octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

Spiro, Spero | Columna de Juan Jesús Priego

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«Es bastante grave, pero si pasa de hoy, creo que se salva», dice el médico en voz baja a un marido atribulado en Sábado de gloria, el hermoso relato de Mario Benedetti, el escritor uruguayo recientemente desaparecido. Su esposa está pasando por una crisis agudísima; casi se podría decir que agoniza, pero, si pasa de hoy, se salva: así lo ha dicho el doctor.

Pues bien, lo mismo ocurre con el desesperado.

La desesperación es la falsa creencia de que todas las puertas están cerradas y que continuarán así por toda la eternidad ¿Qué es el presente para él sino una prolongación monótona de lo que ya ha sucedido en el pasado? ¿Y qué el futuro, sino un mero calco de lo que ya pasó? ¡Todo es igual, siempre igual! «¿Cómo soportar vivir todavía un segundo? Y, sin embargo, no sucederá nada, porque nada sucede nunca y porque nada más puede llegar para mí»: he aquí lo que se dice a sí misma Thérèse Desqueyroux en El fin de la noche, la sobrecogedora novela de François Mauriac. ¿Y sus palabras no reflejan bastante bien la manera de expresarse del que ha perdido la esperanza? «Lo que fue, eso será: no hay nada nuevo bajo el sol».

Para decirlo ya, desesperar es renunciar al futuro para quedarse anclado en un presente del que no es posible abrigar demasiadas esperanzas. Suicidarse no es sólo matarse uno a sí mismo, como dice la obvia definición; suicidarse es, ante todo, ya no esperar a mañana. ¡Si el desesperado hubiese pasado de hoy, seguro que se salvaba!

Los estados de ánimo son pasajeros, y las circunstancias en las que nos encontramos, también. ¿Quién nos puede asegurar que el problema que hoy tanto nos preocupa no se resolverá hoy mismo por la noche o mañana al amanecer? ¿Quién puede conocer el futuro o imaginar lo imprevisto? No bromeaba, pues, el humorista español Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) cuando dijo en una de sus Máximas mínimas que «el suicidio es la exasperación de la impaciencia».

Antes de morir, Macbeth, el héroe de una de las tragedias de William Shakespeare (1564-1616), dice en tono valeroso: «Hasta que el bosque de Birnam llegue a Dunsinane y yo esté frente a ti, a ti, que no naciste de mujer, intentaré todavía mi última posibilidad».

Tres brujas, las mismas que habían profetizado a Macbeth que llegaría a ser rey, le profetizaron después que no moriría sino hasta cuando «el gran bosque de Birnam «subiera marchando para combatirle en la alta colina de Dunsinane». Un extraño oráculo (como todos los oráculos, por lo demás) que Macbeth no supo interpretar sino hasta el momento en que se cumplía.

Desde la colina de Dunsinane (donde se emplazaba su castillo), Macbeth vio venir un día hacia él las tropas de Macduff, el enemigo que ansiaba aniquilarlo. Entonces lo comprende todo: la hora de morir está cercana. «¡Sopla, viento! –dice-; ¡ven, naufragio! Suena la campana de alarma. Pero moriremos al menos con la armadura puesta».

Antes de morir, Macbeth va a luchar, intentando sacar partido de la única posibilidad que le queda. No se tirará al vacío, ni se cortará las venas, ni perderá tiempo imprecando contra los dioses. ¿Por qué derrotarse a sí mismo antes de medir sus fuerzas? «Si no queda más remedio que luchar, luchemos», parece decir en un momento de serena valentía.

El filósofo judío Emmanuel Lévinas (1906-1995) interpreta así las últimas palabras de este hombre ya casi moribundo: «Hay siempre, antes de la muerte, una última posibilidad que el héroe tratará de aferrar. Héroe es aquel que alcanza a ver siempre una última posibilidad; es el hombre que, a pesar de todo, se obstina en encontrar posibilidades».

El héroe no se da por derrotado antes de comenzar la lucha; es posible que el combate sea feroz y que hasta resulte vencido en él; sí, es posible que así sea, pero no por eso aceptará pertenecer a la raza de aquellos que, según el decir de Emmanuel Mounier (1905-1950), «se quitan la vida para no tener que morir».

Desde esta perspectiva es posible afirmar que los hombres y las mujeres que se debaten entre la vida y la muerte en alguna cama de hospital son verdaderos héroes, pues están intentado la única posibilidad que les queda; acaso mueran, pero, en todo caso, morirán con la armadura puesta; tal vez la lanza de la enfermedad los deje finalmente sin aliento, pero no exhalarán el último suspiro sin antes haber luchado. Respirar es para ellos sinónimo de esperar.

«Mientras la rama no esté cortada del árbol, se justifica la esperanza», decía a menudo Baal Shem Tov (1698-1760), un gran maestro judío de la Europa oriental. Aun cuando alguien se encontrara solo y perdido en algún bloque de hielo del polo sur, siempre puede esperar que pasé por ahí un barco y lo rescate en el último momento; mientras no llegue la muerte, siempre habrá una última posibilidad. Héroe no es el que vence siempre, sino el que siempre espera.

Mientras escribo estas palabras veo salir a mi vecino por la puerta de enfrente. Siempre está de mal humor, y cuando lo saludo apenas me responde. Sin embargo, por su cara podría juzgar que ha sufrido mucho, y además desde que yo recuerdo vive solo. ¿Será que lo ha abandonado su mujer? Algo de esto oí hace algún tiempo, pero no hice mucho caso. Ahora lo saludaré con más entusiasmo que antes: tal vez sea un héroe de esos que hablo aquí. Pues, ¿acaso se ha suicidado? No, y la prueba está en que desde aquí puedo verlo con su rostro desencajado de siempre. ¡No se ha suicidado! Por lo tanto, es probable que esté jugando con la última carta que le queda… ¡Bendito señor de enfrente! Y yo que lo juzgaba con tanta severidad…

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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