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La oposición en tiempos de López Obrador
Ningún partido ha logrado articular una estrategia para ser un contrapeso frente a la 4T
Por El Saxofón
Sin contrapesos reales, el gobierno de López Obrador no ha encontrado, hasta ahora, resistencia a las medidas que busca implementar para resolver los problemas nacionales.
En los primeros tres meses de su gobierno, López Obrador ha logrado la aprobación de iniciativas polémicas como la Guardia Nacional, la Revocación de mandato, y está en puerta la abrogación de la reforma educativa impulsada por su antecesor Enrique Peña Nieto.
No podemos saber por ahora cuál será el resultado de estas decisiones, lo que sí podemos ver es que la oposición no ha logrado instalarse como un verdadero contrapeso para el ejecutivo y apenas ha logrado lanzar tímidas voces antes de terminar reducida por la mayoría del partido del presidente.
Visto desde esta perspectiva, nada ha cambiado, como ocurría antes de la Cuarta Transformación, a la hora de discutir los problemas del país, el discurso del Ejecutivo Federal se impone sobre el de los partidos de oposición sean estos cuales fueren. Baste recordar que durante el sexenio de Peña Nieto, nada lograron quienes se oponían a la Reforma Educativa, o a la Reforma Energética.
Las llamadas reformas estructurales fueron aprobadas en el Congreso de la Unión, si acaso con mínimas modificaciones derivadas de las reservas de lo que entonces era “la oposición”, y hoy por hoy, el mismo Poder Legislativo, en su nueva conformación, las echa abajo. Incluso, algunos de quienes hicieron esas reformas en una cámara (ya sea la de diputados o la de senadores) ahora ven su debacle desde la otra.
La oposición ha quedado reducida a un montón de escombros, unas cuantas voces que no logran hacer mella en el lento pero aplastante discurso de López Obrador.
Las elecciones del 1 de julio de 2018 dejaron un saldo evidente: partidos en crisis política y económica que poco pueden hacer ante la hegemonía del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que se hizo con la mayoría en el Senado de la República, y en la Cámara de Diputados, así como en 19 congresos locales.

Ante la falta de contundencia por parte de los candidatos del PRI y PAN, la mayoría de los votantes se decidieron por la alternativa presentada por AMLO en los comicios de 2018.
UNA DEBACLE ANUNCIADA
PRI, PAN y PRD, otrora partidos mayoritarios se hicieron harakiri, en 2018. El PRI postulando a un candidato impopular hasta entre los propios priístas, como fue José Antonio Meade Kuribreña, ex ministro de distintas carteras en las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
El PAN, se autoflageló imponiendo la candidatura de Ricardo Anaya, sobre quien pesaban acusaciones por actos de corrupción, y que tampoco era un candidato muy popular que digamos.
El PRD se hundió al aceptar la imposición de un panista, Ricardo Anaya, en una coalición que nunca logró establecer un discurso atractivo para la ciudadanía.
Y la debacle de la oposición no para: en los tres primeros meses de gobierno de López Obrador, el Partido de la Revolución Democrática se ha quedado con apenas 10 diputados en la Cámara Baja tras la renuncia de nueve legisladores y su coordinador de bancada, Ricardo Gallardo Cardona; diputados del partido Verde Ecologista de México se han sumado a Morena a cambio de prebendas a favor de su figura más importante, Manuel Velasco, ex gobernador de Chiapas y Senador de la República.
El PRI por su parte, no ha tenido empacho en apoyar iniciativas de Morena, bajo el argumento de que es “en beneficio de los mexicanos”.

Pacto por México, firmado por el entonces presidente Enrique Peña y los presidentes de los partidos rivales, en 2012.
LA OLA DE MORENA
Quienes hablan de la oposición, sugieren que esta quedó desmantelada por la decisión ciudadana que se inclinó mayoritariamente por la oferta electoral de Morena. Sin embargo, podría no ser así. Quizá la oposición fue desmantelada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, con la firma del pacto por México.
Ahí los partidos, con la aparente intención de trabajar de la mano “por el bienestar del país”, diluyeron sus fronteras ideológicas, y adoptaron la retórica y la demagogia del gobierno en turno. Ahí se agotó la idea de oposición, es decir, los partidos que anteriormente se oponían al PRI se convirtieron en sus aliados, y aunque en el discurso podían seguirse llamando opositores, o contrapesos, no lo fueron en la práctica.
Lo peor para estos partidos fue que las promesas del bienestar que produciría dicha alianza no se cumplieron a los ojos de los ciudadanos.
La verdadera oposición quedó reducida a la minoría que era entonces el movimiento lopezobradorista que se solidificó con la fundación de Morena y que unos años después, al despertar la mañana del 2 de julio de 2018, había mutado en una mayoría indeseada por muchos, inesperada por otros tantos ingenuos, pero prevista incluso por las encuestas de las que muchos querían desconfiar.
Y ahora, los partidos que antes eran mayoritarios, se convirtieron en una minoría, y esa minoría es la oposición. Una oposición débil en representación, y con un discurso ramplón, plagado de los lugares comunes habituales de la política.
¿PARA CUÁNDO UN PARTIDO DE CONTRAPESO?
Analistas políticos opinan que es difícil que en el corto plazo surja en México un contrapeso real y no surgirá porque la oposición carece de cuadros capaces de articular un discurso creíble.
Los dirigentes nacionales de los tres partidos que se disputaban el poder en las últimas décadas, Marko Cortés, del PAN; Claudia Ruiz Massieu, del PRI, y Ángel Ávila del PRD, apenas aparecen en la prensa, y no dicen nada nuevo.
Lo cierto, es que el discurso de Andrés Manuel López Obrador ha desarticulado el discurso de los partidos de oposición. El presidente echó sobre ellos la pesada losa de la corrupción, que ellos mismos ya iban cargando al no actuar en contra de sus militantes que evidentemente estaban incurriendo en actos ilícitos.
PRI, PAN y PRD respaldaron hasta que ya no se pudo a sus actores que fueron señalados de corruptos. Los dejaron ser y hacer hasta que fue políticamente necesario enviarlos a la hoguera. Un buen ejemplo son los gobernadores que fueron a parar a prisión, como es el caso de Javier Duarte, Guillermo Padrés, (hoy libre).
Hasta ahora no ha habido un ejercicio de articulación por parte de la oposición, la minoría (en términos de representación en los Congresos y de partidos políticos) que constituye la oposición se mantiene dividida, y no ha dado ninguna muestra de unirse.
El primer intento de formar un grupo que hiciera contrapeso al Ejecutivo Federal vino del gobernador de Chihuahua, Javier Corral, y tal intento le mereció el regaño de quienes se dicen opositores, y la burla del propio López Obrador.
Cuestionado al respecto, el mandatario hizo su análisis del estado actual de la oposición en el país: “Qué sucede, que están atravesando una crisis y se están precipitando pensando que de la noche a la mañana pueden crear un grupo, no. Tienen que formar cuadros, no sacar la nota, ‘ya se reunieron tantos y van a hacer contrapeso’. Pero eso es muy ficticio, es como para decirles ternuritas”, ironizó.
Sin embargo, en medio de la burla, les dio un consejo: “formar una escuela de cuadros” y “hacer bien las cosas”, para dejar de “hacer el ridículo”.
“Hay muy buenos intelectuales de derecha, conservadores, incluso con apariencia de liberales, entonces podrían ellos hacer una escuela para tener a los políticos del conservadurismo”, sugirió, “hay escritores, en la prensa ‘fifi’, en la academia, gente de derecha, conservadores, (…), nada más que no hagan el ridículo, que hagan bien las cosas”, sentenció.
De cualquier modo, después de este episodio, el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, se ha planteado el objetivo de “organizar a la oposición”, una vez que concluya su mandato, quizás con el objetivo de buscar la presidencia en 2024.
Sobre la oposición Javier Corral dijo en una entrevista para el diario español El País:
“La elección del 1 de julio no solo debemos entenderla como el gran hartazgo ciudadano, sino como la ruina del sistema de partidos. Los dos partidos que indistintamente se alternaron la presidencia quedamos hechos añicos por faltas bien acreditadas. El PRIAN [la suma del PRI y el conservador PAN] construyó palmo a palmo la paliza del primero de julio. Se jugó durante mucho tiempo con fuego y la gente fue a desquitarse con contundencia sin razonar muchas cosas”.
Corral hace una diferencia entre la oposición y los contrapesos, para él la oposición es tema de los partidos, y los contrapesos, el equilibrio, como él lo llama, vienen de los gobernadores.
“El federalismo en sí mismo es el contrapeso originario del poder central. El gran problema es que los contrapesos originarios están diluidos, asustados o tienen faltas acreditables con las que no pueden echarse para adelante”, reconoce.
¿Hay gobernadores asustados?, le pregunta el corresponsal Luis Pablo Beauregard.
“Sí, veo a muchos muy asustados que no dicen nada porque estaban basados en otra estrategia. Dependían del presidente de la república”.
También lea: AMLO asegura que firmará compromiso para no reelegirse en 2024
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Segunda Parte
El régimen y la placa: cuando cada esquina la firma un gobierno.
«La ciudad es un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, pero estos trueques no lo son solo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles
La nomenclatura potosina no se entiende sin entender los trueques. Cada placa es el resultado de un intercambio: el cabildo le da un nombre a la calle, la calle le devuelve memoria al cabildo. Cuando el intercambio fluye, el nombre dura. Cuando se rompe —porque cambió el régimen, porque se cayó el héroe, porque ya nadie sabe quién era— el nombre se queda solo, huérfano, esperando a que otro régimen pase a recogerlo o a cambiarlo. Pero rara vez lo retira: lo cubre. Y eso es San Luis Potosí: una ciudad de placas tapadas por placas.
La crítica de Castro Escalante: revolucionarios y fechorías
Don Arcadio Castro Escalante escribió un párrafo que merece mencionarse con cuidado, porque es el corazón moral de toda esta investigación. Lo dijo así: que la nomenclatura moderna —adoptada en su mayoría a partir de 1914— recuerda a revolucionarios que, según consigna textualmente, cometieron «toda clase de fechorías»: «saqueos, robos, ultrajes, incendios de pueblos, levas, fusilamiento de inocentes».
El cronista no pone nombres en esa lista —y hay que respetar su prudencia— pero el argumento moral está claro: si la ciudad rinde homenaje oficial a personajes responsables de esos crímenes, ¿por qué no rendir homenaje, aunque sea con nombres antiguos y no oficiales, a los «hombres de bien» que la fundaron, que la habitaron, que la sostuvieron desde la sastrería, el púlpito o el mercado? Es una crítica fina, no una arenga. No pide que se borren las placas revolucionarias. Pide que la memoria sea más larga que un régimen.
Y aquí asoma la tesis de fondo: cada nomenclatura es la firma de un gobierno. La de 1914 se firmó con sangre; la posrevolucionaria, con clientelismo estatal; la contemporánea, con marketing inmobiliario y las placas son la rúbrica.
En entrevista sobre el tema, el ingeniero Octavio Pedroza Gaitán, quien fue alcalde de la capital potosina entre 2004 y 2006 y posteriormente senador de la República, lo plantea casi con la misma vara moral del cronista: «la ciudad y sus autoridades tienen no solamente una conversación, sino un adeudo histórico, pendiente con la población». Para Pedroza, la mayoría de los potosinos desconoce hoy quiénes fueron los personajes que dan nombre a sus calles. Lanza nombres concretos para ilustrarlo: «¿quién fue Ignacio Comonfort, quién fue Pánfilo Natera, quién fue Mascorro? ¿Quién fue Agustín Vera, la calle en la que yo viví durante tantas décadas? Muy pocas personas podrían tener respuesta». Su propuesta —dice— es construir un compendio que explique de una vez por todas el porqué de los nombres.
Sobre el cambio de nomenclatura, sin embargo, es categórico: no se debe tocar lo que ya tiene décadas de uso. «Sería verdaderamente poco práctico intentar el cambio cuando las calles tienen décadas de denominarse». El argumento de Pedroza es pragmático: cambiar un nombre obliga a personas físicas y morales a rehacer documentación, domicilios fiscales, escrituras. «Quien lo hace para su propio ego —y los hay— comete un error garrafal». Su única excepción documentada como alcalde fue, precisamente, una asignación nueva: el tramo del Periférico Norte que por acuerdo de Cabildo recibió el nombre de Manuel Gómez Morín, fundador del Banco de México y reformador de la UNAM.
De cara al futuro —fraccionamientos nuevos, calles recién trazadas— Pedroza simpatiza con el modelo numérico que usan ciudades como Puebla. «Es lo más sencillo del mundo, porque a la cuatro le sigue la cinco y le antecede la tres, y entonces ubicar un domicilio es mucho más fácil que estar entre Sevilla y Olmedo o Negrete y no tener idea para dónde continuar la búsqueda». La sugerencia, dice, sería al menos en sentido paralelo: que las nuevas vialidades carguen una nomenclatura numérica además de la onomástica.
Sobre las placas mismas —el tema visible, el de la esquina— Pedroza identifica dos motores legítimos para reponerlas: el desgaste por lluvia, polvo y viento, y la sustitución cuando se han vuelto ilegibles. Pero advierte sobre un tercer motor que considera ilegítimo: «cada tres años se vuelven a poner por el culto de la vanidad de la perpetuación de la administración municipal». Reconoce, con elegancia poco frecuente en política, que su propio gobierno entró en esa lógica al mandar hacer más de 26 mil placas patrocinadas por particulares. La regla práctica, según él, es esta: «en una misma esquina, en un mismo crucero, no puedes tener cuatro colores y tamaños diferentes para una misma calle. Eso me parece hasta ridículo de pronto». La frase, dicha así, podría servir de subtítulo para cualquier libro futuro sobre la nomenclatura potosina.
Inventario crítico: los diez casos más absurdos
Para la elaboración del presente reportaje, se hizo una selección rigurosamente subjetiva, ordenada de menor a mayor estupor sobre hallazgos absurdos. La regla fue simple: cada caso tenía que provocar al menos una sonrisa y, después, una pregunta seria.
- Aldama y sus cuatro identidades: en 1806 era Real Caja; en 1860 una sola calle se llamaba Mica en un tramo, La Moneda en otro, San Francisco en otro. Y en planos antiguos aparece escrita como «Mica», «Miga» y «Amica». Un nombre, tres faltas de ortografía, cuatro siglos de discusión.
- Iturbide, la calle de los ocho disfraces: en 1864 sus cuadras se llamaban Ciprés, Palaus, Chino o Clima, Filantropía, Guayabo, Mora, Cocheros y Chica. Era literalmente una calle distinta cada cien metros.
- La Corriente que se negó a ser Reforma: desde 1688 La Zanja, luego Corriente Seca, luego oficialmente Reforma. Pero la gente le siguió diciendo La Corriente hasta los años cuarenta del siglo XX. Tres siglos de obstinación contra la nomenclatura oficial.
- Morelos, mosaico de seis nombres: en 1900, una sola calle integraba 1ª de La Alhóndiga, calle del Comercio, Morelos propiamente, Mesón de San José, Camino llano y Camino a Guanajuato. Y antes, en 1860, contenía nombres tan disímbolos como Corte, Plateros, Baco y Garita de México.
- Vallejo, la cuadra de las recogidas: en 1864 sus cinco tramos eran Remedios, Las Recogidas, Plaza de Las Recogidas, Lucero y San Miguelito. «Las Recogidas» eran las internas de un beaterio. Hoy se llama Vallejo, sin que nadie sepa que ahí caminaron mujeres recluidas por orden eclesiástica.
- Mariano Arista en tres versiones simultáneas: no es histórico, es presente. Hoy mismo, en una sola caminata, las placas dicen «GRAL. M. ARISTA», «ARISTA» y «Mariano Arista». Tres maneras de nombrar al mismo señor en la misma calle.
- Manuel José Othón, calle-poema: en 1864 se desplegaba como Diamante, Curato, Plazuela del Carmen, Escoleta y Avenida Alameda. Othón era niño cuando todavía sus tramos se llamaban así. La calle del poeta, antes del poeta, ya tenía cinco metáforas.
- Galeana y la confesión arquitectónica: en 1870 era Portillo de San Agustín, Galeana, Portillo de San Francisco y Tercera Orden. Tres de los cuatro nombres aludían a los conventos que la flanqueaban. La calle se debatía, literalmente, entre Dios y la patria.
- Álvaro Obregón, identidades superpuestas: por 1930 se llamaba Julián Carrillo. Antes, desde fines del siglo XIX, era Juárez. Y antes de eso, en 1860, sus cuadras eran Suárez, Abogada, Colegio de Niñas y Escuela de Niños. Cuatro re-bautizos en menos de un siglo.
- Universidad, la calle sin acta de nacimiento: el propio Castro Escalante señala que las placas antiguas y los planos discrepan; sospecha que las calles Perico, Afligidos y Vargas alguna vez formaron parte de lo que hoy es Universidad.
También se le cuestionó a Mario García Valdez, alcalde de la capital entre 2012 y 2015, ex rector de la UASLP y hoy Secretario de Cultura del gobierno del Estado, al respecto. El funcionario recuerda que el tema de la nomenclatura sí llegó a su Cabildo. «No solo lo del centro histórico, sino la nomenclatura en general de la ciudad, que tiene muchísimas calles que no tienen nomenclatura o son muy diversas». De ahí salió un programa de renovación de placas «hasta donde alcanzó», dice. Sin falsa modestia: hasta donde alcanzó.
La parte fina de su respuesta parece más conceptual, y es que García Valdez no propone borrar las capas, propone armonizarlas. «Yo pienso que se debe homologar, pero conservando las placas antiguas. Y que las nuevas sean parecidas a las placas antiguas para que el centro histórico mantenga ese perfil histórico, que sus viejas placas se mantengan y las nuevas tengan más o menos la misma fisonomía». Es la fórmula del palimpsesto bien manejado: ni borrar ni acumular sin criterio, sino lograr que cada generación de placas dialogue con la anterior. Sobre litigios concretos, ninguno; al menos no le tocó. «No me tocó nada de eso» -dijo-.
Cinco calles con historia poderosa
Frente a las absurdas, también se escogieron las que pesan. Las que cargan acta, sangre o doctrina y se sugiere leer despacio.
1. Calle de la Constitución
Su nombre dice todo y no dice nada, porque México ha tenido al menos cinco constituciones desde 1812. Esta calle integra antiguos tramos llamados El Gato, La Lagunita, Paseo Nuevo y Camposanto de San Sebastián. Es decir que lo que hoy se llama solemnemente Constitución, antes fue cementerio, laguna, paseo y un lugar al que la gente llamó simplemente «el gato», por razones que el tiempo se llevó. La calle más institucional de la ciudad reposa sobre una memoria popular y funeraria.
2. Avenida Carranza
Cinco nombres en cinco cuadras hasta 1864: La Cárcel, Maltos, El Elefante, Real de Tequisquiapan. La unificación bajo el nombre del Primer Jefe se hizo después de 1914, cuando la Revolución consolidó su panteón. Hoy es una arteria peatonal en su tramo histórico, pero su nombre carga el peso de una decisión política: convertir cinco identidades barriales en una sola identidad nacional.
3. Independencia
En 1864, esta sola línea era siete calles: Osollo, Tamaulipas, Independencia, Molino de San Francisco, Puerta del Campo de San Francisco, Correo Viejo y Grito de la Libertad. Es notable que dos de esos siete nombres ya aludían al hecho independentista, lo que indica que la oficialidad llegó tarde: los vecinos ya habían bautizado por su cuenta. Cuando el Ayuntamiento unificó la calle también la ratificó.
4. Allende
Bajo el nombre del insurgente conviven al menos cinco fantasmas: del Puente Nuevo, de La Carrera, La Yedra, de la Puente, y —el más sabroso— Los Burros. Otro tramo se llamó La del Francés, por una hacienda de beneficio cuyo dueño era de esa nacionalidad. Allende, nombre alto, descansa pues sobre arrieros, planchadores y un francés desconocido.
5. Calzada de Guadalupe
La metamorfosis nominal más completa de la ciudad. En 1800, calle del Santuario; en 1850, Calzada del Santuario de Guadalupe; a fines del XIX, Avenida Juárez (esfuerzo liberal por descristianizarla); en 1914, Avenida La Guadalupana (reacción posrevolucionaria); finalmente, Calzada de Guadalupe. Una calle entera que alterna entre la Virgen y Juárez, según sople el viento del régimen.
Continúa en tercera y última parte…
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Francisco Javier Estrada, evidencias del científico que México no supo ver
Trabajó en electricidad, magnetismo, sonido y energía en un país sin infraestructura científica y sin respaldo institucional su obra quedó dispersa
Por: Ana G Silva
En pleno siglo XIX, cuando México apenas intentaba consolidarse como nación, un científico nacido en San Luis Potosí ya experimentaba con electricidad, comunicación a distancia y reproducción del sonido con una visión que hoy sigue marcando la vida cotidiana. Su nombre: Francisco Javier Estrada Murguía.
Encendió la primera luz eléctrica en América, diseñó uno de los primeros motores eléctricos, desarrolló la comunicación inalámbrica antes que Marconi, mejoró sistemas telefónicos, sentó bases del micrófono de carbón y propuso (con décadas de anticipación) el piano eléctrico.
La reconstrucción de su legado no es reciente. Surge, en gran medida, del trabajo del investigador, divulgador y colaborador de La Orquesta, José Refugio Martínez Mendoza, conocido como Dr. Flash, académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien durante décadas ha documentado la vida y obra de Estrada. Columnas, artículos y libros de su autoría permiten hoy dimensionar la magnitud de un científico que, pese a todo, sigue siendo un desconocido en su propia tierra
Francisco Javier Estrada no fue un caso aislado de genialidad. Fue un ejemplo de cómo el conocimiento puede generarse en condiciones adversas, pero también de cómo puede perderse cuando no existe una estructura que lo respalde.
Mientras sus ideas eran retomadas en otras partes del mundo, en México quedaban archivadas, ignoradas o simplemente olvidadas.
Hoy, su historia no solo exige reconocimiento. Exige memoria. Porque si algo deja claro su legado, es que el problema no fue la falta de talento. Fue no saber qué hacer con él. Y sinceramente, como bien hoy se dice, “no te merecíamos Estrada”
La noche en que San Luis Potosí se adelantó al mundo
En noviembre de 1877, en el patio del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, ocurrió un episodio que difícilmente ha sido dimensionado en la historia nacional.
Durante una reunión pública organizada para recaudar fondos, Francisco Javier Estrada encendió lámparas de arco mediante un sistema eléctrico desarrollado por él mismo. La escena, descrita en crónicas de la época, no solo sorprendió a los asistentes; marcó un antes y un después en el desarrollo tecnológico del continente.
Aquella demostración significó el encendido de la primera luz eléctrica de arco en América y convirtió al edificio del Instituto en el primero en México iluminado con electricidad. En ese momento, San Luis Potosí no solo observaba el progreso: lo estaba generando.
Lo que siguió fue una serie de aplicaciones prácticas durante 1878, cuando el alumbrado eléctrico comenzó a utilizarse en eventos públicos, generando asombro en la sociedad.
Un inventor adelantado a la historia oficial
En 1886 obtuvo el privilegio (equivalente a una patente) para un sistema que permitía comunicar trenes en movimiento con estaciones ferroviarias sin necesidad de cables. La implicación técnica es clara: comunicación inalámbrica funcional en el siglo XIX
Este desarrollo ocurrió una década antes de que Guglielmo Marconi presentara avances similares en Europa. Sin embargo, el nombre que quedó en los libros fue el del italiano.No se trata de una coincidencia ni de un error menor, sino de una omisión sistemática que responde al contexto de dependencia tecnológica y cultural del México de finales del siglo XIX. Estrada no solo llegó primero: lo hizo sin respaldo industrial, sin financiamiento y sin un entorno que protegiera o proyectara su trabajo.
Dibujo del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, presentado por Estrada al Ministerio de Fomento para solicitar su patente para comunicar trenes en movimiento y del cual obtuvo la aprobación el 12 de junio de 1886.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
Decreto 9574. Decreto de patente para comunicar trenes en movimiento. Uso práctico por primera vez en el mundo de la comunicación inalámbrica por Francisco Javier Estrada.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El sonido como frontera: de los teléfonos al origen del audio moderno
En la década de 1870, Estrada enfocó su trabajo en un problema que parecía secundario frente a la electricidad: la reproducción del sonido.
No lo era.
Sus experimentos lo llevaron a mejorar sistemas telefónicos existentes, desarrollar principios fundamentales del micrófono de carbón y lograr transmisiones de mayor claridad e intensidad. Estas aportaciones no solo resolvían problemas técnicos inmediatos, sino que abrían la puerta a una nueva forma de entender la comunicación.
Micrófono de carbón, desarrollado por Estrada. Siglo XIX. Colección: “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El piano eléctrico que México no construyó
En diciembre de 1878, Estrada publicó en el periódico El Siglo XIX la descripción de un instrumento que no existía en su época: un piano eléctrico.
No se trataba de una idea abstracta. El diseño detallaba un sistema capaz de transformar vibraciones acústicas en señales eléctricas y amplificarlas mediante dispositivos electromagnéticos. Su intención era clara: llevar el sonido más allá de los límites físicos del instrumento tradicional.
No pudo construirlo.
La falta de recursos, materiales y apoyo técnico lo obligaron a hacer algo inusual: publicar el diseño completo para que alguien más pudiera desarrollarlo. En su propia carta lo advertía con claridad, temiendo que la idea fuera retomada en el extranjero sin reconocer su origen.
Ochenta años después, el piano eléctrico se desarrolló fuera de México.
El gabinete de física y la memoria que sobrevivió al abandono
Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Gabinete de Física del Instituto Científico y Literario, un espacio que concentró instrumentos, experimentos y enseñanza científica en San Luis Potosí.
Entre esos objetos, destaca uno en particular: un fonógrafo que, según investigaciones recientes, pudo haber sido construido por el propio Estrada como parte de sus estudios sobre reproducción del sonido.
Hoy, ese instrumento se convierte en símbolo de una memoria científica que logró sobrevivir, no gracias a políticas públicas o reconocimiento institucional, sino al esfuerzo de quienes decidieron documentarla.
Aparato para el estudio de la reproducción del sonido, prototipo similar al fonógrafo, posiblemente desarrollado por Estrada. Colección “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
San Luis Potosí, más allá de Estrada
El desarrollo científico de San Luis Potosí no puede entenderse sin la figura de Francisco Javier Estrada. Lejos de ser un episodio aislado, su trabajo marcó un punto de partida que dialoga con una serie de avances que, con el paso de las décadas, consolidaron al estado como un espacio clave para la experimentación tecnológica en México.
Desde los primeros ensayos con globos aerostáticos en las primeras décadas del siglo XIX, pasando por los intentos iniciales de vuelo en 1840, hasta el desarrollo de la aviación en el siglo XX, existe una línea de continuidad en la que la experimentación y la curiosidad científica fueron constantes. Esa misma lógica se extendería más adelante a los estudios de radiación cósmica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y al lanzamiento del primer cohete con fines científicos en el país en 1958.
En ese entramado histórico, las aportaciones de Estrada no solo anteceden estos logros: ayudan a explicarlos. Su trabajo en electricidad, comunicación inalámbrica y reproducción del sonido no solo abrió nuevas rutas de conocimiento, sino que sentó bases técnicas y conceptuales que formarían parte del desarrollo tecnológico posterior.
Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.
También lee: El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.




