Columna de Nefrox
La copa que nadie quiere (pero nunca sobra) | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
Testeando
Se acabó el sueño copero para el San Luis. La participación en la copa 19/20 terminó con un triste 2-0 en global frente a Tijuana, un equipo que por cierto comienza a ser una piedra en el zapato para los potosinos.
A pesar de lo que se diga, fue evidente la falta de interés de Memo Vázquez por buscar sobresalir en el torneo copero: el equipo envió muy pocos titulares tanto al juego de ida como al de vuelta y, aunado a los cambios de sistema y la poca contundencia, se terminó por dejar pasar la competencia.
Pero seamos realistas: dentro de lo que nos dejó la ronda de los octavos de final del torneo, podemos concluir que pocos equipos quisieron ganar la copa. Y es comprensible. La copa en México es uno de esos torneos que sirven para muy poco, si acaso es el premio económico y la posibilidad de jugar por el trofeo de la Súper Copa en el verano y con ellos llevarse otros tantos billetes verdes.
Fuera de eso, la copa es un bonito trofeo para los que no ganan más en el año. Para San Luis el torneo fue un claro obscuro que termina deslucido: con un inicio prometedor que se derrumbó con los escándalos del fin de año 2019, para concluir con una eliminatoria muy aburrida frente a los de la frontera.
Ni hablar, poco que rescatar de ese par de juegos, si acaso el debut de jugadores y los minutos para los que normalmente no tienen actividad. Por ahora queda enfocarse totalmente a la lucha por el descenso, y con ello evidentemente las posibilidades de entrar en la liguilla.
Pero hay que ser realista: San Luis no tiene un cuadro como para pensar en el campeonato, es más, ni siquiera parecería candidato para terminar dentro de los 8 primeros que jugarán las finales. San Luis debe enfocarse a su realidad, un equipo que lucha para evitar el descenso en la temporada 20/21.
Vayamos paso a paso, si hoy el equipo se mantiene invicto en la liga y con buenos juegos a sus espaldas, podemos seguir exigiendo y esperando buenos resultados. Por lo pronto esta noche no parece que salga a la cancha como víctima, esta noche San Luis debe sumar de tres y convencer a propios y extraños que es un equipo interesante en el actual torneo. Mucha suerte San Luis, venga, vamos por los tres.
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Columna de Nefrox
La última oportunidad | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que llegan con la etiqueta de “uno más” y hay otros que, aunque nadie quiera decirlo demasiado fuerte, comienzan a parecerse a una última oportunidad. El Atlético de San Luis recibe mañana al Necaxa y, para los potosinos, el partido tiene mucho más significado del que podría tener una jornada cualquiera del calendario. Porque mientras los Rayos llegan con técnico nuevo, los de casa llegan con la obligación de demostrar que todavía tienen algo que decir en este torneo.
Necaxa estrena entrenador. Y no es cualquier entrenador. Juan Reynoso vuelve a México, vuelve a la Liga MX y, además, regresa a una institución que conoce perfectamente. Ahí terminó su carrera como futbolista, ahí comenzó también su camino en los cuerpos técnicos y ahora vuelve para intentar rescatar a un equipo que después de ocho jornadas suma apenas ocho puntos.
Eso, por supuesto, hace todavía más interesante el partido. Un técnico nuevo siempre genera una especie de sacudida. Hay jugadores que quieren ganarse un lugar, otros que quieren demostrar que pueden ser importantes en el nuevo proyecto y un equipo que, por unos días, vuelve a sentir que empieza de cero. Reynoso tendrá poco tiempo para cambiar demasiadas cosas, pero tendrá algo que todos los entrenadores nuevos tienen: la posibilidad de comenzar escribiendo su propia historia.
Y ahí está precisamente el problema para San Luis.
Porque mientras Necaxa puede hablar de un nuevo comienzo, Atlético de San Luis ya no puede darse ese lujo.
Para el equipo potosino, este partido tiene que ser una especie de punto de quiebre. No porque una victoria vaya a borrar todo lo ocurrido en el torneo, ni porque tres puntos vayan a convertir de pronto una temporada complicada en una temporada exitosa. Eso sería engañarnos. Pero sí porque empieza a llegar ese momento en el que hay que levantar la mano y decir “aquí estamos”.
El calendario complicado ya pasó. Eso lo hemos hablado desde hace semanas. Cruz Azul, Tigres, América, León y los partidos que pusieron al Atlético desde muy temprano frente a rivales que, sobre el papel, parecían superiores o que llegaban con otras aspiraciones. Se podía anticipar que el arranque sería complicado. Se podía entender que Diego Mejía necesitaría tiempo para construir un equipo con una idea distinta.
Pero una cosa es explicar un mal comienzo y otra muy diferente es acostumbrarse a él.
Y eso es lo que San Luis no puede permitir.
La temporada, a estas alturas, prácticamente está perdida. Hay que decirlo sin rodeos. No porque matemáticamente no existan posibilidades de rescatarla, sino porque el equipo ha dejado pasar demasiadas oportunidades y porque la sensación alrededor del proyecto comienza a ser mucho más pesada que la tabla de posiciones. En el fútbol mexicano siempre queda una puerta entreabierta para quien consigue una buena racha, pero una cosa es tener posibilidades matemáticas y otra es transmitir la sensación de que realmente se puede competir.
Por eso el partido contra Necaxa es tan importante.
No se trata únicamente de ganarle al Necaxa. Se trata de demostrar que el Atlético todavía tiene hambre.
Porque si San Luis pierde, seguramente habrá explicaciones. Que Reynoso apenas llegó. Que Necaxa tiene jugadores importantes. Que el torneo todavía tiene partidos. Que matemáticamente quedan posibilidades. Todo eso será cierto.
Pero también será cierto que el tiempo se está acabando.
Y eso es lo que más preocupa.
Diego Mejía llegó con una idea de fútbol que, al menos en el discurso, resulta atractiva. Un equipo que quiere tener la pelota, construir desde atrás, presionar después de perderla, ser valiente y buscar el arco contrario. No llegó para esconderse. No llegó para hacer del Alfonso Lastras un lugar donde simplemente se espera al rival. Llegó con la intención de construir algo diferente.
El problema es que en el fútbol las ideas necesitan resultados que las sostengan.
Y San Luis necesita empezar a encontrarlos.
El partido del sábado puede ser justamente ese momento. No hace falta pensar todavía en grandes objetivos, ni hablar de liguilla, ni construir castillos en el aire. Primero hay que recuperar algo mucho más básico: la sensación de que este equipo puede ganar partidos.
Porque eso también se ha perdido.
Y cuando un equipo deja de ganar, empieza a perder algo más que puntos. Pierde confianza, pierde tranquilidad, pierde paciencia de su gente y, poco a poco, comienza a jugar con el peso de lo que ocurrió en los partidos anteriores.
Por eso este sábado no hay que mirar demasiado lejos.
Hay que mirar al Necaxa.
Un Necaxa que llega con ocho puntos, que también está lejos de vivir una temporada tranquila y que acaba de cambiar de entrenador. Un Necaxa que tiene un nuevo proyecto, un nuevo discurso y un técnico que conoce perfectamente la Liga MX. Un Necaxa que, paradójicamente, puede llegar al Lastras con esa sensación de que comienza una nueva historia.
San Luis no puede permitirse sentir lo mismo.
Para el Atlético no empieza nada el sábado. El torneo ya empezó hace tiempo. Los puntos que se dejaron en el camino ya no regresarán. Las oportunidades desperdiciadas tampoco.
Lo que sí puede empezar es otra cosa: una reacción.
Y quizá eso sea lo único que todavía le queda a este torneo.
Porque si la temporada está prácticamente perdida, todavía hay una diferencia enorme entre terminarla de pie o terminarla esperando simplemente que se acabe.
Mañana, ante Necaxa, San Luis tiene que levantar la mano.
No para decir que ya está de regreso.
Todavía no.
Primero tiene que demostrar que quiere regresar.
Y quizá esa sea la última oportunidad que le queda.
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El verdadero torneo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay calendarios que parecen diseñados para poner a prueba cualquier proyecto. Y el del Atlético de San Luis fue uno de esos.
Desde antes de que comenzara el torneo lo habíamos dicho en esta misma columna: el arranque no iba a ser sencillo. No hacía falta ser adivino. Bastaba con mirar los nombres que aparecían uno detrás de otro.
Cruz Azul, Tigres, América.
Y ahora León.
No precisamente la bienvenida que uno quisiera para un equipo que estrena proyecto, entrenador y una idea de juego que todavía necesita tiempo para convertirse en costumbre. Pero el calendario no tiene paciencia y la Liga MX mucho menos.
El problema es que una cosa es anticipar que un inicio será complicado y otra muy distinta es vivirlo. Después de las primeras jornadas, el Atlético de San Luis todavía está buscando su primera victoria en casa y las sensaciones no han sido las mejores.
Ha habido partidos donde el equipo compitió. Momentos donde mostró la idea de Diego Mejía. Instantes donde pareció que el trabajo en los entrenamientos comenzaba a trasladarse a la cancha.
Pero también hubo errores. Desconcentraciones. Falta de contundencia. Y, sobre todo, puntos que se fueron. Eso no se puede esconder detrás del calendario.
Porque sí, los rivales han sido complicados. Pero también hay que decir algo que parece una obviedad y que en el fútbol mexicano a veces olvidamos en algún momento: hay que ganarles a los buenos. Y San Luis no lo ha hecho.
El próximo lunes estará León.
Y después de ese partido viene lo verdaderamente interesante.
Porque, al menos en el papel, el calendario comienza a parecerse mucho más a lo que uno esperaría para un equipo como el Atlético de San Luis. Rivales con los que puede competir de otra manera. Partidos donde la diferencia de presupuesto no debería ser tan grande. Encuentros en los que ya no bastará con decir que enfrente estaba un gigante.
Ahí comenzará el verdadero examen.
Y quizá por eso este momento del torneo sea tan importante. Porque el San Luis ya no puede vivir del argumento del calendario complicado.
Ese argumento tuvo sentido. Lo dijimos antes de que comenzara. Pero tiene fecha de caducidad.
Y esa fecha está llegando.
Después de León, comienza otro torneo dentro del mismo torneo. Uno donde San Luis tendrá que demostrar qué tan bueno es realmente.
Hay que reconocer algo más.
Este no es el peor comienzo en la historia de la franquicia. La memoria del fútbol potosino suele ser s electiva y a veces parece que cada mal arranque es automáticamente el peor de todos.
No.
Para encontrar uno realmente oscuro hay que regresar hasta aquel equipo dirigido por Guillermo Vázquez, que terminó viviendo uno de los momentos más complicados de la historia reciente del club.
Lo de ahora es malo. Muy malo. Pero todavía no es aquello. Y esa diferencia importa.
Porque todavía hay tiempo. Muchísimo. Lo que sí se está acabando es la posibilidad de seguir explicando los resultados.
Ahora toca provocarlos. Diego Mejía llegó con una idea de fútbol. Un equipo que quiere tener la pelota. Que quiere ser intenso. Que pretende recuperar rápido y asumir riesgos. Pero una idea necesita resultados que la sostengan. Porque el fútbol permite paciencia mientras existen señales.
Después comienza a exigir respuestas.
Y quizá ahí está el verdadero reto para San Luis. No convertirse de repente en un candidato al campeonato. No hacer diez partidos perfectos.
No borrar de un plumazo todo lo que salió mal.
Simplemente empezar a ganar. Encontrar una victoria que cambie el estado de ánimo.
Después otra.
Y entonces comenzar a descubrir qué puede ser este equipo cuando el rival ya no se llama Cruz Azul, Tigres o América cada semana.
El calendario difícil está por terminar. La excusa también. Y eso, aunque pueda sonar negativo, quizá sea la mejor noticia para San Luis.
Porque ahora podremos saber cuánto de este mal comienzo fue consecuencia del calendario y cuánto corresponde realmente a las deficiencias del equipo.
El lunes contra León todavía queda una prueba complicada. Después, comienza el torneo de verdad.
El torneo donde San Luis tendrá que demostrar que no solamente sabe competir contra los grandes. Que también sabe ganarles a los que están a su alcance.
Porque todavía queda mucho campeonato.
Y este equipo todavía tiene demasiado que demostrar. Pero a partir de ahora, ya no habrá calendario al cual culpar.
Ahora sí comienza la historia que Diego Mejía vino a escribir en San Luis.

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San Luis quiere jugar de otra manera | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay entrenadores que llegan a un equipo para cambiar resultados. Y hay otros que llegan para cambiar la manera en que el equipo entiende el fútbol.
Diego Mejía parece pertenecer al segundo grupo.
Porque si algo ha quedado claro durante estas primeras semanas del Atlético de San Luis es que el técnico no quiere un equipo que simplemente sobreviva los partidos. Quiere que los juegue. Y eso, aunque parezca una diferencia pequeña, cambia absolutamente todo.
San Luis quiere tener la pelota. Pero no por presumir posesión. La quiere porque Mejía entiende que con el balón también se puede defender. Construir desde atrás. Mover al rival. Encontrar espacios. Y cuando se pierde, recuperarla lo más rápido posible.
La famosa presión tras pérdida, esa que parece sencilla cuando se explica pero que requiere muchísimo trabajo cuando se intenta ejecutar.
Ahí comienza a entenderse la idea.
Porque este Atlético de San Luis no quiere esperar. Quiere provocar. Quiere que el rival tenga que tomar decisiones. Quiere avanzar con la pelota desde el fondo y asumir riesgos.
Y eso implica algo que quizá no siempre será agradable para la afición: habrá errores y muchos con el nivel de jugadores que se tienen.
Porque jugar con valentía significa aceptar que alguna vez el riesgo puede salir mal. Mejía lo ha dicho de manera bastante clara: busca un equipo que tome riesgos y que sea capaz de atacar mucho. No parece una promesa. Parece una declaración de principios.
Y quizá ahí está lo más interesante. Diego Mejía no llegó a San Luis solamente con la intención de cambiar nombres.
Llegó con una idea.
Una idea que comenzó a construir desde su experiencia anterior, particularmente durante su paso por Atlético Ottawa, donde consiguió el campeonato de la Canadian Premier League en 2025. Antes de eso también acumuló experiencia como auxiliar y entrenador en México, además de una etapa de formación y scouting en el Manchester City.
Eso ayuda a entender de dónde viene su obsesión por los detalles.
El fútbol no comienza cuando el árbitro pita. Comienza desde la salida. Desde la posición de los centrales. Desde dónde recibe el mediocampista. Desde cómo se mueve el extremo cuando la pelota está en el otro costado. Desde qué hace el equipo cinco segundos después de perderla.
Y ahí aparece una palabra que quizá define mejor su propuesta: intensidad.
Pero no solamente correr. Correr con sentido. Presionar con sentido. Atacar con sentido.
Porque correr detrás de la pelota durante noventa minutos no es intensidad. Es cansancio.
La intensidad que busca Mejía parece estar más relacionada con controlar el partido mediante las decisiones que toma el equipo. El técnico potosino ha dejado claro que no entiende el fútbol desde una postura excesivamente defensiva, busca ofender, propone, pero su equipo no le responde, su diseño no corresponde al nivel de plantel.
Eso también explica algunos partidos que hemos visto. San Luis puede tener más la pelota y, aun así, no ganar. Puede llegar más veces y no encontrar el gol. Puede dominar territorialmente y terminar empatando. Y ahí está la parte que todavía necesita madurar. Porque una cosa es construir una identidad.
Otra es convertir esa identidad en resultados. El Atlético todavía está aprendiendo.
La propuesta tiene riesgos. Y muchos. Si los laterales avanzan, habrá espacios. Si el mediocampo pierde la pelota mal parado, habrá contragolpes. Si los centrales tienen que defender demasiados metros a su espalda, aparecerán problemas.
Pero también hay una recompensa. Cuando el sistema funciona, San Luis puede convertirse en un equipo incómodo. Uno que no te deja respirar. Uno que te obliga a defender durante largos periodos. Uno que recupera la pelota cerca del área rival y vuelve a atacar antes de que puedas acomodarte.
Eso es lo que Mejía está buscando.
Quizá por eso sería injusto evaluar su trabajo solamente desde la tabla. Los resultados importan. Por supuesto que importan. Pero también hay que observar qué está intentando construir.
Porque después de varios años en los que San Luis encontró identidad con diferentes entrenadores, ahora parece estar intentando algo distinto: que la identidad no dependa solamente del rival.
Que San Luis tenga una manera propia de jugar.
Que no importe si enfrente está Cruz Azul, América, Pachuca o cualquier otro.
Que el equipo pueda decir: así queremos jugar.
Y quizá esa sea la apuesta más grande de Diego Mejía. No promete que San Luis ganará todos los partidos. Promete, con sus decisiones, que San Luis intentará ser protagonista.
Eso puede salir bien.
Puede salir mal.
Puede tardar.
Pero al menos en momentos, parece que hay una idea.
Y en el fútbol mexicano, donde muchas veces los equipos cambian de entrenador antes de terminar de entender lo que quieren ser, tener una idea ya es un comienzo.
Ahora falta lo más difícil. Convertirla en costumbre. Y después, convertir la costumbre en resultados.
Porque jugar bonito puede ilusionar.
Jugar con identidad puede enamorar. Pero al final, como siempre, el fútbol termina haciendo la misma pregunta:
¿Y los puntos?
Ahí comienza el verdadero examen para Diego Mejía.

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