agosto 19, 2022

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#4 Tiempos

Un equilibrio roto y un golpe desde el más allá | Carlos López Medrano

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LUCES DE VARIEDAD.

Andrés Manuel López Obrador tuvo un gesto de pragmatismo luego de ser electo como presidente. Su gobierno, dijo, no apostaría a dinámicas persecutorias. “No es mi fuerte la venganza”, aseguró, “no creo que sea bueno para el país el que nos empantanemos en estar persiguiendo a presuntos corruptos”. En campaña habló incluso de perdón. Para evitar mayores turbulencias, se ponía un punto final a una era traumática en la historia del país. Un borrón y cuenta nueva a partir del que, ahora sí, ya no permitirían las canalladas de antes. El problema de esta polémica postura es que entraba en conflicto irresoluble con una cuestión existencial del proyecto que le llevó a Palacio Nacional: el enfrentamiento contra quienes abusaron de su posición en el sector público durante décadas, un antagonismo gracias al que se entiende su popularidad.

Atacar tan solo las corruptelas del punto B al punto C, implicaba dejar impune el espectro que partía del punto A, lo cual restaba fibra al discurso. Acaso por ello, y también ante los exiguos resultados en los primeros dos años de su gobierno, decaídos y criticados debido a crisis y fracasos en varios ejes, no quedó más que apelar a esa última baza, la más poderosa quizá, que implicaba de atacar frontalmente a las administraciones que le antecedieron. Un recurso para sacar en caso de emergencia. Un salvavidas político. La gran justificación a su permanencia.

La detención Emilio Lozoya llevó la cruzada al punto más radical. El exdirector de Pemex soltó denuncias al por mayor y amagó con videos que salpicarían a parte medular de quienes estuvieron al mando en los sexenios anteriores. El material, si se gestionaba cuidadosamente, se antojaba como el arma definitiva para demoler a corto y mediano plazo a la ya de por sí maltrecha oposición partidista. Con mayor o menor grado de separación, tales declaraciones, fueran honestas o no, anulaban a los competidores a golpe de titulares en medios. PAN, PRD, PRI e incluso formaciones embrionarias como México Libre se verían seriamente vulneradas a ojos de la ciudadanía. Todo iba bien para el gobierno, hasta que lo fue un poco menos. Un giro inesperado hizo trastabillar a lo que parecía infalible.

El caso Lozoya seguirá afectando a los involucrados, desde luego. Nadie sensato metería las manos al fuego por ninguno de los protagonistas de semejante telenovela. Pero entonces surgió una respuesta que posiblemente el proyecto de López Obrador no anticipaba. Un contrataque, dispuesto en los mismos términos (videoescándalos), proveniente de una parte del espectro político que tras meses de desfallecimiento terminó por dar señales de vida. No queda claro exactamente quién está detrás de las filtraciones. En ello probablemente hubo, en parte, fuego amigo, pero también otra influencia, un coletazo del viejo régimen, uno que se niega a morir.

La divulgación de videos que exponen al hermano del presidente en acciones presuntamente violatorias de la ley electoral pega de lleno en una parte sensible de la actual administración. Si ya antes había señalamientos a prácticas cuestionables de funcionarios de primer nivel (que podían personalizarse y por tanto no manchar el resto del organigrama), esta vez la sombra se extiende al ámbito familiar del líder y también a las prácticas de Morena en su persecución del éxito, maniobras indisociables de la estructura.

Aunque sacar conclusiones sería apresurado, lo anterior se antoja como el inicio de una lucha entre un bando establecido y uno difuso, de varios cuerpos y cabezas. Da la impresión de que el equilibrio se ha roto y que, de ser así, el marcador final no dejará un ganador en términos absolutos, sino que habrá pérdidas para todos los bandos involucrados, salvo que el gobierno federal decida bajar la velocidad y tranquilizar la balanza. O si es que los otros se quedan sin pólvora. Un revés del duelo callejero será el debilitamiento de la mediación institucional que pasa a segundo plano en pos de los ataques directos, el lanzamiento de lodo, el sálvese quien pueda. Un deterioro de acuerdo entre facciones, tan necesario, al menos mínimamente, para una sana vida democrática. Que no se confunda esto con una reivindicación de la impunidad. Cualquier mal manejo debe ser castigado según las disposiciones de la ley; priorizar el espectáculo, eso sí, trae efectos secundarios indeseables.

Es verdad que la presidencia tiene una ventaja sustantiva como lo es el manejo de un entramado de gobierno. En distintas oficinas y dependencias el presidente tiene a fieles mastines entregados a la causa que podrán presionar y lanzar mordidas intimidatorias desde sus respectivas esferas. No obstante, esta ventaja tiene puntos limítrofes, ya que, primero, levantará cuestionamientos (ya los hay) de una aplicación parcial de la justicia; y, segundo, cada uso de la carta Lozoya podría ser susceptible al contragolpe mediático que ponga en entredicho el espíritu de renovación moral que impulsa el gobierno. Este relato, que es uno de los principales sostenes de la presidencia, también es una debilidad en el sentido de que la pureza es difícil de sostener, no por lo que concierne al presidente de primera mano (que ha sido cuidadoso durante décadas en este tema), sino por quienes le rodean. Entre tantos subordinados, oficinas, acuerdos, parentela… siempre habrá alguna manzana podrida que estropee el cuento.

Tal es el peligro para el autoproclamado movimiento de regeneración, verse erosionado por una lucha a cara de perro que, por algo, en un principio se prefería soslayar. El presidente tendrá, sí, el recurso de lavarse las manos y pedir que cualquier eventualidad se solucione bajo los términos de la ley, una pulcritud que no confiere a las tropelías de sus adversarios, por cierto, a quienes utiliza para actos de proporciones circenses en conferencias que sustituyen a instancias especializadas que, junto a otras prácticas informales, transgreden el debido proceso. Además, a la postre será insuficiente, ya que eventualmente minará la retórica de un gobierno que prometió cambiar dinámicas enquistadas en la política. Si algún grupo logra instalar la idea de que los nuevos son iguales a los anteriores, el desgaste será inminente, aunque considero que sin la velocidad suficiente para un colapsar a Morena en 2021.

Por si fuera poco, el castigo a los propios colaboradores tiene un límite. Varios de ellos configuran parte básica de la cuadrilla por lo que no será fácil deslindarse de ellos o desecharlos, sin dificultades adicionales a la gobernanza. Tampoco hay proclividad a la aceptación del error. El relativismo aplicado a los yerros y claroscuros de figuras activas en el gobierno muestra que no hay una disposición estricta a eliminar los abusos de la clase dirigente del país siempre y cuando sean de parte decisiva del clan.

La lucha, pues, está abierta. Parece que la fuerza de los opositores fue subestimada y que, después de tanta deriva, estos últimos han encontrado una forma efectiva de socavar a la hegemonía actual, una que ha abierto demasiados frentes demasiado pronto, aunque obligada ante un contexto que no le ayuda con miras a las elecciones de medio término. La lucha contra los predecesores que es su gran reivindicación podría ser, paradójicamente, el inicio de un desgaste mayor. O puede que no, ya se verá en las elecciones, no tanto en las encuestas.

Después de la pequeña cisma que involucró a su hermano, el presidente manifestó que su misión continuará, pese a todo. Recurrió al enésimo paralelismo con referentes históricos a los que cada vez hay que meter con más calzador. Hay que decir que no está solo y él lo sabe. Tiene un respaldo considerable de la ciudadanía, una fracción de incondicionales que mantendrán firmes en su apoyo, sin importar los argumentos ni la evidencia que contradigan lo que finalmente es una creencia. Al contrario, cada golpe significará una nueva cimentación del dogma. Otros lo ven de un modo instrumental y tolerarán algunos pecados a cambio de la promesa de un bien mayor, como serían cambios de raíz en el entramado económico-social y la extirpación de lastres enquistados en el poder.

Lo que sí está en riesgo a nivel electoral son los apoyos dados en 2018 que se podrían categorizar como “coyunturales”, el hartazgo que constituyó una porción de los 30 millones de votos, cifra colosal que tiene algo de espejismo y que no equivale, como algunos creen, a un consenso, no al menos permanente. Una parte de ellos, imposibles de cuantificar, correspondieron no a incondicionales, sino a voto flotante que como vino se puede ir. La determinación de tales ciudadanos ante los hechos referidos medirá los alcances y límites de la actual administración, si bien las fuerzas que desafían a Morena perderán mientras estén dispersados.

#4 Tiempos

La ignorancia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

«Nos conocemos tan poco –decía Pascal (1623-1662), el genio francés- que muchos piensan que van a morir cuando se encuentran bien, mientras que otros piensan sentirse bien cuando están cerca de la muerte, sin sentir próxima la fiebre o el absceso que acaba de formarse».

Es verdad, los humanos nos conocemos poco y mal. El hombre que hace unos meses parecía morirse, hoy anda en la calle quitadísimo de la pena y, sonriente, nos saluda al pasar agitando la mano; en cambio aquel que se veía tan sano, tan fuerte que lo creíamos de hierro, ya no está: un día fue a hacerse un chequeo de rutina a un hospital y de éste ya no salió sino escoltado por cuatro empleados vestidos con el uniforme de una conocida agencia funeraria. Nosotros creíamos que aquél pobre viejo se moriría pronto: llevaba ya dos infartos y además era diabético. Pues bien, no sólo no se ha muerto, sino que ha contraído nuevas nupcias tras enterrar a su mujer, una señora fuerte, ágil y saludable.

-Siempre creíamos que quien se moriría primero era él –gimen las hijas al referirse a este viejo que parece haber nacido por segunda vez-. Y, sin embargo, ya ve usted…

Claro, ya lo veo.

Nos conocemos poco, nos conocemos mal. En realidad, no sabemos nada de nada.

¿Creíamos, por ejemplo, que este ser nos estimaba, que ocupábamos un lugar importante en su corazón? Pues bien, a la hora de la verdad demostró querernos más aquel otro del que ni siquiera nos fiábamos, con el que no teníamos atenciones y que nos era, para decirlo ya, indiferente. Del primero esperábamos atención, palabras de aliento y compañía: pues bien, nada de esto llegó, nada de esto nos dio. Y si hubo finalmente atención, palabras de aliento y compañía, fue gracias al segundo, un personaje que nos parecía antipático y del que nunca habríamos esperado ni siquiera el obligado saludo de los buenos días. ¿Qué quiere usted? La vida es así.

Hace unos años presenté públicamente un cierto libro mío que acababa de ser publicado en Madrid. El acontecimiento –al menos para mí- no era de poca monta y esperaba que aquella noche estuvieran conmigo todos y cada uno de mis amigos más queridos. Por lo demás, ¿no era justo que si en la dedicatoria del libro aparecían sus nombres por lo menos también aparecieran sus personas en el salón? Pues bien, no aparecieron, o por lo menos no todos. Yo esperaba que aquella noche estuvieran conmigo éste, aquél y el de más allá. Pero uno por uno se disculparon pocas horas antes diciendo que les era imposible acompañarme, que los disculpara, que ya asistirían en otra ocasión, y otros, la mayor parte, ni siquiera se tomaron el trabajo de hacerme saber que existían. En cambio, muchos que no recibieron invitación alguna, que se enteraron del evento por el periódico o por boca de algún conocido suyo, esos sí que asistieron: se pusieron su mejor traje, su mejor corbata y aparecieron allí, mostrándome una sonrisa llena de simpatía. Sabían lo que ese acto significaba para mí y se dijeron: «Lo acompañaremos, estaremos con él. No importa que no nos haya hablado para invitarnos. Acaso no pudo hacerlo. Siempre que organiza uno algo como esto, corre el riesgo de olvidar algún detalle». En este caso, mi olvido los afectaba  a ellos, pero no les importó.

Al ver a tantas personas en la sala, tan fieles a alguien tan infiel y olvidadizo como yo, mis ojos casi se arrasaron de lágrimas. Con su presencia desinteresada y silenciosa me estaban demostrando un cariño que yo no había tenido nunca para con ellos.

¡Y de cuántos ejemplos como éste no está llena nuestra vida! ¡Nosotros esperábamos que tal persona nos echara una mano, que nos ayudara a salir del paso, pero resulta que quien finalmente se hizo presente y nos ayudó fue otra persona muy distinta y, hasta hace poco, también muy distante! En un momento de apuro financiero, creímos poder contar con este amigo que, sin embargo, cuando fuimos a verlo, nos despachó como habíamos venido, no sin decirnos antes que también él andaba pasando por serios apuros financieros. En cambio, quien sacó la cartera y nos tendió la suma que necesitábamos fue uno que ni siquiera figuraba en el elenco de nuestras amistades.

Quien se detiene al socorrer al hombre herido en la parábola de Jesús, ¿no es un samaritano, es decir, un enemigo? En realidad, no sabemos qué pocos nos aman los que dicen amarnos, ni cuánto nos aprecian quienes parecen odiarnos.

Una mujer que acababa de perder a su esposo, encontró en uno de los cajones del escritorio del recién fallecido una carta singular, una carta de amor. ¿Dirigida a ella? No, a otra mujer con la que empezaba a salir. La esposa lloraba: «Nunca hubiera creído que mi marido me engañara de esta forma. Si no hubiera encontrado esta carta, lo lloraría de todas formas, sí, pero ahora estoy inconsolable. Él no me quería».

«No –le respondí-. Nadie sabe nada. No puede usted juzgar. Acaso él la quería más que a nada en el mundo. Esto no puede usted saberlo. ¿Cómo juzgar los sentimientos de un hombre que ya no puede defenderse o explicarse?».

No sé si consolaría con estas palabras a aquella mujer. Pero así como lo dije lo creo: sólo Dios sabe. Sólo él, que conoce los corazones y sabe mejor que cualquier cardiólogo la intensidad de sus latidos, está en grado de decir para quiénes somos realmente importantes, y para quiénes no.

Por lo que a nosotros toca –puesto que nada sabemos-, no nos queda sino una sola cosa: extremar nuestras atenciones para con los cercanos, y con los lejanos extremarlas más. No sabemos si serán éstos más que aquéllos, a final de cuentas, quienes en el momento de la prueba se harán presentes, tenderán su mano y nos darán aquello que tanto necesitábamos. No, nada de esto sabemos; después de todo, casi siempre ocurre así…

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#4 Tiempos

La primera física mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

La carrera de física en México iniciaba en 1938 al crearse la Facultad de Ciencias de la UNAM; justo ese año el 22 de marzo nacía Veracruz Alejandra Jaidar Matalobos que con los años se convertiría en la primera física mexicana, al obtener su título en la UNAM en 1961. La Facultad de Ciencias de la UNAM que integraba tanto la carrera de física como la de matemáticas ya había visto titularse a mujeres en su seno en el área de las matemáticas, pero en física eso no sucedería sino hasta 1961 cuando Alejandra Jaidar defendió su trabajo de tesis titulado: Determinación de las energías de excitación de los núcleos ligeros y los primeros intermedios a través de reacciones (D,P) y (D, alfa).

El caso de Alejandra Jaidar, en cuanto a su preparación académica preuniversitaria fue diferente al de sus compañeras matemáticas quienes debieron realizar estudios de formación paralelos al bachillerato, como las carreras de oficios o de magisterio a que las empujaba el hostil medio para la formación de las mujeres, como hemos relatado en esta sección en el caso de las primeras matemáticas mexicanas. Alejandra Jaidar ingresaría a la edad de 17 años una vez terminados sus estudios de bachillerato, esto le garantizaba el poder obtener su título de físico a los 23 años. Sin dejar de lado los aún presentes obstáculos familiares y sociales que enfrentaban las mujeres para acceder a estudios profesionales y en especial en carreras de corte científico. A los tres días siguientes se titularía María Esther Ortiz Salazar, de quien hemos tratado también en esta sección y, que sería su inseparable compañera de estudios desde la secundaria.

Infructuoso fue el esfuerzo que hiciera Alejandra para que le pusieran a su título universitario el nombre de física, así que su título apareció con la frase donde indica que la UNAM otorgaba el título de físico a Alejandra Jaidar Matalobos. En la actualidad la UNAM ya distingue el género en su título y mucho se debe al empeño que pusiera Alejandra Jaidar en que se le reconociera como física.

Continuó sus estudios de posgrado en la propia UNAM, sin concluirlos, en física nuclear experimental, extendiendo su formación en estancias y colaboraciones en el Laboratorio Chadwick en Liverpool, Inglaterra y con la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, aprovechando el apoyo de su esposo el físico Edmundo de Alba. De esta manera se interesó en aplicar las técnicas experimentales en física nuclear para usarla en aplicaciones en otras áreas como fueron sus trabajos en el análisis elemental de piezas arqueológicas de porcelana y obsidiana por medio de técnicas PIXE (Particle-Induced X-ray Emission) y HEHIXE (High Energy Heavy Ion Induced X-Ray Emission).

Participó como catedrática e investigadora en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM a partir de 1963 y fue investigadora del Instituto de Física de la UNAM encargándose de la jefatura del Departamento de Aceleradores del Instituto de Física.

Entre su trabajo profesional Alejandra Jaidar se interesó en difundir la ciencia en México, lo que la llevó a convertirse en una de las pioneras en el campo de la divulgación de la ciencia en México en la época moderna. En esta área su contribución fue muy importante destacando la formación de la colección del Fondo de Cultura Económica “ la Ciencia desde México”, ahora llamada “La Ciencia para Todos” al abrir la participación a creadores de ciencia de otros países de habla española y portuguesa. Participó en la fundación de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICyT) y en su honor la propia sociedad ha implantado el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia que lleva el nombre de Alejandra Jaidar, como reconocimiento a su labor en pro de la divulgación de la ciencia en México. Premio que tuve el honor de recibir en el 2010 y que me fue entregado en el auditorio del Instituto de Física que también lleva el nombre de Alejandra Jaidar.

Alejandra Jaidar murió a la edad de cincuenta años en 1988. Alejandra Jaidar no solo sería la primera física mexicana que contribuiría demás al desarrollo de la investigación en física nuclear en el país, sino sería la primera mujer que abriría el campo profesional en el área de la divulgación científica en México, alternando su trabajo de investigación con el de la creación en diversos proyectos de divulgación.

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#4 Tiempos

Se acabó el romance | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Sí, los clásicos transforman equipos, para bien y para mal. A veces un clásico te puede salvar una temporada, en otras ocasiones derrumbarla.

Se acabó el romance de Jardine con su afición, increíbles resultados los 5 empates y una victoria, increíble tener 3 derrotas en el Lastras, y lo peor, empatar contra uno de los peores equipos en la historia de Querétaro.

La crisis de empates que ya habíamos resaltado semanas atrás, sigue aumentando, la falta de gol ya es desesperante y el riesgo de la multa vuelve a aparecer allá en la presa.

A título personal, sigo sin entender qué hace Vitinho, un jugador que solo sabe conducir para después regalar la pelota, Abel simplemente no llega al balón y Murillo parece contagiado con la malaria del mal juego que persigue al San Luis.

No, Jardine, no puedes perder así los puntos, no puedes echarte para atrás en un clásico, no puedes pensar que el cronómetro será nuestro aliado.

Y esos jugadores, ¿se les ha olvidado cómo jugar? ¿Cómo conectarse? Se cometen errores ridículos, pases no concretados, remates desviados, traslados sin sentido, coberturas sin idea, en fin, parece otro equipo el que vemos hoy

.

Empatar así (en el último minuto) es imperdonable, pero hacerlo contra Querétaro es la peor vergüenza, y no solo eso, es el peor equipo gallo en años. Vergüenza es lo único que se les pide, vergüenza y humildad deportiva para que se pongan a jugar como cada uno de los elementos sabe, queda claro que pueden dar más, mucho más.

La peor noticia es que sigue Pumas, un equipo que en nombre parece muy fuerte y, aunque también llega con una crisis de empates, al menos visita el Lastras, ese estadio donde regalan 3 puntos como cortesía.

En fin, el enojo es evidente, y la afición castigará al equipo. Queda trabajar, esperar y que en una semana se exija el triunfo. Si no, lo mejor para todos, será ir pensando en bajarnos de esa desinflada Jardineta.

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Opinión