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San Luis Potosí, el primer Estado que abolió la esclavitud | Por Luis Moreno Flores

Historias para perros callejeros

Por: Luis Moreno

Las protestas realizadas en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd, han despertado la reflexión de si en nuestro país existe o no el racismo. Es triste pensar que buena parte de la población considera que la sociedad mexicana está exenta de ese germen, puesto que reconocer un problema es un paso importante en el camino para mitigarlo. En esa lucha contra el separatismo absurdo, los potosinos y potosinas tenemos una responsabilidad histórica que tal vez no conocemos y que nos obliga a dar ejemplo: ¡somos el primer estado de México que abolió la esclavitud!

Aunque este tema debería de ser uno de los motivos más importantes para sentirnos felices de haber nacido en San Luis, existe poca información al respecto.

La primera vez que tuve contacto con esa historia fue al leer el texto titulado: Una aportación de Don Ildefonso Díaz de León, primer gobernador constitucional del Estado de San Luis Potosí, al tema de los derechos humanos. En dicho ensayo, escrito por Ricardo García López, quien es exdirector del Archivo Histórico del Estado, profesor investigador en retiro de la Facultad de Derecho de la UASLP y un amigo muy querido, se hace un repaso de la progresión del esclavismo en el mundo, hasta explicar el cómo se dio por terminado de modo oficial en territorio potosino. A continuación, basado en dicha investigación, haré una narración breve de los hechos:

Durante la lucha por la Independencia de México, el cura Miguel Hidalgo y Costilla declaró en Guadalajara (6 de diciembre de 1810) la libertad de todos los hombres y mujeres esclavos en México (llamado que se reiteró durante la consumación de la Independencia en 1821), pero sus palabras se quedaron solo en el discurso, ya que en todo el país la posesión de esclavas y esclavos, niñas, niños, ancianas, ancianos, marcados a hierro en la frente, mejillas, espalda, brazos y pies, siguió como una práctica común; peor, sus “dueños” consideraban una afrenta a su patrimonio concederles la libertad.

Idelfonso Díaz de León, primer gobernador constitucional de San Luis Potosí, y José Eulogio Esnaurrízar, vicegobernador, fueron quienes enviaron el decreto al Congreso del Estado para abolir de forma jurídica la esclavitud. El 29 de agosto de 1827, el Poder Legislativo aprobó y expidió la ley para declarar la libertad de todo esclavo que se encontrara en territorio potosino, esto a manera de celebrar el 17º aniversario del inicio de la lucha independentista mexicana. 

Para hacer que la ley se cumpliera, el gobernador Díaz de León no recurrió al uso de la fuerza, sino que, en un ánimo reconciliador, habilitó a los ayuntamientos de San Luis Potosí para que pagaran a los esclavistas el precio que reclamaban por “sus esclavos”.

El artículo 9º de aquella ley engrandece aún más la acción, pues concede a toda aquella persona bajo el yugo de la esclavitud la posibilidad de que ser liberada al entrar en las fronteras de San Luis: “Desde el 16 de septiembre del presente año (1827) en adelante, todo el que pise el territorio del Estado siendo esclavo, queda libre”. No logré localizar un registro de a cuántas personas liberó el gobierno potosino, sin embargo, algunos textos existentes en el Archivo Histórico hablan de que fueron miles las mujeres y hombres que hicieron el trayecto a nuestro estado para alcanzar la libertad, ya que el Supremo Gobierno General de la República oficializó la abolición hasta dos años después, en 1829.

No le di importancia a esta información hasta una tarde del 2018: en un departamento de Xalapa, platicaba con mi amigo Josep; sostuvimos una especie de competencia sobre las mejores cosas de nuestras respectivas ciudades. Después de agotar todo mi arsenal, recordé el texto de Ricardo y solté mi argumento. Mi amigo guardó silencio un momento, me clavó la mirada y solo dijo: «esa sí es una cosa para sentir orgullo».

En una segunda reflexión, concluí que, en efecto, haber nacido en el primer sitio de México que desterró la esclavitud se tiene que presumir, mas el derecho a reclamar un trozo de tanta dignidad solo se gana comprometiéndose con la lucha por la libertad en el presente.

Estamos lejos de lograrlo, no obstante, cada ciudadano y ciudadana de este estado carga con la obligación de honrar su historia mediante la defensa de los derechos humanos, para que algún día desterremos por fin al maldito racismo que corre en nuestras calles.

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