octubre 21, 2026

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#4 Tiempos

LA FATIGA | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Cuando salí del consultorio –eran casi las dos- todavía retumbaban en mis oídos las palabras del médico:
-Lo que usted necesita es descanso. ¿Por qué no vive la vida con más sosiego, con un poco de tranquilidad? Créame: hay que aprender a decir que no.

Además, piense en esto y trate de no olvidarlo: las personas que hoy exigen de usted que haga esto, lo otro y lo de más allá, fatigándolo en exceso, ni siquiera irán a su funeral cuando usted caiga muerto: eso es casi seguro. Ellos estarán en su casa quitadísimos de la pena, en tanto que usted…, en tanto que usted ya no estará.

Que no irían a mis funerales esos señores, ya me lo sabía yo. Llegado el caso, dirían: «¡Oh, ni siquiera me enteré que había fallecido nuestro amigo el padre. ¡Ay, tan bueno que era el pobrecillo!». O bien: «¡Pero cómo! ¿En verdad ha
muerto? ¿Cómo, cuándo, dónde, por qué? ¡Ay, si no saliera mañana mismo a Querétaro a finiquitar un asunto pendiente, seguro que lo acompañaría aunque fuera un rato al velatorio! Mas ya ve usted: cuando tiene uno que conducir, no se debe desvelar»… Sí, eso dirán, o alguna otra cosa por el estilo. ¡Los muy canallas!

¿Así que esos dolores tan constantes de cabeza, de nuca, de sienes, no eran otra cosa que fatiga? ¡Y yo que ya pensaba lo peor! La palabra tumor varias veces había hecho su aparición en mi pensamiento. ¡Vaya, al menos la cosa no era tan grave, después de todo!

Pero, por otra parte, ¿cómo descansar? Reconozco que en mi casa nunca nadie se preocupó en enseñarme este arte tan necesario y al mismo tiempo tan difícil. Ahora comprendía que algo esencial había faltado a mi educación.
Tan pronto como llegué al lugar en el que vivo, me puse a buscar entre mis libros uno que pudiera decirme cómo había que hacerlo de la mejor manera.

¿Durmiendo?, ¿caminando a paso lento por un jardín?, ¿oyendo música de Bach o practicando ejercicios de relajación? En mi búsqueda apresurada no encontré más que un viejo libro escrito por el psicólogo francés Marcel Eck cuyo título era: Trabajo y fatiga mental. Lo tomé del estante, le quité el polvo que se le había pegado en los cantos –tan olvidado estaba el pobre- y me puse a leerlo. Al cabo de media hora de lectura ininterrumpida creí haber entendido algo:

«Uno se fatiga por exceso de trabajo –escribía el doctor Eck-, pero a veces se fatiga uno también por el trabajo que no hace y quisiera hacer, o bien por aquel que siendo necesario no se puede o no quiere hacerse… El hecho de no poder actuar puede ser más fatigante que obrar: ¿no hay una fatiga de la espera?

Sin negar el agotamiento debido a la fatiga de un trabajo continuado, es necesariotener en cuenta la fatiga debida a la inadaptación de una existencia a sus tendencias más profundas».

¡Existe la fatiga del trabajo, pero existe también la fatiga del que no trabaja en lo que quiere, la fatiga de la insatisfacción, y ésta es más abrumadora que la otra! En mi caso, creo poder decir que en aquella época mis frecuentes dolores de cabeza se debían a lo siguiente: durante meses y años había estado guardando en una pequeña libreta citas, pensamientos e ideas que me habría gustado utilizar en algunos escritos míos. Había incluso esbozado esquemas y ordenado los capítulos de los libros que querría escribir. Pero pasaban y pasaban los días sin que pudiera llevar a la práctica ni uno solo de mis proyectos. ¡Era todo tan decepcionante! En mi mente había muchos trabajos casi terminados, pero ¡ay! sólo en la mente, porque apenas me ponía a escribir una o dos líneas cuando ya estaba sonando el teléfono para recordarme que tenía tal compromiso y tal otro para esa misma tarde.

-Padre, recuerde que quedó en que nos veríamos a las una.

-Sí, lo recuerdo. ¡A la una nos vemos!

-Padre, ¿se acuerda de que me recibirá a las dos?

-Sí, a las dos.

-Padre, no se le olvide que la Misa de funeral será a las tres.

-Sí, a las tres.

Y yo me quería morir de pesadumbre. Pues, ¿cómo escribir en semejantes condiciones? Escribir requiere tiempo.

Muchos de mis amigos creen que soy capaz de terminar un capítulo en una sola sentada: en diez minutos, o acaso en
menos tiempo aún. ¡Dios mío, si ellos supieran!…

De manera que tenía en la mente diez o quince cosas por escribir y no tenía tiempo para hacer ninguna. A veces me sentía tan poseído por el tema que pensaba que sólo era necesario sentarme para que las palabras fluyeran y diesen forma a lo que me traía entre manos. Pero no tenía tiempo para sentarme, y el tema bailoteaba en mi cabeza por semanas enteras. Era entonces cuando empezaban mis dolores de cabeza, es decir, la fatiga. La fatiga no por lo que hacía, sino por lo que no alcanzaba a hacer y era importante para mí.

No, descansar no es –como a menudo se piensa- echarse a la cama y rascarse el ombligo: es hacer, como dice el doctor Eck, lo que nos ordenan nuestras tendencias más profundas, lo que nadie más que nosotros podría hacer, lo que simple y sencillamente no puede delegarse.

En una carta dirigida a su médico de cabecera (el famosísimo doctor René Biot), Jean Guitton (1901-1999) escribió lo siguiente poco antes de morir: «El cansancio no proviene de lo que se hace. Lo que se hace, si se hace a fondo, con
pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace». ¡Vaya descubrimiento! ¡Feliz novedad! Y todo esto pude descubrirlo gracias a mis recurrentes migrañas, que desaparecían como por arte de magia a la hora bendita de tomar la pluma. ¿Escribir es entonces terapéutico?

No sé para otros; para mí sí que lo es. Y, por tanto, debo hacerlo, cueste lo quecueste, sin pena de vivir con una cabeza sobre mis hombros tan dolorosa como una cruz.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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