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Sobre el desalmado asesinato de Aurelio Gancedo | Apuntes de Jorge Saldaña

El asesinato de Aurelio Gancedo Rodríguez es una tragedia en muchos niveles. Es un golpe al gobierno, una bofetada a la clase política, toda una afrenta a la seguridad pública, una duda irresoluble y el arrebato desalmado de un buen hombre a su familia y amigos.

Con mucha fe, todavía por la tarde de ayer su familia y amigos aún esperaban un desenlace distinto, pero las condiciones, sobre todo después de que se confirmó el hallazgo de su auto, advertían lo peor.

La autoridad, a horas de distancia del infame hallazgo, parecía estar pasmada e inmóvil.

Da pena porque se trató el asunto como si no hubiera mensaje de fondo. Como si los significados no importaran, como ignorando a propósito los símbolos de lo que anuncia un huracán de cuestionamientos al sistema de seguridad y al sistema político en el estado.

Lo de Aurelio no fue un asalto, no fue un robo, no fue un secuestro, no lo confundieron.

Que se sigan todas las líneas de investigación por supuesto, pero hace falta un camión de mil toneladas de ingenuidad como para pensar que se trató de una víctima más de la delincuencia común.

La oficina del gobernador, pasadas las 11 de la noche mandó un seco comunicado de dos renglones en los que informó que “confía” en que la Fiscalía pueda esclarecer la muerte de Aurelio. Al menos fue un mensaje de autoridad, soso y frío, pero encaminado a una búsqueda de justicia.

En los renglones que no escribieron se pudo leer el tamaño de su miedo.

Mataron al niño consentido del PRI. Se llevaron en sus narices al ahijado del exprocurador General de la República, arrebataron la vida de quien fue presidente del partido en el gobierno, el que fue funcionario en los tres niveles, el presidente del capítulo San Luis de un instituto de investigación política.

De todos los pesos y esferas, Aurelio deja dolientes, mismos que van a recriminar tarde o temprano a la autoridad en turno.

¿De qué sirvieron las cámaras del C3,C4 y C5?

¿Dónde está la inteligencia del estado que pudo perder por más de 24 horas a un político como Gancedo?

¿De qué sirvieron las 250 patrullas nuevas de Xavier Nava si no pudieron entre todas localizar a un solo vehículo

¿Dónde estaban?

¿Cuál será su justificación frente a la madre, familiares y amigos de Aurelio?

¿De qué sirvió el cariño y calor Macabeo de diciembre si sus amigos en el poder no pudieron auxiliarlo?

¿Por qué ninguna autoridad pudo localizar un vehículo que cruzó impune toda la ciudad, desde la colonia Burócrata hasta Las Mercedes atrás del seminario mayor?

Si esa perra suerte corrió Aurelio, con tantas y fuertes conexiones en las esferas de lo público ¿qué podemos esperar el resto de los potosinos?

La trayectoria política de Aurelio es pública y por todos conocida, su desempeño jamás fue señalado, si acaso en el año 2018 cuando el propio Aurelio se desmarcó de las versiones que lo vincularon en su momento en la investigación de Pegasus y la empresa Citalae del Centro, S.A. y que recientemente se ha retomado en medios nacionales.

Ya nada importa. Si faltaron respuestas hoy resulta irrelevante pues no hay ya quien las responda.

Aurelio ya no puede defenderse y por lo tanto especular o juzgar resultaría ocioso, morboso y repugnante.

Las respuestas las debe dar ahora la autoridad por la muerte de Aurelio. Su homicidio no puede quedar impune. No fue cualquier cosa la ocurrida ayer en San Luis y nadie merece, por motivo alguno, morir de esa forma.

Vaya reto que tiene enfrente la Fiscalía. Se verá de qué están hechos.

La federación misma, si es que en realidad quiere dar con la verdad, tendrá que llamar a cuentas al mismísimo gobierno potosino y a su gabinete de seguridad, continuar con las investigaciones y llegar a las últimas consecuencias.

En San Luis urgen resultados y no veo forma posible de que esto ocurra sin la renuncia de Jaime Ernesto Pineda Arteaga.

Su dimisión al gobierno deberá ser lo primero y único que esté en el escritorio del gobernador Carreras la mañana de éste jueves.

Sí o sí, se deberá ir el Secretario de Seguridad. No hacerlo, ipso-facto, será firmar una declaración de guerra contra todos los potosinos.

Finalmente, a todos los amigos de Aurelio, muchos de ustedes buenos amigos míos, les mando mi solidaridad, consideración, cariño y respeto por lo mucho que sé y me consta estimaban a Aurelio. Perder a un hermano así es muy doloroso y difícil de asimilar. Mis oraciones con todos ustedes, mis deseos de luz, resignación y paz.

Jorge Saldaña

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