#4 Tiempos
Pegasus vs. PANAUT | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO.
En días recientes, distintos medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil revelaron más información sobre uno de los tantos grandes escándalos de la administración de Enrique Peña Nieto. Se trata del tema de Pegasus —fabricado por NSO Group— y la red de espionaje montada por el gobierno federal, mediante la cual intervinieron las comunicaciones privadas de decenas de periodistas, activistas y políticos, tanto opositores como aliados.
La manera en que operaba Pegasus —porque ya no opera, ¿verdad?— era a través de un mensaje (SMS) llamativo y con un enlace a un sitio web falso. Dicho SMS estaba diseñado para que el destinatario se viera incitado a dar click en él y, una vez abierto el enlace, el teléfono móvil queda inmediatamente infectado por Pegasus. Así, el emisor del mensaje obtiene acceso a la cámara y micrófono del dispositivo móvil, como también a los mensajes enviados a través de aplicaciones de mensajería instantánea, contraseñas, historial de navegación y ubicación en tiempo real, entre otras cosas.
Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, informó la semana pasada que los primeros contratos de Pegasus alcanzan incluso al sexenio de Felipe Calderón, donde presuntamente pagaron cerca de 80 millones de dólares entre 2011 y 2012. Fue entonces con Peña Nieto en la presidencia que los contratos para la adquisición de Pegasus, firmados en 2014 por el exprocurador Jesús Murillo Karam, se volvieron mucho más significativos. Hasta ahora, existe evidencia de que la antigua PGR, la SEGOB, el CISEN, la SEDENA, la SEMAR, la SSP y hasta PEMEX firmaron contratos para adquirir este software de espionaje.
Sin embargo, distintas organizaciones como WikiLeaks o CitizenLab han documentado que en México no solo operaba Pegasus a través del gobierno federal, sino que los gobiernos de 14 estados del país también adquirieron programas de espionaje a distintos proveedores. En su mayoría, estas entidades justificaron la compra bajo el argumento de que su uso sería exclusivamente para tareas de seguridad pública; el Código Nacional de Procedimientos Penales prevé la facultad de las fiscalías de poseer y utilizar equipos de intervención de comunicaciones privadas, no sin que antes lo autorice un juez.
No es necesario que profundice en mencionar cuál fue el verdadero uso que se le dio a Pegasus y similares; es muy claro cuál fue su fin y su tratamiento. Sin embargo, vale la pena apuntar que el uso ilícito de estas herramientas de espionaje es violatorio, entre otros, del derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones privadas, del derecho a la privacidad, del derecho a la protección de nuestros datos personales y del derecho a la autodeterminación informativa.
Para este punto —y como el título de este texto lo advierte— las similitudes que guarda el escándalo de Pegasus con el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (PANAUT), impulsado y mayoriteado en las cámaras por Morena, son inquietantes. Primero, y más evidente, es el sistema de vigilancia masiva que ambos instrumentos configuran. Segundo, en que la justificación principal de ambos, según la versión oficial, es el combate a la delincuencia. Tercero, en que el uso de ambos instrumentos afecta de manera muy similar la esfera jurídica de las personas perjudicadas.
Recordemos que la creación del PANAUT implica obligar a todos los usuarios de telefonía móvil del país a proporcionar a su compañía telefónica sus datos biométricos (huellas digitales, iris u otros), nacionalidad, domicilio y el esquema de contratación de la línea (prepago o pospago). Si usted decide no entregar estos datos a la compañía telefónica, sencillamente se le cancelará la línea, o bien, quedará sin la posibilidad de acceder al servicio.
La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión prevé que las compañías de teléfono deberán colaborar con las instancias de seguridad para, de ser necesario, entregar el nombre y domicilio del usuario; el tipo de comunicación (llamada, buzón de voz, conferencia, mensajes, multimedia, etc.); origen y destino; fecha, hora y duración; modalidad del servicio (prepago o pospago); y localización geográfica en tiempo real de los equipos de comunicación. También, las compañías están obligadas a guardar esta información hasta por un plazo de 24 meses y, claro, a colaborar con inmediatez cuando se requiera compartir la localización de un equipo móvil, todo esto sin la orden de un juez. Nada más y nada menos.
Por si aún no siente desconfianza de que las instancias de seguridad tengan acceso a todos esos datos, o si considera que esa información por sí misma no es dramáticamente reveladora de nuestra privacidad, observe lo que esa información estudiada en su conjunto puede decir de alguien. Recientemente, la Universidad de Stanford condujo un estudio (https://bit.ly/2US0mPD) en donde analizaron, precisamente, todo lo que se puede inferir sobre una persona a partir de este tipo de datos.
Por ejemplo, encontraron que el “Participante B” llamó a varios cardiólogos de distintos hospitales reconocidos, habló con algunos laboratorios y farmacias, y se comunicó con un número de servicios de emergencias para pacientes que utilizan monitores cardiacos. También, encontraron que el “Participante C” llamó a varias tiendas especializadas en la venta de rifles semiautomáticos, y que tiempo después se comunicó con el servicio al cliente de un fabricante de este tipo de armas. Esta información fue luego corroborada con datos públicos —Facebook, por ejemplo— y confirmaron el padecimiento cardiaco de B y la posesión de un arma de fuego de C.
Durante su discusión en el Congreso de la Unión, legisladores y legisladoras oficialistas afirmaron que la justificación del PANAUT reside en la necesidad de brindar mayores herramientas a las instancias de seguridad pública en la lucha contra la delincuencia. Sin profundizar en cómo lograrían lo anterior, el Padrón fue aprobado y, así, lograron configurar un esquema de vigilancia que, más allá de decenas de periodistas, activistas y políticos, alcanzará a los más de 85 millones de usuarios de telefonía móvil del país.
Casi idénticos a los derechos violados por el uso de Pegasus, el PANAUT es violatorio de nuestro derecho a la protección de datos personales, del acceso a las telecomunicaciones, del derecho a la privacidad, del derecho a la autodeterminación informativa, entre otros. Como muchos de los proyectos de esta administración, la constitucionalidad del PANAUT ha sido ampliamente impugnada y está pendiente de ser resuelta por la Suprema Corte.
El Gobierno Federal debe asegurar que toda la información relativa a Pegasus sea pública y esté transparentada, además de que debe demostrar con pruebas que ese instrumento ya no se utiliza; no basta el mero dicho del presidente. Esperemos que las investigaciones conducidas por la Fiscalía y la UIF sí lleguen a buen puerto y concluyan con imputaciones serias a todos los responsables, que deben pagar por este tipo de acciones que no tienen cabida dentro de un Estado democrático. Aunque seguramente le estarán sacando provecho político a estas novedades de Pegasus en el marco de la consulta popular (que, hay que reiterarlo, no es para enjuiciar expresidentes), lo mejor será que este terrible escándalo de espionaje nos sirva para recordar que el Estado mexicano debe proteger nuestra privacidad y nuestros datos, no usarlos bajo esquemas opacos y discrecionales de vigilancia masiva e injustificada.

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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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