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Mirada femenina en el Nuevo cine mexicano | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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El denominado Nuevo cine mexicano no es tan reciente y ha tenido esa denominación cuatro veces.

La primera ocasión, a principios, con los años sesentas recién pasados, esa renaciente cinematografía se inspiró en reflexiones de cineclub y en vanguardias europeas fílmicas modernizadoras -nouvelle vage francés, free cinema inglés y nuevos cines alemán, polaco, ruso, checo y más-; hubo entonces también renaceres significativos cinematográficos en Latinoamérica: Cinema novo brasileño, Nuevo cine mexicano, Cine cubano, Tercer cine argentino, Cine junto al pueblo boliviano, como los más destacados.

Durante esa década y la siguiente, el renacer fílmico mexicano solo cuenta con la presencia de una mujer realizadora de escaso brillo, Marcela Fernández, egresada de la primera generación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, CUEC/UNAM, surgido en 1964.

Durante los años ochentas y noventas, por segunda vez se emplea la denominación de Nuevo cine mexicano, cuando irrumpe una numerosa y vigorosa generación de destacadas directoras: María Novaro, Dana Rotberg, Maryse Sistach, Guita Schyfter y Busi Cortés de entre las más destacadas. No solo son la mirada femenina en el cine, sino el abordaje de historias de mujeres desde su perspectiva.

El tercer Nuevo cine mexicano es el de Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Carlos Reygadas y Alejandro González Iñárritu, más certificados y activos en el extranjero que en México.

El cuarto Nuevo cine mexicano es el de las generaciones más jóvenes y, de nueva cuenta, hay una copiosa y creativa presencia femenina de realizadoras fílmicas.

CINEASTAS MEXICANAS PRECUSORAS Y RENACIDAS

Es significativa, pero olvidada, la presencia de mujeres directoras durante los inicios del cine mudo. Mimí Derba y las hermanas Adriana y Dolores Helers. Durante el denominado cine mexicano de la Época de oro, figuró Matilde Landeta.

Durante un momento de transición destacó la hispano/mexicana María Luis Elío, escritora y actriz del filme El viento distante (1962), dirigido por Jomi García Ascot, precursor del primer Nuevo cine mexicano.

María Novaro, egresada del CUEC/UNAM y actual directora del Instituto Mexicano de Cinematografía, sorprende en 1991 con la película Danzón. En ella muestra a una madre soltera proactiva y apasionada que va al puerto de Veracruz en búsqueda de Carmelo, su pareja de baile en el popular salón de baile Colonia. Aquel viaje es un encuentro consigo misma. Se da licencia para el amor efímero e intimar con un par de travestis, gays y prostitutas. Novaro, redime el sabor amargo de una película anterior Lola (1989), historia de otra madre soltera en crisis.

Luego vendrán:

  • El jardín del Edén (1994). Muestra en Tijuana, dentro de un contexto sórdido a tres mujeres con la existencia en vilo.
  • Sin dejar huella (2000), película desenfadada y humorística, un canto a la libertad de dos mujeres autodeterminadas y antimachistas; ellas coinciden y hacen el recorrido en el camino descendente entre las fronteras norte y sur de México.
  • Las buenas hierbas (2010), de nuevo una madre joven, sin marido, afronta esa situación y la de su mamá asediada por alzhaimer prematuro. Las plantas curativas se conjugan y son metáfora de los remedios para los dolores del alma.

Dana Rotberg.- Como trabajo terminal de sus estudios de cinematografía, realiza el documental Elvira Cruz, pena máxima, a partir del hecho real de una madre acusada de haber matado a sus hijos.

Debuta en largometraje de ficción con una historia dramática, Ángel de fuego (1992), en torno a un circo marginal. Prosigue con Otilia, la mujer del pueblo (2000). A partir de la novela homónima de Sergio Galindo, muestra una mujer rebelde contrapuesta a taras colectivas y convencionalismos provincianos.

Dana en Nueva Zelanda dirige Mentiras blancas (2013). Drama entre mujeres de principios del siglo XX, con un trasfondo colonialista/racista.

     

Maryse Sistach.- Debuta con la comedia Anoche soñé contigo (1991) que muestra el despertar sensual y sexual de un adolescente. Transita por diversas búsquedas y se catapulta con el drama Perfume de violetas (2000), retrato fiel, además inspirado en hechos reales, en la vida de dos amigas adolescentes que cursan secundaria en una escuela pública. Menos afortunadas y también sobre historias de mujeres son sus películas,  El brassier de Emma (2007) y Lluvia de Luna (2011).

Busi Cortés.- Se destaca por dos realizaciones de historias de mujeres:

  • El secreto de Romelia (1988), muestra una mujer vieja quien, de regreso a su pueblo de provincia, evoca un “amor prohibido” durante su juventud.
  • Hijas de su madre: las Buenrostro (2005). Comedia coral compleja, rítmica y divertida. Breve suceder entre la ciudad de México y Pozos, Guanajuato, en la vida de una viuda atípica y sus hijas.

Guita Shyfter.- De entre varios aportes de historias de mujeres, el más afortunado de tono autobiográfico es Novia que te vea (1993). Historia de una mujer de ascendente judío. Llega niña a México y, en complicidad con su abuela, se rebela e impone al conservadurismo tradicional de su familia. Como telón de fondo está el Movimiento estudiantil de 1968 en el que participa su novio.

Hay, además, destacadas directoras documentalistas como, Alejandra Islas, Muxes: Auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (2005); Lucía Gajá, Mi vida dentro (2007); Yulene Olaizola, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2008) y Tatiana Huezo, Tempestad (2016). En otro momento habrá referencia a ellas y a otras nóveles realizadoras fílmicas mexicanas.

*Con esa denominación, Mirada femenina en el Nuevo Cine Mexicano, en el Centro Universitario de las Artes, CUART/UASLP, se impartirá un curso de apreciación fílmica este verano.

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