julio 28, 2021

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#4 Tiempos

Allende | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Allende es una ciudad pequeña perteneciente al estado de Coahuila. Está localizada en la región de “los 5 manantiales”, colinda al norte con Piedras Negras y se encuentra a unos 55 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Según el censo de este año, Allende tiene una población de un poco más de 20 mil habitantes. Han sido gobernados por el PRI desde 1939, salvo en un par de ocasiones que hubo alternancia con el PAN.

Allende es, también, uno de los lugares en donde se desenvolvió una masacre llevada a cabo por los Zetas en 2011, durante los tiempos más álgidos de la guerra contra el narco impulsada por Calderón. Fue una masacre que cobró cientos de vidas, aunque realmente no se conoce el número exacto. Los responsables materiales también destruyeron decenas de casas y saquearon otro tanto. El motivo, según han explicado las obras de periodismo de investigación que han recabado testimonios sobre el tema, se debió a que la Unidad de Investigaciones Sensibles de la Policía Federal filtró información a los Zetas. Acto seguido, este grupo criminal armó a los internos del penal de Piedras Negras —que funcionaba como su principal base de operaciones— y los sacó en decenas de camionetas para perpetrar estos terribles hechos.

Por si lo anterior no fuere lo suficientemente indignante, otra de las trágicas particularidades que tuvo esta masacre fue el silencio ensordecedor en torno al tema; nadie habló de estos hechos en años. Fue hasta que se comenzaron a publicar investigaciones periodísticas sobre la masacre que hubo unas cuantas personas que se enteraron de estos sucesos, sin embargo, el peor de los silencios vino por parte del Estado mexicano.

Ahora, esta historia adquirió gran notoriedad por la serie Somos, producida y estrenada por Netflix a finales de junio. En seis capítulos, Somos intenta contar historias de la vida cotidiana de las y los pobladores de Allende y desarrollarles a ellos, sus pobladores, como los personajes principales de la serie. No hay nadie que destaque en particular, el personaje principal es el pueblo de Allende. Sus escritores partieron de la premisa de contar una historia que no glorificara a los narcotraficantes —como se ha hecho costumbre en las series de este tipo—, sino que les muestra con la brutalidad y crueldad que les es propia. Si bien es cierto que la serie incurre en varias imprecisiones (Jacobo Dayán, docente e investigador experto en Derechos Humanos, las explica de manera muy clara y sucinta en: https://www.animalpolitico.com/nunca-mas/somos-varias-precisiones-serie-netflix/), una de las cosas que Somos hace muy bien es darle atención a un asunto que era del conocimiento de muy pocos. La serie llega a la discusión en un momento en donde con particular insistencia se habla del muy acotado derecho al acceso a la justicia y, sobre todo, del derecho a la verdad.

El derecho a la verdad, estrechamente ligado al derecho de acceso a la justicia y al derecho a la reparación integral del daño, consiste en el derecho que tienen las víctimas de crímenes y violaciones graves a conocer con certeza los hechos, los autores y las causas de dicho abuso. La titularidad de este derecho estuvo considerada en un principio para las víctimas que sobrevivieron a su crimen, pero también para los familiares de aquellas víctimas que no vivieron para exigirlo. El desarrollo teórico y práctico que se le ha dado en los tribunales ha extendido el alcance y la titularidad de este derecho a la sociedad en su conjunto, pues hay crímenes de tal magnitud que representan una ofensa grave para todas y todos los individuos que la integran. La garantía de este derecho se obtiene mediante mecanismos eficaces e imparciales de investigación por parte de órganos del Estado, en donde esté siempre asegurado el derecho que tienen las víctimas y sus familiares a participar en dichos procesos de búsqueda de certezas. La verdad, entonces, deberá de ser construida y analizada de tal manera que esos hechos se entiendan como aislados o como parte de un contexto político, histórico, jurídico y social, en donde las causas deben ser atendidas en su conjunto para garantizar la no repetición de esos sucesos.

Las sociedades no pueden caminar con firmeza si no conocen su historia. La verdad es la tinta indeleble con que la colectividad escribe la historia que les da identidad y rumbo. Para ser legítima, la historia de la colectividad tendrá que ser, invariablemente, aceptada y reconocida por todos y todas; no solamente por quienes la cuentan desde la opacidad del poder. La exigencia de conocer la verdad en este país es de tal magnitud que se percibe como una deuda histórica distinta a las demás. Somos nos recuerda con mucha lucidez que la violencia y brutalidad de unos, y la incompetencia y omisiones de otros, no pueden seguir normalizándose como lo cotidiano y, por ende, como lo verdadero en la historia que nos contamos a nosotros mismos. Con todo, tampoco debemos aceptar que nuestras fuentes de memoria sean producciones de televisión aisladas y contadas desde la perspectiva del director o directora. Mucho menos podemos aceptar que desde el poder afirmen que “esas cosas ya no pasan” y que “ya no hay masacres”. ¿Cuántos otros Allendes han sucedido y no conocemos? ¿Cuántos otros Allendes nunca conoceremos?

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#4 Tiempos

Del poder a la precariedad; Antorcha en la inopia | Columna de Felipe Donato

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DE CHILE, DULCE Y MANTECA.

 

Una máxima popular en política señala que se puede engañar a parte de la población todo el tiempo o se puede engañar a todo el pueblo una parte del tiempo; pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo.

Sin duda nadie sabe mejor la veracidad de la frase que los dirigentes de ese engendro mal llamado Antorcha Campesina.

Mire usted si no. A la organización de la flamita al viento no le fue nada bien en el proceso electoral de este pasado 6 de junio: Antorcha Campesina perdió en Salinas, Villa de Ramos, Mexquitic, Charcas, Villa de Arriaga y Villa Hidalgo.

También se quedaron sin la diputación del cuarto distrito y hasta le dijeron no a la reelección de su líder estatal, el pobre entre los pobres, el cuasi frugal franciscano, Lenin Campos Córdova.

Menos posiciones de poder, significa en los hechos menos acceso a recursos públicos y eso es precisamente lo que más le preocupa a la cúpula antorchista. ¿De qué va a vivir esta “pobre” gente?, se pregunta uno, que está aquí nada más de morboso espectador.

La respuesta no tardó en llegar y la propuesta de la dirigencia es que retomarán la estrategia de enviar a la gente a botear, es decir, en palabras francas y llanas, mandarán a su militancia a pedir limosna. Todo para seguir sosteniendo a la organización, es decir para que los dirigentes puedan conservar su alto nivel de vida.

Y es que mire usted, ¿cómo podrían los líderes seguir luchando por los pobres a través de la gestión de recursos con la panza vacía?, ¿cómo presentarse ante los desarrapados estando mal vestido?, ¿cómo llegar a las comunidades más apartadas en humildes carcachitas?

El reto es grande y por ello a los activistas les comunicaron que van a tener que dar una aportación “voluntaria” de entre mil 800 y 3 mil pesos de manera mensual para este mismo fin. Tal cantidad la deben reunir realizando diferentes actividades, entre ellas la ya mencionada de andar boteando en diferentes lugares.

Esto ha ocasionado claramente enojo entre los más fieles seguidores de la organización y es que les mencionan sus líderes que es hora de regresarle a la organización un poco de lo que Antorcha les ha dado. Es un pequeño sacrificio, les reiteran y reiteran sus preclaros dirigentes.

Quienes han recibido un bulto de cemento, una lámina, o algunos blocks mencionan que el cinismo de estos señores es muy grande, pues quienes al final lo que se han beneficiado de la gente son ellos.

No necesitan ir muy lejos para comprobarlo. Es evidente que de no tener nada, hoy los dirigentes antorchistas ya son dueños de autos de lujo, casas y tienen dinero en sus cuentas bancarias.

Aparte saben que quienes van a tener que andar de pedigüeños, de francos limosneros, son los de siempre, los de abajo, los líderes a gusto se dedicarán simplemente a verlos y a esperar para extender la mano para recibir las aportaciones “voluntarias”.

No debe ignorar la cúpula antorchista que la paciencia de la población tiene un límite y que cada vez resulta menos creíble la perorata de su dirigente el soporífero Aquiles Córdoba Morán.

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#4 Tiempos

Un potosino fue el primer mexicano que voló | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Los esfuerzos pioneros, en lo que se refiere al diseño y construcción de máquinas voladoras, le corresponde a Latinoamérica. Por supuesto, estos esfuerzos son desconocidos, y si llegan a plantearse parecerían, para la mayoría de quienes las escuchan o leen, simplemente historias fantasiosas. De esta forma personajes como el sacerdote brasileño Bartolomeu de Gusmão, o el peruano Pedro Paulet Mostajo son unos perfectos desconocidos junto con sus contribuciones. Ya trataremos sus aportaciones en otra ocasión.

Pero no vayamos muy lejos, San Luis Potosí, ha sido uno de los protagonistas en el país, no solo por lo de Cabo Tuna, sino una serie de acontecimientos sucedidos desde el siglo XIX, que merecen que se le designe, como ya está sucediendo, cuna de la experimentación espacial en México. Uno de esos acontecimientos, realizado por el potosino Juan María Balboltin Vargas oriundo de la entonces Villa de los Armadillo, es el que sería el primer experimento en el país relacionado con diseño y construcción de máquinas voladoras y que sucediera en el año 1840.

El espíritu inquieto de Balbontin, lo llevó a planear experimentos con globos aerostáticos, y se marcó una meta: lograr convertirse en el primer aeronauta mexicano, en el sentido estricto de la palabra, donde implicaba diseñar y construir su propio aerostato. 

Poco se habla de nuestro personaje que a todas luces realizara el primer experimento en el país, tratando de hacer volar, no sólo un globo aerostático, sino una máquina más pesada que el aire. Experimento que fuera realizado en el centro de la ciudad de San Luis Potosí en 1840.

En este marco Balbontin apuraba sus preparativos que había estado realizando hacia varios años y no sólo planeaba sino anunciaba la realización de su experimento con globo aerostático para el 16 de septiembre de 1839 en el marco de las fiestas por la independencia de México, mismas que intentaría realizar en San Luis Potosí. Llegado ese día se lanzaron algunos globos como número solemne y uno de ellos, el más grande, iba provisto de un muñeco. Este globo con seguridad, sería el globo diseñado y preparado por Balbontin aunque en su lugar el muñeco ocupaba su lugar. Lo más seguro es que Balbontin se preparaba, no sólo para emprender el vuelo sino lograr que la ascensión pudiera ser dirigida y controlada a voluntad y no sólo una ascensión aerostática, para lo cual se enfocó en preparar una máquina voladora más pesada que el aire. Un ingrediente más adelante en las ambiciones de Balbontin y por lo mismo una aportación extraordinaria, no realizada nunca antes en el mundo entero.

En 1839 el profesor Juan María Balbontín junto con Mariano Gordoa comenzaron a experimentar y construir artefactos más pesados que el aire con los que pretendían elevarse por los aires, obtuvieron el permiso del gobierno del estado y realizaron sus experimentos en el actual centro histórico de la ciudad. En 1840 Balbontin y Gordoa tenían todo preparado para probar su máquina que era más que un simple globo aerostático, de la azotea de la casa que en la actualidad es ocupada por el Casino Español, en la calle de cinco de mayo; daban sus primeros aletazos y se lanzaban al vacío, cuyo piso estaba provisto de paja que el gobernador, quien había dado el permiso, mandó instalar ante la incomodidad de los prospectos a aeronautas, cuya capacidad se ponía en duda con semejante acción. Que de algo sirvió pues a los pocos aleteos del par de potosinos en pocos segundos estaban en descenso cayendo en el piso empajado. Los accidentes estuvieron presentes y se les retiró el permiso para volar sus aparatos, pero no segaron en continuar con sus experimentos que realizaron con gran entusiasmo.

No creemos que haya sido un rotundo fracaso como suele afirmarse, fue un experimento que permitiría rediseñar su aparato y tratar de lograr su objetivo contribuyendo al desarrollo aéreo en el país. Pero no se les permitió seguir con su empeño. Como quiera queda registrado como el primer experimento con máquinas voladoras tripuladas en el país, y de lo cual los potosinos debemos estar orgullosos. El experimento de Balbontin y Gordoa, aunado a los experimentos de comunicación inalámbrica realizados por Estrada en los ochenta decimonónicos, de radiación cósmica por Gustavo del Castillo, la construcción de aviones en 1930 y el diseño y lanzamiento de cohetes en Cabo Tuna, sitúan a San Luis Potosí como cuna de la experimentación espacial en México.

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#4 Tiempos

La realidad de las mujeres trans #JusticiaParaFabiola | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Discriminación, exclusión, violencia física, violencia psicológica, violencia institucional, invisibilidad y violencia a su dignidad, son algunas de las realidades que viven las mujeres transgénero no solo en San Luis Potosí, sino en todo México, pero eso solo es la punta del iceberg, pues gracias a lo anterior la seguridad de estas personas pende de un hilo, pues no es una prioridad ni de la sociedad ni de las autoridades.

Durante la madrugada del miércoles pasado, Fabiola, una mujer transgénero, fue reportada sin vida luego de haber sufrido diversas lesiones con arma blanca en su estética de la calle Perla, cerca de la avenida Industrias, hasta el momento no hay detenidos, solo se adelantó que el transfeminicida puede ser una persona cercana a ella.

Luego de esto, el viernes activistas LGBT+ de San Luis Potosí realizaron una marcha para exigir justicia, al concluir ingresaron a las instalaciones de la Fiscalía y colocaron una manta en las escaleras principales con la foto de la víctima, junto con veladoras encendidas, para expresar su malestar ante este el manejo que se le ha dado al caso.

La muerte de Fabiola resulta ser el reflejo de un país y de un estado donde la discriminación y la violencia se han normalizado a tal grado que la sociedad no la detecta.

Aunque se han logrado muchos avances en materia de derechos humanos, aún no se han conseguido las garantías que evitarían la pérdida de vidas como la de Fabiola.

No hay ni siquiera en nuestro país un registro oficial de transfeminicidios, lo que demuestra la falta de interés institucional en mitigar esa violencia.

No hay nada que devuelva la vida de esta mujer que se encontraba en su negocio cuando alguien decidió matarla por ello, su muerte no deber en vano y debe servir como un motor social para evitar que casos así sigan ocurriendo y, sobre todo, las autoridades se tienen que asegurar de que haya #JusticiaParaFabiola.

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Opinión