enero 21, 2022

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#Si Sostenido

Lorena Valle: mujeres podemos gobernar, pero la sociedad no está lista

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La presidenta del DIF estatal habló con La Orquesta sobre su familia, sus aficiones, sus planes para el futuro e hizo una evaluación del gobierno de Juan Manuel Carreras

Por Luis Moreno Flores

Lorena Valle Rodríguez estudió derecho en la UASLP, actualmente tiene el cargo de presidenta del DIF estatal y es esposa de Juan Manuel Carreras López, gobernador priista de San Luis Potosí. Desde el primer momento resulta fácil identificar que hace poco ejerce como funcionaria pública, algo que hoy no es necesariamente negativo: se extiende en introducciones y despedidas como lo haría con sus amigos, rehuye a las respuestas institucionales y prefiere hablar con sinceridad en temas puntiagudos e incluso pide una tregua breve para retocar su maquillaje.

«La prensa siempre me ha tratado bien, creo que entienden que mi cargo es un voluntariado y son muy respetuosos conmigo», responde al preguntarle si alguna vez se ha molestado por algo que un medio haya publicado sobre ella. Al trasladar el cuestionamiento al gobernador, agrega: «No, nunca me he molestado. Juan Manuel está preparado para aceptar las críticas sean o no justas».

A propósito del Día Internacional de la Mujer, Lorena Valle conversó acerca de sus relaciones familiares, los movimientos feministas, aficiones, aspiraciones y realizó una evaluación de la política local.

 

Pregunta: ¿Cómo está integrada su familia?

Lorena Valle: Con mis papás fuimos cuatro mujeres y un hombre, mi hermano murió pronto. Aún tengo a mis cuatro hermanas y a mi mamá que cumplió 94 años. Yo soy la menor y siempre fui la más consentida.

Ahora me recargo mucho en mis hermanas, porque entre nosotras nos apoyamos cuando algo ocurre, por ejemplo si se poncha una llanta, casi siempre le llamo a Juan Manuel para que me ayude, pero muchas veces él está afuera de la ciudad, y entonces recurro a mis hermanas.

Tengo tres hijos, una niña y dos niños, son lindísimos. Cuando me preguntan qué hice en los años previos al DIF, les digo que mi trabajo fue formar a tres mexicanos trabajadores y responsables.

 

P: Tiene usted algunas pinturas y libros en su oficina, ¿podemos hablar de sus pasatiempos? ¿Qué le gusta leer?

LV: Antes leía mucho sobre historia de México y cuando era más joven me gustaban los libros relacionados con el Holocausto. Ahora me gusta la Saga de Millennium de Stieg Larsson. Hay un español, Ildefonso Falcones, que escribió La catedral del mar y La mano de Fátima, es buenísimo. Disfruto de autores latinoamericanos como Jorge Ibargüengoitia y García Márquez.

Con todo lo que se hace aquí en el DIF, últimamente no me queda mucha energía para leer otras cosas además de los documentos del trabajo. Ahora, en mis tiempos libres, me gusta armar rompecabezas. Cuando mis hijos eran niños en la casa había muchos, conforme crecieron los dejamos, pero es una actividad que me relaja.

 

P: ¿De qué fue el último rompecabezas que armó?

LV: Tengo uno pendiente, los armo en una aplicación del iPad, prefiero los paisajes que tienen muchas casas, porque ayudan a tener más referencia de cómo van, porque si hay 300 piezas en un espacio muy pequeño como el teléfono o la tablet, se vuelve complicado.

De las pinturas, mi corriente pictórica favorita es el impresionismo.

 

P: Tiene colgada una pintura de Dalí, ¿le gusta el surrealismo?

LV: Si, Dalí, Leonora Carrington, Remedios Varo… es un movimiento que nos queda muy cerca a los mexicanos, porque México es un país muy surrealista.

 

P: ¿Para bien o para mal?

LV: Para bien, lo que uno pueda ser es para bien. El solo hecho de tener celebraciones para honrar a los muertos ya nos vuelve muy surrealistas, porque es tender puentes a ese otro mundo, para que en algún punto de ese lado también nos los tiendan a nosotros.

 

P: México está en un periodo de cambio, ¿lo percibe como algo positivo?

LV: Como presidenta del DIF tengo que decir que parece que viene algo muy bueno, porque la política pública apunta hacia los apoyos sociales, eso nos va a permitir ayudar a muchas más personas.

 

P: ¿Y como Lorena Valle?

LV: Como Lorena Valle me preocupa un poco, porque me gustaría que mis hijos crecieran en un país pujante. También me preocupa que las mujeres que sufren de violencia no tengan la atención debida, ese es uno de los problemas más grave del país.

 

P: ¿Simpatiza con el movimiento feminista?

LV: Mmmm… sí y no. Depende de a qué nos refiramos con feminismo.

Claro que estoy de acuerdo en que debe acabarse la violencia contra las mujeres, que deben pagarse sueldos iguales, que somos igual de inteligentes. Pero en la parte más radical no estoy tan de acuerdo, porque creo que hombres y mujeres sí somos diferentes. Existen características particulares, por ejemplo: una mujer que trabaja y es mamá siempre estará preocupada de que sus hijos se queden solos en casa, siempre el sentimiento la hará poner a su familia por delante y lo hombres son más fríos, pueden enfocarse, dan por hecho que las mamás van ser las que se preocupe.

 

P: ¿Hay alguna figura femenina a la que usted haya admirado? ¿Como quién le hubiera gustado ser?

LV: Nadia Comăneci. De niña practiqué gimnasia. Como todos, cuando empiezas sueñas con ir a unos Juegos Olímpicos, yo veía lo que hacía Nadia y quería ser como ella, claro que después entiendes que nunca lo vas a conseguir porque ella era excepcional. También podría mencionar a otras grandes mujeres de la historia como Sor Juana o Marie Curie, pero en automático recuerdo a Nadia.

P: En 2015, Juan Manuel Carreras ganó la gubernatura de San Luis en una elección muy cerrada contra Sonia Mendoza (candidata del PAN), apenas hubo un margen del 3% de la votación. ¿Considera que San Luis Potosí y México están listos para ser gobernados por mujeres?

LV: No y no es por falta de capacidad de las mujeres, es debido a la mentalidad de la población. En México estamos lejos, en muchos sentidos, de países como Alemania o Inglaterra, donde las personas han entendido que una mujer puede gobernar igual de bien que un hombre. Lo vimos en la elección pasada, se implementó la cuota de género para las candidaturas y, sin embargo, no hubo paridad en los resultados.

 

P: Hay varias mujeres que ocupan un lugar importante en la vida pública nacional, ¿podemos hablar de ellas? Margarita Zavala…

LV: No necesito escuchar el resto de los nombres, tanto Margarita, como cualquier mujer que participe en un tema tan complejo como la política, merece mi respeto y admiración.

 

P: Tatiana Clouthier y Beatriz Gutiérrez han cobrado mucha relevancia.

LV: Claro, yo reconozco su trabajo, pero también puedo dar el nombre de muchas mujeres que están en sus casas y merecen la misma admiración. Respeto a todas las mujeres que hacen un esfuerzo desde el lugar donde les toca estar.

 

P: ¿Le gustaría optar a un cargo de elección popular?

LV: Así de entrada, diría que no. La función pública es un trabajo muy demandante. He aprendido mucho en estos años como presidenta del DIF, me gustaría continuar con mi contribución a la sociedad, no quisiera que ese aprendizaje se perdiera, pero no me veo contendiendo por un puesto de elección.

 

P: ¿Qué le gustaría hacer al terminar su periodo como presidenta del DIF?

LV: Ya me lo he preguntado, últimamente cada que veo algo se me antoja hacerlo en el futuro. Quisiera descansar, dedicarme más tiempo a mi hija y mis hijos que aunque ya están grandes debo aprovecharlos ahora, porque en un futuro serán ellos los que no van a tener tanto tiempo para mí.

Me gustan mucho las plantas, voy a ponerme a cuidarlas. Aquí en el DIF realizamos muchos viajes por el estado y siempre aprovecho para tomar algunas fotografías con mi teléfono, quisiera tener una cámara para que queden mejor; en los próximos años tal vez me dedique a la fotografía.

También he pensado en tener una asociación para ayudar a varios sectores vulnerables. El DIF me ha mostrado las necesidades de las personas y pienso que aún puedo ayudar desde afuera.

 

P: Usted está al centro del ojo público, ¿algunas veces le gustaría tener menos fotos encima?

LV: Hay días que quisiera quedarme en casa y descansar. Podría hacerlo porque mi cargo es voluntario, no recibo ninguna remuneración y no estoy obligada. Al principio, seis años me parecía mucho tiempo, ahora ya han pasado más de tres y me gusta trabajar con el DIF, quiero seguir porque creo que uno se arrepiente mucho más de lo que no hizo que de lo que sí hizo. Ya habrá tiempo para descansar.

 

P: Cualquier gobierno tiene malos y buenos momentos, ¿cuál cree que ha sido el más complejo de la administración de Juan Manuel Carreras?

LV: Ser gobernador siempre será un trabajo complicado. Veo que lo que más le afecta a Juan Manuel es cuando se reporta un asesinato, un robo importante, la desaparición de una persona. Como padre, él se ve reflejado en esas situaciones. La parte de gestionar y administrar recursos, las obras, trabajar con los demás funcionarios, eso no le cuesta, se le facilita.

En San Luis y en general en México hay mucha violencia y todos llevamos una parte de la responsabilidad, tenemos que tratar que, desde las familias, mejoren las cosas.

 

P: ¿San Luis está mejor o peor desde que Juan Manuel Carreras es el gobernador?

LV: Claro que está mejor. No es solo porque soy la esposa de Juan Manuel, sinceramente veo cómo trabaja, es inagotable. Me toca darme cuenta del empeño que pone cada día. A veces las cosas no salen como uno las espera, pero pueden creerme cuando les digo que él es el primer interesado en que San Luis esté mejor. Es la persona que más admiro.

 

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¿Arte sano? | Columna de León García Lam

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VOLUTA.

El campo de las artesanías tiene más contradicciones que un recinto lleno de diputados. Ahí están las artesanías mexicanas tan coloridas, tan bonitas, tan sorprendentes… ¡tan curiositas!, pero ¡ay, no son obras de arte! Sí, son bonitas, nadie lo niega, pero a diferencia de las obras de arte, es que las artesanías las fabricó un artesano para venderlas, y aunque no las fabricó en serie, no son objetos únicos: cualquier gringo de medio pelo ha comprado un ídolo de barro que parece prehispánico, cuántas chicas tienen atiborrados sus alhajeros de aretes huicholes y muchas familias presumen una escultura tolteca en la sala de su casa o, por lo menos, han regalado una muñeca otomí.

Dicen los expertos, que las obras de arte se hacen por el arte mismo (aunque se vendan) y son piezas únicas (aunque existan copias). Las artesanías generalmente van acompañadas de una función: sirven para hacer chocolate como los molinillos, para protegerse del frío como los rebozos y sarapes, para jugar como los trompos y baleros, para regalarse como esos perros de feria que tienen un hoyo debajo o para consumirse como la pirotecnia hoy tan odiada en algunos sectores de petfriends.

Es un problema, porque lo que algunos funcionarios públicos achacan a las artesanías es que, estarán muy bonitas las máscaras que fabrican en la Huasteca, pero no sirven para nada. Casi nadie que compre un petate lo usará para dormir y las ollas de alfarería indígena no se usarán para cocinar nada. Así que el trabajo de algunos funcionarios públicos es encontrar una utilidad a las artesanías: las figuras de barro pueden ser portalápices, los petates alhajeros, los bordados tortilleros, las máscaras pueden volverse souvenirs si se hacen más pequeñas y se les pega un imán detrás y hay a quién se le ha ocurrido hacer aretes con piedras de cantera rosa esculpidas por artesanos de Escalerillas. Lo que sea con tal de “atraer al mercado”.

También es un problema porque otros funcionarios han insistido en revalorar las artesanías como parte de la identidad y del patrimonio cultural. No se trata sólo de un quechquémetl, sino es toda una visión del mundo, un mapa del universo que una anciana sabia tejió y bordó con sus manos pensando en sus ancestros y que agradece que una turista se lo haya comprado sin regatear mucho, para poder pagar la recarga de su celular y poder recibir la llamada de su hijo migrante.

Las instituciones, autoridades, funcionarios públicos y académicos lograron la especialidad de la casa: un revoltillo de contradicciones. Hoy no se sabe, si las artesanías deben ser dirigidas por una política cultural (a cargo de la Secretaría de Cultura), de asistencia social (DIF), de desarrollo social (Sedesol) o de Desarrollo Económico (Sedeco) o de Turismo. Tampoco se sabe si se debe seguir impulsando su desarrollo financiero para que los artesanos puedan competir contra la oferta china convirtiéndolos en fábricas, si los artesanos deben adquirir capacitación administrativa para convertirse en empresarios, si deben adaptarse a lo que el mercado les pide, o si deben educar al mercado.

Hay quién se pregunta ¿hasta dónde deben seguir produciendo la misma artesanía que cada vez resulta más caro producir y vender?

En Michoacán, los artesanos reboceros, recibieron apoyos múltiples de su gobierno del estado y de los capitales migrantes (y otros innombrables) para el establecimiento de pequeñas fábricas textiles a lo largo de toda la meseta. Los trajes purépechas ahora se bordan en computadora y han diversificado toda clase de prendas: guayaberas, quechquémetls, rebozos, blusas y rollos. Los fabrican casi en serie y los venden a todos precios, dependiendo de la calidad de los materiales y el tipo de prenda. Hay para todos los bolsillos. Las chicas purépechas, uaris, el día de una fiesta en Cocucho, para presumir usan un rebozo de Santa María del Río…

Todo esto se lo comento, estimado y culto público de La Orquesta, porque todo indica que el problema de las artesanías en San Luis Potosí le seguirá dando dolores de cabeza a varios funcionarios de gobierno.

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Playa | Un texto de Eduardo L. Marceleño

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Merecíamos viajar de otra forma, estar juntos y no lejos. Mientras dure esta locura quiero estar contigo.

Hay personas que piensan que volar es un asunto muy sencillo, yo pienso que es un asunto extraordinario. En mi casa, volar era un asunto serio.

Caminábamos por la carretera en el desierto de Sonora, a un costado del Mar de Cortez. Para mí el calor nunca ha sido problema, por el contrario, suelo celebrarlo.

Mientras se hacía de tarde y los niños jugaban futbol en la playa paramos en un puesto que vendía pescado frito. Nos comimos nuestros buenos ejemplares y de a poco la celebración del sol mostraba sus efectos. Puse la mirada en las burbujas que deja la cerveza sobre los bordes del vaso, estas reventaban según me perdía en una suerte de hipnosis provocada por el golpe de calor.

La señora del puesto de pescados llamó a los niños a cenar. Dejaron la pelota para jugar con nosotros. Tiraban de mi ropa y se correteaban alrededor de nuestra mesa. Gritaban y se divertían con la presencia de unos extraños, acorralando el momento de que llegara la cena servida.

Luego se hizo de noche y yo ya me había bebido unos ocho o diez vasos de cerveza. Me levanté al baño, es decir, a la playa. T una vez me dijo en Mazatlán que uno tiene permitido mearse dentro del mar. La diferencia con Guaymas, Sonora, es que para mearse dentro del mar hay que espabilarse y soportar las frías aguas del angosto y silencioso Golfo de California, a diferencia de Mazatlán donde la fuerza del Pacífico Norte genera un buen oleaje y una temperatura deliciosamente templada, factores que, por otro lado, ayudan a disimular frente a la demás gente el calor de los meados esparcidos en el agua.

No quería que los niños me vieran orinar, ni mucho menos faltar al honor de la familia que tan bien nos había recibido en su puesto de pescados, pero tampoco estaba dispuesto a mojarme. Así que caminé sobre la playa hasta alejarme lo suficiente y perderme de la vista del puesto.

Al volver, todos los puestos de comida se habían cubierto de un velo oscuro. Cada que se me hace de noche en la playa me siento en la obligación de recordar a T aunque yo ya no lo quiera, y a sentir algo que ya no siento. El rumor de su voz crece en el silencio, como gotas de agua que escurren de una llave rota en medio de la noche, pequeños golpes casi inaudibles que en conjunto se vuelven un prolongado fastidio.

Es como si gracias a ella hubiera conocido el mar, y no a esa ocasión cuando a los 8 años fui a pescar con mis tíos a Nayarit. Todas mis memorias acerca del mar se remiten a mi único encuentro con T.

Si todo esto se tratara de un libro único, no dejaría de escribir interrogantes existenciales en torno al mar y a la persona que aparece frente a ti para mostrártelo de forma diferente a como lo veías antes.

A menudo chapoteamos tranquilos desde una tierna infancia, dentro de la pequeña piscina de nuestras más afianzadas comodidades. Luego, sin avisar, llega alguien a sacarte del chapoteadero para llevarte a nadar a las heladas aguas del cálculo adulto. Entonces todo se estropea, y no importa una mierda que hayas aprendido a asearte como los osos en medio del verano, o que conozcas el bosque como la palma de tu mano. Ahora todo se trata de saber nadar.

Si volar es extraordinario para unos, nadar es imposible para otros.

Puede que todo este asunto del mar o de ella tenga que ver con el propósito sexual de la gratificación narcisista. El dominio que uno tiene sobre el terreno del otro. Acaso pensarlo responde a un entendimiento más práctico, aunque no por ello menos frío.

Por lo demás, puedo decir que la calle o el monte ha sido lo que me ha salvado antes, y lo que pueda salvarme ahora; y volar me siga pareciendo increíble. Aunque, a qué negar, que nada pueda compararse con la inmensidad del mar. Algunas veces hay que meterse a nadar dentro del oleaje, o a jugar en el gran chapoteadero del mundo, como según se le vea.

Al llegar al puesto escuché poco ruido. Cuchicheando, la familia de los pescados fritos guardaba los utensilios en bolsas de mimbre. Los niños dormían, rendidos en los hombros de un hombre fornido que cuidaba de su sueño, supongo que se trataba del padre.

Agradecí, pagamos y nos fuimos. En el camino, ella me explicaba lo agradable que es volver a casa de noche caminando sobre la playa, después de haber pasado el día celebrado el calor de Sonora.

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Filosofía para qué | Columna de León García Lam

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VOLUTA

 

Ahora que nos encontramos justo en la antesala de los universos virtuales, se podría calcular que las actuales redes sociales son tres cuartas partes hate u odio. La UNICEF ha informado que, en los tiempos de covid-19, la participación en redes sociales se incrementó un 61%, con el consecuente aumento en las agresiones digitales: prácticamente no existe persona que, ante la exposición de imágenes o comentarios no haya sufrido comentarios hirientes por parte de su propio círculo de amistades virtuales y créame que no hay explicaciones para las causas de este fenómeno, personas expertas piensan que simplemente es porque así somos los seres humanos. Yo quiero proponer aquí una hipótesis: El hate se debe a la convergencia de dos tendencias, por un lado, algo que es muy fácil de observar: se ha generado una gran facilidad de opinión (la democratización de las redes) y por otro, algo que es muy difícil de reconocer, la falta de argumentos que casi todos padecemos.

Métase como espectador a una discusión en redes sociales y verá las ganas que dan de decirle a alguno de los participantes lo muy ignorante, estúpido, animal, baboso y bestia infinita que es y de paso a su progenitora que debió ser incapaz de tomar ácido fólico durante el embarazo. Ese es el nivel de cualquier discusión, no importa el tema. Esas discusiones se ganan insultando a desconocidos, profiriendo maldiciones como si se estuviera corriendo chamucos de la casa y yo pienso que se debe a una enorme falta de argumentos.

Ahora bien ¿a qué se debe esa falta de argumentos? ¿de dónde debimos obtenerlos? Yo pienso, estimado y culto público de La Orquesta, que esos argumentos provienen de la filosofía. Desde hace décadas, la tendencia educativa ha sido marginar las materias filosóficas de los planes de estudio como lógica, ética o estética, esos temas fueron erradicados de la currícula de varias carreras y de los estudios de bachillerato, bajo el argumento creciente en popularidad de que estas materias no ofrecen ninguna utilidad práctica.

Así como las matemáticas sirven para que a uno no lo hagan menso con el cambio en la tiendita de la esquina, la filosofía sirve para tener argumentos, o bien para reconocer que no se tienen.

Las discusiones son muy necesarias para la democracia, porque generan opinión, construyen puentes de diálogo, señalan convergencias, pero también nos indican flaquezas y errores. Para sacarle jugo a una democracia, se requiere de hartas discusiones sobre todos los temas, pero también se necesita de reglas: no se vale faulear al contrincante, ni tirar el tablero cuando se va perdiendo, ni llevarse el balón como niño emberrinchado, hay reglas para argumentar: es decir entender cuándo se puede generalizar, cuándo se debe particularizar, en qué condiciones se puede comparar, etcétera. Es decir, discutir sin falacias y mucho menos sin meterse con las engendradoras, ni con los defectos personales de las contrapartes. Eso se aprende en las clases de filosofía y por ello, hoy vemos cómo la filosofía es más necesaria que nunca.

Esto se lo comento, estimado y Culto Público de La Orquesta, porque nos rodean escenarios muy extraños, por ejemplo, mientras que en las cámaras de diputados y senadores la política nacional se revuelca en un lodazal de insultos, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí planea suspender la oferta educativa 2022 de algunas carreras (se sospecha que Filosofía está entre ellas) por falta de interés de los estudiantes.

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