su temporada de conciertos.

Los premios obtenidos en 2024 en Bellas Artes llevan el nombre del barítono italiano que realizó su carrera en México al llegar en 1938, a interpretar el papel titular en Rigoletto, de Verdi. A partir de entonces permaneció en nuestro país, hasta su deceso en 1970.

Jaqueline del Rocío ha formado parte de la Orquesta de Cámara de Zacatecas, y como solista en la Academia de Música Antigua de Zacatecas y la Camerata de San Luis Potosí. Otro premio digno de mención es el obtenido en el 2022, donde ganó el Premio del Público y Mención Honorífica en el Concurso de Canto Lírico de América Orfeo. Obtuvo el rol principal en las óperas Don Giovanni de Amadeus Mozart y La Boheme de Giacomo Puccini.

Lo anterior habla de una gran promesa en el canto lírico y que esperamos se puedan realizar conciertos locales donde el público potosino pueda apreciar su gran talento, como sucedió en el Festival de Ópera de San Luis Potosí, Linus Lerner, donde participó en La flauta mágica, de Mozart; y Hansel y Gretel, de E. Humperdinck. Tiene una importante carrera por delante, para la cual continúa en su preparación y perfeccionamiento redondeando su preparación en canto, expresión y actuación escénica.

Puede decirse que la vida de Jaqueline del Rocío ha transcurrido en la música y, que su futuro en el canto lírico dará mucho que hablar en los escenarios nacionales e internacionales, sumándose a pléyade de divas potosinas que han puesto en alto el nombre de San Luis Potosí en los grandes escenarios mundiales.

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Juana María Alvarado, La Vida es Química | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Andrés Manuel del Río, el científico español naturalizado mexicano que desarrolló su carrera científica en México en el Seminario de Minería de México en los albores del siglo XIX y finales del XVIII se convirtió en una figura representativa de la química en México; se encargó de la cátedra de Mineralogía del también llamado Colegio de Minería y escribió el libro Elementos de Orictognosia que llevaría el potosino Mariano Jiménez, que sería su alumno.

De sus logros sobresalientes fue el descubrimiento del eritronio, un nuevo elemento químico que descubriera en 1801 en una muestra recolectada en Zimapán Hidalgo. La historia de este descubrimiento es una de las tristes historias de la ciencia mexicana, pues el descubrimiento de este elemento fue adjudicado años después a E. Wöhler que lo bautizó como vanadio. El elemento vanadio debe ser considerado como descubrimiento de Andrés Manuel del Río, quien también descubrió otros compuestos, como la plata azul o la aleación del rodio y el oro.

El nombre de Andrés Manuel del Río lo tiene asignado la Sociedad Química de México para denominar sus premios de química en México a destacados investigadores y docentes de la química en el país. Este año 2026 la profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Juana María Alvarado Rodríguez se hizo merecedora al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Río” 2026, por su actividad docente.

El Premio Nacional de Química se otorga desde 1964 y es otorgado en tres categorías: Docencia, Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, tiene como finalidad hacer un reconocimiento público nacional a la labor realizada por profesionales de la Química que hayan contribuido de manera extraordinaria a elevar la calidad y el prestigio de la profesión Química en México.

Juana María Alvarado estudió en la licenciatura en la Facultad de Ciencias Químicas y realizó una maestría en hidrosistemas con opción en irrigación, en el 2006. Fue coordinadora de la licenciatura en química de la Facultad de Ciencias Químicas de la UASLP y ha desempeñado una destacada labor docente en dicha Facultad.

Juana María Alvarado ha incursionado en el área de divulgación de la ciencia en varias de sus facetas de comunicación, entre ellas y de manera importante en la radio. En 2008 inició la producción del programa La Vida es Química en Radio Universidad el cual ella misma conduce y en los que invita a participar a alumnos de química, lo que les ha permitido ser un factor más en su formación.

El amor y la pasión por la química que tiene la maestra Juanita, como se le conoce en el medio, la ha llevado a especializarse en comunicación social de la ciencia para lo que decide ir a España a Almería en particular a realizar el máster en Comunicación Social de la Ciencia en la Universidad de Almería realizando un trabajo comparativo de fin de máster entre dos jóvenes radios universitarias españolas, RadioUAL y RadioOlavide, y dos radios veteranas mexicanas, Radio UNAM y Radio UASLP.

La influencia que ha tenido, inyectando a su vez su pasión y amor por la química en sus estudiantes les ha permitido seguir con éxito sus carreras profesionales, algunos de los cuales se han convertido en sus colegas en el seno de la Facultad de Ciencias Químicas. Su interés por la historia de la química en San Luis se ha manifestado al difundir la labor de mujeres químicas pioneras en química y mantener la memoria del desarrollo de la química en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y compartirlo con el pueblo potosino, sin descartar a los niños y jóvenes con talleres de ciencia donde la química es la protagonista, entusiasmándolos para orientar su vocación a la química y mostrarles, como reza el título del que fuera su programa en Radio Universidad, que La Vida es Química. ¡Felicidades a la maestra Juanita!

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Un pionero de la astrofísica en San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Uno de los dos primeros potosinos en estudiar formalmente astronomía y en realizar investigación en astrofísica son Joel Cisneros Parra oriundo de Salinas, San Luis Potosí, y de quien hemos tratado ya en esta columna, y Antonio Sarmiento Galán que se recibiera como físico y como matemático en la década de los setenta del siglo XX en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Antonio Sarmiento Galán comenzó a estudiar física en la entonces Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para interrumpir sus estudios y emigrar a la Ciudad de México donde ingresaría a la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar simultáneamente la carrera de física y la carrera de matemáticas, mismas que concluiría en 1976. Estas líneas de formación regirían su vida académica y profesional, pues contribuiría a la investigación en física en el área de la astrofísica y posteriormente en el ámbito de las matemáticas, siendo actualmente investigador del Instituto de Matemáticas, Unidad Cuernavaca de la UNAM desde 1999; previamente había sido investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM de 1981 a 1998.

Su formación primaria en astrofísica fue en el tema en el que coincidieron estos dos personajes potosinos, pioneros en el estudio de la astrofísica, sistemas binarios. Su tesis de licenciatura en física presentado en 1978 versó sobre Etapas Evolutivas Avanzadas en Sistemas Binarios. Realizó su maestría en ciencias en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM y su doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Queen Mary College en la Universidad de Londres donde vuelve a combinar su interés en la física y la matemática, que no la física-matemática. Su tesis de doctorado en dicha universidad fue sobre Gravitación en el Sistema Solar que presentó en 1981.

Entre sus estudios de formación y, en especial en astrofísica se encuentran Estudios para la Localización de un Sitio Astronómico en la República Mexicana, en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1977 y 1978 y, Ph ysical Cosmology en Francia en la École d’Été de Physique Théorique. Université de Grenoble. Les Houches, Haute Savoie en julio de 1979.

Antonio Sarmi ento, como astrofísico ha hecho importantes aportaciones científicas teóricas en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación en teoría general de la relatividad y el vacío en sistemas no inerciales.

Su contribución no se ha limitado al carácter de investigación pues ha tenido una intensa actividad en educación, no sólo impartiendo cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, sino que ha realizado una destacada participación en actividades de educación no formal, en especial en divulgación de la ciencia, donde ha escrito numerosos textos entre artículos y libros entre los que se encuentran libros técnicos y de divulgación, participando, además, con conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía.

Antonio Sarmiento ha contribuido al desarrollo de la educación y la investigación científica en su tierra de nacimiento apoyando programas de divulgación como Domingos en la Ciencia en San Luis Potosí, La Semana de Física y La Ciencia en el Bar, donde ha participado en varias sesiones. Como la charla Fractales que puede consultarse en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=AutyQCtnuI8

En una entrevista para la revista “¿Cómo Ves?”, de la UNAM, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada por premios, “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.

Antonio Sarmiento Galán nació en San Luis Potosí el 23 de abril de 1954 y se convierte en el segundo potosino en formarse profesionalmente como astrofísico y contribuir al desarrollo de la ciencia y la educación científica, siendo además uno de los primeros matemáticos potosinos.

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