agosto 3, 2026

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#4 Tiempos

Obsolescencia | Columna de Juan Jesús Priego

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Todavía hasta hace poco, una de las virtudes más cotizadas tanto en el campo de las relaciones humanas como en casi todos los demás campos era la virtud de la duración. Una amistad, como un par de zapatos, debía perdurar, y entre más durase, más buena era. La fidelidad, es decir, la resistencia al cambio, era entonces la regla con que se medía la calidad moral de las personas: fidelidad al compañero o a la compañera, al amigo o a la amiga, y hasta a los mismos objetos de que se hallaban rodeados: los cuadernos viejos, las muñecas sin brazos, las cajitas musicales rotas eran conservadas entonces por los individuos con un afecto no exento de nostalgia. Pero de pronto, y sin saber cómo, el número de los objetos se hizo tan grande que el apego a ellos se volvió imposible.

Como es bien sabido, la industria tiene que producir, y si no produce se hunde. Ahora bien, ¿qué haría una empresa fabricante de vehículos en una sociedad en la que los ciudadanos vivieran apegados a sus queridos y destartalados automóviles? Por eso, y para continuar manteniendo sus ventas aun entre personas ya poseedoras de uno o más autos, dichas empresas adoptaron la invariable costumbre de cambiar sus modelos cada año. Estos cambios obedecían a la necesidad no de ofrecer al público automóviles objetivamente más veloces o más seguros que los del año anterior (con frecuencia los modelos ni siquiera eran más bellos: eran sólo diferentes), sino a la de hacer creer al automovilista que había que ponerse al día, pues conducir autos viejos trae como consecuencia perder grados en la escala social; de esta manera, vehículos con apenas un año de antigüedad eran ya vistos como auténticos vejestorios de los que había que deshacerse lo antes posible.

Esta nueva manera de relacionarse con los objetos trajo como consecuencia algo que afectó no sólo a los bolsillos de los consumidores, sino también a sus hábitos del corazón, como veremos enseguida.

En 1959 la casa Mattel lanzó al mercado su famosísima muñeca Barbie, que acabó convirtiéndose en la delicia de millones y millones de niñas en todo el mundo. Ahora bien, para mantener sus ventas y crearse un mercado cautivo, la empresa juguetera decidió imitar a la industria automotriz cambiando el modelo de la muñeca cada año, de modo que las niñas que no querían verse anticuadas debían comprar anualmente su nueva Barbie. Pero hubo además otra cosa, y es que para no suscitar violentas reacciones por parte de unos padres poco dispuestos a gastarse su sueldo en juguetes y, sobre todo, para no exponer a sus pequeñas clientas a reproches paternos del tipo: «Oh, ¿más muñecas? ¡Pero es que ya tienes muchas, querida!», Mattel decidió hacer un modesto descuento a las niñas que entregaran su vieja muñeca a la hora de comprar la nueva. «Lo que no anunció Mattel (comenta Alvin Toffler en El shock del futuro) fue que, al trocar su vieja muñeca por un modelo tecnológicamente perfeccionado, la niña de hoy, ciudadana del mundo superindustrial de mañana, aprendería una lección fundamental sobre la nueva sociedad: que las relaciones del hombre con las cosas son cada vez más temporales», más efímeras.

Las niñas que entregaban su vieja muñeca a cambio de la nueva estaban aprendiendo que no hay que apegarse a nada demasiado, enseñanza ésta que más tarde podrían aplicar sin remordimiento no sólo en su relación con los objetos, sino también con las personas y los animales. Hoy, según Andrew Morton, el

periodo de atención que una familia dispensa a un perro es aproximadamente de tres meses, cuando en el pasado dicho periodo llegaba a durar hasta quince años. Tres meses son suficientes para que un grupo familiar se alegre por su nueva adquisición canina, se aburra del animal y lo eche a la calle, para ir después en busca de otro perro más a su gusto.

A mediados del siglo XIX, cuando la revolución industrial se hallaba en plena efervescencia, Sören Kierkegaard (1813-1855), el filósofo danés, se lamentaba, diciendo: «¿Quién, en nuestros días, compra, como se hacía antaño, un paraguas para toda la vida, o un traje de seda, objeto excelente que puede sernos útil mientras vivamos, o un tapado para la eternidad?» (El amor y la religión). Y la respuesta, por supuesto, es nadie. Nadie quiere hoy que las cosas duren demasiado. «¿No sería demasiado aburrido?».

Sí, la industria ha acabado cambiando nuestros hábitos del corazón, y debido a esto no sólo las muñecas y los autos, sino incluso nosotros mismos nos hallamos en peligro, pues en un mundo de obsolescencia generalizada, ¿no corremos el riesgo de volvernos obsoletos también nosotros? Según ciertos sociólogos de reconocida probidad intelectual (Manuel Castells entre ellos), en la actualidad un hombre de 54 años de edad es ya, para las empresas globales, un ser económicamente muerto. ¿A qué edad empezaremos a morir también afectivamente?, ¿a qué edad nos dejarán de querer por ser demasiado viejos? «En una sociedad de consumidores –ha dicho Zygmunt Bauman (Vida líquida)- nadie puede eludir ser un objeto de consumo». La advertencia es terrible, y haríamos mal tomándonosla a la ligera. Pues cuando todo es desechable, todo eliminable, ¿por qué no íbamos a serlo también nosotros?

El futuro se ve, pues, a lo lejos, poblado de nubarrones. No nos queda sino intentar, como único camino, la fidelidad, el compromiso, eso que Hanna Arendt (1906-1975), la filósofa judía, definió una vez como «el remedio contra la incertidumbre caótica del futuro».

Gracias a la fidelidad podemos esperar que el otro cumplirá su palabra y no nos dejará solos; que nosotros cumpliremos la nuestra y tampoco lo abandonaremos; que, juntos, a pesar de todo, el futuro podría ser no tan abrumador como amenaza serlo.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Acento Ajeno

Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La competencia por la elección de 2027 ya sabemos que inició hace un rato, ¿a quién le importan los tiempos electorales cuando ni Ceepac hace su chamba, ni a los políticos les importa respetar lo establecido? Aquí lo que hace falta es ganar.

Ahora, podemos ir revisando cómo va esa carrera, quienes van primero y quienes se rezagaron, pero hagamos un análisis serio y real, no mirando encuestas de esas que casualmente suelen dar ganador al que la pagó. Y lo cierto es que el ganador real hasta ahora no es ninguno.

Las batallas electorales deben pelearse en todos los terrenos, pero casi siempre es la prensa el más complicado, y el que suele dejar al ganador. Esta vez, más que nunca les está pasando factura ese campo minado que es la comunicación, han querido meterse de a lleno en el papel de comunicar, pero terminan desinformando.

Me resulta difícil de entender ¿quién aconseja a los políticos potosinos?, ¿de dónde salieron sus grupos de comunicación?, todos parecen tener un mismo objetivo, que el rival pierda, en lugar de centrarse en que su patrón gane la campaña.

Los dime y diretes que cada vez vemos más en las conferencias de prensa, los empujones e interrupciones por pseudocomunicadores e influencers de turno de páginas de facebook autoproclamadas medios, que acompañan cada banquetera, no solo demuestran la falta de educación formal, civismo y ética periodística que consume al gremio, también evidencia carencias que ya no son de la persona, vienen desde la academia y los nuevos “periodistas” que se están formando.

Pero volviendo al tema de los que hacen boletines y posts para informar que sus jefes trabajan, ¿no hay algo más que necesite comunicarse? ¿de verdad es siempre “gracias al trabajo inconmensurable del supremo líder de tal o más cuál municipio/estado/entidad” que las cosas se solucionan?

Donald Trump en su primera campaña presidencial echó a perder la prensa internacional, en números su campaña fue maravillosa, pero es un modelo netamente primermundista, la heroización, el convertir a personajes políticos en protagonistas de Marvel funcionan en economías donde la fuerza del voto está en los grandes empresarios y en poder de las multinacionales, todos quieren al empresario exitoso dirigiendo su país.

En latinoamérica solo hay un caso donde ese modelo de prensa ha funcionado, Nayib Bukele controla los medios de El Salvador y su triunfalismo lo posicionó como el presidente con mayor aceptación del mundo. En México hubo un caso muy positivo, pero al que no le alcanzó, fue la pasada campaña presidencial de Máynez, donde mientras dos señoras se la pasaban criticándose entre sí y hablando de administraciones pasadas, el emeceísta se posicionó como el más votado de su partido en una carrera por la presidencia.

¿Pero, qué pasa en el interior de los estados, en los municipios? Las personas no creen en héroes, no les importan los muchos adjetivos que acompañan a las autoridades en las notas institucionales, el pueblo busca ver sus problemas resueltos y no siempre se acuerda de quién los soluciona.

Todas las notas periodísticas y boletines institucionales parecieran redactados por la misma persona, o el mismo usuario de chatgpt, “gracias a la labor de”, “por indicación de”, “con la guía de”, no solo dejas de reconocer al que sí estuvo al sol medio día tapando el bache o 4 meses haciendo una carretera o puente, logras hartar al lector de escuchar el mismo nombre y el mismo cargo 100 veces al día, cuando lo cierto es que a veces ni por su colonia se le ha visto.

Hay campañas peores: la zumayezca idea de que los bots cuentan en urnas es de político novato. Lo peor es que le copiaron la idea y ahora sus rivales la replican en sus propias granjas, para atacar medios aliados a su contraparte.

Ojalá me equivoque, pero nos esperan 12 meses de bombos y platillos de un lado y de otro, todos jugando a ser el ganador y bombardeando al rival con cuanta tontería (o no) aparece.

No hay charla cercana con el pueblo (aunque nos hagan creer que sí), no hay investigación, búsqueda de los problemas reales que aquejan a los potosinos, solo buscan hacer estructuras cada vez más grandes para autos, prometer agua, y bombardear sus actos y sus redes de promesas vacías que saben no van a resolver los problemas.

La carrera inició, pero esta vez casi nadie está mirando la carrera en sí, ni a sus corredores, andan pendientes de los comentarios de “narradores” que no están tampoco mirando a la pista. La descomunicación va a la cabeza, y seguramente será la vencedora.

Donde reinan las mentiras repetidas hasta el cansancio, los triunfalismos, y la vieja costumbre de intentar humillar al rival, el éxito nunca será para el periodismo o la verdad, solo para quien se siente en el trono y para aquellos que decidan seguirle el juego.

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