#4 Tiempos
Ese día cualquiera que Wozniak visitó San Luis | Crónica de Jorge Saldaña
TERCERA LLAMADA.
“Es como decir que conociste a Pasteur, a DaVinci, o a…o a Madame Curie”, aporta con atino y visión de género a la conversación la señora Lorena Valle, esposa del gobernador Juan Manuel Carreras, iniciador y propietario de la breve, compacta e improvisada charla que se suscitó tras despedir el mandatario a Stephen Gary Wozniak, desde ayer visitante distinguido del Estado e invitado de gala en la clausura del Foro trilateral Nasco 2021 del que fue anfitrión San Luis Potosí.
“Hasta hace pocos años pensar en una máquina que hiciera millones de cálculos en milésimas de segundos era algo que solo podría atribuirse a un asunto de magia, de Ciencia Ficción, pero hoy en día resulta de lo más cotidiano”, le soltó el mandatario en su discurso al invitado unos minutos antes de entregarle la distinción.
Contundente el golpe de verdad en las palabras del gobernador anfitrión, cuando solo hacía falta voltear para notar que tanto la conferencia, como el momento protocolario, estaban siendo registrados por docenas de iPhones y iPads en manos de más de un centenar de asistentes presenciales y miles que lo hicieron a distancia en una transmisión en vivo, ambas circunstancias impensables sin la tecnología que el ingeniero expositor nacido en San José California, pero auto-declarado “ciudadano del mundo” creó hace apenas cuatro décadas.
Los videos que se reprodujeron durante la sesión y el circuito cerrado de cobertura, también fueron controlados por al menos cinco equipos con el logo de la manzana mordida.
Las tarjetas madre de cada dispositivo trabajando para su padre.
Woz, como en la mayoría de las imágenes que se encuentran en la red, vistió de negro en pantalón, playera tipo polo y saco, no hubo calcetines entre sus sandalias Náutica y sus pies, ningún accesorio extra a un iWatch en su mano izquierda, una peculiar sonrisa bonachona y la canibarba en el sótano del rostro de un genio de talla global que visitó por primera vez tierras potosinas.
Como interlocutor de Wozniak, fungió uno de esos “si-y-ou” de trayectoria rimbombante y que actualmente se desempeña como uno de los capitanes de la empresa Siemmens.
Las preguntas fueron escasas y de poca profundidad por no decir frívolas en ocasiones, no obstante Rok Roky Racoon (así se registró en la Universidad de Colorado Boulder de donde fue expulsado) aprovechaba cada pie del interlocutor para plantear su propia narrativa.
En la pista de lo ligero, derrumbó mitos de la película biográfica de su socio y tocayo Steve titulada “Jobs”, como ese muy conocido de que iniciaron Apple Computers Inc en una cochera. En realidad no fue así y hubo al menos una década de trabajo previo y muchas otras circunstancias y personajes alrededor de la construcción de un imperio corporativo que, de ser país, sería la octava economía del mundo y contaría con 2 mil 400 billones de dólares (2 mil 400 y 9 ceros más).
Anécdotas de su familia, de su esposa, del dinero para escuelas en Cupertino, del googleo sobre el lago Tahoe, la idea de la aplicación Siri, su aparición en “Dancing with the stars” o su cameo en la serie “The Big Bang Theory” (que reconoce no haber visto antes de participar en las mismas), referencias a Elon Musk, a Tesla y la comparativa recurrente de tener la pasión de crear por crear, crear para sí mismo, crear para hacer un mundo mejor sin tener como objetivo impulsor las ganancias y el beneficio.
En un terreno más profundo, el ingeniero apasionado por la matemática y la enseñanza (tiene una fundación educativa global) aseguró a los potosinos que la vida se trata sobre la felicidad, sobre ser honestos consigo mismos, aconseja ser respetuoso de las habilidades de los demás, y asume que la creación auténtica, la que transforma, proviene de la búsqueda de las propias respuestas y no de la aceptación de las que ya existen.
De acuerdo a la visión del también filántropo, acudir a la universidad y responder un examen con las mismas preguntas y con las mismas respuestas, genera individuos con exactamente los mismos conocimientos. “Puede ser buena, pero tiene sus limitaciones” No hay un pensamiento autónomo u auténtico, sino la repetición y acaso la circulación del mismo. Por eso el “Think Different” por eso el pensar “Out of the box”.
Es asunto de prioridades y ninguna opción es por sí misma negativa –atajó- pero no se forman “inventores” en la universidad y es una disyuntiva primordial para las nuevas generaciones pensar en la inversión de obtener un título de profesional o con ese recurso aventurarse en una “StartUp”. Es cuestión de actitud y de prioridades, aconsejó.
-“Amar todo alrededor de tu vida”.
-“La pasión es más importante que el conocimiento”.
-“La pasión es la razón con la sonrisa”.
-“Hay que lanzarse al océano, solo hay dos opciones: o nadas o te ahogas”.
-“El Bitcoin es el oro digital”.
-“Se transforma con la actitud”.
Fueron algunas de sus frases, que me atrevo a marcar como cita textual aunque pueden variar por la traducción de quien esto escribe (La traducción simultanea con la que se contó en el evento tampoco era muy precisa).
Entre semejantes decretos, consejos y experiencias en voz de quien es considerado un genio, “Inteligencia es una palabra graciosa… hay que definir la inteligencia” destacó del resto y provocó un “gasp” o momento de jalar aliento para repensar lo escuchado entre la audiencia.
Simpático, bromista, cómodo, sin pose de diva ni de profeta con la verdad facturada, Wozniak de acuerdo tanto a lo dicho por sí mismo, como a algunas advertencias de sus representantes dadas a conocer previamente a los organizadores, es también un hombre introvertido, que se siente incómodo con las relaciones interpersonales, que odia el SPAM y a los “fans” que llegan a interrumpirle en su vida cotidiana. Es un Rockstar que no disfruta serlo.
Aun así, lanzó la carnada más usada de los famosos: “San Luis es el mejor lugar de México, y si quisiera vivir en este país (al que reconoce mucho más desarrollado y menos pobre que hace 20 años) escogería a “Saint Loois Potósi (así con el acento en la “o”) porque ahora es mi favorito”. Llegaron los aplausos.
Las advertencias sobre la interacción personal tomaron forma al no haber oportunidad de verdadera comunicación, cero “feedback”, no hay sesión de preguntas ni con la audiencia física y mucho menos la virtual. El invitado jamás bajó del templete de metro y medio que sostenía el escenario conformado por tres pantallas gigantes, a la derecha un discreto “set” de dos sillones elegantes donde se sostuvo la charla y una pequeña mesa central.
Aplausos. “Bye” desde lejos. Algunas palabras de Tiffany Melvin, presidenta de la North American Strategy for Competitiveness. ¿Ella cerró el evento? ¿Ya se acabó? ¿Se retira Wozniak?
Huele a una rápida despedida. Un impertinente de la segunda fila saca una carpeta tamaño carta abierta de par en par en la que a manera de cartel, se lee algo escrito con una letra espantosa:
-Steve, can you please sign my 1986 Aple II?
El genio de Cupertino entrecierra los ojos para alcanzar a leer la improvisada pancarta, la presidenta de Nasco, con visión más afinada, se acomide a hacerlo y se lo transmite. Woz hace un ademán con ambas manos que se interpreta como un ¿Y en dónde está?
A la Apple II se refirió en repetidas ocasiones durante su conferencia. Es la primer computadora personal con teclado, monitor y una unidad de disco “flopy”, que se vendió por más años que ningún modelo, el verdadero producto que hizo sólida en ese momento a la compañía de la manzana y de la que, se nota, Wozniak está verdaderamente orgulloso por la pasión con la que se refirió a la misma.
De inmediato el imprudente volteó de lado la carpeta-pancarta, en la que decía:
-In the trunk of my car.
Wozniak sonrió al detalle de tener por adelantado la respuesta sobre la ubicación de la nostálgica y beige computadora que “todos tuvimos” (según Steve Wozniak) entre 1983 y finales de 1994 y pidió con la mano al imprudente acercarse.
No, no iba a salir Steve a firmar una computadora al estacionamiento, pero accedió a firmar un par de dispositivos de colección que el imprudente llevaba en mano. Aplausos nuevamente al generoso gesto del que dio cuenta la audiencia.
Una docena de personas siguieron el ejemplo del imprudente solicitador de autógrafos para computadoras y lo mismo acercaron iPhones que iPads que servilletas o papeles. Era comprensible, volver a estar a centímetros de un pionero de ese calado seguramente no será un asunto con muchas posibilidades de repetirse.
No a todos dijo que sí, ni tampoco firmó cualquier cosa. Asunto de marcas, de derechos, de tiempos, de dispositivos o meros cuidados de su firma, solo el lo sabe.
El imprudente guardé muy bien mis nuevos coleccionables favoritos marcados ya con los trazos de su creador.
Foto rápida con los organizadores, los titulares de Desarrollo Económico de otros estados, el gobernador de éste, el Director de Desarrollo Económico potosino, Gustavo Puente Orozco, y no más. Adiós Steve, su vehículo lo esperaba para partir de inmediato a su aeronave. Adiós Saint Looois Potósi.
El evento con el lema “Stronger Together” fue un éxito y no solamente por Wozniak (que le dio muchísimo realce) sino también por la “Coompetive” una mezcla entre cooperación y competencia que resultó de tres días de agenda y de relaciones de negocios entre tres países aliados reunidos en el valle del Tangamanga.
Los VIP subieron la escalera eléctrica del Centro de Convenciones donde los esperaba una comida de clausura. El resto bajamos la escalinata de piedra para retirarnos del sitio.
En medio de ambas gradas, las que subían y bajaban, se quedaba el sabor de un San Luis próspero, privilegiado geográficamente, con potencial no solamente automotriz o manufacturero, vocaciones de ciudad en puerta, grandes esperanzas, riqueza en recursos humanos y vaporoso de bondades por donde se le vea. Caray, tenemos todo.
Afuera, a pocos minutos y cuadras del punto de reunión de tres países por la competitividad, en una calle cualquiera, están dos niñas menores de 10 años trabajando. La más pequeña pasa un traste de plástico a los conductores detenidos en el semáforo para pedirles alguna moneda. La más grande toca en su acordeón una canción tristísima.
Trabajan juntas y seguramente se reparten las monedas, ellas también son “Stronger Together”.
La canción tristísima no cabe en los 250 gigas de mi Mac. El recuerdo del día que Wozniak visitó San Luis quedó guardado en el limitado disco duro de mi memoria y entre tanto, mi lento procesador se queda congelado en una pregunta:
¿Cómo salir de la caja cuando duermes en cartón?
(¿Le pregunto a Siri?)
@jfsh007
#4 Tiempos
Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.
Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.
-¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.
Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.
¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.
Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:
«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».
Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.
Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:
«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame . Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).
Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.
Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.
También lee: ¡CÁLLATE! | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.
Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.
Y entonces llega otra final.
Tigres contra Toluca.
México contra México.
Otra vez.
La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.
Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.
Y no es casualidad.
Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.
Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.
León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.
Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.
Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.
Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.
Ese es el tamaño del dominio.
Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.
Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.
Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.
Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón. Y eso cambia todo.
Porque esta final no se siente improvisada.
Se siente lógica.
Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.
Y esa diferencia mental pesa demasiado.
Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:
La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.
Otra vez.
Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.
Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.
Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.
Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.
Con un club mexicano levantando la copa.
Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.
También lee: Otra vez | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.
El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.
Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.
Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.
Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.
El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:
“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.
Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.
Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.
También lee: Entre la comunicación y la política, Matilde Cabrera Ipiña | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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