#4 Tiempos
Puestas de sol (extractos de mi diario) | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
24 de febrero, 2015.
Al Principito le gustaban las puestas de sol. «Sabes -confesó una vez-, cuando se está tan triste le gustan a uno las puestas de sol».
Un día, desde su lejano planeta –el asteroide B 612-, el Principito vio ponerse el sol cuarenta y tres veces sin moverse de su silla. ¿Tan triste estaba aquella vez? ¿Tan solo se sentía en su pequeño universo?
Puesto que nadie verá nunca este diario –eso espero-, lo confesaré abiertamente: cada que leo ciertos pasajes de este libro maravilloso los ojos se me humedecen y la mirada se me vuelve nebulosa. A donde quiera que voy cargo siempre un ejemplar de El Principito. A Roma, cuando fui a estudiar, me lo llevé, y en España estuvo siempre conmigo. Pero no acepto otra versión que la publicada por Porrúa. Esta traducción, si bien se adapta poco a mi bolsillo a causa de su formato, por la ternura que la traductora supo conservar del original francés, es la que mejor se adapta a mi corazón. Las otras traducciones me han parecido siempre frías y, por lo tanto, infieles a la intención del autor.
¿Qué diría el Principito al sol? «¡Ponte otra vez!». Y el sol se ponía para este niño solitario que lo saludaba desde el asteroide B 612. «¡Ponte otra vez!». Porque nada hay más hermoso ni más triste que la luz apagada del crepúsculo
¡Cuarenta y tres veces «¡Ponte otra vez, ponte otra vez!». Después de todo, el Principito era un niño, y a los niños les gusta la repetición. Cuéntales un chiste y te pedirán que se los vuelvas a contar. Dirán, emocionados: «¡Otra vez, otra vez!».
Para un niño, una vez es poco. Él quiere siempre más y, de preferencia, lo mismo. Cárgalo, dale vueltas, juega con él, y cuando te canses y lo dejes donde estaba, escucharás que te dice: «¡Otra vez!». ¡Con los pequeños no hay remedio!
En cambio los mayores… Los mayores, cuando decimos: «¡Otra vez!», lo hacemos casi siempre con impaciencia o resignación. No gritamos entusiasmados, sino que preguntamos escépticos: «¿Otra vez?». Los mayores se distinguen de los niños en que éstos disfrutan la repetición casi con la misma intensidad con que aquéllos la detestan.
¿Y si Dios, después de todo, tuviera un espíritu de niño? ¿Y si a él también le gustaran las puestas de sol, la luz grisácea del crepúsculo? Eso es lo que sugiere Gilbert K. Chesterton (1874-1936), el gran polemista inglés, en una de sus páginas más bellas:
«Los niños –escribió en Ortodoxia- rebosan vitalidad por ser espíritus libres y altivos, de ahí que quieran las cosas repetidas y sin cambios. Siempre dirán: “¡Hazlo otra vez!”; y el adulto vuelve a hacerlo aproximadamente hasta que se siente morir. Porque la gente grande no es suficientemente fuerte como para regocijarse en la monotonía. Pero tal vez Dios sea lo bastante fuerte para regocijarse en ella. Es posible que Dios diga al sol cada mañana: “¡Hazlo otra vez!”, y que cada noche diga a la luna: “¡Hazlo otra vez!”.
»Puede que todas las margaritas sean iguales no por una necesidad automática; puede que Dios haga separadamente cada margarita y que nunca se haya cansado de hacerlas iguales. Puede que Él tenga el eterno instinto de la infancia; porque pecamos y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros».
En otro de sus escritos –ahora se trata de su ensayo Sobre las hadas-, Chesterton volvió al asunto de la repetición, tan propia de los espíritus infantiles, y dijo esta vez así: «La mera repetición de las cosas más me hace verlas misteriosas que racionales. El materialismo que domina la mente moderna se funda, en resumidas cuentas, sobre una hipótesis que a la postre resulta falsa. Se supone generalmente que todo lo que se repite está muerto».
Sin embargo, la verdad es lo contrario: uno envejece cuando no quiere más sol, ni más luna, ni más crepúsculos: cuando ya no quiere repeticiones, cuando ya no quiere más, cuando ya no quiere nada.
El rey Berenguer, en la pieza de Ionesco, conversa con Julieta, la criada del palacio, que no deja de quejarse de la dura faena:
«Julieta: Estoy cansada, cansada, cansada.
«El rey: Después se descansa. Es bueno.
«Julieta: No tengo tiempo de descansar.
«El rey: Puedes esperar que lo tendrás… Echas a andar, tomas una cesta, vas a hacer las compras. Sacas el portamonedas, pagas, te dan el vuelto. En el mercado hay alimentos de todos los colores: lechugas verdes, cerezas rojas, uvas doradas, berenjenas violetas, ¡todo el arcoiris! Extraordinario, increíble, un cuento de hadas.
«Julieta: Después vuelvo por el mismo camino.
«El rey: ¡Dos veces al día por el mismo camino! ¡El cielo encima! Puedes mirarlo dos veces al día. Respiras. No piensas en ello pero respiras. Piensa en ello. Recuérdalo. Estoy seguro de que no prestas atención. Es un milagro». Pero, ay, el rey se muere: ya no habrá para él una segunda oportunidad, pues está a punto de realizar ese acto que no admite repeticiones y que sólo acaece una vez en la vida de los hombres: la muerte. Sí, la repetición es vida, ahora lo sabe el rey, pero es ya demasiado tarde.
Me pregunto, pues, a mí mismo: «¿Quieres conservarte joven de alma, quieres conservar las ganas de vivir?». Entonces di: ¡Otra vez, otra vez! ¡Otro día, otra tarde!, como si fuera la primera vez que asistieras al espectáculo del mundo, como si no supieras qué es el sol ni qué es la vida, y quisieras descubrirlo. Mientras seas capaz de decir: ¡Otra vez, otra vez!, como el Principito, no todo estará perdido.

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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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