#4 Tiempos
La tristeza, la locura | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Solo porque es catalana -como Mercé Rodoreda- he comenzado a leer esta tarde a Montserrat Roig (1946-1991).
Ya sé que decir esto no es hacer demasiado honor a Montserrat Roig, pero qué quiere usted, la vida es así. Uno empieza a leer los libros de ciertos autores por las razones más vulgares, entre las que se me ocurren las siguientes cuatro:
1) Porque cierto líder de opinión nos los recomendó vivamente (aunque no estoy muy seguro de que ésta sea una razón de peso, pues –la verdad hay que decirla- uno casi nunca lee los libros que los demás nos recomiendan);
2) o porque nos los encontramos en nuestra casa (sin saber cómo ni cuándo fueron a parar allí) y, a falta de otra cosa que hacer –o de dinero para comprar otros-, nos pusimos a leerlos;
3) o porque nos los prestaron y no pensamos devolverlos («Los libros, dijo alguien una vez, se escriben para venderlos, se compran para tenerlos y se prestan para perderlos»);
4) o, finalmente, porque los encontramos a un precio módico en una librería de usado y no quisimos desaprovechar la ocasión. (¡Los mejores libros que he leído en mi vida los he encontrado precisamente en las canastillas de ofertas! Pienso, por ejemplo, en Cuando silbo…, de Shusaku Endo, y en Alondra, de Deszô Kostolányi).
Es verdad que los que escriben y publican quisieran oír hablar de razones más misteriosas, elevadas y pronfundas, pero estoy seguro de que la elección de un autor en vez de otro se debe a motivos tan triviales como los recién citados. Ahora bien, que estos libros acaben gustándonos y elijamos después comprar otros del mismo autor, ya en condiciones -y a precios- normales, esa es otra historia.
Por lo que hace a mí, como digo, comencé a leer a Montserrat Roig (1946-1991) porque una de sus novelas se hallaba muy sola en una canastilla de saldos y además echaba de menos en aquel momento ese aire catalán y nostálgico que sólo Mercé Rodoreda sabe hacernos respirar.
Advierto inmediatamente que no he terminado de leer La voz melodiosa (la novela de la Roig), y que por tanto me es imposible decir nada acerca de ella, salvo que uno de sus párrafos iniciales me golpeó en lo más vivo, haciéndome cerrar el libro y coger la pluma. La frase de la que hablo es la siguiente: «Con el tiempo, el abuelo supo que la tristeza y la locura empiezan a hacerse compañía».
Esta simple frase hizo que casi me ahogara en un mar de preguntas. ¿Es la tristeza una forma de la locura? ¿O es la locura, más bien, una variante de la tristeza? En otras palabras: ¿nos volvemos tristes porque estamos locos, o enloquecemos porque estamos tristes?
Aunque hablo como inexperto, creo que hay un punto –un confín, una frontera que los psicólogos no han sabido aún delimitar- en el que la excesiva tristeza acaba en locura; que suceda lo contrario (que la locura se vuelva tristeza), me parece mucho menos probable. No obstante, es verdad: se quiera o no, llega un momento en la vida de las personas en el que «la tristeza y la locura empiezan a hacerse compañía», aunque no se sepa nunca a ciencia cierta cuál de las dos llegó primero, ni cuál llamó a la otra para morar juntas en el mismo corazón y en la misma cabeza.
Por si las dudas, hay que defenderse de la tristeza y ponerse a cultivar la alegría. La falta de alegría, en la situación presente, no es sólo una falta de amor a sí mismo, sino un auténtico pecado. En una novela de Sholem Asch (1880-1957), el escritor judío, hay un diálogo en el que se explica por qué es esto así. Moses Silverstein está hablando con un acongojado millonario al punto del infarto y le dice las siguientes –sabias, muy sabias- palabras:
«El mayor pecado que un hombre puede cometer contra Dios es el de caer en la tristeza y –que Dios no lo quiera- en la desesperación. Nos han dicho nuestros maestros que es más pecado pensar en el pecado que pecar. Es verdad que hay que arrepentirse y tomar la decisión de no volver a pecar; pero es preciso arrepentirse y olvidar todo el asunto. Porque, si se rinde uno a la melancolía, pierde la alegría de vivir. Y entonces no reconoce la bondad del Eterno, no se siente agradecido por la vida que Él le dio ni por la bondad de que Él le hace objeto todos los días. Se convierte en un Job, que maldijo el día en que nació, y se enoja con Dios por haberlo creado… Dios quiere que aparte su tristeza y se regocije en Su mundo y en Su creación, que se sienta alegre con la luz del sol, con las cosas que crecen, con los frutos del campo. Por eso nos ordenaron los rabinos que nos acordáramos de pronunciar una bendición cada vez que probamos una fruta o que participamos de alguna alegría. Nuestro goce de la vida es en sí mismo una bendición y un agradecimiento que enaltecen a Dios y a su obra».
¿Pecaste gravemente? Arrepiéntete, pide perdón y olvida el asunto. ¿Hay demasiadas cosas que te preocupan? Bien está que te preocupen, pero no demasiado. Déjalas en las manos de Dios y sigue adelante: ¿qué ganarás a fuerza de pensar en ellas? Y, por lo demás, ¿fue Dios quien te trajo a este mundo, o fuiste tú quien le pidió venir? Bien, si fue Él quien te trajo sin tu consentimiento –yo espero que realmente haya sido así, pues no veo otra forma de explicarme tu presencia en la tierra-, entonces no creo que en sus planes esté el dejarte solo.
«¡Alégrate!», dijo el ángel a María a modo de saludo. Y como yo no creo que el ángel sea un ingenuo, lo mejor es hacer lo que dijo a María -y, de paso, también a nosotros-.
Alégrate, porque la tristeza y la locura son dos buenas amigas que tarde o temprano acaban siempre por reunirse y hacerse compañía. ¡Ah, son tan solidarias entre ellas, tan íntimas, que nunca están dispuestas a dejarse solas!…

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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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