agosto 21, 2026

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#4 Tiempos

Perros y gatos: consolidación democrática del país | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Durante la última década del siglo pasado y en los primeros años del siglo en marcha, la estructura institucional del país estuvo sujeta a grandes cambios que han sido paradigmáticos para la consolidación democrática.

Posterior al fiasco protagonizado por Bartlett y de la Madrid en las elecciones presidenciales del 88, las organizaciones civiles exigieron con gran seriedad que se ciudadanizaran los organismos electorales. Era una necesidad impostergable. Así, un par de años después fue creado el Instituto Federal Electoral (IFE)  para el ejercicio de las tareas administrativas y, para atender las cuestiones jurisdiccionales, fue creado el Tribunal Federal Electoral (TFE). Este Tribunal había tenido unos atropellados antecedentes, pues, previo a la reforma constitucional de 1990, las resoluciones que emitía eran fácilmente revocadas por los Colegios Electorales de la Secretaría de Gobernación. Fue entonces hasta la reforma de 1993 que dejaron de existir los Colegios Electorales y, ahora sí, el TFE quedaba habilitado para emitir sentencias definitivas en su materia.

Con el cambio de administración —en el caótico 1994—, el presidente Zedillo promovió desde el inicio de su mandato una profunda reforma al Poder Judicial. En ese contexto, donde el sistema político era distintivamente más plural que antes y se necesitaba asegurar la imparcialidad de un árbitro ajeno al presidente, la Suprema Corte fue renovada en su totalidad. Hubo una reducción en el número de ministros —de 26 a 11— y se creó el Consejo de la Judicatura Federal, con el objeto de delegar la pesada carga de trabajo administrativo que ya no le correspondía a la Corte. En consecuencia, con el Consejo de la Judicatura en marcha, el TFE fue integrado a la estructura del Poder Judicial de la Federación (PJF) en 1996 y, desde entonces, lleva el nombre de Tribunal Electoral del PFJ.

De esa manera, ahora configurados como plenamente autónomos, el Tribunal Electoral y el IFE iniciaron una relación de perros y gatos: los consejeros del IFE tenían la iniciativa de crear una comisión que indagara —por ejemplo— la inmemorial práctica de la compra de votos del PRI e inmediatamente el Tribunal les revocaba los acuerdos, con el argumento de que se estaban sobrepasando en sus facultades. En contraste, cuando era necesario favorecer al Ejecutivo, el Tribunal cambiaba de criterio y le daba atribuciones al IFE que no tenían ningún fundamento legal.

Ya en el nuevo siglo y con Fox en el poder, el Tribunal y el IFE tuvieron su auténtica época de oro entre el 2000 y el 2005. Tras la alternancia, la democratización y el fortalecimiento de los órganos electorales estuvo acompañada de procesos paralelos, como lo fue la creación de la Ley de Acceso a la Información (LAI) y el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI). Impulsada por el denominado «Grupo Oaxaca», conformado por notables integrantes de la prensa y academia, la LAI fue aprobada por unanimidad en el 2002 y, sin lugar a dudas, ha sido un instrumento fundamental para la consolidación democrática del país.

Justo en esos años —y durante su periodo de oro—, el IFE llevó a cabo las investigaciones correspondientes a los famosos casos Pemexgate y Amigos de Fox. En el primero, el IFE encontró que se desviaron cerca de 500 millones de pesos del sindicato de Pemex a las arcas del PRI —presumiblemente para ser utilizados en la campaña de Madrazo— y le impusieron una multa al partido por la misma cantidad. Ante las impugnaciones del Revolucionario Institucional, el Tribunal Electoral confirmó la sanción. En el caso de Amigos de Fox, la situación fue más interesante, pues él era el presidente en turno. El IFE realizó las investigaciones correspondientes y, después de varios litigios, encontró que la coalición PAN-PartidoVerde desvió más de 90 millones de pesos para su campaña. En consecuencia, el IFE impuso multas por más de 500 millones a la coalición, mismas que fueron confirmadas por el Tribunal. De este modo, el mensaje que la dupla IFE-Tribunal mandaron era muy claro: había coordinación y compromiso por garantizar los derechos electorales de la ciudadanía.

Una historia completamente distinta fue la del 2006, donde el IFE, francamente, se valió de argumentos risibles para no escrutar los votos de la elección presidencial que tuvo como ganador a Calderón. El Tribunal, por su parte, se mantuvo al margen y evitó meterse en problemas, regresando entonces a una interpretación letrista de la ley y lejos de lo que fue en los casos recién mencionados.

Hoy, el contexto político juega de nuevo en contra de los órganos electorales del país. Por un lado, tenemos un presidente que cuenta con un respaldo popular arrollador y que aprovecha cualquier oportunidad para hacer todo tipo de comentarios en contra de las candidaturas de la oposición y, en contraste, es reservado con las cuestiones que no le favorecen, como el caso de Salgado Macedonio y demás candidaturas de impresentables.

Del otro lado está el INE aplicando la ley —paradójicamente, muchas leyes que fueron impulsadas por el obradorismo— y buscando evitar la intromisión del Ejecutivo en las elecciones, o que se presenten en la boleta candidatos y candidatas que no cumplieron con los requisitos. Hay que destacar que el INE no tiene ninguna facultad de emitir acuerdos o sanciones a discreción; el INE aplica los procedimientos sustentados por las leyes de la materia, mismas que son únicamente emitidas por el Congreso. Además, se enfrenta a las cargadas intimidatorias del partido en el poder y su séquito, que buscan deslegitimar al árbitro electoral precisamente en unas elecciones tan relevantes como las de este año.

En medio de ambos se encuentra un tristísimo Tribunal Electoral. El magistrado José Luis Vargas asumió la presidencia del Tribunal en noviembre del año pasado con una votación arreglada en privado. A Vargas, casi inmediatamente después de su nombramiento, se le abrieron carpetas de investigación en la Unidad de Inteligencia Financiera por operaciones con recursos de procedencia ilícita. Además, ha llevado al Tribunal varios casos que (muy sospechosamente) favorecen al Ejecutivo; tiene el caso de Pío López Obrador detenido sin justificación alguna; y emite comunicados oficiales con información distinta a lo votado en las sesiones, lo que le ha valido que el resto de los magistrados y magistradas que integran el Tribunal se hayan deslindado de sus acciones.

La existencia de organismos electorales administrativos y jurisdiccionales —como el INE y el Tribunal Electoral— es fundamental para el funcionamiento de una democracia que se dice consolidada. Históricamente, ambos órganos han llevado una relación de perros y gatos: han funcionado bien por momentos; han funcionado mal en otros, normalmente cuando está el Ejecutivo de por medio. La crisis en la que está sometido el Tribunal está a punto de tornarse insostenible, pues nos encontramos justo en medio de «las elecciones más grandes de la historia». La confrontación que el presidente acarrea en contra del INE no resultará en nada positivo para el país, aunque sí para su proyecto político.

Hoy será el primer día en que no se puedan tocar temas políticos en la mañanera; hay que estar pendientes a los posibles litigios que acaben en manos del Tribunal respecto a este tema y también a la resolución que tendrán que emitir sobre Salgado Macedonio.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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