octubre 4, 2026

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Opinión

¿Puede la policía revisar mi teléfono celular? | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

La respuesta corta es no. En México, la policía no puede revisar libremente el contenido de un teléfono celular únicamente porque una persona haya sido detenida, señalada por un particular o resulte sospechosa de haber cometido un delito. El teléfono móvil constituye actualmente uno de los espacios de mayor privacidad de cualquier persona, pues contiene conversaciones, fotografías, videos, documentos, datos bancarios, ubicaciones, correos electrónicos y acceso a redes sociales. Precisamente por ello, el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos protege la inviolabilidad de las comunicaciones privadas y el derecho a la privacidad.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido un criterio que hoy constituye uno de los precedentes más importantes en materia de derechos digitales: la protección constitucional de las comunicaciones privadas también comprende la información almacenada en un teléfono celular. En consecuencia, aunque la autoridad pueda asegurar físicamente un dispositivo durante una investigación penal, ello no significa que pueda revisar su contenido sin autorización judicial.

Este criterio deriva de la Contradicción de Tesis 194/2012, en la que la Primera Sala resolvió que los datos almacenados en teléfonos móviles —mensajes, fotografías, videos, audios o cualquier otro archivo electrónico— gozan de la misma protección constitucional que cualquier comunicación privada. De esta forma, si el Ministerio Público o la policía extraen información del teléfono sin contar con la autorización correspondiente del juez competente, esa evidencia constituye una prueba ilícita y, por regla general, carece de valor probatorio. Este criterio continúa vigente y ha sido reiterado por la Suprema Corte y por diversos tribunales federales.

Es importante distinguir entre asegurar un teléfono y revisarlo. La policía sí puede asegurar un dispositivo cuando constituye un posible objeto relacionado con un delito, por ejemplo, durante una detención en flagrancia. Sin embargo, asegurar el aparato únicamente significa conservarlo para evitar su alteración o destrucción. Otra situación completamente distinta es acceder a su contenido, desbloquearlo, revisar conversaciones, fotografías o aplicaciones como WhatsApp, Telegram, Signal o Messenger. Para ello, por regla general, se requiere autorización judicial conforme al artículo 16 constitucional.

En la práctica cotidiana existe un escenario muy frecuente. Un trabajador de una institución financiera, una tienda departamental o una empresa privada afirma que un cliente le tomó fotografías sin autorización y solicita el apoyo de la policía. Cuando los elementos llegan al lugar, algunas veces solicitan al ciudadano que desbloquee su teléfono para verificar si existen fotografías o videos.

Jurídicamente, esa actuación presenta serios problemas constitucionales. El simple señalamiento de un empleado no autoriza a la policía para revisar el contenido del dispositivo. Los agentes pueden entrevistar a las partes, preservar el orden e incluso poner los hechos en conocimiento del Ministerio Público cuando exista la probable comisión de un delito. Sin embargo, no pueden obligar al ciudadano a desbloquear su teléfono ni revisar por sí mismos la galería de imágenes o las conversaciones almacenadas, salvo que exista una autorización judicial o un supuesto excepcional previsto por la ley.

Esto significa que si un empleado de un banco afirma: “Ese cliente me tomó fotografías”, la policía no adquiere automáticamente la facultad de revisar el celular para comprobar la acusación. Lo procedente será recabar los datos de prueba disponibles, entrevistar a los involucrados, revisar cámaras de videovigilancia, identificar testigos y, en su caso, iniciar la investigación correspondiente. Si durante la investigación resulta indispensable acceder al contenido del teléfono, deberá solicitarse la autorización judicial respectiva.

Otro tema que genera numerosas dudas es el valor probatorio de los mensajes de WhatsApp. A diferencia de lo que muchas personas creen, los mensajes de WhatsApp sí pueden constituir prueba en un procedimiento judicial

, tanto en materia penal como civil, mercantil, familiar o laboral. Sin embargo, no basta con presentar una simple captura de pantalla.

Los tribunales federales han sostenido que las conversaciones electrónicas pueden adquirir eficacia probatoria cuando existen elementos que permiten acreditar su autenticidad, integridad y origen. Por ejemplo, cuando la otra parte reconoce haber enviado los mensajes, cuando existe una pericial informática que verifica la información contenida en el dispositivo, cuando los mensajes coinciden con otros medios de prueba o cuando el teléfono del que provienen fue asegurado legalmente durante la investigación.

Por ello, en un proceso penal, una conversación de WhatsApp puede servir para acreditar amenazas, extorsiones, fraudes, acuerdos entre copartícipes, violencia familiar o cualquier otro hecho jurídicamente relevante, siempre que la obtención de esa evidencia haya respetado los derechos fundamentales y su autenticidad pueda demostrarse durante el juicio.

En cambio, si la policía obtiene esas conversaciones revisando ilegalmente el teléfono de una persona sin autorización judicial, existe un alto riesgo de que el juez excluya dicha evidencia por tratarse de una prueba ilícita. El principio de exclusión probatoria impide que el Estado obtenga ventajas procesales mediante la violación de derechos fundamentales.

Existen, además, situaciones en las que una persona decide voluntariamente mostrar el contenido de su teléfono. Si el consentimiento es libre, informado y no existe coacción por parte de la autoridad, ese acceso puede resultar jurídicamente válido. No obstante, cuando el consentimiento se obtiene mediante amenazas, intimidación, presión psicológica o bajo la falsa afirmación de que el ciudadano “está obligado” a desbloquear el dispositivo, dicho consentimiento puede considerarse inválido.

En conclusión, el derecho mexicano protege de manera robusta la privacidad digital. La policía puede asegurar un teléfono cuando ello resulte necesario dentro de una investigación, pero no puede revisar libremente su contenido. Las conversaciones de WhatsApp, fotografías, videos y demás archivos pueden convertirse en pruebas válidas únicamente cuando se obtienen conforme a la Constitución y al Código Nacional de Procedimientos Penales. La Suprema Corte ha dejado claro que la evolución tecnológica no disminuye los derechos fundamentales; por el contrario, exige una protección aún más intensa de la privacidad de las personas. En un Estado constitucional de derecho, la eficacia de la investigación penal nunca puede construirse a costa de vulnerar los derechos fundamentales de los ciudadanos. La legalidad del procedimiento no sólo protege al imputado, sino que fortalece la legitimidad de las investigaciones y garantiza que las pruebas obtenidas puedan sostener válidamente una sentencia judicial.

 

X: @MrVictorHdz

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Columna de Nefrox

El nuevo fútbol | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Durante muchos años, el fútbol tuvo una manera muy particular de presentarnos a sus protagonistas. Los conocíamos por sus goles, por sus pases, por sus atajadas o por aquella capacidad que tenían para resolver un partido cuando parecía que ya no había nada por hacer. Algunos se convirtieron en leyendas, otros en símbolos de sus países y unos cuantos alcanzaron ese lugar reservado para los futbolistas que trascienden generaciones.

Hoy, sin embargo, estamos empezando a encontrarlos en otro sitio. Ya no aparecen en las alineaciones como titulares, ni los esperamos para cobrar un tiro libre o para cambiar el rumbo de una final. Ahora los vemos caminando por la zona técnica, conversando con sus auxiliares, preparando cambios y tratando de explicar desde afuera aquello que antes resolvían dentro de la cancha.

El fútbol está viviendo una interesante transición: una generación de grandes jugadores comienza a tomar el control de las selecciones nacionales.

Zinedine Zidane, Xavi Hernández, Diego Forlán, Rafael Márquez, Marcelo Gallardo, Patrick Vieira y Mauricio Pochettino son algunos de los nombres que representan esta conexión entre dos épocas. Cada uno tiene una historia distinta, una formación diferente y una manera particular de entender el juego, pero todos comparten algo: antes de convertirse en responsables de un proyecto deportivo, tuvieron que ganarse un lugar en el fútbol mundial con una pelota en los pies.

El caso de Zidane tiene un significado especial. Durante mucho tiempo, su nombre estuvo ligado a una posibilidad que parecía inevitable: dirigir a Francia. Después de conquistar prácticamente todo lo que podía ganar como futbolista y de construir una trayectoria extraordinaria en el Real Madrid, llegó el momento de hacerse cargo de una selección que conoce desde sus entrañas. Zidane sabe lo que significa representar a Francia, lo que implica disputar una Copa del Mundo y lo que se siente cargar con las expectativas de todo un país. Ahora tendrá que transmitir ese conocimiento a una generación que lo recuerda más como una figura histórica que como un compañero de vestidor.

Xavi representa otra clase de desafío. Su carrera estuvo marcada por una manera muy particular de interpretar el fútbol. Fue uno de esos jugadores capaces de encontrar soluciones donde los demás solamente veían espacios cerrados. Su siguiente capítulo como entrenador lo lleva a Países Bajos, un país con una tradición futbolística muy definida y una relación histórica con el juego de posesión. Será interesante observar cómo conviven dos culturas que, aunque tienen puntos de encuentro, también poseen sus propias características.

En Uruguay, Diego Forlán representa el regreso de una figura que conoce perfectamente la exigencia de vestir la camiseta celeste. Su nombre está asociado a una de las mejores etapas recientes de la selección uruguaya y a un Mundial de Sudáfrica 2010 en el que fue protagonista. Ahora tiene que cambiar la perspectiva: dejar de pensar en cómo encontrar el gol para preocuparse por cómo construir un equipo capaz de generarlo.

Y si hablamos de historias que tienen un componente emocional, la de Rafael Márquez merece un espacio aparte. El futbolista que durante tantos años fue capitán de México ahora tiene la responsabilidad de conducir a una nueva generación de seleccionados. Su transición comenzó desde el trabajo como auxiliar y ahora representa uno de los proyectos más interesantes del fútbol mexicano rumbo a 2030.

Márquez conoce el escenario internacional, jugó en algunas de las instituciones más importantes de Europa y participó en cinco Copas del Mundo. Pero ninguna de esas experiencias garantiza el éxito como entrenador. Esa es precisamente la parte fascinante de su nuevo desafío: tendrá que demostrar que todo lo aprendido como jugador puede convertirse en una herramienta para construir una selección competitiva.

Marcelo Gallardo, por su parte, representa una historia diferente. Su trayectoria en los banquillos ya tiene capítulos importantes y su nombre se convirtió en una referencia del fútbol sudamericano. Ahora, al frente de Ecuador, tendrá que demostrar que su propuesta puede adaptarse a un entorno distinto. En este caso no se trata de regresar a la selección que defendió como jugador, sino de encontrar una identidad con futbolistas que tienen otras características y que representan otra cultura deportiva, de un Ecuador que vive su generación dorada aún con la cuota pendiente de no haber ganado algo.

También hay espacio para Patrick Vieira y Mark van Bommel, dos exfutbolistas que conocen perfectamente lo que significa competir al máximo nivel. Vieira, referente de Francia y del Arsenal, tiene ahora una responsabilidad internacional con Senegal. Van Bommel, protagonista de grandes equipos europeos y de la selección neerlandesa, también forma parte de esta generación de antiguos jugadores que buscan trasladar su experiencia al trabajo de selección.

Y en esta conversación no puede faltar Mauricio Pochettino. Su trayectoria como entrenador ya tiene una dimensión propia, pero también fue futbolista internacional con Argentina. Su presencia al frente de Estados Unidos demuestra que no todos los caminos de esta generación conducen de regreso a sus países de origen. A veces, la experiencia adquirida como jugador termina convirtiéndose en una oportunidad para dirigir un proyecto completamente diferente.

Lo interesante es que no estamos hablando de una simple colección de nombres famosos. Sería muy sencillo pensar que basta con haber sido una estrella para convertirse en un buen entrenador, pero el fútbol ha demostrado muchas veces que ambas profesiones requieren capacidades distintas. Conocer el juego desde la cancha ayuda, pero dirigir implica administrar egos, tomar decisiones difíciles, construir relaciones y encontrar respuestas cuando las cosas no salen como se habían planeado.

Un extraordinario mediocampista no necesariamente será un extraordinario estratega. Un delantero histórico no tiene garantizado el éxito al elegir una alineación. Y un capitán acostumbrado a levantar la voz en el vestidor puede descubrir que dirigir a un grupo de futbolistas es mucho más complicado que conducir a sus compañeros dentro del campo.

Por eso vale la pena seguir esta nueva etapa con curiosidad, pero también con paciencia.

Lo que estamos viendo es el paso de una generación que creció bajo las órdenes de entrenadores que hoy son parte de la historia. Algunos aprendieron de técnicos que revolucionaron el juego; otros compartieron vestidor con futbolistas que después también se convirtieron en estrategas. Todos llevan consigo una colección de experiencias que ahora tendrán que transformar en decisiones.

Quizá dentro de algunos años recordemos este periodo como el momento en que varias de las grandes figuras de nuestra memoria futbolística encontraron una segunda profesión dentro del mismo deporte. O quizá algunos descubran que el lugar que mejor les quedaba era aquel donde podían decidir con los pies y no con una pizarra.

Todavía es pronto para saberlo.

Lo que sí sabemos es que el fútbol tiene una manera muy particular de cerrar sus ciclos. Los jugadores que alguna vez fueron los encargados de cumplir las instrucciones ahora tienen que escribirlas. Aquellos que esperaban una oportunidad para entrar al campo ahora deben decidir quién merece tenerla. Los que alguna vez fueron parte de una generación dorada tienen la responsabilidad de preparar a quienes intentarán construir la siguiente.

Y eso convierte a esta nueva camada de entrenadores en algo más que una noticia de actualidad.

Es el momento en que nuestros antiguos ídolos comienzan a convertirse en los responsables del futuro. El fútbol les dio la oportunidad de ser recordados por lo que hicieron como jugadores; ahora les toca descubrir si también podrán dejar una huella desde el banquillo.

Porque una cosa es formar parte de la historia de una selección.

Y otra muy distinta es tener que construir su siguiente capítulo.

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Deportes

San Luis Femenil, un punto ante Tigres y se mantienen terceras | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

San Luis salió del Volcán con un punto que sabe a triunfo moral. Visitar a Tigres, uno de los equipos más fuertes del torneo, y regresar con el empate no es poca cosa, sobre todo después de haberse ido arriba en el marcador.

El domingo 27 de septiembre, en la jornada 9, San Luis sorprendió al minuto 23 con gol de Amina Bello, quien dejó atrás a su marcadora y definió ante la portera local para el 1-0. El equipo sostuvo la ventaja buena parte del complemento, hasta que Tigres encontró el empate al 49′ con gol de Alexia Delgado, tras una jugada colectiva que terminó en falta cerca del área. El resultado ya no se movió, ni siquiera cuando Tigres se quedó con diez por la segunda amarilla de Natalia Coury al 85′: 1-1 final.

Lo interesante de este empate es quién lo consiguió. Esta semana no fue Higuera la que apareció en el marcador, sino Amina Bello, prueba de que este equipo ya no depende de un solo nombre para lastimar rivales. Higuera se mantiene en 12 goles, segundo lugar de la tabla de goleo, aunque la brasileña Geyse Da Silva ya le sacó tres de ventaja (15). No pasa nada: cuando la punta de lanza no aparece, alguien más da un paso al frente, y eso es justo lo que necesita un equipo que aspira a más que sobrevivir el torneo.

Con este resultado, San Luis suma 9 jornadas jugadas, 5 victorias, 1 empate y 3 derrotas, 22 goles a favor, 16 en contra y 16 puntos, y se mantiene en el tercer lugar del Grupo 2, por detrás de América (25 pts) y Guadalajara (18 pts).

Rescatar un punto de visita ante un rival de la categoría de Tigres es una buena noticia, pero también deja una tarea pendiente: convertir esos empates en victorias cuando el partido está para ganarlo, como pasó en el primer tiempo.

La próxima oportunidad de sumar para las potosinas llegará el sábado 3 de octubre, a las 17:00 horas, cuando visiten a Querétaro, colista del grupo, en La Corregidora. Por lo visto hasta el momento de uno y otro equipo, San Luis llegará obligado a ganar, para no perder terreno ante un equipo que se ha quedado a deber toda la temporada, y se antoja una oportunidad grande para que Higuera sume goles en su lucha por dominar ese apartado estadístico.

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Opinión

Compré una casa nueva que se cae a pedazos, ¿ahora quién responde? | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

 

Culto público, comprar una casa o un departamento debería ser una de las decisiones patrimoniales más importantes de nuestra vida. Lo que nadie nos advierte es que, algunas veces, después de firmar escrituras, pagar impuestos, honorarios notariales y gastos de compraventa, comienza otra historia: descubrir que aquello que parecía un hogar tiene goteras, problemas eléctricos, humedad, instalaciones defectuosas, acabados deficientes o incluso diferencias entre lo construido y lo que fue autorizado.

Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿quién responde?

En San Luis Potosí existe un problema que merece mayor atención. Hay desarrollos que tardan años en concluir procesos de urbanización y municipalización, obras que presentan deficiencias y compradores que terminan enfrentando solos problemas que, en principio, no les correspondían.

La ley, sin embargo, no deja completamente desprotegido al comprador.

La Ley Federal de Protección al Consumidor establece obligaciones específicas para quienes venden inmuebles destinados a casa habitación. Antes de contratar, el proveedor debe poner a disposición información sobre permisos, licencias, especificaciones técnicas, materiales y servicios, pero también planos estructurales, arquitectónicos y de instalaciones, o, en determinados casos, un dictamen estructural.

Así que si después de comprar un inmueble el propietario solicita los planos y la empresa simplemente guarda silencio, no estamos hablando solamente de una falta de cortesía.

Y vienen las garantías.

La ley establece una garantía mínima de cinco años para cuestiones estructurales, tres años para impermeabilización y un año para los demás elementos, contados desde la entrega real del inmueble. Durante ese periodo, el proveedor debe reparar sin costo los defectos o fallas que correspondan. Además, el tiempo empleado en las reparaciones no se computa para la garantía.

¿Goteras? ¿Problemas hidráulicos? ¿Instalaciones eléctricas defectuosas? ¿Deficiencias estructurales? No todo debe convertirse en un “pues así se entregó”.

Si existen defectos o vicios ocultos que hagan al inmueble impropio para su uso, disminuyan su calidad o afecten la seguridad que razonablemente debe esperarse, la propia legislación contempla alternativas como exigir la reparación, solicitar la rescisión o reducción del precio y, en determinados casos, reclamar bonificación o compensación, además de los daños y perjuicios que procedan.

Pero no todo se resuelve ante PROFECO.

Si el problema consiste en que el desarrollo no cumple con el proyecto autorizado, existen irregularidades en la construcción, se depositan escombros donde no corresponde o existen deficiencias en la urbanización, también entra en juego la legislación de ordenamiento territorial y desarrollo urbano de San Luis Potosí.

La ley exige que las obras cuenten con Director Responsable de Obra y, cuando corresponda, con corresponsables. Estos últimos deben revisar el proyecto, vigilar que la obra se ejecute conforme a lo autorizado y comunicar las irregularidades que puedan afectar su ejecución.

Además, la autoridad municipal tiene facultades de inspección y verificación. En materia de municipalización, debe comprobar que las obras ejecutadas correspondan a las autorizadas y, para otorgarla, deben constituirse garantías destinadas a asegurar la calidad de las obras. Incluso después de municipalizado el fraccionamiento existe un periodo para detectar y corregir vicios ocultos de la urbanización.

Por eso, cuando un desarrollador tarda años en entregar el fraccionamiento al municipio, la respuesta no debería ser resignarse. Hay que revisar qué autorizaciones existen, qué obra fue aprobada, qué falta por ejecutar, quién debe entregar y qué garantías fueron constituidas.

Lo mismo ocurre con el escombro. La legislación estatal establece obligaciones respecto de la limpieza y conservación de predios y áreas de donación; incluso contempla que determinadas áreas destinadas a equipamiento sean entregadas limpias y sin escombro.

¿Y qué puede hacer entonces el comprador?

Primero, documentar: fotografías, videos, contratos, escrituras, publicidad, correos, mensajes, reportes de garantía, dictámenes y cualquier comunicación con el desarrollador.

Segundo, presentar por escrito la reclamación y exigir formalmente la reparación, dejando constancia de fechas y defectos.

Tercero, acudir a PROFECO cuando exista una relación de consumo comprendida por la ley. La Procuraduría recibe reclamaciones contra proveedores inmobiliarios y existen incluso mecanismos de acción colectiva para casos en los que una inmobiliaria afecta a un grupo de consumidores con vicios ocultos, fallas estructurales o eléctricas o incumplimiento de garantías.

Cuarto, cuando existan problemas relacionados con la obra, urbanización, permisos o cumplimiento del proyecto, acudir también a la autoridad municipal competente, solicitando inspección y verificación.

Y si el problema requiere una reparación patrimonial, cumplimiento contractual, daños y perjuicios o existen cuestiones que PROFECO no pueda resolver, queda abierta la vía judicial correspondiente.

Respecto de las empresas que intervienen en la operación, hay que hacer una precisión: que un desarrollo utilice distintas razones sociales para adquirir terrenos, construir, comercializar o escriturar no demuestra por sí mismo una ilegalidad. Cada sociedad tiene personalidad jurídica propia y cualquier responsabilidad debe determinarse conforme a los contratos, actos realizados y legislación aplicable. Lo mismo ocurre con notarías y peritos: haber intervenido en una operación no significa automáticamente que sean responsables de todos los defectos de una construcción.

Pero tampoco significa que nadie pueda responder.

Porque si todos cobraron por hacer su parte, resulta difícil explicar por qué, cuando aparecen los problemas, el único que parece quedarse con ellos es quien compró el inmueble.

La pregunta no debería ser si los compradores están condenados a aceptar lo que les entregaron.

La pregunta correcta es otra: ¿estamos utilizando todas las herramientas legales que ya existen para exigir que una vivienda sea entregada, y permanezca, en las condiciones que fueron ofrecidas y legalmente exigibles?

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