abril 22, 2021

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#Entrevista | Los caminos que llevan a Roma

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La Orquesta platicó con Martha Liñán, la cineasta potosina que participó en el área de vestuario de la multipremiada película de Alfonso Cuarón

Por: La Orquesta

Desde el diciembre pasado no se habla de otra película mexicana que no sea Roma (2018) del director mexicano Alfonso Cuarón (Children of Men, 2008; Gravity, 2011). El intimista relato del realizador -estrenado desde el 14 de diciembre por Netflix- está contado desde la perspectiva de Cleodegaria Gutiérrez, trabajadora doméstica de la familia, interpretada por la debutante Yalitza Aparicio, y con la participación de Marina de Tavira, Nancy García y José Antonio Guerrero.

Roma le ha valido a su director, actrices y a la producción en general, el reconocimiento de la crítica y la audiencia, cosechando premios en los Golden Globes, Goya, BAFTA, y el León de Oro en el Venice Film Festival. Las alabanzas no han dejado de llegar para la producción mexicana (que obtuvo el estímulo de Eficine), y ahora está a punto de hacer historia en Hollywood, al ser contendiente a 10 premios de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas.

En la víspera de tan importante fecha para Cuarón y todos los involucrados, La Orquesta conversó con la cineasta potosina Martha Liñán, quien fue parte de la producción en el área de vestuario, y quien nos cuenta un poco más sobre el trabajo artesanal que hubo en la creación de tan imponente obra.

 

Martha Liñán es una cineasta potosina, egresada de la UASLP y del CCC

LO: ¿Cómo fue que se dio tu participación en la película de Cuarón?
ML: En enero de 2017 recibí un correo de mi escuela (Centro de Capacitación Cinematográfica) en el que la producción de la película solicitaba apoyo. Acababa de egresar en diciembre, así que mandé mi correo para ver si había un puesto, me dijeron que el trabajo era muy pesado, habría que cargar cosas y hacer esfuerzo físico constante, pero acepté. Específicamente apoyé durante el rodaje de las escenas del Halconazo donde tuvimos mil extras. La producción rentó un salón donde se colocaron los vestidores y el primer día me tocó organizar, clasificar y acomodar todo el vestuario de los extras. Mi último día filmamos las escenas del exterior e interior de la mueblería, que es donde Cleo y la Abuela ven todo lo que pasa abajo en el atentado. Aproveché para aprender más sobre vestuario y asistí a la vestuarista de los actores principales, así fue como pude conocer más sobre la historia y convivir con Yalitza y Verónica García.

 

LO: ¿Cuál ha sido el impacto personal de haber participado en la película mexicana más importante de la década?
ML: Lo que me llevo es el aprendizaje de hacer cine a gran escala, el ver a Alfonso Cuarón dirigir, conocer a gente súper talentosa en lo que hace, aprender de un departamento en el que no tenía experiencia. Y a pesar de que solo fui un pequeñísimo engranaje en toda esta maquinaria agradezco las atenciones que la producción ha tenido.

A pesar de ser una película diferente en escalas y forma, al resto de los dramas Hollywoodenses —filmada en blanco y negro, en español y mixteco, sin “grandes estrellas” y con una historia tan íntima—, Martha considera que su éxito se debe a ciertos aspectos primordiales: “El que sea una película de Alfonso Cuarón en principio la hace relevante, por la carrera que ha construido, además en su recorrido por festivales dio mucho de qué hablar. Creo que es una película que conecta con todo tipo de público, ya que está técnicamente hecha de manera excepcional, pero a su vez la historia, al ser tan humana, conecta con gran parte de la audiencia”.

POR EL CAMINO CORRECTO

Liñán es egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la UASLP, pero se integró al ambiente cinematográfico tras cursar el diplomado en producción de cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica, academia con más de 40 años de prestigio en la formación de especialistas del séptimo arte.

Ya como productora, Liñán ha trabajado en diversos proyectos al lado de noveles artistas como Danae Reynaud, Armando Espitia, y experimentados actores como Sebastián Aguirre, entre otros. Su corto “El amor dura tres meses” (2018, Dir. Rafael Martínez García) obtuvo en octubre pasado el Premio a mejor cortometraje michoacano en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

LO:¿Qué significó para ti que su trabajo fuera reconocido en uno de los festivales de más prestigio en el país?
ML: El FICM es uno de mis festivales favoritos porque el cine es lo que importa, durante el festival ves de 3 a 4 películas diarias y siempre traen lo mejor de la programación de festivales como Cannes y Berlín. Esta fue la segunda vez consecutiva que un corto que produzco queda en su Selección Oficial y haber ganado fue una grata sorpresa. El reconocimiento de un festival tan importante me dio la seguridad de estar en el camino correcto.

Liñán durante la realización de uno de sus cortometrajes

LO: ¿Qué es lo más complicado de tu labor como productora?
ML: Depende del proyecto, pero el dinero siempre es un tema importante, sobre todo cuando son trabajos independientes. Los cortometrajes, al no tener una salida comercial, suelen ser más complicados al momento de conseguir los recursos necesarios. Como productora tienes que buscar soluciones creativas para realizar el proyecto. Cuando son largometrajes tenemos los fondos del gobierno, ya que el cine en México aún no es autosustentable como en otros países, pero cada año se ha vuelto más complicado con los recortes que se realizan a cultura. El gobierno sigue sin entender que la cultura es básica y esencial.

LO: ¿Cuál piensas que es el mayor obstáculo para los jóvenes cineastas, en un medio tan competido y volátil como el cine?
ML: En este medio no hay de otra más que ir y hacer. Si tienes una historia, cuéntala, no importa de la forma que sea sino darte a conocer. Lo más valioso en una película siempre serán las historias, es lo que conecta. Las escuelas de cine ayudan mucho y nosotros tenemos la fortuna de contar con dos de las mejores del mundo, pero también el ver cine, leer y analizar es de gran importancia. No podemos esperar a que las oportunidades nos lleguen, tenemos que crearlas. También creo que los cortometrajes sirven para explorar y los festivales de cine son grandes plataformas para salir al mundo.

EL DILEMA DE NETFLIX

Sobre la discusión entre la distribución de Roma, en la que las ventanas como Cinépolis y Cinemex, principales cadenas comerciales en nuestro país, se rehusaron a estrenar la película ante el lanzamiento en Netflix (sin los 90 días de distancia que estas empresas solicitan entre el tiempo en salas y su disponibilidad en streaming) Martha opina que lo mejor que le pudo haber sucedido a Roma fue que Netflix la adquiriera: “la puso al alcance de todos globalmente y además permitió que cines y salas independientes la proyectaran para así alcanzar a más público”.

“Si la película hubiera tenido una corrida comercial convencional se hubieran expuesto a los tiempos de proyección de estas cadenas, es decir que probablemente se hubiera tardado semanas en llegar a todo el país y además ellos hubieran controlado todos los horarios. Al estar en Netflix la gente puede verla en el momento que deseen, en el país que estén. También fue muy interesante la estrategia de Netflix con Roma para llegar al Oscar y para que los aceptaran como Estudio”.

Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro en 2007 

CALIDAD DE EXPORTACIÓN

En una década en donde directores (Cuarón, González Iñárritu, Del Toro), cinefotógrafos (Emmanuel Lubezki) y productores (Bertha Navarro) mexicanos han triunfado en el entretenimiento norteamericano, la joven cineasta potosina habla sobre la relevancia de los premios que Roma ha obtenido.

ML: La película pone al cine mexicano en la mira de todo el mundo, a pesar de que los últimos años “Los Tres Amigos” hayan ganado premios con sus películas, el que Roma se haya realizado en México con crew y cast en su mayoría del país dice mucho, y nos da oportunidad de sobresalir en el mercado internacional. Pienso que una de las cosas más importantes es el que Yalitza tenga tantos reflectores, lo que ella representa tanto dentro como fuera de la pantalla, es lo más valioso, ya que le está dando voz, no sólo a las empleadas domésticas, sino también a toda la comunidad indígena; la representación es muy importante, y que ella esté triunfando le da la oportunidad a muchos de soñar y lograr grandes cosas.

Finalmente, Martha Liñán nos contó acerca de sus próximos proyectos, entre los que destacan los cortometraje “La Oscuridad” de la Universidad de Nueva York dirigido por Jorge Sisto, “Casanova” dirigido por Danae Reynaud y Daniel Carrera, “Blu” dirigido por Orlando Rosillo, además del desarrollo de otros 2 cortometrajes y un largometraje.

Puedes ver el corto de Martha “El Fin” en el canal de youtube del FICM: https://www.youtube.com/watch?v=M04mqUa4JmE

 

Los premios Óscar se entregarán este domingo 24 de febrero a las 19:00 hrs.

 

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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La belleza que nos queda | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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«Y entonces de repente todo pierde su atractivo
El mundo sigue ahí, repleto de objetos variables
De discreto interés, fugitivos e inestables,
Una luz mortecina baja del cielo abstraído.»
Houellebecq

 

Nacen niños, se fuman puros. Anabella y yo somos amigos de canciones, de tristezas y de trenes. Hablamos todo el tiempo sobre nuestros abuelos ferrocarrileros. Luego ella escribe una canción con más de un verso que me saca una o dos lágrimas.

A los 14 años me metí a mi primer cantina y no andaba triste, andaba contento. Esos eran momentos realmente míos, como pocos que aun nos quedan, flotando, en el desierto de la ocurrencia. Son los días de los mártires y las víctimas, y para vivirlos me he inventado un artefacto que desarticula la realidad, parecido a los lentes 3D que te regalaban en el cine. Puede que para algunos todo esto sea una locura.

Ya no hay razón, la gente anda confundida, preguntándose si es normal desplazarse con tristeza todo el tiempo: de la casa a la esquina y de la esquina a la casa; cruzar la calle con los movimientos de un zombi, dejarse los zapatos con la mierda pegada a la suela, o postrarse en la cama sin siquiera haber notado que el día ya terminó.

Avanzamos solitarios aunque caminemos entre la multitud. Se acerca el verano y tenemos miedo de salir a bebernos una cerveza, a mojarnos, felices, en los charcos de la lluvia sucia de la ciudad, a consumirnos antes de que vuelva el invierno. El día se ha reducido a su forma más siniestra, llegando al meridiano como si fuese el anuncio del fin del mundo. A qué negar, por otro lado, que hemos resistido.

De a poco nuestra personalidad se esfuma, todos somos protagonistas de la desgracia. Para mí, esto es algo bueno, pero para muchos es algo muy malo.

Las pesadillas gozan de ese efecto de sentirse reales aun cuando has despertado, como una herida recién hecha que arde, fresca, pero que no es posible verle la sangre por ningún lado. Puede que ese momento de ingravidez que antecede a la caída, ese donde no existen los sucesos inmediatos, sea el silencio infinito, tranquilo, antes del primer alarido de dolor; un grito de guerra que aun no se presenta, la belleza que aun nos queda.

Estábamos en un motel y me vine en sus tetas. Luego me la sacudí hasta dejarla bien seca. Me levanté sobre la cama en mis dos piernas, y el ventilador en el techo me voló la cabeza. Ella reía mientras yo buscaba mis sesos por todo el cuarto, juntándolos, reconociéndolos entre los charcos de sangre, asegurándome de no dejar un solo trozo mío en un lugar tan feo, y con la esperanza de que funcionarían cuando terminara de reunirlos, todos, de nuevo.

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