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#4 Tiempos

La sociedad civil está y seguirá presente | Columna de Educiac

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sociedad civil

Hace poco en un ejercicio de reflexión con algunas personas, vinculadas y no a las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en México, nos cuestionamos ¿qué consideramos que es una OSC? Este ejercicio de reflexión arrojó diversas opiniones, muchas congruentes entre sí, otras ambiguas, algunas cargadas de mitos, desconfianza y prejuicios del sector.

Algo que nos quedó claro es que, la sociedad civil no es un sector entendido de la misma manera por todas las personas, incluso creemos que hay pocas claridades sobre su quehacer, espacios que habita, origen y pertinencia de su existencia y formas de financiamiento.

Algunas organizaciones, como Educación y Ciudadanía A.C. (Educiac), abogan por la lucha colectiva de los derechos humanos, se posicionan en contra de las injusticias y desigualdades sociales, y/o exigen al Estado, el diseño e implementación de políticas públicas participativas, inclusivas y en favor de las personas segregadas históricamente en el país. Quizá no tenga que haber estándares para ser parte de la sociedad civil, pues dentro de ésta, se aglomeran y auto identifican una diversidad de colectivos, organizaciones, movimientos sociales y feministas, sindicatos, entre otras agrupaciones formales e informales. Esto implica que, el nacimiento de cada una de éstas tenga posicionamientos políticos distintos y que su nicho de lucha social sea diferente. Además, por su composición, las OSC presentan dificultad para su sostenibilidad en el tiempo.

Ante esto, las OSC han generado estrategias de subsistencia en conjunto, fuera de las prácticas cotidianas de financiamiento de los otros sectores económicos y políticos de la sociedad, debido a que no generan lucro, y tampoco son parte del Estado. Bajo un discurso de desacreditación al trabajo de las OSC, el actual gobierno federal tomó la decisión de retirar los fondos públicos asignados a éstas. Si no cuentan con esta fuente de financiamiento ¿cómo sostienen su labor? Algunas, a través de medidas de auto sustento -que implican un trabajo adicional al que realizan-, tales como la búsqueda de donativos por parte del sector empresarial, y/o mediante fondos internacionales de agencias y organismos.

Algunos fondos internacionales proponen el financiamiento en cascada, esto implica que algunas organizaciones brinden subvenciones a otras. Este tipo de financiamiento muchas veces genera ruido ¿pero de qué manera puede ser valiosa esta propuesta? Si las organizaciones trabajan unas con otras, con métodos transparentes establecidos, aportan a que se sostengan, articulen procesos y se fortalezcan en conjunto, más allá de sólo brindar y recibir una subvención, la incidencia y el impacto social es mucho más grande para construir el bien social. Son este tipo de estrategias, las que contribuyen a la existencia y permanencia de las organizaciones defensoras de derechos humanos. Desde Educiac nos articulamos con distintas OSC para realizar financiamiento en cascada en San Luis Potosí y en otros estados del país junto con un proceso de fortalecimiento, donde el aprendizaje mutuo es prioritario, respaldando propuestas de incidencia en políticas públicas, de sustentabilidad y crecimiento de éstas.

Este tipo de organizaciones existe porque es ineludible visibilizar la constante violación sistemática a los derechos humanos, es indispensable proponer espacios de participación, y porque reconocen que existen estructuras adversas de poder en la sociedad, que restringen a gran parte de la población mexicana, a vivir dignamente. Es por eso, que a través de éstas formas y/u otras legítimas y transparentes, la sociedad civil está y seguirá presente en México. #SíconlasOSC #NosFortalecemos.

“Prohibido prohibir” | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Columna de Felipe Donato

Juez ordenó liberar a Eugenio Hernández, ex gobernador de Tamaulipas

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Fue liberado del delito de peculado y operaciones con recursos de procedencia ilícita, pero todavía tiene otras acusaciones como el enriquecimiento ilícito y una solicitud de extradición a EU

Por: Redacción

Por falta de elementos para procesar, José Guadalupe de la Cruz Bocanegra, Juez Segundo de lo Penal radicado en Ciudad Victoria, dictó un auto de libertad en favor del exgobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, por los delitos de peculado y operaciones con recursos de procedencia ilícita. La resolución legal se dio como parte del proceso 67/2017.

El ex mandatario fue detenido hace casi cuatro años, en octubre de 2017, y actualmente está en prisión en un penal en el Estado de México.

El documento fue firmado el 17 de septiembre por José Guadalupe de la Cruz Bocanegra y va dirigido al director del Centro Preventivo y de Readaptación Social de Tenango del Valle del Estado de México.

“Por medio del presente, comunico a usted, que en la causa penal número 67/2017, instruida en contra de Eugenio Javier Hernández Flores, por lo delitos de peculado y operaciones con recursos de procedencia ilícita, cometidos en agravio de la sociedad y patrimonio del estado de Tamaulipas, con esta propia fecha se dictó auto de libertad y absoluta y auto de libertad por falta de elementos para procesar a su favor”.

Se añade que por lo anterior se ordenó su inmediata libertad, considerando se encuentra privado de su libertad por estos hechos en ese centro, “sin perjuicio de que continúe detenido por causa distinta o autoridades diversas que lo reclamen”.

Así, el ex gobernador de Tamaulipas es liberado del delito de peculado y operaciones con recursos de procedencia ilícita por las mil 600 hectáreas en Altamira, derivado del amparo que promovió y ahora se le da cumplimiento, pero todavía tiene otras acusaciones como el enriquecimiento ilícito y una solicitud de extradición a Estados Unidos.

En octubre de 2017, la entonces Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas informó que Hernández Flores, a través de su prestanombres, Alberto Berlanga Bolado y la empresa GMC S.A de C.V, de Altamira, realizó en 2007 una operación de compra por 16 millones de pesos de un terreno de mil 600 hectáreas, ubicadas en el Puerto Industrial de Altamira y que pertenecen en realidad al patrimonio del estado.

Con información de Milenio

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#4 Tiempos

Ética de la confidencia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Decía Sören Kierkegaard (1813-1855), el filósofo danés, que así como debía existir una ética del escritor y una ética del periodista, así debía haber igualmente una ética para la recepción de confidencias.

El que ha sido partícipe de un secreto, lo quiera o no, dice nuestro filósofo, está obligado por lo menos a estas dos cosas: primero, a no divulgarlo; y, segundo, a no olvidarlo.

El primero de estos dos deberes es por demás evidente. ¿A quién no le ha sucedido que, tan pronto como ha abierto la boca, todos se han enterado ya de aquello que tan celosamente guardaba en su interior? ¡No han pasado ni siquiera veinticuatro horas y ya todos lo saben todo! ¿Pues a quién ha tenido la imprudencia de revelarlo? A un indiscreto, es decir, a una persona que no es capaz de guardarse nada. «¡Qué me parta un rayo si vuelvo a hablar con esa persona!», se queja la víctima de estos accesos comunicativos que tanto mal hacen a las relaciones humanas. El indiscreto ignora que por el sólo hecho de haber sido elegido entre muchos otros como custodio de lo que no todos deben saber, contrae serias obligaciones y, por ignorar esto, ha ocasionado un daño irreparable.

Una vez, según cuenta Diógenes Laercio, un filósofo caminaba por las calles de Atenas con una canasta bajo el brazo; andaba de prisa como si necesitara llegar lo antes posible a algún lugar. En eso lo detuvo alguien (un curioso de esos que nunca faltan) y le preguntó:

-¿Qué llevas en esa canasta?

Le respondió el filósofo:

-Para que no lo sepas va tapada.

¡Excelente respuesta! Sí, hay quienes querrían saberlo todo de los demás, pero a éstos hay que tener el valor de responderles como lo hizo el ingenioso filósofo griego. ¿Para qué quieren saber lo que llevamos en la canasta? ¿Para que luego se pongan a elucubrar y a sacar conclusiones? ¿Para luego divulgarlo a amigos y enemigos? ¡Pues bien, para que no sepan lo que llevamos en ella va tapada nuestra canasta!

Cuánta razón tenía Anselm Grün, el famoso monje benedictino, cuando escribió en uno de sus libros (Su amor sobre nosotros): «Quien no puede guardar nada para sí sino que tiene que decirlo todo, tanto lo bueno como lo malo, da la impresión de que no tiene profundidad. Estas personas no pueden tener ningún secreto. No pueden vivir con secretos, ni pueden soportarlos, pero tampoco pueden penetrar profundamente en un secreto. Lo destruyen desde el momento en que inmediatamente quieren hablar de él».

El segundo de los deberes del hombre que fue escogido como confidente consiste en no olvidar lo que le fue revelado. Porque, cuando lo olvida, es como si hubiese dado poca importancia a las palabras que se le confiaron. «¿Te acuerdas de lo que te dije la otra vez?», pregunta el amigo al amigo, pero éste, francamente, no se acuerda de nada. Lo reconozca o no, el olvidadizo ha traicionado algo, y con su olvido, como el divulgador irresponsable, lo ha echado también él todo a perder.

En Nudo de víboras, esa espléndida novela que sería imperdonable no leer por lo menos una vez en la vida, François Mauriac (1885-1970) narra las vicisitudes de Louis, un viejo que ha sido poco amado por los suyos y que en venganza se ha puesto a cultivar un irrefrenable amor al dinero. Louis es el clásico avaro que no se entera de nada, ocupado como está en contar sus monedas de oro y en apilar, uno tras otro, sus títulos de propiedad. Pues bien, un día, cuando su mujer acababa de morir y él se sentía más solo que nunca, Louis bajó a la cocina… Y esto fue lo que sucedió o, por lo menos, lo que consignó en su diario:

«Nunca he hablado a los criados. No porque fuese un amo difícil o exigente, sino porque no existían a mis ojos, porque no los veía. Pero aquella noche me tranquilizaba su presencia. Y porque mis hijos no llegaban, hubiese querido cenar aquella noche en un rincón de la mesa donde la cocinera trinchaba la carne.

»Me oprimía su silencio. Busqué en vano una palabra. Pero nada conocía de aquellos seres que nos servían devotamente desde hacía veinte años. Por fin recordé que antaño una hija suya, casada, iba a verlos, y que mi esposa no le pagaba el conejo que nos llevaba porque comía varias veces en la casa. Sin volver la cabeza, le pregunté un poco rápidamente:

»-Bien, Amelia, ¿y su hija? ¿Siempre en Sauveterre?

»Volvió hacia mí su cara avinagrada y, mirándome de hito en hito, dijo:

»-El señor ya sabe que murió… Hará diez años el 29, el día de San Miguel. ¿El señor no se acuerda?

»Su marido guardaba silencio, pero me miró duramente. Balbucí:

»-Perdónenme… Esta vieja cabeza mía»…

¡La muchacha había muerto hacía diez años y él apenas se estaba enterando, pese a que ya se lo habían dicho una y otra vez! ¿En qué pensaba este hombre? Ya lo sabemos: en su dinero.

Cuando el otro habla es preciso estar atento con una atención devota. Lo que dice –lo que nos dice-, como en un examen, como si fuera un profesor exigente, nos lo volverá a preguntar un día para comprobar si le prestamos atención o no. Si contestamos bien, estaremos salvados; y, si no, habremos perdido definitivamente un amigo, una confianza. ¿Qué quiere? Las cosas son siempre así.

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El científico e insurgente potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

José Mariano Ignacio de Santa Elena Jiménez Maldonado, mejor conocido como José Mariano Jiménez, estudiaba en el Real Seminario de Minería, la primera casa de las ciencias de América, para ser perito facultativo minero. En esa institución se preparaban recursos humanos para enfrentar los serios problemas técnicos por los que pasaban las minas de la Nueva España, con una educación de corte científico que los colocaba en la frontera del conocimiento científico de aquella época. Así Mariano Jiménez llevó cursos de matemáticas, física, orictognosia, química entre otras disciplinas científicas. La planta de profesores del Colegio de Minería, como también se le llamaba, era de las más importantes en el mundo y gozaban de un gran reconocimiento y buena reputación. La totalidad de dicha planta ha trascendido en la historia de la ciencia con contribuciones sobresalientes.

Al terminar sus estudios fue enviado a encargarse de labores mineras tanto en Zacatecas como Guanajuato, lugar donde iniciaría la lucha insurgente por la independencia del país, y justo en ese momento toma las armas para unirse a la insurgencia y convertirse en uno de los principales generales donde desplegó su conocimiento científico en el establecimiento de estrategias militares. Lidero la insurgencia en su estado natal, en la marcha de los jefes insurgentes al norte del país. Fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.

José Mariano Jiménez nació en San Luis Potosí el 18 de agosto de 1781, ingresa al Seminario de Minería siendo alumno de profesores como Manuel Andrés del Río, el descubridor del elemento vanadio. Con una concepción moderna de los procesos de enseñanza-aprendizaje, los estudiantes compartieron con Del Río los ensayos que éste realizaba en el gabinete, sometiendo a riguroso escrutinio los nuevos elementos recolectados en distintos puntos del territorio novohispano. Los estudiantes estaban comprometidos a exponer sus conocimientos y experiencias adquiridas al final de sus cursos generales y en los centros mineros, en actos públicos, el examen público final que los acreditaría como peritos facultativos de minas.

En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería, como el caso de las presentaciones públicas en las que participó Mariano Jiménez, antes de su egreso en 1802 donde se recibió con Suma cum Laude.

Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guío los trabajos de investigación en el tema muchos años después.

Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.

El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogiston y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.

Mientras en Europa se seguía debatiendo sobre la validez de la teoría del flogisto o la aceptación de la nueva teoría de Lavoisier, en México se comenzó a enseñar la nueva teoría, desde la impartición de la primera cátedra de química y se realizaron experimentos tendientes a su comprobación como lo fue el trabajo de Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz. En Gran Bretaña comenzó a aceptarse después de 1795 aunque un buen número de químicos, entre ellos Priestley, nunca abandonaron la teoría del flogisto. En Alemania, hasta después de 1799 comenzó la aceptación de la nueva teoría y el abandono de la teoría del flogisto. De ahí la importancia del trabajo realizado por Jiménez y Ruiz.

El estudio presentado por Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta; se consideraba que el aire era una sustancia simple y primordial, y el agua como un elemento irreductible, como es el caso de Joseph Priestley quien en 1774 aisló el oxígeno. Priestley publicó en 1800, tres años después del acto público presentado por Jiménez y Álvarez Ruiz, su Doctrine of Phlogiston Established and Composition of Water Refuted.

En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.

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