enero 28, 2022

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#Si Sostenido

#Entrevista | Los caminos que llevan a Roma

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La Orquesta platicó con Martha Liñán, la cineasta potosina que participó en el área de vestuario de la multipremiada película de Alfonso Cuarón

Por: La Orquesta

Desde el diciembre pasado no se habla de otra película mexicana que no sea Roma (2018) del director mexicano Alfonso Cuarón (Children of Men, 2008; Gravity, 2011). El intimista relato del realizador -estrenado desde el 14 de diciembre por Netflix- está contado desde la perspectiva de Cleodegaria Gutiérrez, trabajadora doméstica de la familia, interpretada por la debutante Yalitza Aparicio, y con la participación de Marina de Tavira, Nancy García y José Antonio Guerrero.

Roma le ha valido a su director, actrices y a la producción en general, el reconocimiento de la crítica y la audiencia, cosechando premios en los Golden Globes, Goya, BAFTA, y el León de Oro en el Venice Film Festival. Las alabanzas no han dejado de llegar para la producción mexicana (que obtuvo el estímulo de Eficine), y ahora está a punto de hacer historia en Hollywood, al ser contendiente a 10 premios de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas.

En la víspera de tan importante fecha para Cuarón y todos los involucrados, La Orquesta conversó con la cineasta potosina Martha Liñán, quien fue parte de la producción en el área de vestuario, y quien nos cuenta un poco más sobre el trabajo artesanal que hubo en la creación de tan imponente obra.

 

Martha Liñán es una cineasta potosina, egresada de la UASLP y del CCC

LO: ¿Cómo fue que se dio tu participación en la película de Cuarón?
ML: En enero de 2017 recibí un correo de mi escuela (Centro de Capacitación Cinematográfica) en el que la producción de la película solicitaba apoyo. Acababa de egresar en diciembre, así que mandé mi correo para ver si había un puesto, me dijeron que el trabajo era muy pesado, habría que cargar cosas y hacer esfuerzo físico constante, pero acepté. Específicamente apoyé durante el rodaje de las escenas del Halconazo donde tuvimos mil extras. La producción rentó un salón donde se colocaron los vestidores y el primer día me tocó organizar, clasificar y acomodar todo el vestuario de los extras. Mi último día filmamos las escenas del exterior e interior de la mueblería, que es donde Cleo y la Abuela ven todo lo que pasa abajo en el atentado. Aproveché para aprender más sobre vestuario y asistí a la vestuarista de los actores principales, así fue como pude conocer más sobre la historia y convivir con Yalitza y Verónica García.

 

LO: ¿Cuál ha sido el impacto personal de haber participado en la película mexicana más importante de la década?
ML: Lo que me llevo es el aprendizaje de hacer cine a gran escala, el ver a Alfonso Cuarón dirigir, conocer a gente súper talentosa en lo que hace, aprender de un departamento en el que no tenía experiencia. Y a pesar de que solo fui un pequeñísimo engranaje en toda esta maquinaria agradezco las atenciones que la producción ha tenido.

A pesar de ser una película diferente en escalas y forma, al resto de los dramas Hollywoodenses —filmada en blanco y negro, en español y mixteco, sin “grandes estrellas” y con una historia tan íntima—, Martha considera que su éxito se debe a ciertos aspectos primordiales: “El que sea una película de Alfonso Cuarón en principio la hace relevante, por la carrera que ha construido, además en su recorrido por festivales dio mucho de qué hablar. Creo que es una película que conecta con todo tipo de público, ya que está técnicamente hecha de manera excepcional, pero a su vez la historia, al ser tan humana, conecta con gran parte de la audiencia”.

POR EL CAMINO CORRECTO

Liñán es egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la UASLP, pero se integró al ambiente cinematográfico tras cursar el diplomado en producción de cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica, academia con más de 40 años de prestigio en la formación de especialistas del séptimo arte.

Ya como productora, Liñán ha trabajado en diversos proyectos al lado de noveles artistas como Danae Reynaud, Armando Espitia, y experimentados actores como Sebastián Aguirre, entre otros. Su corto “El amor dura tres meses” (2018, Dir. Rafael Martínez García) obtuvo en octubre pasado el Premio a mejor cortometraje michoacano en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

LO:¿Qué significó para ti que su trabajo fuera reconocido en uno de los festivales de más prestigio en el país?
ML: El FICM es uno de mis festivales favoritos porque el cine es lo que importa, durante el festival ves de 3 a 4 películas diarias y siempre traen lo mejor de la programación de festivales como Cannes y Berlín. Esta fue la segunda vez consecutiva que un corto que produzco queda en su Selección Oficial y haber ganado fue una grata sorpresa. El reconocimiento de un festival tan importante me dio la seguridad de estar en el camino correcto.

Liñán durante la realización de uno de sus cortometrajes

LO: ¿Qué es lo más complicado de tu labor como productora?
ML: Depende del proyecto, pero el dinero siempre es un tema importante, sobre todo cuando son trabajos independientes. Los cortometrajes, al no tener una salida comercial, suelen ser más complicados al momento de conseguir los recursos necesarios. Como productora tienes que buscar soluciones creativas para realizar el proyecto. Cuando son largometrajes tenemos los fondos del gobierno, ya que el cine en México aún no es autosustentable como en otros países, pero cada año se ha vuelto más complicado con los recortes que se realizan a cultura. El gobierno sigue sin entender que la cultura es básica y esencial.

LO: ¿Cuál piensas que es el mayor obstáculo para los jóvenes cineastas, en un medio tan competido y volátil como el cine?
ML: En este medio no hay de otra más que ir y hacer. Si tienes una historia, cuéntala, no importa de la forma que sea sino darte a conocer. Lo más valioso en una película siempre serán las historias, es lo que conecta. Las escuelas de cine ayudan mucho y nosotros tenemos la fortuna de contar con dos de las mejores del mundo, pero también el ver cine, leer y analizar es de gran importancia. No podemos esperar a que las oportunidades nos lleguen, tenemos que crearlas. También creo que los cortometrajes sirven para explorar y los festivales de cine son grandes plataformas para salir al mundo.

EL DILEMA DE NETFLIX

Sobre la discusión entre la distribución de Roma, en la que las ventanas como Cinépolis y Cinemex, principales cadenas comerciales en nuestro país, se rehusaron a estrenar la película ante el lanzamiento en Netflix (sin los 90 días de distancia que estas empresas solicitan entre el tiempo en salas y su disponibilidad en streaming) Martha opina que lo mejor que le pudo haber sucedido a Roma fue que Netflix la adquiriera: “la puso al alcance de todos globalmente y además permitió que cines y salas independientes la proyectaran para así alcanzar a más público”.

“Si la película hubiera tenido una corrida comercial convencional se hubieran expuesto a los tiempos de proyección de estas cadenas, es decir que probablemente se hubiera tardado semanas en llegar a todo el país y además ellos hubieran controlado todos los horarios. Al estar en Netflix la gente puede verla en el momento que deseen, en el país que estén. También fue muy interesante la estrategia de Netflix con Roma para llegar al Oscar y para que los aceptaran como Estudio”.

Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro en 2007 

CALIDAD DE EXPORTACIÓN

En una década en donde directores (Cuarón, González Iñárritu, Del Toro), cinefotógrafos (Emmanuel Lubezki) y productores (Bertha Navarro) mexicanos han triunfado en el entretenimiento norteamericano, la joven cineasta potosina habla sobre la relevancia de los premios que Roma ha obtenido.

ML: La película pone al cine mexicano en la mira de todo el mundo, a pesar de que los últimos años “Los Tres Amigos” hayan ganado premios con sus películas, el que Roma se haya realizado en México con crew y cast en su mayoría del país dice mucho, y nos da oportunidad de sobresalir en el mercado internacional. Pienso que una de las cosas más importantes es el que Yalitza tenga tantos reflectores, lo que ella representa tanto dentro como fuera de la pantalla, es lo más valioso, ya que le está dando voz, no sólo a las empleadas domésticas, sino también a toda la comunidad indígena; la representación es muy importante, y que ella esté triunfando le da la oportunidad a muchos de soñar y lograr grandes cosas.

Finalmente, Martha Liñán nos contó acerca de sus próximos proyectos, entre los que destacan los cortometraje “La Oscuridad” de la Universidad de Nueva York dirigido por Jorge Sisto, “Casanova” dirigido por Danae Reynaud y Daniel Carrera, “Blu” dirigido por Orlando Rosillo, además del desarrollo de otros 2 cortometrajes y un largometraje.

Puedes ver el corto de Martha “El Fin” en el canal de youtube del FICM: https://www.youtube.com/watch?v=M04mqUa4JmE

 

Los premios Óscar se entregarán este domingo 24 de febrero a las 19:00 hrs.

 

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¿Arte sano? | Columna de León García Lam

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VOLUTA.

El campo de las artesanías tiene más contradicciones que un recinto lleno de diputados. Ahí están las artesanías mexicanas tan coloridas, tan bonitas, tan sorprendentes… ¡tan curiositas!, pero ¡ay, no son obras de arte! Sí, son bonitas, nadie lo niega, pero a diferencia de las obras de arte, es que las artesanías las fabricó un artesano para venderlas, y aunque no las fabricó en serie, no son objetos únicos: cualquier gringo de medio pelo ha comprado un ídolo de barro que parece prehispánico, cuántas chicas tienen atiborrados sus alhajeros de aretes huicholes y muchas familias presumen una escultura tolteca en la sala de su casa o, por lo menos, han regalado una muñeca otomí.

Dicen los expertos, que las obras de arte se hacen por el arte mismo (aunque se vendan) y son piezas únicas (aunque existan copias). Las artesanías generalmente van acompañadas de una función: sirven para hacer chocolate como los molinillos, para protegerse del frío como los rebozos y sarapes, para jugar como los trompos y baleros, para regalarse como esos perros de feria que tienen un hoyo debajo o para consumirse como la pirotecnia hoy tan odiada en algunos sectores de petfriends.

Es un problema, porque lo que algunos funcionarios públicos achacan a las artesanías es que, estarán muy bonitas las máscaras que fabrican en la Huasteca, pero no sirven para nada. Casi nadie que compre un petate lo usará para dormir y las ollas de alfarería indígena no se usarán para cocinar nada. Así que el trabajo de algunos funcionarios públicos es encontrar una utilidad a las artesanías: las figuras de barro pueden ser portalápices, los petates alhajeros, los bordados tortilleros, las máscaras pueden volverse souvenirs si se hacen más pequeñas y se les pega un imán detrás y hay a quién se le ha ocurrido hacer aretes con piedras de cantera rosa esculpidas por artesanos de Escalerillas. Lo que sea con tal de “atraer al mercado”.

También es un problema porque otros funcionarios han insistido en revalorar las artesanías como parte de la identidad y del patrimonio cultural. No se trata sólo de un quechquémetl, sino es toda una visión del mundo, un mapa del universo que una anciana sabia tejió y bordó con sus manos pensando en sus ancestros y que agradece que una turista se lo haya comprado sin regatear mucho, para poder pagar la recarga de su celular y poder recibir la llamada de su hijo migrante.

Las instituciones, autoridades, funcionarios públicos y académicos lograron la especialidad de la casa: un revoltillo de contradicciones. Hoy no se sabe, si las artesanías deben ser dirigidas por una política cultural (a cargo de la Secretaría de Cultura), de asistencia social (DIF), de desarrollo social (Sedesol) o de Desarrollo Económico (Sedeco) o de Turismo. Tampoco se sabe si se debe seguir impulsando su desarrollo financiero para que los artesanos puedan competir contra la oferta china convirtiéndolos en fábricas, si los artesanos deben adquirir capacitación administrativa para convertirse en empresarios, si deben adaptarse a lo que el mercado les pide, o si deben educar al mercado.

Hay quién se pregunta ¿hasta dónde deben seguir produciendo la misma artesanía que cada vez resulta más caro producir y vender?

En Michoacán, los artesanos reboceros, recibieron apoyos múltiples de su gobierno del estado y de los capitales migrantes (y otros innombrables) para el establecimiento de pequeñas fábricas textiles a lo largo de toda la meseta. Los trajes purépechas ahora se bordan en computadora y han diversificado toda clase de prendas: guayaberas, quechquémetls, rebozos, blusas y rollos. Los fabrican casi en serie y los venden a todos precios, dependiendo de la calidad de los materiales y el tipo de prenda. Hay para todos los bolsillos. Las chicas purépechas, uaris, el día de una fiesta en Cocucho, para presumir usan un rebozo de Santa María del Río…

Todo esto se lo comento, estimado y culto público de La Orquesta, porque todo indica que el problema de las artesanías en San Luis Potosí le seguirá dando dolores de cabeza a varios funcionarios de gobierno.

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Playa | Un texto de Eduardo L. Marceleño

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Merecíamos viajar de otra forma, estar juntos y no lejos. Mientras dure esta locura quiero estar contigo.

Hay personas que piensan que volar es un asunto muy sencillo, yo pienso que es un asunto extraordinario. En mi casa, volar era un asunto serio.

Caminábamos por la carretera en el desierto de Sonora, a un costado del Mar de Cortez. Para mí el calor nunca ha sido problema, por el contrario, suelo celebrarlo.

Mientras se hacía de tarde y los niños jugaban futbol en la playa paramos en un puesto que vendía pescado frito. Nos comimos nuestros buenos ejemplares y de a poco la celebración del sol mostraba sus efectos. Puse la mirada en las burbujas que deja la cerveza sobre los bordes del vaso, estas reventaban según me perdía en una suerte de hipnosis provocada por el golpe de calor.

La señora del puesto de pescados llamó a los niños a cenar. Dejaron la pelota para jugar con nosotros. Tiraban de mi ropa y se correteaban alrededor de nuestra mesa. Gritaban y se divertían con la presencia de unos extraños, acorralando el momento de que llegara la cena servida.

Luego se hizo de noche y yo ya me había bebido unos ocho o diez vasos de cerveza. Me levanté al baño, es decir, a la playa. T una vez me dijo en Mazatlán que uno tiene permitido mearse dentro del mar. La diferencia con Guaymas, Sonora, es que para mearse dentro del mar hay que espabilarse y soportar las frías aguas del angosto y silencioso Golfo de California, a diferencia de Mazatlán donde la fuerza del Pacífico Norte genera un buen oleaje y una temperatura deliciosamente templada, factores que, por otro lado, ayudan a disimular frente a la demás gente el calor de los meados esparcidos en el agua.

No quería que los niños me vieran orinar, ni mucho menos faltar al honor de la familia que tan bien nos había recibido en su puesto de pescados, pero tampoco estaba dispuesto a mojarme. Así que caminé sobre la playa hasta alejarme lo suficiente y perderme de la vista del puesto.

Al volver, todos los puestos de comida se habían cubierto de un velo oscuro. Cada que se me hace de noche en la playa me siento en la obligación de recordar a T aunque yo ya no lo quiera, y a sentir algo que ya no siento. El rumor de su voz crece en el silencio, como gotas de agua que escurren de una llave rota en medio de la noche, pequeños golpes casi inaudibles que en conjunto se vuelven un prolongado fastidio.

Es como si gracias a ella hubiera conocido el mar, y no a esa ocasión cuando a los 8 años fui a pescar con mis tíos a Nayarit. Todas mis memorias acerca del mar se remiten a mi único encuentro con T.

Si todo esto se tratara de un libro único, no dejaría de escribir interrogantes existenciales en torno al mar y a la persona que aparece frente a ti para mostrártelo de forma diferente a como lo veías antes.

A menudo chapoteamos tranquilos desde una tierna infancia, dentro de la pequeña piscina de nuestras más afianzadas comodidades. Luego, sin avisar, llega alguien a sacarte del chapoteadero para llevarte a nadar a las heladas aguas del cálculo adulto. Entonces todo se estropea, y no importa una mierda que hayas aprendido a asearte como los osos en medio del verano, o que conozcas el bosque como la palma de tu mano. Ahora todo se trata de saber nadar.

Si volar es extraordinario para unos, nadar es imposible para otros.

Puede que todo este asunto del mar o de ella tenga que ver con el propósito sexual de la gratificación narcisista. El dominio que uno tiene sobre el terreno del otro. Acaso pensarlo responde a un entendimiento más práctico, aunque no por ello menos frío.

Por lo demás, puedo decir que la calle o el monte ha sido lo que me ha salvado antes, y lo que pueda salvarme ahora; y volar me siga pareciendo increíble. Aunque, a qué negar, que nada pueda compararse con la inmensidad del mar. Algunas veces hay que meterse a nadar dentro del oleaje, o a jugar en el gran chapoteadero del mundo, como según se le vea.

Al llegar al puesto escuché poco ruido. Cuchicheando, la familia de los pescados fritos guardaba los utensilios en bolsas de mimbre. Los niños dormían, rendidos en los hombros de un hombre fornido que cuidaba de su sueño, supongo que se trataba del padre.

Agradecí, pagamos y nos fuimos. En el camino, ella me explicaba lo agradable que es volver a casa de noche caminando sobre la playa, después de haber pasado el día celebrado el calor de Sonora.

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Filosofía para qué | Columna de León García Lam

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VOLUTA

 

Ahora que nos encontramos justo en la antesala de los universos virtuales, se podría calcular que las actuales redes sociales son tres cuartas partes hate u odio. La UNICEF ha informado que, en los tiempos de covid-19, la participación en redes sociales se incrementó un 61%, con el consecuente aumento en las agresiones digitales: prácticamente no existe persona que, ante la exposición de imágenes o comentarios no haya sufrido comentarios hirientes por parte de su propio círculo de amistades virtuales y créame que no hay explicaciones para las causas de este fenómeno, personas expertas piensan que simplemente es porque así somos los seres humanos. Yo quiero proponer aquí una hipótesis: El hate se debe a la convergencia de dos tendencias, por un lado, algo que es muy fácil de observar: se ha generado una gran facilidad de opinión (la democratización de las redes) y por otro, algo que es muy difícil de reconocer, la falta de argumentos que casi todos padecemos.

Métase como espectador a una discusión en redes sociales y verá las ganas que dan de decirle a alguno de los participantes lo muy ignorante, estúpido, animal, baboso y bestia infinita que es y de paso a su progenitora que debió ser incapaz de tomar ácido fólico durante el embarazo. Ese es el nivel de cualquier discusión, no importa el tema. Esas discusiones se ganan insultando a desconocidos, profiriendo maldiciones como si se estuviera corriendo chamucos de la casa y yo pienso que se debe a una enorme falta de argumentos.

Ahora bien ¿a qué se debe esa falta de argumentos? ¿de dónde debimos obtenerlos? Yo pienso, estimado y culto público de La Orquesta, que esos argumentos provienen de la filosofía. Desde hace décadas, la tendencia educativa ha sido marginar las materias filosóficas de los planes de estudio como lógica, ética o estética, esos temas fueron erradicados de la currícula de varias carreras y de los estudios de bachillerato, bajo el argumento creciente en popularidad de que estas materias no ofrecen ninguna utilidad práctica.

Así como las matemáticas sirven para que a uno no lo hagan menso con el cambio en la tiendita de la esquina, la filosofía sirve para tener argumentos, o bien para reconocer que no se tienen.

Las discusiones son muy necesarias para la democracia, porque generan opinión, construyen puentes de diálogo, señalan convergencias, pero también nos indican flaquezas y errores. Para sacarle jugo a una democracia, se requiere de hartas discusiones sobre todos los temas, pero también se necesita de reglas: no se vale faulear al contrincante, ni tirar el tablero cuando se va perdiendo, ni llevarse el balón como niño emberrinchado, hay reglas para argumentar: es decir entender cuándo se puede generalizar, cuándo se debe particularizar, en qué condiciones se puede comparar, etcétera. Es decir, discutir sin falacias y mucho menos sin meterse con las engendradoras, ni con los defectos personales de las contrapartes. Eso se aprende en las clases de filosofía y por ello, hoy vemos cómo la filosofía es más necesaria que nunca.

Esto se lo comento, estimado y Culto Público de La Orquesta, porque nos rodean escenarios muy extraños, por ejemplo, mientras que en las cámaras de diputados y senadores la política nacional se revuelca en un lodazal de insultos, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí planea suspender la oferta educativa 2022 de algunas carreras (se sospecha que Filosofía está entre ellas) por falta de interés de los estudiantes.

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