octubre 14, 2026

Connect with us

#4 Tiempos

La hora exacta | Columna de Juan Jesús Priego

Published

on

Letras minúsculas 

 

Las puertas del metro de Nueva York debían permanecer abiertas sólo 45 segundos en cada estación: así lo habían establecido las autoridades ferroviarias. En 45 segundos todos los usuarios tenían que bajar y subir. Y antes de abandonar cada estación para pasar a la siguiente, un micrófono interno decía: «Que nadie impida el cierre de las puertas, por favor».

Pero siempre había alguien que lo impedía y el metro llegaba todas las mañanas a Manhattan con uno o dos minutos de retraso. ¡A Manhattan, donde el tiempo es oro! Se pidió entonces a un grupo de expertos que estudiaran la manera de evitar tales pérdidas de tiempo, y éstos, tras varios días de trabajo intensísimo, concluyeron lo siguiente:

1) la voz del micrófono era demasiado gentil, y la gentileza no siempre produce obediencia;

2) era necesario que los usuarios del metro supieran que no obstaculizar el cierre de las puertas era una orden más que una súplica o un ruego;

3) en consecuencia, había que cambiar la voz implorante por otra mucho más enérgica y autoritaria (el por favor bajo ninguna circunstancia debería volver a pronunciarse).

Únicamente tomando en cuenta todo lo anterior el metro podía llegar a Manhattan a la hora señalada en los tableros.

Ya desde principios del siglo XX, Nueva York y el transporte público habían dado mucho de qué hablar a los observadores atentos. ¿Por qué tanta agitación? He aquí, por ejemplo, lo que escribió acerca de este asunto don Julio Camba (1884-1962), el gran humorista español: «Hurry up! (¡pronto, apresuradamente!) es el grito que se oye en todas partes. Los trenes metropolitanos sólo se detienen algunos segundos en las estaciones, y hay que tener los codos muy fuertes si se quiere entrar o salir. Por lo demás, este tacto de codos parece estar aquí completamente admitido. Si un desconocido le pisa a uno, uno le pisa a él o pisa a otro cualquiera, y en paz. Las excusas serían demasiado dilatorias» (Un año en el otro mundo).

En efecto, ¿por qué tanta prisa? En un bello libro acerca del tiempo escribió hace poco Anthony Aveni el famoso antropólogo y astrónomo estadounidense, que «la búsqueda de la hora exacta podrá ser inscrita en la historia como la más grande obsesión del siglo XX». Lo cual, sin duda, es verdad. En la antigua China el conocimiento de la hora era un privilegio del emperador, y era él quien fijaba el calendario y determinaba la importancia de los días. El tiempo pertenecía a los dioses –o a sus delegados-, y el pueblo no tenía para qué conocer sus misterios. Por demás está decir que el pueblo, a pesar de todo, no se lo pasaba tan mal.

Ni siquiera para los occidentales, por lo que se sabe, el conocimiento de la hora exacta fue algo que produjera algo así como sentimientos de euforia. En el siglo II a. C. –según cuenta Aulio Gelio en sus Noches áticas-, cuando los científicos de entonces trazaron en Roma una meridiana con el fin de calcular con cierta exactitud el paso del tiempo, recibieron de Plauto (259/251–184 a.C.), el famoso comediógrafo, la siguiente imprecación: «¡Maldigan los dioses a aquellos que por primera vez se pusieron a dividir el tiempo! ¡Sea también maldito el que trazó una meridiana en estos lugares, cortando así mis días en pequeños fragmentos!».

Los primeros relojes no eran tan exactos como a veces creemos que eran: daban únicamente las horas; pero, a partir del siglo XVI, empezaron también a tocar los cuartos de hora, lo cual, si se mira bien, era toda una revolución. Mediante esta nueva medición del tiempo –con divisiones cada vez menores- se invitaba a los hombres a apresurarse para no perderlo, es decir, a vivir de prisa. Con el resultado triste de que a nosotros, nietos de la revolución industrial, hijos de la electrónica y hermanos del artefacto digital, la hora exacta nos tiene obsesionados. Vivir a contrarreloj, como se dice, ha llegado a convertirse en la nota distintiva de nuestro estilo de vida.

Pero, ¿para qué y a qué precio? No hablemos de enfermedades cardiovasculares, de alta presión o de angina de pecho, sino únicamente de esa humilde virtud llamada amabilidad o cortesía. Los trabajadores de Manhattan sólo podían llegar a tiempo quitándole el por favor a la única voz que se dirigía a ellos mientras viajaban: prefirieron una orden militar a cambio de no perder dos minutos o, a lo mucho, tres.

¡Cuántas cosas habremos perdido en la vida por ganar unos cuantos segundos que después se nos fueron sin saber cómo! ¡Cuántas amistades frustradas, cuántos encuentros desaprovechados por no saber estarnos quietos a pesar de nuestra agitación interior!

Me decía alguien hace poco un amigo al presentarme a su esposa: «Mire, ella es mi mujer. ¡Ah, si supiera usted que casi estuve a punto de no conocerla! Me la presentaron en una reunión a la que no pensaba asistir por quedarme en casa acabando unos planos que debía entregar al día siguiente. Pero como un amigo se obstinó en que lo acompañara, no tuve más remedio que ir con él. Y, claro, allí estaba ella»…

La esposa me sonrió con dulzura y dijo: «Y yo, por mi parte, aquella noche ya estaba por marcharme cuando alguien me detuvo para decirme no sé qué, de modo que no tuve más remedio que quedarme, y ya ve usted lo que sucedió. ¿Se imagina lo que habría pasado de no aceptar haberme quedado unos minutos más?». Y yo le sonreí a mi vez como diciéndole que lo imaginaba. La vida es así. Las mejores cosas de la vida nos las da Dios sólo en tiempos de calma, es decir, cuando hacemos poco caso del reloj y nos limitamos a dejar -sin impaciencia- a que el tiempo pase: únicamente, para decirlo ya, cuando se da una oportunidad a lo imprevisto.

También lea: Obsolescencia | Columna de Juan Jesús Priego

El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continue Reading

Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

Published

on

Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

También lee: Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

Continue Reading

El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

También lee: Los espejos Olmecas, El Señor del Espejo Humeante | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continue Reading

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados