#4 Tiempos
Hay quienes escriben como si todo lo sacaran de su cerebro | Columna de Ricardo García López.
San Luis en su historia
Cuando ingresé como profesor a la Universidad, una de las cátedras que se me asignaron fue la que se llamaba Técnicas de la Investigación Jurídica, y gracias a que yo había tomado en el Seminario clases de literatura con Mons. Joaquín Antonio Peñalosa; Preceptiva Literaria con el Presbítero don Roger Méndez y Gramática Latina con Mons. David Palomo Solís, sabía de lo que tal materia trataba, corrían los años de 1962, 63 y 64 y entre otras cosas se refiere, dicha cátedra, a cómo enseñar a los jóvenes el procedimiento para realizar con éxito una investigación, se les informa cómo elaborar las fichas de trabajo, la introducción, cómo dividir los capítulos y sobre todo la manera de dar el crédito a las personas o libros de donde tomamos algunas ideas, frases o párrafos para apoyar lo que estamos afirmando y demostrar así que otras personas afirman lo que nosotros estamos argumentando.
Claro que esta práctica ya se llevaba a cabo desde la antigüedad pero se fue dejando de lado en forma involuntaria o maliciosa y así se daban casos de textos completos que todo mundo suponía que eran ideas u opiniones exclusivas del autor del libro, pero afortunadamente desde hace ya algunos años, y ya en la escuela secundaria se imparte a los niños esta enseñanza y se les hace un recordatorio en la carrera profesional y sobre todo a aquellos que están elaborando su tesis de Licenciatura, Maestría o Doctorado.
Esto, de alguna manera, ha evitado los plagios descarados, aunque no por eso dejan de existir quienes se despachan frases y hasta párrafos completos sin decir de dónde los tomaron, haciendo creer así al lector despistado que son única y exclusivamente producto de su ingenio e inteligencia.
Hace más o menos 20 años entregué a un investigador que estaba trabajando en un asunto determinado, y como mi trabajo ha consistido en elaborar guías de los libros de los escribanos, con frecuencia encuentro asuntos relativos a lo que los investigadores trabajan, digo entonces que yo puse en manos de ese investigador varios documentos relativos a su investigación, me tomé la molestia de paleografiarlos, interpretarlos y transcribirlos puntualmente, al poco tiempo estuvo lista la investigación para que fuera publicada, y se publicó, y cuál no sería mi sorpresa que no se hacía ninguna referencia a que en alguna parte de ese libro aparecía lo que yo había entregado al autor y que, obviamente, estaba ahí plasmado. Por supuesto que yo esperaba alguna referencia a la entrega que yo había hecho, desde luego no para dar pábulo a mi soberbia, sino para sentir que yo estaba realizando un trabajo útil para los investigadores. ¿Cuál es el resultado de esto? Pues que quienes toman en sus manos y leen ese libro, suponen, aunque mal, que el autor hurgó, encontró y se tomó el trabajo de peleografiar e interpretar tales documentos.
Lo que acabamos de apuntar son las razones por las que encontramos obras compuestas: un pedazo copiado de un libro, otro de otro y así hasta terminar la “investigación” o lo que ya habíamos dichos son capas de pordiosero formadas por parches.
A éste propósito nuestro ya conocido Iriarte compuso dos fábulas que me permito transcribir a continuación: la primera la tituló El Cazador y el hurón, (éste es un mamífero carnívoro de tamaño pequeño y que se usa para cazar conejos); la segunda se titula Los huevos. Helas aquí:
Cargado de conejos, y muerto de calor,
una tarde de lejos a su casa volvía un cazador.
Encontró en el camino, muy cerca del lugar,
a un amigo y vecino, y su fortuna le empezó a contar.
Me afané todo el día (le dijo); pero ¡qué!,
si mejor cacería no la he logrado ni la lograré.
Desde por la mañana es cierto que sufrí una buena solana;
mas mira que gazapos traigo aquí.
Te digo y te repito, fuera de vanidad,
que en todo este distrito no hay cazador de más habilidad.
Con el oído atento escuchaba un hurón este razonamiento,
desde el corcho en que tiene su mansión.
Y el puntiagudo hocico sacando por la red, dijo a su amo:
“Suplico dos palabritas, con perdón de usted.
Vaya, ¿Cuál de nosotros fue el que más trabajó?
¿Esos gazapos y otros quién se los ha cazado sino yo?
¡Patrón! ¿Tan poco valgo que me trata así?
Me parece que en algo bien se pudiera hacer mención de mí”.
Cualquiera pensaría que este aviso moral seguramente haría
al cazador gran fuerza; pues no hay tal como ingrato escritor
que del auxilio ajeno se aprovecha y no cita al bienhechor.
Esta fábula está dedicada a los que se aprovechan de las noticias de otros y tienen la ingratitud de no citarlos.
La siguiente fábula se refiere a aquellos que quieren hacerse pasar por autores originales, cuando no hacen otra cosa más que repetir con poca diferencia lo que muchos otros han dicho.
Más allá de las islas Filipinas hay una, que ni sé como se llama,
ni me importa saberlo, donde es fama que jamás hubo casta de gallinas,
hasta que allá un viajero llevó por accidente un gallinero.
Al fin tal fue la cría, que ya el plato más común
y barato era de huevos frescos; pero todos
los pasaban por agua (que el viajante no enseñó
a componerlos de otros modos). Luego de aquella tierra
un habitante introdujo a comerlos estrellados.
¡Oh, que elogios se oyeron a porfía de su rara y fecunda!
Otro discurre hacerlos escalfados…
¡Pensamiento feliz! Otro, rellenos…
¡Ahora sí que están los huevos buenos!
Uno después inventa la tortilla, y todos claman ya:
¡”Qué maravilla!”
No bien se pasó un año, cuando otro dijo: “Sois unos petates;
Yo los haré revueltos con tomates.”
Y aquel guiso de huevos tan extraño,
con que toda la isla se alborota, hubiera estado
largo tiempo en uso, a no ser porque luego los ompuso
un famoso extranjero la Hugonota.
Esto hicieron diversos cocineros<, pero,
¡qué condimentos delicados no añadieron después los reposteros!
Moles, dobles, hilados; en caramelo, en leche,
En sorbete, en compota, en escabeche.
Al cabo todos eran inventores, y los últimos huevos los mejores.
Mas un prudente anciano les dijo un dia: “Presumís en vano”
de esas composiciones peregrinas.
“¡Gracias al que nos trajo las gallinas! ¿Tantos autores nuevos
no se pudieran ir a guisar huevos más allá de las islas Filipinas?
También lea: Defensa del poder | Columna de Ricardo García López
El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
También lee: Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés
El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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