mayo 26, 2026

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#4 Tiempos

Reflexiones a un año de la pandemia (parte III) | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

Antes de iniciar con el cuerpo de esta columna quiero poner en el papel los siguientes datos. Las cifras del INEGI aproximadamente 1 de cada 4 defunciones por COVID-19 han ocurrido en el hogar. México es el país con el mayor porcentaje de población con obesidad y sobrepeso, también somos los que más refresco, comida chatarra y leche de formula consumen. Somos uno de los primeros a nivel mundial en prevalencia de Diabetes Mellitus tipo 2 e hipertensión arterial. A pesar de que, en América Latina, el sistema de salud público y privado de México era considerado uno de los mejores, aproximadamente el 15% de los pacientes hospitalizados por influenza fallecen. México es uno de los países con mayor venta de medicamentos sin receta y por lo tanto con las mayores tasas de automedicación. Finalmente, existe un retraso importante entre que una persona inicia un padecimiento y acude al hospital.

Todo lo anterior junto -más el pésimo manejo de la pandemia por parte del gobierno-, son la serie de factores que se han venido sumando a la ecuación para este desastre humanitario. Oficialmente en México han fallecido 194,710 personas por COVID19 (que en realidad esa cifra anda por ahí de las 486,775 defunciones) y ¿es solo culpa del gobierno y su mal manejo de la pandemia? La respuesta es no.

Entonces, ¿Qué ha hecho la sociedad para que el brote de COVID-19 en México sea catastrófico?

Durante la Semana Santa del 2020 hubo una gran movilización de la población tanto dentro como fuera de los estados. De hecho, para esas épocas el Gobierno Federal presentaba los índices movilidad de cada estado y se regañaba a un estado si y a otro también a las 19 horas. En ese entonces, por más énfasis que se hacia la población para quedarse en casa y no viajar, en gran parte este esfuerzo fue un fracaso. Por lo tanto, el primer error de la sociedad fue el no entender que, si las personas se mueven los virus también.

Otra actitud que ha facilitado la complicación de esta epidemia (y que pasa lo mismo con la de influenza), es el pensar que no pasa nada. Frases como “es una simple gripa”, “no me voy a complicar, solo se mueren lo viejitos”, “con unos días de antibiótico me curo”, “el COVID no existe”, etc. El despreciar la potencial gravedad de una enfermedad incrementa la automedicación -y sus complicaciones-, retrasa la atención oportuna y perpetúa la transmisión.

Pocos se acordarán ahora, pero debido a la pandemia de influenza del 2009, el gobierno del presiente Felipe Calderón hizo obligatorio el presentar una receta médica para la venta de antibióticos. Con esta media -muy importante para disminuir la tasa de resistencia bacteriana y de complicaciones asociadas al mal uso de antibióticos- se redujo inicialmente la cantidad de antibióticos vendidos por las farmacias. Con esto, empezaron a disminuir sus ganancias. ¿Cómo respondieron las farmacias? Abrieron consultorios médicos anexos a las farmacias y volvieron a vender indiscriminadamente medicamentos. De hecho, da mas consultas la Fundación BEST del Dr. Simi que el IMSS (y la mayoría de sus consultas son a derechohabientes del IMSS).

Que los mexicanos en su mayoría acudan a un médico de farmacia durante una pandemia, no es la mejor opción -aunque a veces es la única opción-. De esto nos hemos ido dando cuenta, porque cuando el paciente se complica, llega con un exceso en el uso de antibióticos, antiparasitarios y esteroides que complican el manejo hospitalario del paciente. Durante una pandemia, es importante que el paciente acuda de manera temprana a hacerse una valoración especializada que en muchos casos va a requerir de estudios de sangre y de imagen. Por lo tanto, la automedicación más la prescripción inadecuada de antibióticos son factores que complican el panorama de esta pandemia.

Así como el mexicano ya esta desensibilizado con las cifras de muertes asociadas a la violencia (32,759 defunciones en el 2020), ya se desensibilizó a la brutal cantidad de muertes por COVID. Por lo tanto, como consecuencia del pensamiento “no pasa nada con el COVID” se siguen haciendo fiestas y eventos clandestinos o reuniones familiares masivas en el día de la madre o del padre, en cumpleaños y cenas de navidad y fin de año.

Otra falla de la sociedad es hacerle más caso a remedios caseros y a las estrellas de la farándula que a la evidencia científica -dióxido de cloro, nanopartículas cítricas, productos de ajo, factores de transferencia, etc-. Una gran parte de la población prefiere consumir productos milagros que el ventilar bien habitaciones y locales, usar de manera masiva cubre bocas y no salir si tienen sospecha de síntomas.

Pero probablemente, el fallo más grande se ha dado en la falta de responsabilidad cuando alguien tiene síntomas. Un persona sospechosa o confirmada de COVID19 debe de aislarse y avisar a todos sus contactos para que también se aíslen y de ser el caso se hagan prueba para detectar el COVID-19. Sin embargo, por miedo a estigmas, represalias o por el pensamiento “no pasa nada” o “no existe”, el contagiado no avisa a sus contactos y jamás se puede romper la cadena de transmisión.

El día que se entienda que el secreto para parar la transmisión es no salir a la calle sin cubre bocas, evitar reuniones -y si se van a hacer deberán en espacios muy ventilados y todos deberán de usar cubre bocas-, sí se tienen síntomas hay que acudir con el médico, no automedicarse, aislarse y avisar a todos los contactos, entonces podremos parar la transmisión. En resumen, el día que como sociedad se entienda que la solución es la empatía y solidaridad, podremos salir de esta pesadilla.

Lee también: Reflexiones a un año de la pandemia (parte II) | Columna de Andreu Comas García

El Cronopio

Elke Köppen y la sociología visual | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El estudio de las imágenes como medio de comunicación, aprendizaje y generación de nuevo conocimiento, es una de las áreas que están desarrollándose. Pocos estudios en comparación con otros temas, son los que se han realizado en este tema. Nuestro mundo, un mundo de imágenes, que ahora con el advenimiento de las redes sociales, se despliegan, en parte, como transformadoras de la realidad, producen además un detrimento en la capacidad lectora de los jóvenes.

Las imágenes en sí, también requieren de decodificar su significado y reconstruir la narrativa que encierran en su construcción, sea producida por una fotografía y elaborada por otros métodos, incluyendo la iconografía. De esta manera, requiere una alfabetización para su apreciación y su interpretación, lo que la convierte en un recurso pedagógico que es poco aprovechado.

La construcción de nuevo conocimiento en nuestra era nanotecnológica, y astronómica, requiere del manejo de imágenes que adquieren sentido para los especialistas, como medio de extensión de nuestros sentidos para el entendimiento de nuestro mundo. Una imagen dice más que mil palabras, dicen por ahí, pero no siempre estas palabras están al alcance del observador. 

Una de las investigadoras que ha incursionado en este tema, y en el uso de las imágenes en el área de biblioteconomía, es la Dra. Elke Köppen que desarrolla lo que llama, sociología visual, que tiene como objetivo alentar el uso de material visual en la investigación social y, en otras áreas del conocimiento.

La Dra. Elke Köppen es investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde participa activamente en el Programa de Investigación Estudios Visuales, enfocándose primordialmente en la fotografía. Su línea de investigación es sobre recursos y sistemas de información en bibliotecas, archivos y repositorios. Ha fincado una destacada carrera académica de más de treinta y nueve años en la UNAM, iniciando en el Instituto de Investigaciones Sociales de dicha institución, generando una buena cantidad de estudios que han sido publicados en revistas y diversas publicaciones internacionales, entre artículos, capítulos de libro y libros coordinados sobre información visual, archivos fotográficos, imágenes científicas graffiti y fotografía.

Su formación inicial es en sociología, de la que obtuvo la licenciatura en la Universidad de Bielefeld, Alemania. Vino a México a continuar sus estudios de posgrado y trabajar en investigación social. Realizó su maestría y posteriormente el doctorado en Bibliotecología y Estudios de la Información en la UNAM.

Elke Köppen ha colaborado como investigadora con receso sabático con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en la Facultad de Ciencias de la Información, en información visual y tecnologías disruptivas. Ha seleccionado a San Luis Potosí como uno de sus puntos de residencia lo que enriquece el ambiente cultural y académico de la ciudad.

La visión estética de las imágenes, principalmente a través de la fotografía, enlaza las áreas de las ciencias sociales y las exactas, resaltando el tema interdisciplinario que pregona el instituto para el que labora, desde su creación, el cual recientemente ha cumplido treinta años de fundado.

Algunos de los libros que le ha publicado la UNAM, son: los trazos de la ciencia, libro que es resultado del cruce de diversas investigaciones sobre procesos históricos de producción de conocimientos científicos y tecnológicos vehiculados por el uso de imágenes. Pero se trata de imágenes elaboradas para distintos destinatarios y con múltiples propósitos: información geográfica, educación moral, pasatiempos, diagnósticos médicos. Otro de ellos es: imágenes en la ciencia, ciencia en las imágenes, libro colectivo de la que fue coordinadora.

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El Cronopio

El formador de humanistas, Villaseñor Tejeda | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Hace setenta y un años iniciaban las actividades académicas de la extinta Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) desaparecida ignominiosamente por motivos políticos en 1962. La UASLP caía en un largo periodo de oscurantismo del que costó salir, en la década de los ochenta, con el esfuerzo de la planta académica que comenzó su formación en la propia UASLP y que redondeara esa formación en universidades e instituciones de vanguardia a nivel mundial.

Sesenta años después se restablecían en la UASLP estudios humanísticos y sociales. Los primeros tiempos de aquella Facultad de Humanidades fueron brillantes y una pléyade de profesores figuraron en el claustro académico de la UASLP, muchos de los cuales han caído en el olvido y que hemos estado recordando en esta columna, tanto a profesores como profesoras que aparecen en el libro Damas de Potosí, perfiles publicados en La Orquesta.

En cuanto a la licenciatura de filosofía, activa en la actualidad en la UASLP, que cumple once años de ser reactivada, pues esta carrera era una de las carreras que existían en aquella Facultad de Humanidades, requiere conocer sus antecedentes y principalmente los profesores que le dieron vida en la década de los cincuenta y principios de los sesenta.

Uno de esos profesores fue José Villaseñor Tejeda, que impartió cátedra en la Facultad de Humanidades potosina de enero de 1958 a agosto de 1962, año y mes en que fue cerrada. A decir de Josefina de Ávila Cervantes, estudiante y profesora de la mencionada Facultad y de quien hemos tratado en esta columna, “el profesor Villaseñor fue el eje silencioso del cual partían y al cual volvían maestros y alumnos”.

En ese lustro de trabajo en la UASLP por formar maestros en filosofía y en letras escribiría su Introducción a la Filosofía, su estudio sobre la Crítica de la Razón Pura y sus ensayos sobre Sócrates, Freud, Proust, Dostoievski, el humanismo y otros temas que fueron publicados en la Revista de la Facultad de Hum anidades, en Letras Potosinas y en Vitral, revista del Instituto de Cultura Superior, así como escritos inéditos consistentes en investigaciones filosóficas, ensayos sobre arte: pintura, cine, literatura.

José Villaseñor Tejeda murió joven, a los cuarenta años, el 23 de diciembre de 1968 en la Ciudad de México a donde fue a laborar al Instituto de Cultura Superior después del cierre de la Facultad de Humanidades. En ese Instituto reestructuró el curso filosofía de la religión que había iniciado en la UASLP. 

Villaseñor comenzó sus estudios de filosofía en el Seminario Conciliar de México y para 1947 pasó a la Universidad Nacional Autónoma de México donde terminó sus estudios de maestría en filosofía. Al terminar, ingresó como profesor a la Universidad de Guanajuato donde laboró por un poco tiempo al renunciar en protesta por el despido de un grupo de compañeros de trabajo tratados injustamente por las autoridades escolares.

Su compañera de aventura académica en la UASLP, la mencionada Josefina de Ávila lo retrata en un comentario de recuerdo: “La contrapartida de su historia -la que ofrece tan poco a aquellos que esperan todo de los hechos-, fue (usando términos suyos), su intrahistoria. Para quienes no traducen su propia existencia como un activismo urgente y aceptan, por el contrario, que la aventura del espíritu no puede ser corrida con la esperanza de una respuesta concreta y tranquilizadora sino con la pura actitud contemplativa, encontrarán en su obra una invitación a detenerse ante el misterio develable que envuelve y penetra esto que llamamos el Universo”.

El recuerdo de quienes contribuyeron al desarrollo de nuestras instituciones y, participaron en la formación de la juventud potosina y profesionales que contribuyen al desarrollo social es imprescindible en una institución que se jacta de ser representativa de la educación superior en el país; pero más importante es darles vida manteniendo su obra en difusión.

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Acento Ajeno

Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.

Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.

Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.

Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.

A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.

Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?

No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban. 

Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.

A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.

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