octubre 20, 2026

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#4 Tiempos

La ignorancia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

«Nos conocemos tan poco –decía Pascal (1623-1662), el genio francés- que muchos piensan que van a morir cuando se encuentran bien, mientras que otros piensan sentirse bien cuando están cerca de la muerte, sin sentir próxima la fiebre o el absceso que acaba de formarse».

Es verdad, los humanos nos conocemos poco y mal. El hombre que hace unos meses parecía morirse, hoy anda en la calle quitadísimo de la pena y, sonriente, nos saluda al pasar agitando la mano; en cambio aquel que se veía tan sano, tan fuerte que lo creíamos de hierro, ya no está: un día fue a hacerse un chequeo de rutina a un hospital y de éste ya no salió sino escoltado por cuatro empleados vestidos con el uniforme de una conocida agencia funeraria. Nosotros creíamos que aquél pobre viejo se moriría pronto: llevaba ya dos infartos y además era diabético. Pues bien, no sólo no se ha muerto, sino que ha contraído nuevas nupcias tras enterrar a su mujer, una señora fuerte, ágil y saludable.

-Siempre creíamos que quien se moriría primero era él –gimen las hijas al referirse a este viejo que parece haber nacido por segunda vez-. Y, sin embargo, ya ve usted…

Claro, ya lo veo.

Nos conocemos poco, nos conocemos mal. En realidad, no sabemos nada de nada.

¿Creíamos, por ejemplo, que este ser nos estimaba, que ocupábamos un lugar importante en su corazón? Pues bien, a la hora de la verdad demostró querernos más aquel otro del que ni siquiera nos fiábamos, con el que no teníamos atenciones y que nos era, para decirlo ya, indiferente. Del primero esperábamos atención, palabras de aliento y compañía: pues bien, nada de esto llegó, nada de esto nos dio. Y si hubo finalmente atención, palabras de aliento y compañía, fue gracias al segundo, un personaje que nos parecía antipático y del que nunca habríamos esperado ni siquiera el obligado saludo de los buenos días. ¿Qué quiere usted? La vida es así.

Hace unos años presenté públicamente un cierto libro mío que acababa de ser publicado en Madrid. El acontecimiento –al menos para mí- no era de poca monta y esperaba que aquella noche estuvieran conmigo todos y cada uno de mis amigos más queridos. Por lo demás, ¿no era justo que si en la dedicatoria del libro aparecían sus nombres por lo menos también aparecieran sus personas en el salón? Pues bien, no aparecieron, o por lo menos no todos. Yo esperaba que aquella noche estuvieran conmigo éste, aquél y el de más allá. Pero uno por uno se disculparon pocas horas antes diciendo que les era imposible acompañarme, que los disculpara, que ya asistirían en otra ocasión, y otros, la mayor parte, ni siquiera se tomaron el trabajo de hacerme saber que existían. En cambio, muchos que no recibieron invitación alguna, que se enteraron del evento por el periódico o por boca de algún conocido suyo, esos sí que asistieron: se pusieron su mejor traje, su mejor corbata y aparecieron allí, mostrándome una sonrisa llena de simpatía. Sabían lo que ese acto significaba para mí y se dijeron: «Lo acompañaremos, estaremos con él. No importa que no nos haya hablado para invitarnos. Acaso no pudo hacerlo. Siempre que organiza uno algo como esto, corre el riesgo de olvidar algún detalle». En este caso, mi olvido los afectaba  a ellos, pero no les importó.

Al ver a tantas personas en la sala, tan fieles a alguien tan infiel y olvidadizo como yo, mis ojos casi se arrasaron de lágrimas. Con su presencia desinteresada y silenciosa me estaban demostrando un cariño que yo no había tenido nunca para con ellos.

¡Y de cuántos ejemplos como éste no está llena nuestra vida! ¡Nosotros esperábamos que tal persona nos echara una mano, que nos ayudara a salir del paso, pero resulta que quien finalmente se hizo presente y nos ayudó fue otra persona muy distinta y, hasta hace poco, también muy distante! En un momento de apuro financiero, creímos poder contar con este amigo que, sin embargo, cuando fuimos a verlo, nos despachó como habíamos venido, no sin decirnos antes que también él andaba pasando por serios apuros financieros. En cambio, quien sacó la cartera y nos tendió la suma que necesitábamos fue uno que ni siquiera figuraba en el elenco de nuestras amistades.

Quien se detiene al socorrer al hombre herido en la parábola de Jesús, ¿no es un samaritano, es decir, un enemigo? En realidad, no sabemos qué pocos nos aman los que dicen amarnos, ni cuánto nos aprecian quienes parecen odiarnos.

Una mujer que acababa de perder a su esposo, encontró en uno de los cajones del escritorio del recién fallecido una carta singular, una carta de amor. ¿Dirigida a ella? No, a otra mujer con la que empezaba a salir. La esposa lloraba: «Nunca hubiera creído que mi marido me engañara de esta forma. Si no hubiera encontrado esta carta, lo lloraría de todas formas, sí, pero ahora estoy inconsolable. Él no me quería».

«No –le respondí-. Nadie sabe nada. No puede usted juzgar. Acaso él la quería más que a nada en el mundo. Esto no puede usted saberlo. ¿Cómo juzgar los sentimientos de un hombre que ya no puede defenderse o explicarse?».

No sé si consolaría con estas palabras a aquella mujer. Pero así como lo dije lo creo: sólo Dios sabe. Sólo él, que conoce los corazones y sabe mejor que cualquier cardiólogo la intensidad de sus latidos, está en grado de decir para quiénes somos realmente importantes, y para quiénes no.

Por lo que a nosotros toca –puesto que nada sabemos-, no nos queda sino una sola cosa: extremar nuestras atenciones para con los cercanos, y con los lejanos extremarlas más. No sabemos si serán éstos más que aquéllos, a final de cuentas, quienes en el momento de la prueba se harán presentes, tenderán su mano y nos darán aquello que tanto necesitábamos. No, nada de esto sabemos; después de todo, casi siempre ocurre así…

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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