#4 Tiempos
Huesera; o el arte de no saber qué significan tus propias metáforas | Columna de Guille Garregha
Criticaciones
Huesera es una película que cree que tiene algo interesante que decir, pero que al final no dice nada. Es una película que se limita a poner la pregunta de “¿a poco no está bien denso eso del embarazo y todo lo que representa?” frente al público sin molestarse en profundizar en la idea y dejando que la audiencia haga todo el trabajo por ella, como si fuera un maestro de secundaria terminando su clase del viernes por la tarde con una pregunta capciosa que cree, ilusamente, hará pensar a sus alumnos durante todo el fin de semana, convirtiéndose en el germen de una acalorada discusión intelectual el lunes por la mañana que tiene cero probabilidades de suceder. O sea, no puedo negar que la película se toma la decencia de presentar la cuestión central de una manera visualmente atractiva, pero no deja de ser un “ahí se los pongo, ¿eh?, jóvenes, para que lo mediten, ¿eh? Ahí se los pongo”, mientras sonríe picaronamente para esconder el hecho de que todos sus pensamientos al respecto son tan profundos como una cortada de papel.
Es decir, la idea en sí funciona. El problema es cómo – o más bien, cómo no – la llevaron a cabo. Parece el ejercicio narrativo de alguien que todavía no termina de envolver su cabeza alrededor de la idea de la narrativa. De alguien que sabe que sabe que la mayoría de las películas cuentan una historia, pero rara vez le pone atención a este aspecto del cine porque su TAD solo le deja enfocarse en lo bonito que es ver a la gente moviéndose en una pantalla. A la creadora de esta cosa se le ocurrió una premisa un día, pero nadie le dijo que el punto no es “describir cada detalle de la premisa hasta que se te acabe el vocabulario”, sino llevar a ésta a una conclusión satisfactoria que, o hable acerca de algún aspecto de la condición humana, o sea, por lo menos, entretenida de escuchar. Es el clásico “voy a hacer un corto de 30 minutos donde seguimos el viaje de una nube pasando encima de mi azotea en tiempo real mientras alguien lee los cuentos de Poe en tagalo de fondo” que muchos hemos encontrado en nuestro andar por la vida.
Aún así, me imagino que la premisa de Huesera, descrita en una mesa redonda atestada de personas cuya vida inicia y termina en la felación (y autofelación) cinematográfica del día a día, obsesionadas con “el poder inherente que tiene la imagen en movimiento para revolucionar el mundo” en un mundo que ha visto ya cuatro películas de HuevoCartoon, convertiría a los asistentes de la plática en chimpancés extasiados que brincan sobre sus asientos, aplaudiendo hacia el cielo y ululando como vuvuzelas a las que se les está acabando el aire.
“Imagínate que hagamos una película de terror, ¿sí?, donde la personaje principal está embarazada, ¿va?”
“Ajá.”
“Y, pues, ya ves que, cuando te embarazas, pues, de entrada, físicamente cambias, ¿no? Se te reacomodan los órganos, se te mueven los huesos, ya sabes. Así, bien escabroso todo. Y, deja tú, aparte de todo, aparte de ser físicamente algo que no eras antes, adentro de ti está creciendo una criatura. O sea, un ser vivo, que se te metió en el cuerpo, y ahí está, más o menos nueve meses, creciendo y viviendo de ti. Y estás consciente de que todo eso está pasando en tu interior. O sea, no, no. Terrible si te pones a pensar.”
“Uff, me encanta hacía dónde vas. ¿Y luego?”
“Pues, ¿qué tal, que hacemos un paralelismo de un embarazo, con cuando se te mete un fantasma, una entidad, a tu casa y empieza a hacerte daño? Y entonces, estas dos cosas pasan en paralelo. Piensa, estaría de miedo.”
“No mames, ¡sí! ¿Y qué pasa después?”
“¿Cómo que qué pasa después? Pues eso es todo, ya te conté la idea completa. La morra se embaraza, y una entidad que refleja cómo se siente el embarazo, la espanta al mismo tiempo. Y pues, ya. Qué miedo, ¿no?”
“Pero, ¿y luego?”
“¿Cuál luego? Es una embarazada, y la espantan. Fin. ¿Qué más hay que decir?”
“Pero, ¿en qué acaba o qué?”
“Pues, en que nace el bebé.”
“¿Y el bebé está horrible? ¿Es un ente infernal? ¿Un reflejo de sus miedos?”
“No, ¿Cómo crees? Es un bebé, así, bonito, como todos los bebés.”
“Ah, entonces, cuando nace, ¿se terminan las apariciones?”
“Nombre. Se ponen peor.”
“¿Pero no era su miedo al embarazo? Ahora que ya no está embarazada, ¿por qué siguen espantándola?”
“Ay, no sé, al final ponemos una mamada, así como de que se cura con brujería o una de esas cosas en las que cree la gente rara, o no sé. El chiste es que se vea todo aterrador y raro y así. El por qué es lo de menos. Total, a la gente ni le importan esas cosas. Nadie va al cine a que le cuenten historias, ¿cómo crees? Lo importante es lo del embarazo. O sea, ya, nomás con mostrar el embarazo, un montón de metáforas visuales y, ¡pum!, terror garantizado, vas a ver.”
Cualquier potencial inherente en la idea principal de Huesera se perdió en el momento en que alguien decidió empanizarla en las migajas de un machote de guion usado por cualquier película gringa de principio de los 2010 – de las particularmente olvidables – que pretendían vender sustos baratos debajo de un disfraz de filosofía de primer año de secundaria que, una vez que reflexionabas sobre ella por más de un minuto (o dejabas de tener quince años), te dabas cuenta que eran un montón calorías cinematográficas vacías. El ver Huesera se siente como sentarse a ver unas de esas películas que lanzaban a mitad de enero, cuando nadie está emocionado por salir al cine y a duras penas hay otras tres almas compartiendo función contigo, de esas películas que se ponen en las salas de cines para cumplir con un contrato o una cuota mínima de películas estrenadas en determinado mes, pero que no deja de ser nada más que un bonito ejercicio de venta de humo capaz de convencerte de que tiene un significado oculto mientras la observabas porque, pues, era “bien edgy” y “contracultura” porque “se rehusaba a tener un final feliz estilo Hollywood porque ‘la vida no es como las películas’”.
Aunque, pensándolo bien, Huesera tiene más en común con las sex comedies estadounidenses de principio de los 2000, aquellas que no eran más que una colección de sketches ligeramente unidas por un tema principal. Huesera es lo mismo, pero en vez de sketches, presenta una serie metáforas visuales extremadamente obvias, pero igual de extremadamente vacías, unidas entre sí por el hilo conductor de un espectador pensando que todo va a tener sentido al final. SPOILER: no lo tiene.
Por un lado, sí, es válido que una película sea imágenes mamalonas con significado tras imágenes mama lonas con significado, un torrente de ellas sin un guion narrativo por debajo que les dé coherencia interna. Ellas mismas se dan su propio sentido. Seguro hay cientos de ejemplos maravillosos de este tipo de cine, pero en este momento no se me ocurre absolutamente ninguno – al menos no una que pudiera recomendar sin tener que empezar con un “bueno, pero, tomando en cuenta el contexto de la época y sus autores, además de los movimientos artísticos que se fraguaban…”. La clave es, precisamente, que estas imágenes tengan un significado (o estén expresamente faltas de) en vez de contradecirse a sí mismas al momento de ser puestas en cierto orden porque al realizador se le olvidó que las imágenes de una película generan su discurso precisamente al ser presentadas una después de la otra. Es uno de los ladrillos de LEGO más básicos del cine – y Huesera ni siquiera puede lograr eso.
De entrada, se supone que es la historia de una mujer que es obligada a quedar embarazada. Aunque, bueno, de eso solo te enteras si lees análisis de la película en internet, porque hay un total de cero indicios de ello a lo largo del filme. Todos los seres humanos alrededor de la vida de la personaje principal expresan directamente en su cara que no esperaban que ella quisiera ser madre y que creían que jamás tendría niños, subtextuando en que no hay problema si decide rendirse antes de que sea muy tarde porque, pues, la maternidad ni lo es todo ni es para todas. Pero ella reniega. Reafirma que sí es lo que quiere. Es más, ella comienza la película emocionada por la idea, haciendo todo lo posible por quedar embarazada. Quizás en la mente de las realizadoras estaba el agregar algún diálogo o escena que ejemplificara el que lo hace porque “es lo que toca” y, por lo tanto, “la sociedad la obligó”, pero definitivamente no supieron traspasarlo de sus neuronas al fotograma.
La idea de la película es que, entonces, asumas esta supuesta falta de interés de ser madre en las acciones que realiza a lo largo del filme. Como, por ejemplo, todo eso de verse obligada a cambiar detalles de su vida, como el hecho de perder espacios personales en un departamento de tres habitaciones en donde hay que empotrar una cuna, o en su pérdida tiempo, sueño, salud y energía a raíz de tener cuidar del ente que se forma en su vientre. Es como si, no sé, el hecho de acoger a otro ser vivo en tu hogar sea una de esas decisiones que mueven cientos de engranajes pequeños que cambian la rutina de cualquiera.
Y ese es el nivel de reflexión al que llega Huesera, y ya no da para más. Se siente como si la película fuera una niña de tres años acercándose a la maestra de kínder con la revelación de “¡Miss! ¡El agua está mojada! ¡EL AGUA MOJA!” esperando que toda persona que escuche la aseveración se desmaye de la sorpresa y cambie por completo el rumbo de su vida al enterarse. “¿Me estás diciendo que el acto de traer una nueva vida que dependerá emocional, física y monetariamente de ti por, por lo menos 18 años, ¡te cambia la vida!?” ¡JODER! ¡ESTO ES A LO QUE LLAMO INESPERADO!
De esa calaña son todas las “revelaciones” y “giros de tuerca” de la trama. Una vez más, son preguntas hechas al aire con la intención de explotarte la mente sin tener la mínima decencia de profundizar, aunque sea un poquito, en la idea. No es un “te cambia la vida” y, por lo tanto, esto puede desembocar en estas aterradoras situaciones hipotéticas. Es un “te cambia la vida – eso es lo aterrador.”
“Pero, entonces, ¿de dónde viene el miedo?”
“De que toda la gente a su alrededor es súper culera con ella.”
“Ah, porque son como de una secta o algo, ¿no? La maltratan para que sufra y su creatura nazca, tipo, ya habiendo pasado por el calvario del pecado original o algo, y sea como un reflejo de la santidad que ella nunca pudo poseer, ¿no?”
“No, ¿cómo crees?”
“Ah, va, va. Es porque se lo imagina, ¿no? Porque está tan traumada por el embarazo que cree que todos están en su contra, ¿no?”
“No, para nada. Son culeros con ella porque, pues, así es la gente. Culera.”
Ejemplos de que la lógica y el sentido común intentaba alcanzar a las guionistas, pero ellas fueron más rápidas hay varios. Y en todos, la historia se rompe a sí misma, restándose importancia desde el ya, antes de que se la reste quien tenga a mal observarla.
Por ejemplo, la primera imagen que aparece en pantalla es una aterradora estatua de treinta y tres metros de la Virgen de Guadalupe, misma a la cual la protagonista le reza para quedar embarazada, grabado desde la perspectiva de que confiar en entes divinos es invitar al caos a tu vida. Sólo para que, 90 minutos después, las apariciones se resuelvan a través de una limpia y unos sahumerios que *claramente* no tienen ningún fundamento espiritual y son *enteramente* una cosa terrenal – escenas, por cierto, grabadas con un aire de superioridad moral por parte de los realizadores, como si todo esto fueran “creencias de gente pendeja. La mera neta, mano” y, por lo tanto, exageradamente spooky.
En otra instancia, se hace especial énfasis en cómo el único escape que tiene la protagonista ante las apariciones genéricas de película de terror genérica es recaer en una (relativamente tóxica) relación lésbica con una ex. Todo “bien”, hasta que se vuelve en extremo obvio que, cada vez que tiene relaciones con esta mujer, misteriosamente, suben de nivel los sucesos sobrenaturales en su vida. Más adelante, nos enteramos que una de sus tías, un personaje que existe nada más para ser una caja de exposición en el más clásico estilo de película noventera que necesita a alguien que explique los conceptos importantes pero que no tiene dinero para crear un personaje real, también fue asediada por apariciones similares en su juventud. *Casualmente* resulta que también es lesbiana y, *casualmente* resulta que solo ella podía ver a esas cosas. Es casi como si la trama de la película girase en torno a que la única manera de contraer enfermedades de transmisión espiritual es siendo cualquier cosa que no sea heterosexual. Casi como si, no sé, la película que empieza con imágenes religiosas pareciera querer decirnos que la gente se merece un castigo divino de esta calaña por el simple hecho de atreverte a ser homosexual.
O sea, quiero pensar que todo esto sin querer queriendo, pero da la impresión de que Huesera es más moralina que las canciones de Martín Valverde. Esas por lo menos tienen la decencia de decirte que Dios te ama así como eres. Acá hay notas al pie de página para que nadie se sienta seguro de ser quien es.
Y, bueno, todo eso sin contar que absolutamente todos los personajes actúan como si estuvieran conscientes de que están en una película de terror y se les pago para ser personas detestables que no hacen más que reflejar la inherente falta de carisma de la protagonista. Ni siquiera se preguntan sobre qué es lo está sucediendo realmente cuando ella les dice que hay apariciones. Mínimo el típico “debe ser tu imaginación” de los escépticos del día a día. Nada. Siempre es un escueto “no es posible, la realidad no funciona así” porque absolutamente nadie en este universo conoce los términos “fantasía” o “historias de fantasmas”, ni nació con siquiera un ápice de curiosidad. Son bots de Twitter comentándole a cualquier político en turno, repitiendo “hechos”, incapaces de hacerse la pregunta de “bueno, ¿y si sí?” porque su IA no da para tanto.
Pero lo peor es la resolución. O la falta de una, más bien. Si alguna vez llego a conocer a la directora de este bodrio me gustaría preguntarle si, durante el proceso de pre-producción o producción de Huesera, algún inversionista o productor le obligó a cambiar la historia de su película en aras de que se viera “más comercial” y “tuviera más oportunidad de ganar público”, o si de verdad aquel desenlace tan trucho formó parte de su visión narrativa desde el comienzo. De haber sido cosa de una intervención por un tercero, sería completamente entendible que su ópera prima terminara emulando
Si, por el contrario, resulta que, efectivamente, ese era el tercer acto que Michelle siempre soñó con grabar para concluir su película de terror, no estaría mal recordarle que hay miles de guionistas competentes viviendo en México, capaces de contar historias decentes, y que no están activamente trabajando en algún proyecto en este momento porque están dándole una clase de análisis cinematográfico a cinco pelados en una casa de cultura. Es más, las posibilidades de ser parte de la (in)existente industria cinematográfica de México como escritor profesional son tan bajas, que cientos de estos guionistas renegarían haber compartido memes burlándose de Eugenio Dérbez pagando con experiencia para acomodar sus presupuestos mensuales y vivir de la exposición que les daría ver su nombre aparecer en una película de la cual, más de la mitad de su audiencia, está compuesta por gente que la vio porque venía incluida en la subscripción de Prime que paga su suegra. Recordarle que no es de a huevo eso de escribir todas las películas que diriges, también es válido filmar la idea de alguien más y ponerle tu propio sello, o contratar gente para estructurar tu idea sin que te tengas que preocupar por esas cosas tan molestas como “estructura” o “lógica”, porque jijo mano, desde Haute Tension que no veía una película que destrozaba por completo todo el trabajo audiovisual que llevaba construyendo por más de una hora con un final pinchurriento hecho nada más para cumplir con la necesidad de tener una conclusión y que rompe absolutamente todo lo que se había estado planteando con anterioridad.
¿La razón? Todo se resuelve con la ya mencionada limpia. Ni siquiera un ritual de esos que te obligan a hacer una procesión a inserte tal lugar, o que te obliga a regresar durante varios días con la curandera para eliminar cualquier indicio de maldad. Nada más le pasan unas palmas por el cuerpo durante diez minutos y ¡puf! sanseacabó. Y ya. La acarician con unas palmas mientras susurran palabras que el mezclador de sonido decidió esconder debajo de sonidos de película de terror y no se hable más de la maldición.
¿Era en verdad una maldición? ¿La perseguía un demonio? ¿Quién la embrujó? ¿Me estás insinuando que estamos en un universo en donde te puedes embrujar a ti misma because reasons? Quién sabe y qué importa. Lo importante es que la magia salvó el día una vez más. Más o menos así acaban las películas de The Conjuring y a esas les fue bien en taquilla, así que, ¿por qué esta no puede copiarles?
Ah, ¿que en las de The Conjuring si explican estas cosas? Pues en esta no. Eso es precisamente lo que la hace más “madura” – que te hace pensar. Bueno, eso y que hay escenas de desnudos. Con eso distraemos a la gente y le vendemos falsa profundidad.
En resumen, todo se resuelve de la misma manera que comenzó: porque así decía el guión que tenía que pasar y cada quien para su casa.
Huesera es película para poner en silencio y hacer el ejercicio de inventarte la trama tan solo basándote en las imágenes que ves en pantalla. Es una película para poner en el camión, pretendiendo que le pones atención entre ronquidos de señores y los 12 kbps que te permiten oír los audífonos incluidos en el viaje. Contiene varias ideas visuales interesantes y, a decir verdad, la fotografía está muy bien lograda. Es atractiva para el ojo. El problema es que cree que está contando algo, deja tu “interesante” – “algo”. Es de esas que ponen en las pantallas de un restaurante en mute mientras prefieren poner a todo volumen el playlist del top 40 de México en su cuenta de Spotify gratuita. De esas películas que volteas a ver mientras pretendes que estudias un martes en la madrugada, sin verdaderamente prestarle mucha atención, pero tratando de encontrarle sentido para distraerte del texto frente a ti que habla sobre las monocotiledóneas y sus hojas no pecioladas. Cualquier cosa que se invente el espectador que está pasando en cualquiera de estas instancias va a estar, por lo menos, siete veces mejor que la historia oficial.
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#4 Tiempos
Dos gobernadores, una presidenta y un precipicio | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos del pleno disfrute de mi soberanía:
Esta semana, dos gobernadores se asomaron al mismo hoyo, o precipicio para ser preciso, pero no por la misma razón. Una, Maru Campos, abrió la puerta de atrás de la soberanía para que entraran unos invitados que debían tocar el timbre. El otro amaneció con el nombre rondando en un expediente del Distrito Sur de Nueva York que huele a chupitos, dinero sucio y vergüenza pública.
En medio de los dos, berenjenales, una presidenta caminando sobre alambre: abajo, el abismo; arriba, el ruido; enfrente, Trump afilándose los dientotes.
Pero, respiremos para no marearnos:
Maru Campos usó la eficiencia como coartada para abrir la puerta… y no se vale.
La gobernadora de Chihuahua decidió que la soberanía nacional, vista desde su oficina, puede estorbar más que ayudar. Y entonces, según se reportó, acordó una operación con agentes de la CIA en territorio mexicano sin pasar por la ventanilla de Palacio Nacional.
El operativo funcionó. Desmantelaron un laboratorio y que bueno. Hubo resultado… sí, pero ahí está precisamente el problema: hay actos que, aunque sean eficaces, resultan todavía más peligrosos y no son legales. Colgarse de un diablito eléctrico, por ejemplo, es eficaz porque te da luz, pero en una de esas te quedas pegado y es ilegal porque le estas robando a la Comisión o al vecino.
Se oye feo y el hubiera no existe (aunque yo tengo otros datos) pero ¿Qué hubiera pasado si los dos agentes de la CIA no hubieran muerto? Maru se hubiera salido con la suya (con cual otra) y dejaría una ventana abierta para que esas criaturas comedoras de hamburguers and fríes, pudieran entrar y salir cuando convenga y hacer lo mismo con los vecinos.
En cambio, con los CIA boys volteados y fallecidos, el asunto escaló al grado de hervor necesario como para poder sacar a Maru hasta de la olla.
Aceptemos hijos de mi México en la piel: la soberanía no sirve nomás para adornar discursos del 15 de septiembre ni para que los niños la memoricen en civismo. La soberanía es la cerradura de la casa. Y si otro Estado entra sin permiso, no está ayudando, está recordando que quiere copia de la llave.
Maru confundió cooperación con autoservicio diplomático. Creyó que podía brincarse la fila institucional porque la causa era noble, urgente o rentable en términos de imagen. Y no. En este país, al menos en el papel (y de vez en cuando también en la práctica), la coordinación con agencias extranjeras no la administra un gobierno estatal como quien pide refuerzo por aplicación.
El asunto no es si el laboratorio existía. El asunto no es si el operativo fue “exitoso”. El asunto es que cuando un gobernador decide que puede gestionar la relación con un poder extranjero por su cuenta, lo que desmantela no es solo un narcolaboratorio: desmantela la jerarquía del Estado mexicano.
Muy eficiente todo. Muy práctico. Muy “resolvimos”. Pues sí, pero hasta que uno recuerda que así empiezan las cesiones: primero te agarro la manita, luego te llevo del brazo y al final hasta tienes que tender la ropa, o en otras palabras: primero por utilidad, luego por costumbre y al final por obediencia. (Y de ahí a ponerle estrella 51 a la bandera gringa pues tampoco falta tanto…ojalá esté exagerando)
Del otro lado (no del país, sino de la moneda) está Rubén Rocha Moya. Y lo suyo no es una puerta abierta, sino una sótano obscuro.
Según las acusaciones dadas a conocer en Nueva York, su nombre aparece salpicado por un expediente que habla de narcotráfico, armas, sobornos y una red de complicidades donde varios funcionarios también quedaron embarrados. Dicho así, parece serie mala de plataforma. El problema es que no lo escribió Netflix (ni modo, ¿para qué me cortan mi acceso? -ambiciosos-)
Rocha respondió como responden casi todos cuando sienten el agua en el cuello: que todo tranqui, que ya habló con la presidenta, que no pasa nada. Uff, esa frase dicha por políticos suele tener la consistencia de una gelatina de esas temblorosas con papelito húmedo del que escurre.
Y aquí conviene dejar algo claro para que no nos gane ni la pasión patriótica ni la tentación del linchamiento por delivery: si hay pruebas, que se investigue; si no las hay, que no se condene por consigna. Así de sencillo y valido para los dos gobernadores mencionados.
Porque la soberanía no puede servir para abrirle la puerta a la CIA en Chihuahua, pero tampoco para tapar con la bandera a un gobernador señalado por una corte extranjera. El escudo nacional no es sábana para cubrir vergüenzas.
El problema de fondo no se llama Maru. Ni Rocha. El problema se llama ¿Qué nos dice todo esto? ¿Qué lineas se leen desde el exterior?
En política, ya sabemos, la percepción es esa bestia que muerde más duro que los hechos.
Si México se ve como un país que protege a sus impresentables bajo el argumento de la autodeterminación, le está poniendo la mesa a Trump para que vuelva a vender su cuento favorito: que aquí no gobierna un Estado, sino un cártel con himno y Palacio.
Y si el gobierno mexicano actúa con tibieza, peor: la narrativa se le arma sola al vecino.
Pero si la Fiscalía decide avanzar, si encuentra elementos sólidos, si el lodo deja de ser rumor y se vuelve expediente, entonces la 4T tendrá que tragarse una piedra. Porque una cosa es defender la soberanía frente a Washington, y otra muy distinta descubrir que uno de los tuyos tiene las manotas llenas de fango.
Y ahí sí se abre el cajón que nadie quiere abrir: cuánto se sabía, quién miró para otro lado, quién cobró, quién calló y cuánto de ese dinero lubricó las maquinarias electorales de años recientes (saludos a Palenque).
Tómala barbón. Ese es el verdadero mega golpazo, y es que el lodo mancha los zapatos del que pisa, pero también salpica a quien lo acompaña y aquí está en duda el actuar en consecuencia porque, como escribió Carlos Monsiváis: “En México la impunidad no es la excepción, es el paisaje“.
Esta mañana Claudia Sheinbaum hizo lo único que podía hacer: caminar por la cuerda sin mirar abajo. Dijo, en esencia, que si hay pruebas contundentes se actuará, pero que México no aceptará instrucciones de un juez extranjero como si la soberanía fuera un trámite aduanal.
Y esa es la cuerda exacta.
Ni entreguismo disfrazado de colaboración, como en Chihuahua. Ni encubrimiento envuelto en nacionalismo, como quisieran algunos en Sinaloa. Ni subordinación. Ni impunidad.
Difícil equilibrio. Porque un paso en falso la deja del lado de los débiles frente a Washington y el mundo; el otro, del lado de los complacientes frente a los propios. Y mientras, la oposición se siente en el circo: aplaude las acrobacias mientras por dentro espera la caída del malabarista con grado de dificultad del tipo precio de la gasolina, alianza amarrada con hilo del delgado y T-MEC en puerta.
Estar en los zapatos de Claudia Sheinbaum en este momento, es lo mismo que cambiar un foco con cables pelones saliendo de la ducha.
En resumen, dos gobernadores se asomaron esta semana al precipicio y pueden acabar en el hoyo. Mi presidenta entre tanto, mide la profundidad sin pestañear para el próximo brinco.
Y aquí no se vale resbalarse porque nadie sabemos si todavía queda suelo institucional antes del fondo.
Bemoles.
¿Ya vieron las últimas encuestas? La senadora Ruth González, de acuerdo a los resultados de una empresa seria que hizo el ejercicio a nivel nacional, en este momento y en caso de decidirse a ser candidata solamente por el Verde, arrancaría la contienda con más de 20 puntos de ventaja contra todos. A nadie sorprende el dato y parece que los demás protagonistas posibles se están pasando de cautos.
Será que se desaniman por los números ¿o será que ya todo está amarrado y la senadora irá prácticamente sin rival? Ese escenario es posible… aunque aburrido y hasta injusto para la senadora Ruth. Su legitimación fundada en su alta votación está en riesgo. Sin rival, da lo mismo tener 500 mil ó 5 mil votos.
Hasta la próxima. Yo soy Jorge Saldaña.
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El Cronopio
El creador de la biología mexicana moderna | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
La ciencia en México, a pesar de su presencia desde los tiempos novohispanos, ha tenido un lento desarrollo propiciado por su mezquino apoyo económico y su sesgo por un sentido utilitario. De esta forma las aportaciones mexicanas, que no son escasas, pasan desapercibidas al igual que sus protagonistas; sobre todo, aquellos que vivieron en épocas pasadas donde los obstáculos para su trabajo eran muy frecuentes.
En esta columna, hemos estado dando vida a estos personajes, principalmente potosinos o relacionados con San Luis, que han contribuido desde sus trincheras a nuestro desarrollo social y cultural, independientemente de su actividad principal.
En esta ocasión tratamos el caso de uno de los pioneros de la biología moderna en el país y que fincó su trayectoria en esta disciplina en la estancia que tuvo en San Luis Potosí al cambiar la exploración en busca de especies vegetales, como las cactáceas, al trabajo del gabinete con el uso del microscopio impulsando así los estudios biológicos en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí y en el país, Isaac Ochoterena Mendieta.
Isaac Ochoterena pasa de la actividad de los naturalistas a la biología, considerado así el último naturalista en México y el pionero en los estudios biológicos, en particular se le considera el creador de la biología mexicana moderna. Aunque oficialmente se le considera que nació en 1885 en Atlixco, Puebla, en realidad nació el 28 de noviembre de 1880, de acuerdo a las indagatorias de Jorge Comensal, que ha escrito el más reciente ensayo sobre Isaac Ochoterena por encargo de El Colegio Nacional, institución, entre otras, a la que perteneció Ochoterena.
En Atlixco se interesaría por las cactáceas, que era el ambiente natural de lugar de nacimiento, formándose como profesor y practicando la docencia en primaria, lo que lo llevaría al estado de Durango como inspector de educación y maestro de primaria, lugar donde daría rienda suelta a sus intereses intelectuales, la enseñanza y el estudio de las cactáceas. Se dice que esa profesión, la de maestro, le salvo la vida al retirarlo del paredón de fusilamiento Francisco Villa, que en la toma de Torreón fusilaría a numerosos miembros del ejército vestidos de civiles en un tren en Durango entre los que se encontraba Isaac Ochoterena. Al enterarse Villa que era maestro, le perdonó la vida. Escriben sus biógrafas (Cecilia Cabrera y Cecilia Campos) en primera persona:
“Yendo en tren hacia el norte fuimos detenidos por las tropas de Villa y al ser presentados ante éste, le dijeron: ¿Qué hacemos con estos… y con este rotito que dice ser profesor? Villa contundente ordenó: a éstos ¡fusílenlos! Y a este rotito que dice ser profesor ¡libérenlo!, porque gentes como él necesita la patria ”.
De Durango, Ochoterena vino a radicar a San Luis Potosí en 1914, donde ocupó el puesto de director general de Educación del estado y fue profesor de Biología e Historia Natural del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí y profesor de Antropología en la Escuela Normal del Estado.
Manifestó interés por muchos ámbitos de la biología, pero su pasión fue la histología, el estudio de la composición, estructura y funcionamiento de los tejidos orgánicos, y se especializó en estudios biomédicos, en especial el estudio de tejidos del cuerpo humano; interés iniciado en San Luis Potosí, donde realizó estudios de gabinete con el uso de microscopio y donde publicó sus primeros trabajos en este tema: elementos de técnica microscópica y de histología vegetal, un opúsculo de cincuenta páginas con diecisiete figuras, impreso en los Talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí; y elementos de citología. Ochoterena se encerraba en el laboratorio en la época violenta de la revolución mexicana.
El microscopio con los que realizaría estos pioneros trabajos lo tengo bajo mi resguardo en la colección de instrumentos científicos de gabinete de ciencias que los considero patrimonio cultural de San Luis Potosí.
Ochoterena sería llamado por el gobierno constitucionalista para encargarse de la sección de Biología Vegetal del Instituto de Biología adscrita a la Dirección de Estudios Biológicos creada por el gobierno de Venustiano Carranza. Se encargaría posteriormente de las cátedras de histología en la Escuela médica Militar y a la postre sería el directos del Instituto de Bilogía al pasar estas instituciones a la Universidad Nacional Autónoma de México, que acababa de recibir su autonomía en 1929, siendo la Casa del lago el recinto del Instituto de Biología.
Ochoterena se desempeñó, así, como profesor, investigador y funcionario académico, muriendo en la Ciudad de México el 11 de abril de 1950; sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, siendo el primer científico cuyos restos son depositados en dicha Rotonda.
También lee: El rescatista de la historia de la ciencia novohispana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
El Cronopio
El rescatista de la historia de la ciencia novohispana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Suele pensarse que la ciencia en México es una empresa reciente y, que en la época novohispana era prácticamente nula. Nada más alejado de la realidad. La ciencia estuvo presente en todo el periodo que México vivió como Nueva España y se tuvieron importantes aportaciones en esta parte del continente americano.
Uno de los estudiosos que ha aportado al recate histórico de acontecimientos científicos en el periodo virreinal y a su vez difundido a los protagonistas en estas cuestiones, es Marco Arturo Moreno Corral que, entre sus intereses científicos, centrados en la astronomía y astrofísica, se encuentra la historia de la ciencia, en especial, la historia de la ciencia en México.
Marco Arturo Moreno Corral es Investigador Titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro fundador del Observatorio Astronómico Nacional, localizado en la Sierra de San Pedro Mártir, B. C., México, donde realiza observaciones regulares en fotometría fotoeléctrica. En el 2009 montamos una exposición de fotografías astronómicas, que usa para sus investigaciones, en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí titulada un paseo por los cielos, donde el público pudo apreciar la belleza del cosmos registradas con sus observaciones en el Observatorio de San Pedro Mártir.
Las líneas de investigación de Moreno Corral se centran en: Cinemática galáctica, Nebulosas Planetarias, Regiones HII, Estrellas de baja masa tipo TTauri; que combina, como ya lo indicamos con la Historia de la Ciencia en México. En 1981 yo vivía en Tonantzintla, Puebla a un costado del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y se construía el control electrónico y la óptica del Observatorio “Guillermo Haro” de Cananea, Sonora, que seguía por convivir con investigadores que participaban en el proyecto; entonces no conocía a Marco Moreno, pero resulta que coadyuvó al desarrollo de la infraestructura de ese observatorio, y gracias a todo ello, entró en operación definitiva el telescopio reflector de 2.1 m de diámetro, que el INAOE tiene instalado en ese sitio.
Sus aportaciones a la historia de la ciencia son más que importantes, pues gracias a sus esfuerzos, se han rescatado textos que no eran conocidos y que cambian de manera radical la historia de la cultura mexicana conocida hasta ese momento. Como ejemplo, el hallazgo del primer texto americano de aritmética y álgebra publicado en 1556, el Sumario Compendioso de las cuentas… en el que trató diversos problemas aritméticos. Considerado el primer texto científico publicado en toda América. A partir de ese instante se desarrolla una importante contribución en el mundo de la ciencia y en especial de las matemáticas, con una importante cantidad de textos. En 1557 se publicaría también, el primer libro de física, la Physica Speculatio de Fray Alonso de la Veracruz, que incluyó como apéndice un texto de astronomía, que por lo mismo también fue el primero publicado en América. Estos textos ahora son conocidos gracias al trabajo de Marco Moreno Corral que nos permite reescribir la historia del México Novohispano.
El número de libros publicados en ese periodo no es pequeño, y sobre el tema de la aritmética, astronomía, hidráulica, ingeniería y matemáticas, se escribieron, ya en el siglo XVII, textos de Pedro Paz en 1623, Atanasio Reaton en 1649, Benito Belo en 1675, Fray Andrés de San Miguel entre 1631 y 1644, Carlos de Sigüenza y Góngora entre 1672 y 1693, Cristóbal de Guadalajara y una larga lista que se extiende hasta el siglo XVIII.
Sobre todos estos textos ha escrito Marco Moreno como producto de sus indagaciones, registradas en un buen número de libros; por su formación como astrónomo, tienen un énfasis en la historia de la astronomía, tema en el que sigue aportando en revistas internacionales donde acaba de publicar en 2025 en la revista Journal of Astronomical History and Heritage, el trabajo: Astronomy in México during the colonial period.
Uno de los aspectos importantes para San Luis Potosí, es su colaboración con la difusión de acontecimientos científicos que hemos publicado en conjunto con Moreno Corral, además de la difusión de personajes, entre los que se encuentran: Valentín Gama y Cruz, notable educador y científico potosino, y, Centenario del Eclipse Total de Sol en Laguna Seca.
Gracias a su disposición por divulgar la cultura científica mexicana, pudimos montar la exposición de instrumentos astronómicos de incalculable valor cultural para México, pues con ellos se realizaron contribuciones sobresalientes en ciencia; instrumentos que son Patrimonio Cultural de México.
Marco Moreno es uno de los autores del libro conmemorativo del Observatorio Astronómico Nacional que hemos tratado en anterior entrega donde aparecen científicos potosinos que han laborado y dirigido esa institución.
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