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La deuda burocrática de la Alerta de Género en SLP
A más de 20 meses de su emisión, faltan muchas cosas por cumplirse, aunque eso sigue costando la vida de mujeres, de acuerdo al informe de la CEDH
Por Redacción
El 8 de marzo de 2018, en pleno Día Internacional de la Mujer, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) emitió una recomendación dirigida a la Fiscalía General del Estado por la violación a los derechos humanos de las mujeres a una vida libre de violencia en contra de una mujer de Rioverde que fue víctima de feminicidio, pese a que había denunciado la violencia de género en su contra desde algunos meses antes.
El 14 de noviembre de 2017, la víctima había acudido a la Agencia del Ministerio Público de Unidad de Atención Temprana con sede en el municipio de Rioverde, San Luis Potosí, según menciona el Informe Especial de la Situación del Cumplimiento de la Declaratoria de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en los Municipios de San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez, Matehuala, Ciudad Valles, Tamuín y Tamazunchale, que ayer presentó la CEDH a los medios de comunicación.
Ante el Ministerio Público, la mujer denunció la constante violencia que sufría por parte de su cónyuge y mencionó el temor que tenía del agresor, debido a que era una persona muy violenta y agresiva.
La víctima además solicitó se le exigiera a que saliera de su casa y se le impusiera una orden de restricción para que no se acercara a ella ni a sus hijas e hijo.
En respuesta a la denuncia de la víctima, el agente del Ministerio Público “solamente emitió un oficio dirigido al director de Seguridad Pública Municipal de Rioverde, por medio del que solicitó designar personal para que de manera inmediata acudiera en compañía de la víctima a su domicilio, con la finalidad de que le entregaran sus objetos personales y documentos de identidad, posteriormente se turnó el caso para la integración de la Carpeta de Investigación.
Por desgracia, el 24 de enero de 2018, la víctima fue privada de la vida en el municipio de Rioverde, a causa de las lesiones provocadas por paso de proyectil disparado por arma de fuego, acto que testigos atribuyeron a su exesposo.
En las evidencias de caso, no se demostró que el Agente del Ministerio Público haya dado respuesta a la orden de restricción que le requirió la víctima. Tampoco se mostró por qué consideró determinar únicamente como medida de protección la entrega inmediata de objetos de uso personal y documentos de identidad de la víctima que tuviera en su posesión su exesposo, pese a que la denuncia se centraba principalmente en las agresiones físicas, psicológicas y sexuales que había sufrido, además de que su agresor amenazó con matarla.
Muchas deudas
El informe de CEDH explica además que los medios de comunicación del estado registraron 34 muertes violentas de mujeres durante 2017 y 50 durante 2018. En cambio, el número de víctimas de feminicidio el año pasado fue de 27 mujeres y de 19 en 2017.
En 2018, otras 27 mujeres fueron víctimas de homicidio doloso y otras 31 en 2017.
En el año 2018, siete de las 50 mujeres asesinadas en el estado tenían entre 31 y 40 años de edad; una tuvo entre 0 y 15 años; seis entre 16 y 20 años; seis más entre 21 y 30; cinco entre 41 y 50 años; dos entre los 51 y 60; dos entre 61 y 70; dos entre 71 y 80 y 20 mujeres cuya edad fue desconocida.
11 de los asesinatos de mujeres en el estado fueron en la capital del estado; siete en Matehuala y seis en Soledad de Graciano Sánchez. Cuatro fueron en Rioverde, dos en Tamasopo, Villa de Arriaga, Villa de Zaragoza y Ébano. Los municipios de Ciudad Valles, Tamazunchale, Ahualulco, Ciudad Fernández, Villa de Reyes, Mexquitic, Villa Hidalgo, Charcas, Matlapa, Villa de la Paz, Tierra Nueva, Venado, Cerritos y Axtla de Terrazas tuvieron un homicidio de mujer cada uno.
Respecto al gobierno del estado, la Comisión Estatal de Derechos Humanos no tiene pruebas de la que la Dirección de Comunicación del Ejecutivo estatal hayan difundido los alcances de la Alerta de Género en espacios educativos de nivel básico, medio, superior y superior, ni en centros de salud.
Por su parte, el Instituto de las Mujeres del Estado falló en conformar un grupo Interinstitucional, por cada municipio, con participación ciudadana, conformado prioritariamente por mujeres, para revisar los mecanismos de vigilancia y Seguridad Pública que se implementen; también en diseñar una estrategia de vigilancia y en evaluar la estrategia de vigilancia de cada uno de los seis municipios con Alerta de Género en el estado.
La Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE) no ha diseñado una estrategia en cada municipio para la recuperación de espacios públicos y prevención de la violencia, que incluya coordinación interinstitucional y participación ciudadana; tampoco ha implementado la estrategia de recuperación de espacios públicos y prevención de la violencia en cada municipio ni ha evaluado la implementación de la estrategia en cada uno de los municipios con Alerta de Género.
La SSPE tampoco ha identificado áreas de mayor índice delictivo y de riesgo de violencia para las mujeres; ni ha incrementado la presencia de la policía vial en las calles y reforzado sanciones administrativas a conductas que podrían encubrir la comisión de un delito.
La Fiscalía General del Estado (FGE) no ha elaborado el proyecto de Unidades Municipales de Atención Inmediata (UMAI), que incluya la vinculación con las líneas 911 y TELMUJER, así como una aplicación para teléfonos inteligentes.
La CEDH no tiene pruebas de que la FGE haya elaborado el protocolo de actuación y perfiles para el personal multidisciplinario de las UMAI. Tampoco realizó la selección de personal multidisciplinario por las UMAI, de acuerdo a los perfiles establecidos en el protocolo y por tanto, no capacitó al personal seleccionado para las UMAI.
La Fiscalía además ha carecido de realizar un diagnóstico sobre los tipos de órdenes de protección a mujeres víctimas de violencia vigentes, su efectividad, así como el mecanismo de implementación y seguimiento de estas. Tampoco ha diseñado un plan de valoración de órdenes de protección para mujeres víctimas de violencia, así como para casos de violencia familiar.
La FGE tampoco ha diseñado un plan de monitoreo de órdenes de protección para mujeres víctimas de violencia, así como para casos de violencia familiar; no se han adecuado las órdenes vigentes de protección para mujeres víctimas de violencia, así como los casos de violencia familiar, de acuerdo al plan de monitoreo.
La Fiscalía tampoco ha puesto en marcha los planes de valoración, implementación y monitoreo para todas las órdenes de protección para mujeres víctimas de violencia, ni para casos de violencia familiar. También ha quedado a deber la evaluación de la efectividad de las órdenes de protección a partir de la puesta en marcha de los planes de valoración, implementación y monitoreo para todas las órdenes de protección.
Respecto a las medidas de prevención de feminicidios, a diferencia de lo que pide la declaratoria de Alerta de Género para seis municipios del estado, la SSPE no ha elaborado una estrategia de difusión de los resultados del diagnóstico sobre las modalidad de violencia de género existentes en San Luis Potosí.
La SSPE tampoco ha cumplido con la identificación del perfil de hombres generadores de violencia que pudieran participar en un Programa de Atención, así como la forma en la que pudieran formar parte del programa; ni rediseñó el Programa de Atención a Hombres Generadores de Violencia.
La Secretaría de Seguridad Pública, a casi 21 meses de la implementación de la Alerta de Género, no ha diseñado, implementado y evaluado una estrategia intersectorial e intercultural de espacios públicos seguros para niñas, y mujeres, que garantice su derecho a una vida libre de violencia en el transporte y espacios públicos. La estrategia deberá incluir los procedimientos para atención de mujeres víctimas de violencia en el transporte público, así como propuestas de prevención de la violencia.
Los trabajos de SSPE también carecen de capacitar y sensibilizar a los concesionarios y operadores del transporte público en materia de prevención y respuesta a la violencia contra las mujeres en los espacios públicos y de monitoreo continuo en el óptimo funcionamiento de las cámaras de video vigilancia, además de realizar revisiones periódicas en el transporte urbano, foráneo y rural.
También lea: CEDH busca Alerta de Género para tres municipios más de SLP
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Segunda Parte
El régimen y la placa: cuando cada esquina la firma un gobierno.
«La ciudad es un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, pero estos trueques no lo son solo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles
La nomenclatura potosina no se entiende sin entender los trueques. Cada placa es el resultado de un intercambio: el cabildo le da un nombre a la calle, la calle le devuelve memoria al cabildo. Cuando el intercambio fluye, el nombre dura. Cuando se rompe —porque cambió el régimen, porque se cayó el héroe, porque ya nadie sabe quién era— el nombre se queda solo, huérfano, esperando a que otro régimen pase a recogerlo o a cambiarlo. Pero rara vez lo retira: lo cubre. Y eso es San Luis Potosí: una ciudad de placas tapadas por placas.
La crítica de Castro Escalante: revolucionarios y fechorías
Don Arcadio Castro Escalante escribió un párrafo que merece mencionarse con cuidado, porque es el corazón moral de toda esta investigación. Lo dijo así: que la nomenclatura moderna —adoptada en su mayoría a partir de 1914— recuerda a revolucionarios que, según consigna textualmente, cometieron «toda clase de fechorías»: «saqueos, robos, ultrajes, incendios de pueblos, levas, fusilamiento de inocentes».
El cronista no pone nombres en esa lista —y hay que respetar su prudencia— pero el argumento moral está claro: si la ciudad rinde homenaje oficial a personajes responsables de esos crímenes, ¿por qué no rendir homenaje, aunque sea con nombres antiguos y no oficiales, a los «hombres de bien» que la fundaron, que la habitaron, que la sostuvieron desde la sastrería, el púlpito o el mercado? Es una crítica fina, no una arenga. No pide que se borren las placas revolucionarias. Pide que la memoria sea más larga que un régimen.
Y aquí asoma la tesis de fondo: cada nomenclatura es la firma de un gobierno. La de 1914 se firmó con sangre; la posrevolucionaria, con clientelismo estatal; la contemporánea, con marketing inmobiliario y las placas son la rúbrica.
En entrevista sobre el tema, el ingeniero Octavio Pedroza Gaitán, quien fue alcalde de la capital potosina entre 2004 y 2006 y posteriormente senador de la República, lo plantea casi con la misma vara moral del cronista: «la ciudad y sus autoridades tienen no solamente una conversación, sino un adeudo histórico, pendiente con la población». Para Pedroza, la mayoría de los potosinos desconoce hoy quiénes fueron los personajes que dan nombre a sus calles. Lanza nombres concretos para ilustrarlo: «¿quién fue Ignacio Comonfort, quién fue Pánfilo Natera, quién fue Mascorro? ¿Quién fue Agustín Vera, la calle en la que yo viví durante tantas décadas? Muy pocas personas podrían tener respuesta». Su propuesta —dice— es construir un compendio que explique de una vez por todas el porqué de los nombres.
Sobre el cambio de nomenclatura, sin embargo, es categórico: no se debe tocar lo que ya tiene décadas de uso. «Sería verdaderamente poco práctico intentar el cambio cuando las calles tienen décadas de denominarse». El argumento de Pedroza es pragmático: cambiar un nombre obliga a personas físicas y morales a rehacer documentación, domicilios fiscales, escrituras. «Quien lo hace para su propio ego —y los hay— comete un error garrafal». Su única excepción documentada como alcalde fue, precisamente, una asignación nueva: el tramo del Periférico Norte que por acuerdo de Cabildo recibió el nombre de Manuel Gómez Morín, fundador del Banco de México y reformador de la UNAM.
De cara al futuro —fraccionamientos nuevos, calles recién trazadas— Pedroza simpatiza con el modelo numérico que usan ciudades como Puebla. «Es lo más sencillo del mundo, porque a la cuatro le sigue la cinco y le antecede la tres, y entonces ubicar un domicilio es mucho más fácil que estar entre Sevilla y Olmedo o Negrete y no tener idea para dónde continuar la búsqueda». La sugerencia, dice, sería al menos en sentido paralelo: que las nuevas vialidades carguen una nomenclatura numérica además de la onomástica.
Sobre las placas mismas —el tema visible, el de la esquina— Pedroza identifica dos motores legítimos para reponerlas: el desgaste por lluvia, polvo y viento, y la sustitución cuando se han vuelto ilegibles. Pero advierte sobre un tercer motor que considera ilegítimo: «cada tres años se vuelven a poner por el culto de la vanidad de la perpetuación de la administración municipal». Reconoce, con elegancia poco frecuente en política, que su propio gobierno entró en esa lógica al mandar hacer más de 26 mil placas patrocinadas por particulares. La regla práctica, según él, es esta: «en una misma esquina, en un mismo crucero, no puedes tener cuatro colores y tamaños diferentes para una misma calle. Eso me parece hasta ridículo de pronto». La frase, dicha así, podría servir de subtítulo para cualquier libro futuro sobre la nomenclatura potosina.
Inventario crítico: los diez casos más absurdos
Para la elaboración del presente reportaje, se hizo una selección rigurosamente subjetiva, ordenada de menor a mayor estupor sobre hallazgos absurdos. La regla fue simple: cada caso tenía que provocar al menos una sonrisa y, después, una pregunta seria.
- Aldama y sus cuatro identidades: en 1806 era Real Caja; en 1860 una sola calle se llamaba Mica en un tramo, La Moneda en otro, San Francisco en otro. Y en planos antiguos aparece escrita como «Mica», «Miga» y «Amica». Un nombre, tres faltas de ortografía, cuatro siglos de discusión.
- Iturbide, la calle de los ocho disfraces: en 1864 sus cuadras se llamaban Ciprés, Palaus, Chino o Clima, Filantropía, Guayabo, Mora, Cocheros y Chica. Era literalmente una calle distinta cada cien metros.
- La Corriente que se negó a ser Reforma: desde 1688 La Zanja, luego Corriente Seca, luego oficialmente Reforma. Pero la gente le siguió diciendo La Corriente hasta los años cuarenta del siglo XX. Tres siglos de obstinación contra la nomenclatura oficial.
- Morelos, mosaico de seis nombres: en 1900, una sola calle integraba 1ª de La Alhóndiga, calle del Comercio, Morelos propiamente, Mesón de San José, Camino llano y Camino a Guanajuato. Y antes, en 1860, contenía nombres tan disímbolos como Corte, Plateros, Baco y Garita de México.
- Vallejo, la cuadra de las recogidas: en 1864 sus cinco tramos eran Remedios, Las Recogidas, Plaza de Las Recogidas, Lucero y San Miguelito. «Las Recogidas» eran las internas de un beaterio. Hoy se llama Vallejo, sin que nadie sepa que ahí caminaron mujeres recluidas por orden eclesiástica.
- Mariano Arista en tres versiones simultáneas: no es histórico, es presente. Hoy mismo, en una sola caminata, las placas dicen «GRAL. M. ARISTA», «ARISTA» y «Mariano Arista». Tres maneras de nombrar al mismo señor en la misma calle.
- Manuel José Othón, calle-poema: en 1864 se desplegaba como Diamante, Curato, Plazuela del Carmen, Escoleta y Avenida Alameda. Othón era niño cuando todavía sus tramos se llamaban así. La calle del poeta, antes del poeta, ya tenía cinco metáforas.
- Galeana y la confesión arquitectónica: en 1870 era Portillo de San Agustín, Galeana, Portillo de San Francisco y Tercera Orden. Tres de los cuatro nombres aludían a los conventos que la flanqueaban. La calle se debatía, literalmente, entre Dios y la patria.
- Álvaro Obregón, identidades superpuestas: por 1930 se llamaba Julián Carrillo. Antes, desde fines del siglo XIX, era Juárez. Y antes de eso, en 1860, sus cuadras eran Suárez, Abogada, Colegio de Niñas y Escuela de Niños. Cuatro re-bautizos en menos de un siglo.
- Universidad, la calle sin acta de nacimiento: el propio Castro Escalante señala que las placas antiguas y los planos discrepan; sospecha que las calles Perico, Afligidos y Vargas alguna vez formaron parte de lo que hoy es Universidad.
También se le cuestionó a Mario García Valdez, alcalde de la capital entre 2012 y 2015, ex rector de la UASLP y hoy Secretario de Cultura del gobierno del Estado, al respecto. El funcionario recuerda que el tema de la nomenclatura sí llegó a su Cabildo. «No solo lo del centro histórico, sino la nomenclatura en general de la ciudad, que tiene muchísimas calles que no tienen nomenclatura o son muy diversas». De ahí salió un programa de renovación de placas «hasta donde alcanzó», dice. Sin falsa modestia: hasta donde alcanzó.
La parte fina de su respuesta parece más conceptual, y es que García Valdez no propone borrar las capas, propone armonizarlas. «Yo pienso que se debe homologar, pero conservando las placas antiguas. Y que las nuevas sean parecidas a las placas antiguas para que el centro histórico mantenga ese perfil histórico, que sus viejas placas se mantengan y las nuevas tengan más o menos la misma fisonomía». Es la fórmula del palimpsesto bien manejado: ni borrar ni acumular sin criterio, sino lograr que cada generación de placas dialogue con la anterior. Sobre litigios concretos, ninguno; al menos no le tocó. «No me tocó nada de eso» -dijo-.
Cinco calles con historia poderosa
Frente a las absurdas, también se escogieron las que pesan. Las que cargan acta, sangre o doctrina y se sugiere leer despacio.
1. Calle de la Constitución
Su nombre dice todo y no dice nada, porque México ha tenido al menos cinco constituciones desde 1812. Esta calle integra antiguos tramos llamados El Gato, La Lagunita, Paseo Nuevo y Camposanto de San Sebastián. Es decir que lo que hoy se llama solemnemente Constitución, antes fue cementerio, laguna, paseo y un lugar al que la gente llamó simplemente «el gato», por razones que el tiempo se llevó. La calle más institucional de la ciudad reposa sobre una memoria popular y funeraria.
2. Avenida Carranza
Cinco nombres en cinco cuadras hasta 1864: La Cárcel, Maltos, El Elefante, Real de Tequisquiapan. La unificación bajo el nombre del Primer Jefe se hizo después de 1914, cuando la Revolución consolidó su panteón. Hoy es una arteria peatonal en su tramo histórico, pero su nombre carga el peso de una decisión política: convertir cinco identidades barriales en una sola identidad nacional.
3. Independencia
En 1864, esta sola línea era siete calles: Osollo, Tamaulipas, Independencia, Molino de San Francisco, Puerta del Campo de San Francisco, Correo Viejo y Grito de la Libertad. Es notable que dos de esos siete nombres ya aludían al hecho independentista, lo que indica que la oficialidad llegó tarde: los vecinos ya habían bautizado por su cuenta. Cuando el Ayuntamiento unificó la calle también la ratificó.
4. Allende
Bajo el nombre del insurgente conviven al menos cinco fantasmas: del Puente Nuevo, de La Carrera, La Yedra, de la Puente, y —el más sabroso— Los Burros. Otro tramo se llamó La del Francés, por una hacienda de beneficio cuyo dueño era de esa nacionalidad. Allende, nombre alto, descansa pues sobre arrieros, planchadores y un francés desconocido.
5. Calzada de Guadalupe
La metamorfosis nominal más completa de la ciudad. En 1800, calle del Santuario; en 1850, Calzada del Santuario de Guadalupe; a fines del XIX, Avenida Juárez (esfuerzo liberal por descristianizarla); en 1914, Avenida La Guadalupana (reacción posrevolucionaria); finalmente, Calzada de Guadalupe. Una calle entera que alterna entre la Virgen y Juárez, según sople el viento del régimen.
Continúa en tercera y última parte…
Destacadas
Francisco Javier Estrada, evidencias del científico que México no supo ver
Trabajó en electricidad, magnetismo, sonido y energía en un país sin infraestructura científica y sin respaldo institucional su obra quedó dispersa
Por: Ana G Silva
En pleno siglo XIX, cuando México apenas intentaba consolidarse como nación, un científico nacido en San Luis Potosí ya experimentaba con electricidad, comunicación a distancia y reproducción del sonido con una visión que hoy sigue marcando la vida cotidiana. Su nombre: Francisco Javier Estrada Murguía.
Encendió la primera luz eléctrica en América, diseñó uno de los primeros motores eléctricos, desarrolló la comunicación inalámbrica antes que Marconi, mejoró sistemas telefónicos, sentó bases del micrófono de carbón y propuso (con décadas de anticipación) el piano eléctrico.
La reconstrucción de su legado no es reciente. Surge, en gran medida, del trabajo del investigador, divulgador y colaborador de La Orquesta, José Refugio Martínez Mendoza, conocido como Dr. Flash, académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien durante décadas ha documentado la vida y obra de Estrada. Columnas, artículos y libros de su autoría permiten hoy dimensionar la magnitud de un científico que, pese a todo, sigue siendo un desconocido en su propia tierra
Francisco Javier Estrada no fue un caso aislado de genialidad. Fue un ejemplo de cómo el conocimiento puede generarse en condiciones adversas, pero también de cómo puede perderse cuando no existe una estructura que lo respalde.
Mientras sus ideas eran retomadas en otras partes del mundo, en México quedaban archivadas, ignoradas o simplemente olvidadas.
Hoy, su historia no solo exige reconocimiento. Exige memoria. Porque si algo deja claro su legado, es que el problema no fue la falta de talento. Fue no saber qué hacer con él. Y sinceramente, como bien hoy se dice, “no te merecíamos Estrada”
La noche en que San Luis Potosí se adelantó al mundo
En noviembre de 1877, en el patio del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, ocurrió un episodio que difícilmente ha sido dimensionado en la historia nacional.
Durante una reunión pública organizada para recaudar fondos, Francisco Javier Estrada encendió lámparas de arco mediante un sistema eléctrico desarrollado por él mismo. La escena, descrita en crónicas de la época, no solo sorprendió a los asistentes; marcó un antes y un después en el desarrollo tecnológico del continente.
Aquella demostración significó el encendido de la primera luz eléctrica de arco en América y convirtió al edificio del Instituto en el primero en México iluminado con electricidad. En ese momento, San Luis Potosí no solo observaba el progreso: lo estaba generando.
Lo que siguió fue una serie de aplicaciones prácticas durante 1878, cuando el alumbrado eléctrico comenzó a utilizarse en eventos públicos, generando asombro en la sociedad.
Un inventor adelantado a la historia oficial
En 1886 obtuvo el privilegio (equivalente a una patente) para un sistema que permitía comunicar trenes en movimiento con estaciones ferroviarias sin necesidad de cables. La implicación técnica es clara: comunicación inalámbrica funcional en el siglo XIX
Este desarrollo ocurrió una década antes de que Guglielmo Marconi presentara avances similares en Europa. Sin embargo, el nombre que quedó en los libros fue el del italiano.No se trata de una coincidencia ni de un error menor, sino de una omisión sistemática que responde al contexto de dependencia tecnológica y cultural del México de finales del siglo XIX. Estrada no solo llegó primero: lo hizo sin respaldo industrial, sin financiamiento y sin un entorno que protegiera o proyectara su trabajo.
Dibujo del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, presentado por Estrada al Ministerio de Fomento para solicitar su patente para comunicar trenes en movimiento y del cual obtuvo la aprobación el 12 de junio de 1886.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
Decreto 9574. Decreto de patente para comunicar trenes en movimiento. Uso práctico por primera vez en el mundo de la comunicación inalámbrica por Francisco Javier Estrada.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El sonido como frontera: de los teléfonos al origen del audio moderno
En la década de 1870, Estrada enfocó su trabajo en un problema que parecía secundario frente a la electricidad: la reproducción del sonido.
No lo era.
Sus experimentos lo llevaron a mejorar sistemas telefónicos existentes, desarrollar principios fundamentales del micrófono de carbón y lograr transmisiones de mayor claridad e intensidad. Estas aportaciones no solo resolvían problemas técnicos inmediatos, sino que abrían la puerta a una nueva forma de entender la comunicación.
Micrófono de carbón, desarrollado por Estrada. Siglo XIX. Colección: “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El piano eléctrico que México no construyó
En diciembre de 1878, Estrada publicó en el periódico El Siglo XIX la descripción de un instrumento que no existía en su época: un piano eléctrico.
No se trataba de una idea abstracta. El diseño detallaba un sistema capaz de transformar vibraciones acústicas en señales eléctricas y amplificarlas mediante dispositivos electromagnéticos. Su intención era clara: llevar el sonido más allá de los límites físicos del instrumento tradicional.
No pudo construirlo.
La falta de recursos, materiales y apoyo técnico lo obligaron a hacer algo inusual: publicar el diseño completo para que alguien más pudiera desarrollarlo. En su propia carta lo advertía con claridad, temiendo que la idea fuera retomada en el extranjero sin reconocer su origen.
Ochenta años después, el piano eléctrico se desarrolló fuera de México.
El gabinete de física y la memoria que sobrevivió al abandono
Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Gabinete de Física del Instituto Científico y Literario, un espacio que concentró instrumentos, experimentos y enseñanza científica en San Luis Potosí.
Entre esos objetos, destaca uno en particular: un fonógrafo que, según investigaciones recientes, pudo haber sido construido por el propio Estrada como parte de sus estudios sobre reproducción del sonido.
Hoy, ese instrumento se convierte en símbolo de una memoria científica que logró sobrevivir, no gracias a políticas públicas o reconocimiento institucional, sino al esfuerzo de quienes decidieron documentarla.
Aparato para el estudio de la reproducción del sonido, prototipo similar al fonógrafo, posiblemente desarrollado por Estrada. Colección “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
San Luis Potosí, más allá de Estrada
El desarrollo científico de San Luis Potosí no puede entenderse sin la figura de Francisco Javier Estrada. Lejos de ser un episodio aislado, su trabajo marcó un punto de partida que dialoga con una serie de avances que, con el paso de las décadas, consolidaron al estado como un espacio clave para la experimentación tecnológica en México.
Desde los primeros ensayos con globos aerostáticos en las primeras décadas del siglo XIX, pasando por los intentos iniciales de vuelo en 1840, hasta el desarrollo de la aviación en el siglo XX, existe una línea de continuidad en la que la experimentación y la curiosidad científica fueron constantes. Esa misma lógica se extendería más adelante a los estudios de radiación cósmica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y al lanzamiento del primer cohete con fines científicos en el país en 1958.
En ese entramado histórico, las aportaciones de Estrada no solo anteceden estos logros: ayudan a explicarlos. Su trabajo en electricidad, comunicación inalámbrica y reproducción del sonido no solo abrió nuevas rutas de conocimiento, sino que sentó bases técnicas y conceptuales que formarían parte del desarrollo tecnológico posterior.
Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.
También lee: El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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