Ciudad
Las cuentas pendientes de Xavier Nava
Funcionarios señalados, mal uso de recursos públicos e inhabilitaciones, este es el legado de las 101 denuncias que pesan contra el gobierno del ex alcalde
Por: Ana G Silva
Xavier Nava, ex alcalde de San Luis Potosí en el periodo (2018-2021), es un personaje que tiene varias cuentas pendientes con la ciudadanía, tantas que el actual gobierno municipal, encabezado por Enrique Galindo, ya presentó 101 denuncias contra él y su administración.
Las acusaciones contra Nava se centran en el mal uso de recursos públicos, contratación de aviadores, integrantes de su gabinete señalados de diversos delitos, etcétera.
Aunque aún no se ha revelado los motivos de las denuncias ya que se refiere a datos relacionados con procesos penales, por lo que existiría el riesgo de vulnerar la secrecía de las investigaciones y de revelar datos personales de las personas imputadas, perjudicando sus derechos, La Orquesta se dio a la tarea de recopilar algunos de los posibles aspectos que estarían relacionados:
Denuncias en contra de sus integrantes en el gabinete e inhabilitaciones
Xavier Nava y su círculo más cercano enfrentan actualmente procesos de diversos tipos en su contra. En el caso del ex alcalde, a finales de 2021, fue inhabilitado para ocupar cargos públicos durante 18 años. El Congreso del Estado determinó que el ex candidato de Morena a la alcaldía contravino leyes estatales, la propia ley de Juicio Político y leyes de responsabilidades administrativas, esto al construir sobre terrenos que no le pertenecían al Ayuntamiento. Dicha sanción también afectó a su planilla de síndicos y regidores, dejándolos fuera cinco años y el regidor en turno Alfredo Lujambio estará fuera por 15 años.
Alfredo N, quien además fue alcalde suplente, fue vinculado a proceso por presunto abuso sexual cometido en contra de una ex trabajadora del Ayuntamiento capitalino. El acusado suplió a Nava en la alcaldía capitalina cuando pidió licencia para buscar la reelección, fue regidor en la administración pasada y en esta, al estar dentro de la planilla de Xavier Nava, también pertenece al Frente Cívico Potosino.
Ricardo García Rojas, fue vinculado a proceso en el mes de septiembre de 2021, esto debido a probables delitos de acoso y hostigamiento sexual en contra de dos ex empleadas del municipio cuando el implicado se desempeñaba en la dirección de Deportes, pues las víctimas señalan que en repetidas ocasiones recibieron comentarios e insinuaciones sexuales por parte del acusado. El caso se resolvió recientemente con una reparación de parte del acusado.
Rodrigo Portilla, estuvo al frente de la Tesorería Municipal, la cual sufrió un desfalco por 7.7 millones de pesos. Portilla señaló el pasado mes de septiembre que había realizado una denuncia por dicha situación y uno de los presuntos culpables fueron vinculados a proceso; sin embargo, siguen las investigaciones al respecto.
Otras denuncias en el mal manejo del erario
El 16 de diciembre de 2021, Enrique Galindo Ceballos, alcalde de la capital potosina, señaló que existe un adeudo de 11 millones de pesos en electrodomésticos que se compraron y entregaron durante los últimos meses de la administración que encabezó Xavier Nava, por la Dirección de Desarrollo Social a cargo de Óscar Valle. Lo anterior podría relacionarse a las denuncias realizadas por militantes del PAN en enero de ese año, pues señalaban que Nava, entonces precandidato a la gubernatura, regaló estufas a cambio de votar a favor de su nominación en la elección interna del partido para convertirse en el candidato oficial.
El 8 de enero del 2021, cuando se hizo pública la denuncia, La Orquesta recibió información, de fuentes al interior de la pasada administración del Ayuntamiento de San Luis Potosí, que dichos enseres fueron comprados como parte del programa “Hasta la cocina”, que promovió el pasado gobierno capitalino, el cual estaba a cargo del área de Desarrollo Social, cuyo titular era Óscar Valle Portilla, uno de los principales coordinadores de precampaña de Nava.
El ex alcalde había prometido garantizar transparencia en su gestión, aunque dejó temas pendientes como: la inversión de 50 millones de pesos del primer círculo del alcalde capitalino en la construcción de un Hotel-Campamento en la Sierra de Álvarez (revelada por La Orquesta y bautizada como el Campamento del Terror).
Además, el alcalde otorgó el fallo de la licitación de 400 millones de pesos por 50 mil luminarias a la empresa TrafficLight, por lo que cada luminaria tuvo un costo de 8 mil pesos, en una clara compra a sobreprecio.
Contratación de aviadores
El primero de febrero, por segunda ocasión, la administración de Enrique Galindo denunció daño al erario, por más de 24 millones de pesos, tras la detección de 42 personas “aviadoras” que cobraron durante el trienio de Xavier Nava, sin que se tenga registro de las labores que desempeñaron, esto se suma a las 18 personas denuncias el pasado 13 de octubre del 2021 por un desfalcó de 12 millones de pesos que se gastaron con el mismo modus operandi.
En total, se habla de 60 aviadores y 36 millones de pesos de daños a las finanzas municipales. Estos supuestos trabajadores estaban adscritos al área de la Secretaría General, la Contraloría Interna, la Tesorería, Recursos Humanos, Desarrollo Económico y Servicios Municipales.
Enrique Galindo también había denunciado que Nava Palacios dejó un total de 6 mil 515 personas basificadas, de las cuales, mil 655 ingresaron durante la administración navista, engrosando con ello un 33 por ciento la nómina municipal.
Patrullas rentadas a sus amigos
A pesar de que Xavier Nava dejó a San Luis Potosí con 10 patrullas terminando su administración, lo cual generó incertidumbre en la población por en tema de inseguridad, también tuvieron un costo excesivo, pues en septiembre de 2019, el propio ex alcalde presumió la renta de 153 patrullas a través de la empresa Clear Leasing, Nissan Torres Corzo, transacción en la que gastó más de 112 millones de pesos y que no representó un beneficio para los potosinos pues la mayoría de estas patrullas permanecieron estacionadas en el patio trasero de las comandancias.
Aún con estos antecedentes, Óscar Valle Portilla, ex director de Desarrollo Social, consideró difícil que las denuncias ante la Fiscalía General del Estado (FGE) puedan prosperar; señaló que las 101 denuncias “más bien son tres o cuatro asuntos globales los que se están ventilando en la Fiscalía”.
También lee: Defendiendo a Xavi y los Bemoles desidiosos | Columna de Jorge Saldaña
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ayuntamiento de SLP
Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital
La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial
Por: Redacción
La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.
Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.
Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.
Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.
Por: Redacción
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.
La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.
Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.
Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.
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