agosto 19, 2022

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#4 Tiempos

La realidad de las mujeres trans #JusticiaParaFabiola | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Discriminación, exclusión, violencia física, violencia psicológica, violencia institucional, invisibilidad y violencia a su dignidad, son algunas de las realidades que viven las mujeres transgénero no solo en San Luis Potosí, sino en todo México, pero eso solo es la punta del iceberg, pues gracias a lo anterior la seguridad de estas personas pende de un hilo, pues no es una prioridad ni de la sociedad ni de las autoridades.

Durante la madrugada del miércoles pasado, Fabiola, una mujer transgénero, fue reportada sin vida luego de haber sufrido diversas lesiones con arma blanca en su estética de la calle Perla, cerca de la avenida Industrias, hasta el momento no hay detenidos, solo se adelantó que el transfeminicida puede ser una persona cercana a ella.

Luego de esto, el viernes activistas LGBT+ de San Luis Potosí realizaron una marcha para exigir justicia, al concluir ingresaron a las instalaciones de la Fiscalía y colocaron una manta en las escaleras principales con la foto de la víctima, junto con veladoras encendidas, para expresar su malestar ante este el manejo que se le ha dado al caso.

La muerte de Fabiola resulta ser el reflejo de un país y de un estado donde la discriminación y la violencia se han normalizado a tal grado que la sociedad no la detecta.

Aunque se han logrado muchos avances en materia de derechos humanos, aún no se han conseguido las garantías que evitarían la pérdida de vidas como la de Fabiola.

No hay ni siquiera en nuestro país un registro oficial de transfeminicidios, lo que demuestra la falta de interés institucional en mitigar esa violencia.

No hay nada que devuelva la vida de esta mujer que se encontraba en su negocio cuando alguien decidió matarla por ello, su muerte no deber en vano y debe servir como un motor social para evitar que casos así sigan ocurriendo y, sobre todo, las autoridades se tienen que asegurar de que haya #JusticiaParaFabiola.

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#4 Tiempos

La ignorancia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

«Nos conocemos tan poco –decía Pascal (1623-1662), el genio francés- que muchos piensan que van a morir cuando se encuentran bien, mientras que otros piensan sentirse bien cuando están cerca de la muerte, sin sentir próxima la fiebre o el absceso que acaba de formarse».

Es verdad, los humanos nos conocemos poco y mal. El hombre que hace unos meses parecía morirse, hoy anda en la calle quitadísimo de la pena y, sonriente, nos saluda al pasar agitando la mano; en cambio aquel que se veía tan sano, tan fuerte que lo creíamos de hierro, ya no está: un día fue a hacerse un chequeo de rutina a un hospital y de éste ya no salió sino escoltado por cuatro empleados vestidos con el uniforme de una conocida agencia funeraria. Nosotros creíamos que aquél pobre viejo se moriría pronto: llevaba ya dos infartos y además era diabético. Pues bien, no sólo no se ha muerto, sino que ha contraído nuevas nupcias tras enterrar a su mujer, una señora fuerte, ágil y saludable.

-Siempre creíamos que quien se moriría primero era él –gimen las hijas al referirse a este viejo que parece haber nacido por segunda vez-. Y, sin embargo, ya ve usted…

Claro, ya lo veo.

Nos conocemos poco, nos conocemos mal. En realidad, no sabemos nada de nada.

¿Creíamos, por ejemplo, que este ser nos estimaba, que ocupábamos un lugar importante en su corazón? Pues bien, a la hora de la verdad demostró querernos más aquel otro del que ni siquiera nos fiábamos, con el que no teníamos atenciones y que nos era, para decirlo ya, indiferente. Del primero esperábamos atención, palabras de aliento y compañía: pues bien, nada de esto llegó, nada de esto nos dio. Y si hubo finalmente atención, palabras de aliento y compañía, fue gracias al segundo, un personaje que nos parecía antipático y del que nunca habríamos esperado ni siquiera el obligado saludo de los buenos días. ¿Qué quiere usted? La vida es así.

Hace unos años presenté públicamente un cierto libro mío que acababa de ser publicado en Madrid. El acontecimiento –al menos para mí- no era de poca monta y esperaba que aquella noche estuvieran conmigo todos y cada uno de mis amigos más queridos. Por lo demás, ¿no era justo que si en la dedicatoria del libro aparecían sus nombres por lo menos también aparecieran sus personas en el salón? Pues bien, no aparecieron, o por lo menos no todos. Yo esperaba que aquella noche estuvieran conmigo éste, aquél y el de más allá. Pero uno por uno se disculparon pocas horas antes diciendo que les era imposible acompañarme, que los disculpara, que ya asistirían en otra ocasión, y otros, la mayor parte, ni siquiera se tomaron el trabajo de hacerme saber que existían. En cambio, muchos que no recibieron invitación alguna, que se enteraron del evento por el periódico o por boca de algún conocido suyo, esos sí que asistieron: se pusieron su mejor traje, su mejor corbata y aparecieron allí, mostrándome una sonrisa llena de simpatía. Sabían lo que ese acto significaba para mí y se dijeron: «Lo acompañaremos, estaremos con él. No importa que no nos haya hablado para invitarnos. Acaso no pudo hacerlo. Siempre que organiza uno algo como esto, corre el riesgo de olvidar algún detalle». En este caso, mi olvido los afectaba  a ellos, pero no les importó.

Al ver a tantas personas en la sala, tan fieles a alguien tan infiel y olvidadizo como yo, mis ojos casi se arrasaron de lágrimas. Con su presencia desinteresada y silenciosa me estaban demostrando un cariño que yo no había tenido nunca para con ellos.

¡Y de cuántos ejemplos como éste no está llena nuestra vida! ¡Nosotros esperábamos que tal persona nos echara una mano, que nos ayudara a salir del paso, pero resulta que quien finalmente se hizo presente y nos ayudó fue otra persona muy distinta y, hasta hace poco, también muy distante! En un momento de apuro financiero, creímos poder contar con este amigo que, sin embargo, cuando fuimos a verlo, nos despachó como habíamos venido, no sin decirnos antes que también él andaba pasando por serios apuros financieros. En cambio, quien sacó la cartera y nos tendió la suma que necesitábamos fue uno que ni siquiera figuraba en el elenco de nuestras amistades.

Quien se detiene al socorrer al hombre herido en la parábola de Jesús, ¿no es un samaritano, es decir, un enemigo? En realidad, no sabemos qué pocos nos aman los que dicen amarnos, ni cuánto nos aprecian quienes parecen odiarnos.

Una mujer que acababa de perder a su esposo, encontró en uno de los cajones del escritorio del recién fallecido una carta singular, una carta de amor. ¿Dirigida a ella? No, a otra mujer con la que empezaba a salir. La esposa lloraba: «Nunca hubiera creído que mi marido me engañara de esta forma. Si no hubiera encontrado esta carta, lo lloraría de todas formas, sí, pero ahora estoy inconsolable. Él no me quería».

«No –le respondí-. Nadie sabe nada. No puede usted juzgar. Acaso él la quería más que a nada en el mundo. Esto no puede usted saberlo. ¿Cómo juzgar los sentimientos de un hombre que ya no puede defenderse o explicarse?».

No sé si consolaría con estas palabras a aquella mujer. Pero así como lo dije lo creo: sólo Dios sabe. Sólo él, que conoce los corazones y sabe mejor que cualquier cardiólogo la intensidad de sus latidos, está en grado de decir para quiénes somos realmente importantes, y para quiénes no.

Por lo que a nosotros toca –puesto que nada sabemos-, no nos queda sino una sola cosa: extremar nuestras atenciones para con los cercanos, y con los lejanos extremarlas más. No sabemos si serán éstos más que aquéllos, a final de cuentas, quienes en el momento de la prueba se harán presentes, tenderán su mano y nos darán aquello que tanto necesitábamos. No, nada de esto sabemos; después de todo, casi siempre ocurre así…

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#4 Tiempos

La primera física mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

La carrera de física en México iniciaba en 1938 al crearse la Facultad de Ciencias de la UNAM; justo ese año el 22 de marzo nacía Veracruz Alejandra Jaidar Matalobos que con los años se convertiría en la primera física mexicana, al obtener su título en la UNAM en 1961. La Facultad de Ciencias de la UNAM que integraba tanto la carrera de física como la de matemáticas ya había visto titularse a mujeres en su seno en el área de las matemáticas, pero en física eso no sucedería sino hasta 1961 cuando Alejandra Jaidar defendió su trabajo de tesis titulado: Determinación de las energías de excitación de los núcleos ligeros y los primeros intermedios a través de reacciones (D,P) y (D, alfa).

El caso de Alejandra Jaidar, en cuanto a su preparación académica preuniversitaria fue diferente al de sus compañeras matemáticas quienes debieron realizar estudios de formación paralelos al bachillerato, como las carreras de oficios o de magisterio a que las empujaba el hostil medio para la formación de las mujeres, como hemos relatado en esta sección en el caso de las primeras matemáticas mexicanas. Alejandra Jaidar ingresaría a la edad de 17 años una vez terminados sus estudios de bachillerato, esto le garantizaba el poder obtener su título de físico a los 23 años. Sin dejar de lado los aún presentes obstáculos familiares y sociales que enfrentaban las mujeres para acceder a estudios profesionales y en especial en carreras de corte científico. A los tres días siguientes se titularía María Esther Ortiz Salazar, de quien hemos tratado también en esta sección y, que sería su inseparable compañera de estudios desde la secundaria.

Infructuoso fue el esfuerzo que hiciera Alejandra para que le pusieran a su título universitario el nombre de física, así que su título apareció con la frase donde indica que la UNAM otorgaba el título de físico a Alejandra Jaidar Matalobos. En la actualidad la UNAM ya distingue el género en su título y mucho se debe al empeño que pusiera Alejandra Jaidar en que se le reconociera como física.

Continuó sus estudios de posgrado en la propia UNAM, sin concluirlos, en física nuclear experimental, extendiendo su formación en estancias y colaboraciones en el Laboratorio Chadwick en Liverpool, Inglaterra y con la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, aprovechando el apoyo de su esposo el físico Edmundo de Alba. De esta manera se interesó en aplicar las técnicas experimentales en física nuclear para usarla en aplicaciones en otras áreas como fueron sus trabajos en el análisis elemental de piezas arqueológicas de porcelana y obsidiana por medio de técnicas PIXE (Particle-Induced X-ray Emission) y HEHIXE (High Energy Heavy Ion Induced X-Ray Emission).

Participó como catedrática e investigadora en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM a partir de 1963 y fue investigadora del Instituto de Física de la UNAM encargándose de la jefatura del Departamento de Aceleradores del Instituto de Física.

Entre su trabajo profesional Alejandra Jaidar se interesó en difundir la ciencia en México, lo que la llevó a convertirse en una de las pioneras en el campo de la divulgación de la ciencia en México en la época moderna. En esta área su contribución fue muy importante destacando la formación de la colección del Fondo de Cultura Económica “ la Ciencia desde México”, ahora llamada “La Ciencia para Todos” al abrir la participación a creadores de ciencia de otros países de habla española y portuguesa. Participó en la fundación de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICyT) y en su honor la propia sociedad ha implantado el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia que lleva el nombre de Alejandra Jaidar, como reconocimiento a su labor en pro de la divulgación de la ciencia en México. Premio que tuve el honor de recibir en el 2010 y que me fue entregado en el auditorio del Instituto de Física que también lleva el nombre de Alejandra Jaidar.

Alejandra Jaidar murió a la edad de cincuenta años en 1988. Alejandra Jaidar no solo sería la primera física mexicana que contribuiría demás al desarrollo de la investigación en física nuclear en el país, sino sería la primera mujer que abriría el campo profesional en el área de la divulgación científica en México, alternando su trabajo de investigación con el de la creación en diversos proyectos de divulgación.

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#4 Tiempos

Se acabó el romance | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Sí, los clásicos transforman equipos, para bien y para mal. A veces un clásico te puede salvar una temporada, en otras ocasiones derrumbarla.

Se acabó el romance de Jardine con su afición, increíbles resultados los 5 empates y una victoria, increíble tener 3 derrotas en el Lastras, y lo peor, empatar contra uno de los peores equipos en la historia de Querétaro.

La crisis de empates que ya habíamos resaltado semanas atrás, sigue aumentando, la falta de gol ya es desesperante y el riesgo de la multa vuelve a aparecer allá en la presa.

A título personal, sigo sin entender qué hace Vitinho, un jugador que solo sabe conducir para después regalar la pelota, Abel simplemente no llega al balón y Murillo parece contagiado con la malaria del mal juego que persigue al San Luis.

No, Jardine, no puedes perder así los puntos, no puedes echarte para atrás en un clásico, no puedes pensar que el cronómetro será nuestro aliado.

Y esos jugadores, ¿se les ha olvidado cómo jugar? ¿Cómo conectarse? Se cometen errores ridículos, pases no concretados, remates desviados, traslados sin sentido, coberturas sin idea, en fin, parece otro equipo el que vemos hoy

.

Empatar así (en el último minuto) es imperdonable, pero hacerlo contra Querétaro es la peor vergüenza, y no solo eso, es el peor equipo gallo en años. Vergüenza es lo único que se les pide, vergüenza y humildad deportiva para que se pongan a jugar como cada uno de los elementos sabe, queda claro que pueden dar más, mucho más.

La peor noticia es que sigue Pumas, un equipo que en nombre parece muy fuerte y, aunque también llega con una crisis de empates, al menos visita el Lastras, ese estadio donde regalan 3 puntos como cortesía.

En fin, el enojo es evidente, y la afición castigará al equipo. Queda trabajar, esperar y que en una semana se exija el triunfo. Si no, lo mejor para todos, será ir pensando en bajarnos de esa desinflada Jardineta.

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Opinión