#4 Tiempos
Un gato en el estómago | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas.
En su Anatomía de la melancolía (obra que vio la luz por vez primera en 1621), Robert Burton cuenta la historia de una mujer que creía haberse tragado una serpiente. Ahora bien, como ésta era una cosa altamente improbable (¿quién en su sano juicio hubiera podido hacer algo como esto?), el médico que la veía llegó a la conclusión de que la mujer no estaba muy en sus cabales que digamos, y, para curarla, ideó la siguiente estratagema: primero la hizo tomar un vomitivo; luego, sin que ella lo advirtiera, colocó una serpiente muerta en el fondo de un bacín, diciéndole:
«He ahí el tremendo bicho que tanto la atormentaba, mi estimada señora». Cuando la mujer vio que el animal se hallaba por fin fuera de su cuerpo, se sintió aliviada. ¡Excelente terapia!
Otro caso curioso contado por el mismo Burton es el de un caballero de Siena que tenía miedo de ir al baño, pues creía que, en cuanto lo hiciera, la ciudad se ahogaría bajo el río de sus orines. Aunque la vejiga estaba a punto de estallarle, el caballero se contenía estoicamente. Para curarlo, otro médico, tanto o más ingenioso que el anterior, mandó tocar las campanas de una iglesia vecina y le dijo al enfermo en tono gravísimo que Siena se consumía en ese momento bajo las llamas y que únicamente él podía salvarla, si quisiera. Ante advertencia tan severa, el enfermo accedió a orinar, y si no salvó a Siena de las llamas, sí salvó por lo menos su estropeada vejiga.
Estos ejemplos muestran con bastante claridad que los médicos del pasado no eran tan ingenuos como a algunos les gusta imaginar. Sin embargo, la curación no siempre es tan sencilla, como demuestra este otro caso tomado de la vida real:
Un hombre se quejaba constantemente de un fuerte dolor de estómago. «¿Sabes? –le dijo un día a su mujer-, me da la impresión de que lo que tengo adentro es un gato». La esposa le dijo que eso no era posible y que lo mejor que podía hacer era ir a consultar a un gastroenterólogo lo antes posible. Pero el hombre persistió en su idea. Sí, lo que lo arañaba por dentro era un gato, un enorme gato de afiladas uñas.
«Esto ya no es asunto del gastroenterólogo, sino del psiquíatra», pensó la mujer, terriblemente afligida. Y a partir de entonces todos sus esfuerzos se concentraron en convencer a su esposo de que tenía que someterse a uno de esos inofensivos tratamientos psicológicos que a la larga no le podían hacer más que bien. Tras diez mil ruegos, el marido accedió a ir por fin a una clínica neurológica.
-¿Qué es lo que sentimos? –preguntó el psiquiatra, mirándolo con burlona atención.
-Lo que sentimos, doctor –respondió el hombre-, son unos terribles arañazos provocados por un gato que llevamos dentro.
El especialista se le quedó mirando largamente. Y, tras pensárselo durante unos instantes, dijo en tono confidencial:
-Sí, es probable que se trate efectivamente de un gato. En todo caso, no es ésta la primera vez que le sucede a alguien una cosa semejante.
-¿Es, digamos, una enfermedad común?
-¡Más común de lo que usted se imagina, mi estimado amigo!
-Me aterra pensar que dentro de mí pudiera también haber ratones, doctor, pues, de no ser así, ¿a qué diablos se habría metido el gato? –dijo el hombre casi llorando de pesar.
El psiquiatra hizo abrir la boca a su paciente, le examinó la garganta con una lamparilla y dijo finalmente:
-En efecto, amigo mío, anda por ahí un gato de respetables dimensiones: acabo de verle la punta de la cola. ¡Ah, pero no se preocupe usted, que ya me encargaré yo de que salga pronto de ahí! Si le parece bien, mañana mismo, a las diez, procederemos a realizar la operación.
-Me parece bien –dijo el paciente.
Al día siguiente, el psiquiatra lo anestesió, simuló una operación complicadísima, mandó a un muchacho del barrio a que le trajera un gato callejero, le torció la cabeza, y tan pronto como el enfermo volvió en sí, le dijo gritando de alborozo:
-He aquí el gato que tanto lo molestaba, querido amigo. De ahora en adelante podrá usted vivir en paz.
El paciente miró el gato detenidamente; finalmente, dijo con desilusión:
-Lo siento mucho, doctor, pero el gato que usted me muestra es negro, y el que a mí molesta adentro es gris.
¡Para amargarnos la vida, los humanos somos unos expertos! Nos ahogamos en vasos de agua. Una vez, según cuenta el doctor M. Scott Peck en su libro La nueva psicología del amor, una mujer que acababa de intentar suicidarse fue a verlo a su consultorio y le confió: «Intenté matarme porque no soporto vivir en esta maldita isla» (se trataba de la isla de Okinawa, donde ambos, médico y paciente, residían por entonces). «¿Por qué es tan doloroso vivir en Okinawa?» –le preguntó el doctor-. «Aquí no tengo amigos. Estoy siempre sola» –respondió sollozando la mujer-.
«Eso es malo. ¿Por qué no ha hecho amistades?». «Tengo que vivir en una urbanización de Okinawa donde ninguno de mis vecinos habla inglés». «¿Por qué no va a la zona residencial norteamericana o al club de mujeres para entablar alguna relación?» –insistió el médico-. «Porque mi marido se lleva el coche para ir al trabajo». «¿Y no podría llevarlo usted misma al trabajo, puesto que está sola durante todo el día y se aburre?» –siguió insistiendo el doctor-. «Es un coche con el cambio de marcha manual, y yo no sé conducirlo; sólo sé conducir los que tienen caja automática». «Pues podría aprender a conducirlo». «¿En estas carreteras? –gritó indignada la mujer-, ¿es que quiere que me mate?».
En lo dicho: con algunos no hay remedio. Pero si hay alguna conclusión que sacar de estas historias, que las saque el lector, que yo con habérselas contado me doy por satisfecho.
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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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