mayo 12, 2026

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#4 Tiempos

Obesidad infantil y los retos que representa en la sociedad actual

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Autor: Dra. Claudia Angélica Reyes Aguilar, pediatra certificada y estudiante de Maestría en Nutrición Pediátrica en Universidad Autónoma de Durango Campus Zacatecas.

Resumen

Evolutiva e históricamente, la obtención de alimentos ha sido una de las funciones básicas de los seres humanos. ¿En qué momento la elección de alimentos dejó de ser la ideal? La obesidad se puede definir como un estado de exceso de grasa corporal, predominantemente intraabdominal, que varía con la edad, sexo, genética o medio cultural y en la actualidad representa la enfermedad crónica nutricional no transmisible más frecuente, constituyendo uno de los problemas crecientes en la salud pública mundial.

Es una compleja combinación de factores que actúan en muchas etapas durante toda la vida de una persona y es importante saber que aquellos niños que los presentan constituyen un grupo vulnerable en el que se hace imprescindible comenzar tempranamente con estrategias de prevención.

Palabras clave: obesidad, alimentación, factores de riesgo, prevención

Abstract

Evolutionarily and historically, obtaining food has been one of the basic functions of human beings. At what point did the food choice stop being ideal? Obesity can be defined as a state of excess body fat, predominantly intra-abdominal, which varies with age, sex, genetics or cultural background and currently represents the most common chronic non-communicable nutritional disease, constituting one of the growing problems in global public health. It is a complex combination of factors that act in many stages throughout a person’s life, and it is important to know that those children who present them constitute a vulnerable group in which it is essential to start prevention strategies early.

Keywords: obesity, diet, risk factors, prevention.

Introducción

Evolutiva e históricamente, la obtención de alimentos ha sido una de las funciones básicas de los seres humanos. ¿En qué momento la elección de alimentos dejó de ser la ideal? Según algunos consensos, la etiología de la obesidad se relaciona con la occidentalización de los hábitos alimenticios y el sedentarismo. La etiopatogenia de la obesidad es compleja y heterogénea. Existen algunos casos en los que es posible identificar una causa primordial que contribuye a su desarrollo, como es el caso de ciertas enfermedades genéticas, patologías endócrinas, fármacos, etc.

Se entiende a la alimentación como el conjunto de productos consumidos por un individuo con objeto de procurarse satisfacciones sensoriales y cubrir los requerimientos de su organismo y el aporte necesario de nutrimentos. Es un acto social voluntario que ayuda a saciar las necesidades nutrimentales del cuerpo además de aquellas que tienen que ver con gustos, preferencias de sabores y la socialización.

A nivel mundial la prevalencia de obesidad en niños en edad escolar se ha incrementado en forma alarmante en las últimas décadas. La aparición temprana de obesidad durante la vida temprana se ha relacionado con enfermedades crónicas del adulto de comienzo cada vez más precoz.

En la actualidad representa la enfermedad crónica nutricional no transmisible más frecuente constituyendo uno de los problemas crecientes en la salud pública mundial

Definición

Actualmente es común escuchar que se usen los términos de sobrepeso y obesidad casi como sinónimos, pero es importante aclarar que el sobrepeso se refiere a un exceso de peso corporal comparado con la talla, mientras que la obesidad se refiere a un exceso de grasa corporal.

Como menciona Luján Sánchez et al (2010), la obesidad se puede definir como un estado de exceso de grasa corporal, predominantemente intraabdominal, que varía con la edad, sexo, genética o medio cultural (p19). También Pérez et al (2008) la define como el exceso de adiposidad corporal, debido a un desequilibrio energético ocasionado por una alta ingesta de energía superpuesta a un bajo gasto (p23). Y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la obesidad se debe definir como IMC ≥ a percentil 95 para el sexo y la edad.

Epidemiología

En México, de acuerdo con los datos de la ENSANUT 2018, el 22.2% de los niños de 0-4 años se identifica en riesgo de sobrepeso. En ese mismo año en población de 5-11 años, el 35.6% de los niños eran obesos y teniendo una incidencia mayor en la población urbana con un 19.5% en comparación con la población rural donde fue de 12.3%.

Estas cifras no varían mucho con la población entre 12-19 años, en donde tiene una prevalencia de 35.8%.

Puntualizando que los estados con mayor obesidad infantil son Veracruz, Quintana Roo, Colima, Sonora y Tabasco.

Etiología y factores de riesgo

Una tendencia importante de la biología del ser humano es el incremento de tamaño, conforme los niños van creciendo de igual manera van ganando peso. A los 4 meses de edad, se tiene gran cantidad de grasa, que disminuye de forma constante entre los 2 y 6 años. Sin embargo, si 1 niño es obeso entre los 6 meses y 7 años, la probabilidad de que siga siendo obeso en la edad adulta es del 40%. Si un niño es obeso entre los 10 y 13 años, las probabilidades aumentan al 70%. Esto se explica porque los adipocitos, se multiplican en esta etapa de la vida, por lo cual aumenta la posibilidad del niño de ser obeso en su vida adulta.

Burguete-García et al. (2014) hace hincapié en que la obesidad es una compleja combinación de factores que actúan en muchas etapas durante toda la vida de una persona y es importante saber que aquellos niños que los presentan constituyen un grupo vulnerable en el que se hace imprescindible comenzar tempranamente con estrategias de prevención. (p19).

La mecanización de nuestros trabajos, las mejores comunicaciones y mejor transporte han hecho que nuestro gasto energético disminuya sensiblemente en todas las edades y niveles sociales de una sociedad que es cada vez más urbana y menos rural. Más cercana y menos distante, sean cuantos sean los kilómetros que medien entre destinos. A ello han contribuido la TV, el abono al cable, la computadora, internet, los medios de transporte cada vez más accesibles, la falta de tiempo para hacer ejercicio, el temor a la violencia y a las drogas, la escasez de espacios públicos para la práctica de actividades deportivas, y la falta de apoyo gubernamental. Tal como lo comenta Carrasco y Galgani (2012).

Diagnóstico

Según López et al. (2010), “la grasa corporal no puede medirse en forma directa en los seres humanos, por ello hay varias medidas indirectas para usar en los niños y adolescentes”.

La primera sería realizar una adecuada anamnesis: peso y talla al nacer, comienzo de la lactancia y duración de la misma, edad del destete, edad de comienzo de la obesidad, tiempo que pasa en actividades sedentarias, enfermedades que padece, medicamentos que se le administran, etc. Evaluar su antropometría con indicadores del IMC, peso relativo del P/T (Peso/Talla), pliegues cutáneos, circunferencia de brazo, cintura, glúteos y exámenes de laboratorio: glucemia, perfil de lípidos, biometría hemática.

Complicaciones

Al hacer una búsqueda intencionada de las causas y entender su fisiopatología, así como el impacto que está causando a nivel mundial, tendríamos que saber que se pueden presentar complicaciones que dependen particularmente del grado de sobrepeso y del tiempo de evolución:

Complicaciones inmediatas: desviaciones de columna, arcos plantares vencidos, apneas del sueño y ronquidos, estrías en tronco y cara interna de muslo y acantosis nigricans en cuello. Así como consecuencias psicosociales producto de la discriminación que sufre el niño y el adolescente. (Kaufer-Horwitz, 2010, p 502).

Complicaciones a largo plazo: enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial a expensa de la sistólica y diastólica, isquemias coronarias) y metabólicas (dislipidemia, gota, diabetes tipo II). El síndrome metabólico está en la mitad de los obesos graves (49,7%) y en el 38,7% de los niños con sobrepeso. (Kaufer-Horwitz, 2010, p 504).

Prevención

Que los niños y niñas crezcan sanos, aprendan y se desarrollen adecuadamente, depende de gran medida de la alimentación que reciben en sus primeros años, es por eso que es necesario poder hacer la detección temprana del niño con factores de riesgo y poderlos prevenir desde al nacimiento. Por lo que Raimann y Verdugo (2011) no invitan a tener protocolos estandarizados, así como recomendaciones para disminuir el riesgo en estos niños.

Conclusiones

El desarrollo de la obesidad en la mayoría de los niños afectos tiene una etiología multifactorial sobre una base poligénica, dicha base poligénica tiene per se un efecto limitado sobre el fenotipo y únicamente su combinación con otras variantes predisponentes y sobre todo la concurrencia de factores ambientales favorecedores de obesidad, determinaran finalmente el desarrollo del fenotipo obeso.

La obesidad se ha convertido en uno de los más importantes problemas de salud pública.

El IMC es la medida estándar aceptada en los niños. Es igual al peso corporal (en kilogramos) dividido por la altura (en metros) al cuadrado.

La obesidad se define por un IMC > percentil 95 para la edad y el sexo (tablas del CDC) y el sobrepeso por un IMC de 85 a 95 percentil para la edad y el sexo.

Los niños y adolescentes con obesidad deben ser evaluados y tratados por un equipo multidisciplinario para el control del peso y de los síntomas relacionados con apnea del sueño, síndrome de hipoventilación por obesidad, deslizamiento de la epífisis femoral, tibia vara (enfermedad de Blount), depresión y trastornos de la conducta alimentaria.

Referencias

Burguete-García Ana I., Y. N.-V. (2014). Definiciones para el diagnóstico de síndrome metabólico en población infantil. Gaceta Médica de México , 79-87.

Carrasco Fernando, G. J. (2012). Etiopatogénia de la obesidad . REV. MED. CLIN. CONDES, 129-135.

Kaufer-Horwitz Martha, T. G. (2008). Indicadores antropométricos para evaluar sobrepeso y obesidad en pediatría. Medigraphic Artemisa, 502-518.

Lujan Sanchez Ana Maria, L. G. (2019). Obesidad infantil, la lucha contra un ambiente obesogénico. Revista de Posgrado de la vía cátedra de medicina, 19-24.

Navarro., D. B. (2010). Evaluación clínica y nutricia del niño con síndrome metabólico y obesidad. Revista de Gastroenterología de México., 220-228.

Pérez Elisa Cecilia, J. M. (2018). Epidemiología del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes. Revista de Posgrado de l 16 a VIa Cátedra de Medicina, 16-20.

Raimannt Ximena, D. F. (2011). Actividad física en la prevención y tratamiento de la obesidad infantil. REV. MED. CLIN. CONDES, 218-225.

Yeste Diego, García-Reyna Norma, Gussinyer Sandra, Marhuenda Claudia, Clemente María, Albisu Marian, Gussinyer Miquel, Carrascosa Antonio (2008). Revista Española de Obesidad, 139-152.

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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#4 Tiempos

México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.

Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.

Y entonces llega otra final.

Tigres contra Toluca.

México contra México.

Otra vez.

La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.

Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.

Y no es casualidad.

Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.

Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.

León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.

Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.

Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.

Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.

Ese es el tamaño del dominio.

Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.

Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.

Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.

Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón.

Y eso cambia todo.

Porque esta final no se siente improvisada.

Se siente lógica.

Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.

Y esa diferencia mental pesa demasiado.

Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:

La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.

Otra vez.

Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.

Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.

Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.

Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.

Con un club mexicano levantando la copa.

Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.

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El Cronopio

Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.

El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.

Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.

Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.

Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.

El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:

“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.

Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.

Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.

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Opinión

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