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Columna de Adrián Ibelles

SBLIII: las defensivas ganan campeonatos | Columna de Adrián Ibelles

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Playbook

 

Lo de este domingo fue histórico. Un partido que se cerró desde el principio y que dominaron por completo las defensivas, contrario a lo que todos esperábamos teniendo verdaderos arsenales en ambas escuadras al ataque. En el SBLIII los nombres, ni las estadísticas pesaron tanto como la ejecución casi perfecta de la estrategia de los coordinadores defensivos Wade Phillips (Rams) y Brian Flores/Bill Belichick (Patriots, que no tenían en el cargo a un coordinador como tal).

El partido podría parecer aburrido, pero en realidad hay mucho detrás de esos 16 puntos totales. La sinfonía de destrucción que hubo por parte tanto de Rams como de Patriots fue digna de estudio. Presión a los pasadores, cobertura efectiva en la secundaria, cierre de carriles para el juego terrestre, coberturas y ajustes, penetración de la secundaria, intercepciones, fumbles (recuperados), capturas.

Fue tan efectivo el juego en las defensas, que el MVP no se veía muy claro. Al final, la cosecha de yardas del receptor de New England, Julian Edelman -quien fue la clave para mover el balón por aire-, le hicieron merecedor del título al más valioso.

Los Patriots no ganaron por suerte. Ganaron por esfuerzo y por disciplina. Jugaron cometiendo pocos castigos, consumiendo el reloj, y sobre todo, redimiendo una temporada de contrastes.

Los New England Patriots celebran el único TD del encuentro

Por primera vez en años, los Pats no tuvieron un equipo de receptores en buena forma. Dejaron ir a Entre Dorsett, Hogan, White, y Edelman tuvieron que arreglárselas; Gronkowski fue siempre inconsistente y Josh Gordon se quebró cuando parecía ser la solución al problema de Brady. De Jeremy Hill, Jacob Hollister o Braxton Berrios, ni hablemos.

La defensiva no fue mucho mejor en la temporada regular. Permitieron 322 primeras oportunidades, 36 TD y un total de 5,746 yardas. El récord de New England cerró en 11-5, con derrotas ante Jacksonville, Miami, Detroit, Pittsburgh y Tennessee.

Pero las cosas cambiaron mucho en postemporada. Brady entregó 953 yardas por pase, el novato Sony Michel corrió para 336 yardas y Edelman encabezó a los receptores con 388 yardas por aire.

Pero aquí hay que hablar de la defensa. Kyle Van Noy hizo 16 tackles, 3 capturas y fue el líder de una defensiva brutal, que hostigó a Rivers, Mahomes y Goff. Otros colosos fueron Trey Flowers, Dont’a Hightower, Adrian Clayborn, los gemelos McCourty, y Stephon Gilmore, con las únicas dos intercepciones de postemporada para el equipo, una de ellas fundamental para el título. Mención aparte para Patrick Chung, un monstruo en la secundaria profunda, que se fracturó el brazo en una jugada durante el SBLIII.

 Sean McVay hizo un gran trabajo todo el año. Creo que su único defecto fue no contagiar de confianza a sus jugadores. Que no creyó en sí mismo. La ofensiva se vio confundida y dubitativa. Castigos constantes y un Gurley que no pesó lo que debió. Una pena, pero de las derrotas también se aprende. Si no, que le pregunten a Belichick.

Se acaba la NFL y nos esperan meses de triste ausencia. Esta columna regresará de vez en cuando con otros temas, pero ha sido un placer cerrar otro ciclo en este espacio concedido por LaOrquesta.mx y su valioso equipo.

Seguimos en sintonía.

@Adrian_Ibelles

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#4 Tiempos

Siddhartha. Año dos | Columna de Adrián Ibelles

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Postales de viaje

 

Hoy es miércoles, y es tu cumpleaños. Siento que el tiempo ha caminado más rápido esta vez. Aunque aún no hablas, tus ojos son tan expresivos que en ocasiones olvido que eres un pequeño. Cómo no sé hacer gran cosa, he decidido regalarte esta carta. Contarte un poco de ti y de nosotros, de la casa donde vivimos y las cosas que te gustan ahora. De cómo eres.

Te conozco bien. Podríamos decir que de toda la vida, así que debes confiar en que no exagero cuando digo que eres incansable. Esto quiere decir varias cosas; a) que nunca te cansas, b) que nuestras energías conjuntas (de tu madre y la mía) no nos alcanzan para igualar la tuya, c) y que aprendes más rápido de lo que podía imaginar.

Tu canción favorita es Chandelier de Sia. Te gusta imitar los tonos más altos y bailar como lo hace Maddie, la niña del video. También te gusta ver videos en YouTube, todas las versiones de Baby Shark, Blippi y otras canciones. Yo también tengo mis favoritas, y a veces mientras te baño, las canto.

No te gustan las visitas. Cuando mamá o yo paramos con alguien en la calle les dices adiós con la mano acompañado de un muy claro “Bye”. O cuando tu hermano viene a verte y no estás de humor. Lo mismo cuando alguien llega a casa. Visitas no, está claro.

Aquí tengo que confesar que no soy un padre tan responsable, y que te dejo comer demasiadas porquerías. Cuando vamos a la tienda, regresas con un chocolate, una gelatina o unas galletas. Tu madre me regaña por llevar salchichas cuando voy al súper. “Chicha” dices al verlas. Y ni modo, mi culpa. La sandía es tu fruta favorita, aunque también le entras a la manzana -roja es mejor-, las naranjas, y justo ayer probaste las fresas por primera vez y te encantaron. También te gustan las baguettes de queso de la panadería artesanal, y las paletas de hielo que te comes, como tu mamá, a mordidas.

Me esperas despierto siempre que puedes. Además, si me tardo, empiezas a preguntar por mí: “¡papá! Y a veces, después de tomar chichi, me buscas para que te arrulle y nos dormimos en mi cama. Me gusta como me abrazas y me haces sentir útil, al fin.

Vamos mucho a la ludoteca, donde juegas con las cajas y los armables, y con un títere con cara de orco, muy feo, pero que te hace reír bastante. Las encargadas del lugar ya te conocen por tu nombre, como casi todos en el pueblo. Cuando salgo sin ti, la gente me pregunta dónde te dejé. Y me hacen extrañarte.

Tienes ya dos años. Jugamos en casa a la pelota, a mojarte con la manguera, a apachurrar cochinillas con las manos (ups). También buscamos arañas: “ñaña”, y nos echamos a rodar en el jardín.

Tu libro favorito es Pato está sucio de Satoshi Kitamura. Me gusta mucho leértelo. Espero algún día escribir algo que te guste tanto. Te fascina pintarrajear libretas con los colores de tu hermano, que te dibujemos animales, y llenarnos los brazos de tatuajes. Tu también llevas las manitas, las piernas y los pies todos rayados. ¿A quién te parecerás?

Hoy cumples dos años. Y nos has hecho muy felices. También hemos dejado de dormir, de salir juntos, de comer caliente… pero sé que habrá tiempo para eso. Ahora es tiempo de jugar en el pasto, rayarnos los brazos, cantar como Sia, correr a las visitas y dormir abrazados. Que lo sepas: me gusta mucho ser tu papá.

Hasta aquí la carta. Tu mamá se ha encargado de tomar muchas fotos bellas, para que junto a esto, puedas hacerte una idea de lo maravilloso que nos la estamos pasando. Te mando un beso y espero que sepas que te amo, Siddhartha.

Con todo mi cariño, Papá.

 

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Se acabó la fiesta | Columna de Adrián Ibelles

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Fueron nueve años grandiosos. No lo esperaban él, el coach Bill Belichick o el dueño del equipo Robert Kraft, pero se convirtió en una de las grandes estrellas del equipo. Tras nueve temporadas con los New England Patriots, el mítico ala cerrada Rob Gronkowski, acaba de decir adiós a la NFL.

Su retiro ya estaba insinuándose en los minutos posteriores al sexto campeonato de los Pats, tercero para Gronkowski. Los reporteros le felicitaban y luego lanzaban el dardo, ¿ha llegado la hora? Veremos, decía el imponente 87, que está próximo a cumplir 30 años.

La condición física del demoledor atacante de 1.98 m de estatura y 120 kg de peso, ya demostraba un gran deterioro, con constantes lesiones en rodillas, espalda, rodillas y sus tormentosas lesiones en el antebrazo izquierdo (recordar que fue el lugar de la fractura, que se infectaría y le obligaría a intervenirse en cuatro ocasiones en menos de siete meses, entre 2012 y 2013).

En su posición, hay pocos jugadores que fueran tan decisivos. A lo largo de 115 juegos de temporada regular (solo jugó completas las primeras dos temporadas) realizó 521 recepciones, para 7,861 yardas y 79 TD. En postemporada recibió 81 pases (18 en apariciones de Super Bowl), 1,163 yardas y 12 anotaciones.

Su último partido, el Super Bowl LIII, lo ganó aportando 6 recepciones y 87 yardas.

Robert James Gronkowski será recordado por décadas como una de las piezas fundamentales en la gran maquinaria de la dinastía de los Patriots. Lo recordaremos inmenso, con ese brazo casi biónico que protegía y le daba una imagen aún más temeraria. Su imagen entrando a la zona de anotación, azotando con brutalidad el ovoide en el suelo, será la que nos quede fresca por siempre.

Un gran ídolo se despide. Futuro miembro del Salón de la Fama, y uno de los mejores de su posición (yo lo pongo a la par de Tony Gonzalez), se retira cargado con logros, sufrimiento y un final muy feliz. Gran carrera, breve, pero legendaria para el inigualable Gronk.

@adrian_ibelles

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#4 Tiempos

Hasta luego, Santiago | Columna de Adrián Ibelles

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Pasaron los meses más duros. Al final, Santiago puede irse a casa, relajarse un momento y esperar a que el teléfono suene. Las oportunidades no deberán tardar. Sería un error culparle de la debacle merengue; ese barco ya estaba a medio hundir.

Santiago Solari (42 años) llegó al primer equipo en octubre, ante la emergencia y la controversia. Julén Lopetegui fue despedido tras un desequilibrio en el vestidor y tangible cada semana en los medios. Así, Real Madrid, huérfano y sin identidad buscaba en Solari un reemplazo parcial, con miras en otros entrenadores más experimentados, pero también más ocupados. Al final, Florentino no trajo a nadie, en lo que suponemos, fue más un fallo de negociaciones que un voto de confianza para el argentino.

Solari debutó  como entrenador en Copa, el 31 de octubre de 2018, con un marcador de 0 a 4 favoreciéndole. Su primera derrota, 4 partidos después, fue contra el Eibar en la jornada 13 de La Liga, por 3 a 0. También cayó en fase de grupos de la Champions ante el CSKA Moscow con mismo marcador, y luego ante la Real Sociedad, en la jornada 18 de la liga española.

Pero fueron sus derrotas en Champions ante el Ajax, y en Copa ante el Barcelona (que ya le llevan gran ventaja en la competencia doméstica), que el umbral de tolerancia de Florentino y de los jugadores, se cuarteó. Basta con ver la actitud nefasta de un capitán que se hace amonestar, de un delantero que rechaza a sus compañeros en una celebración, y de jugadores que declaran sin miedo a represalias que no son afines al entrenador.

Solari no estuvo a la altura para un desafío tan bravo; eran demasiados los cismas y muy pesados los egos. De pronto el rival se vestía, entrenaba, y cobraba en el mismo Bernabéu. La falta de personalidad y protagonismo de un héroe que nunca lo fue. El 10 de marzo, a menos de seis meses de su arribo, Santiago se despidió con una victoria ante el Real Valladolid.

La marca que deja Santiago Solari (22-2-8) es suficiente para asegurarle un empleo más a su medida. Un equipo puntero en alguna liga europea de calibre pero no de demanda. Un aspirante a la Europa League, a torneos asequibles. Una preparación más adecuada para un talento en formación, que se acomode con capitanes obedientes y estrellas aterrizadas. Nada del desbarajuste que le pidieron arreglara en Madrid.

Adiós a Solari. Adiós a la tibieza y al peor año futbolístico de un grupo descolorido y desorientado. Regresa el gobernante, a relucir el liderazgo y a apagar un incendio que ni Julén ni Santiago prendieron, pero que al final los consumió. Suerte con lo que venga y gracias por sus servicios. El teléfono no tardará en sonar.


@Adrian_Ibelles

 

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Opinión