junio 18, 2026

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San Luis superó a Soledad… como el municipio más inseguro

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municipio más inseguro

La Orquesta comparó las tasas de delitos por cada 100 mil habitantes en la zona metropolitana; la capital del estado superó en casi todos los rubros a Soledad de Graciano Sánchez

Por: Redacción

A pesar de que tradicionalmente se ha considerado a Soledad de Graciano Sánchez como el municipio más peligroso de la zona conurbada de San Luis Potosí, en los primeros cinco meses de este año la tasa delictiva en la capital del estado supera en casi todos los rubros los crímenes ocurridos en ambas demarcaciones.

Con el fin de comparar la criminalidad en ambos municipios, La Orquesta calculó las tasas de delitos por cada 100 mil habitantes de 16 distintos delitos registrados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Para ambos casos, se tomó en cuenta la población registrada en la encuesta intercensal del año 2015, que para la ciudad de San Luis Potosí es de 824 mil 229 personas y para Soledad de Graciano Sánchez de 309 mil 342 habitantes.

En cuanto a los homicidios dolosos de los primeros cinco meses del año, San Luis Potosí registra una tasa de 8 casos por cada 100 mil habitantes, mientras que Soledad tiene una tasa de 6.78 asesinatos.

En total, de enero a mayo de este año, el municipio de San Luis Potosí registró 66 homicidios dolosos, por 21 de Soledad de Graciano Sánchez.

Las lesiones dolosas se presentaron 93.9 casos por cada 100 mil capitalinos y 83.4 por cada 100 mil soledenses. 774 lesiones se dieron en la capital y 258 en Soledad.

En cuanto a los secuestros, la tasa de delitos de ese tipo en ambos municipios muestran un empate técnico, con una ligera superioridad de Soledad, de 0.64 contra 0.6 de la capital del estado. En San Luis hubo cinco casos de enero a mayo y en Soledad dos.

El delito de amenazas tuvo también mayor proporción en la ciudad de San Luis Potosí, con 77.89 casos por cada 100 mil habitantes, por 62.39 entre cada 100 mil soledenses en el municipio vecino.

La capital del estado tuvo también una tasa superior en abuso sexual, con 11.64 casos por cada 100 mil potosinos, mientras que en Soledad hubo 8.08.

Igual ocurrió en acoso sexual: 4 casos por cada 100 mil capitalinos y 3.23 casos por cada 100 mil soledenses.

En cuanto a violación simple, la capital también se mantuvo arriba, con 12.98 casos por cada 100 mil habitantes y 10.66 en Soledad.

El robo a casa habitación se presentó en 46.83 casos por cada 100 mil habitantes de la ciudad de San Luis Potosí, por 43.64 casos por cada 100 mil soledenses.

El robo de vehículo también fue mayor en la capital del estado, con 121.44 casos por cada 100 mil habitantes, mientras que en Soledad hubo 108.29 por cada 100 mil habitantes.

En las mismas circunstancias está el robo a transportistas: 15.04 casos por cada 100 mil habitantes de la capital del estado y 11.96 casos por cada 100 mil soledenses.

El robo a transeúntes en vía pública tuvo también mayor prevalencia en la ciudad de San Luis Potosí, con 37.61 casos por cada 100 mil habitantes, contra los 21.33 casos de Soledad.

La proporción fue también mayor en la capital en el delito de robo a transeúnte en espacio abierto, con 3.03 casos por cada 100 mil capitalinos, contra 2.26 por cada 100 mil soledenses.

El robo a instituciones bancarias tuvo cuatro casos en la capital del estado, con una tasa de 0.48 casos por cada 100 mil habitantes del municipio de San Luis Potosí. En cambio, en Soledad de Graciano Sánchez no se presentaron crímenes de ese tipo.

El robo a negocio tuvo 56.29 casos por cada 100 mil capitalinos, mientras que en Soledad hubo una tasa de 31.68.

Los casos de extorsión presentaron una prevalencia de 3.15 casos por cada 100 mil capitalinos, contra 0.64 casos por cada 100 mil soledenses.

En cambio, el único delito en el que Soledad tuvo una mayor proporción de crímenes fue la violencia familiar, con 203.33 casos por cada 100 mil soledenses, mientras que en el municipio de San Luis Potosí hubo 198.36 casos por cada 100 mil habitantes.

En total, en Soledad hubo 629 casos de violencia familiar, mientras que en la ciudad de San Luis Potosí hubo mil 635 casos.  

¿QUIÉN ES QUIÉN?

DELITO TASA POR CADA 100 MIL HABITANTES SAN LUIS POTOSÍ TASA POR CADA 100 MIL HABITANTES SOLEDAD DE GRACIANO SÁNCHEZ
Homicidios dolosos 8.00 6.78
Lesiones dolosas 93.90 83.40
Secuestro 0.60 0.64
Amenazas 77.89 62.39
Abuso sexual 11.64 8.08
Acoso sexual 4.00 3.23
Violación simple 12.98 10.66
Robo a casa habitación 46.83 43.64
Robo de vehículo 121.44 108.29
Robo a transportista 15.04 11.96
Robo a transeúnte en vía pública 37.61 21.33
Robo a transeúnte en espacio público 3.03 2.26
Robo a instituciones bancarias 0.48 0
Robo a negocio 56.29 31.68
Extorsión 3.15 0.64
Violencia familiar 198.36 203.33
Fuente: Sistema Nacional de Seguridad Pública

https://laorquesta.mx/san-luis-amanece-banado-en-sangre/

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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta

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Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir

Por: La Orquesta

La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.

Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.

Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.

Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.

La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.

Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?

El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.

A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.

También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.

Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.

La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.

Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.

Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.

El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.

El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.

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Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas

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Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio

Por: Ana G Silva

Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.

La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.

Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.

Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.

A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.

Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.

Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.

Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.

Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.

Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.

Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.

Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.

Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.

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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales

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La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027

Por: Redacción

María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.

La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.

Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada

, apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.

La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.

La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.

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