enero 28, 2026

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#4 Tiempos

“Suben como lobos y bajan como palomas” | Crónica de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA

Enrique sube y Xavier baja. No, no es alegoría sobre los 44 días que separan a uno de dejar de gobernar la capital y al segundo comenzar su mandato. Literalmente Galindo sube por la escalinata de la derecha a despedirse de Xavier Nava, mientras el aún alcalde ya venía de bajada con su séquito de colaboradores.

¿Se regresó Enrique? –Pregunta despistado el jefe de comunicación del alcalde en descenso.

-Sí güey. –Le contestó alguien bajito.

Xavier tuvo que meter reversa, subir por donde se baja, y a contracorriente del pelotón fúnebre de sus funcionarios regresar para el apretón de manos en el descanso de la escalera de piedra adornada por el monumental vitral regalado a la ciudad por el Duque de Alburquerque, por allá de la segunda mitad de del siglo XV.

¿Y el otro vitral? El que se llevaron a “arreglar”, pregunta un audaz foto reportero al aire. -Quién sabe, ese ya no existe. Efectivamente solo hace falta levantar la mirada para ver que el multi colorido e histórico adorno fue sustituido por un domo de acrílico de a 700 pesos la placa. Nadie parece extrañarlo.

Mientras alcalde entrante y saliente se despiden, ya se guardan las bocinas en cajas, se apagan los micrófonos, se guardan los atriles. Se escuchan en el ambiente, si acaso, murmullos, discretas despedidas. Ya nada “suena fuerte”, ni un alfiler “rompe el silencio”.

Las sillas dispuestas y rotuladas para los funcionarios más cercanos a Xavier Nava quedan vacías, los asistentes abandonan el patio central.

Fue un evento protocolario terso, sin sobresaltos, sin amenazas, sin fricción. Un velatorio sin velas. La resignación como quien se despide de un anciano desahuciado. “Pero si era tan bueno…”, parecen expresar con los ojos los dolientes.

¿Encontró Xavier Nava la Paz que daba el Obispo de Montes de Oca para bajar por la escalinata de la paloma blanca que adorna el descanso izquierdo de la escalera de piedra, madera, mosaico y vitral?

“Suben como lobos y bajan como palomas” frase que se atribuye –lo que son las ironías de la vida- al abuelo del que se está yendo. En realidad el dicho, convertido en leyenda urbana cabalística y hasta supersticiosa, tiene origen –cuentan los cronistas- en la paz que administraba en la entonces casa episcopal el obispo Montes de Oca a sus feligreses.

Subían atados por sus culpas, subían furiosos como lobos o como perros con correa, pero bajaban absueltos. Lobos que se convertían en palomas en un subir y bajar.

Por si las dudas, el reportero subió por la derecha. No encontró razón para no hacerlo y fue el único que encontró de salida del despacho del alcalde a los protagonistas protocolarios del inicio de la entrega recepción.

Fueron 32 minutos en los que charlaron en privado el alcalde electo Enrique Galindo, el alcalde constitucional, Xavier Nava Palacios y la esposa del segundo, Nancy Puente Orozco, presidenta del DIF municipal.

Nancy y Enrique a dos pasos delante de Xavier, el triduo salió de buen talante, con buenos modos y atenciones de uno y otros.

Enrique ya no es de uniformes, ya no se dirigen despectivamente a él como “el policía”, ya no son tiempos de campaña, esas “ya se terminaron” como se los dijo el propio Galindo y lo consignó Sebastián Pérez en el discurso de bienvenida al nuevo equipo al palacio de la calle Hidalgo.

Transparencia, cordialidad y apertura, fueron la columna vertebral de los tres discursos.

“Quizás se cometieron errores, pero nunca con dolo”, traicionó la conciencia a Xavier Nava en su intervención, o proyectó algún asunto no resuelto. Parece que Nava pide paz por adelantado, la paz que representa el antiquísimo mosaico resistente al tiempo de la escalera izquierda. Por lo pronto, parece no haber fiereza a la derecha esa que está representada por un lobo también en el descanso bajo de la bifurcada escalinata de piedra.

Agradecimientos de parte de Galindo al equipo saliente y órdenes precisas al equipo que lo acompaña en el barco que se aproxima al puerto de gobernar la capital.

Si una nube de reporteros se aglutinó alrededor de Galindo, alrededor de Nava se reunió apenas una ligera neblina de colegas.

Firma, foto del recuerdo, foto de un equipo, foto del otro, foto de ambos. Adiós, no, sus equipos se verán todos los días y así lo pactan hacerlo en los mejores términos el abogado José Mario de la Garza y Sebastián Pérez en los pasillos superiores del palacio.

Nava se queda en el que sigue siendo su despacho por 44 días más. Enrique cruza la Plaza de Armas y la de Fundadores acompañado de hombres y mujeres de su equipo. Volverá, ¿como fiera o en paz? Ya lo veremos.

Los mosaicos de la paloma y el lobo son réplicas de los encontrados en la ciudad de Pompeya de acuerdo a historiadores potosinos, réplicas de los que aguantaron la catástrofe de un volcán. Han sido testigos del paso de 55 hombres que han estado al frente de la ciudad después de la Revolución.

“Nos vamos nosotros, otros vendrán, y otros después de ellos”, soltó el alcalde en despido en el inicio del proceso de su adiós.

No hay cómo contrariarlo.

El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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