enero 24, 2026

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#4 Tiempos

Hay quienes escriben como si todo lo sacaran de su cerebro | Columna de Ricardo García López.

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San Luis en su historia

 

Cuando ingresé como profesor a la Universidad, una de las cátedras que se me asignaron fue la que se llamaba Técnicas de la Investigación Jurídica, y gracias a que yo había tomado en el Seminario clases de literatura con Mons. Joaquín Antonio Peñalosa; Preceptiva Literaria con el Presbítero don Roger Méndez y Gramática Latina con Mons. David Palomo Solís, sabía de lo que tal materia trataba, corrían los años de 1962, 63 y 64 y entre otras cosas se refiere, dicha cátedra, a cómo enseñar a los jóvenes el procedimiento para realizar con éxito una investigación, se les informa cómo elaborar las fichas de trabajo, la introducción, cómo dividir los capítulos y sobre todo la manera de dar el crédito a las personas o libros de donde tomamos algunas ideas, frases o párrafos para apoyar lo que estamos afirmando y demostrar así que otras personas afirman lo que nosotros estamos argumentando.

Claro que esta práctica ya se llevaba a cabo desde la antigüedad pero se fue dejando de lado en forma involuntaria o maliciosa y así se daban casos de textos completos que todo mundo suponía que eran ideas u opiniones exclusivas del autor del libro, pero afortunadamente desde hace ya algunos años, y ya en la escuela secundaria se imparte a los niños esta enseñanza y se les hace un recordatorio en la carrera profesional y sobre todo a aquellos que están elaborando su tesis de Licenciatura, Maestría o Doctorado.

 

Esto, de alguna manera, ha evitado los plagios descarados, aunque no por eso dejan de existir quienes se despachan frases y hasta párrafos completos sin decir de dónde los tomaron, haciendo creer así al lector despistado que son única y exclusivamente producto de su ingenio e inteligencia.        



Hace más o menos 20 años entregué a un investigador que estaba trabajando en un asunto determinado, y como mi trabajo ha consistido en elaborar guías de los libros de los escribanos, con frecuencia encuentro asuntos relativos a lo que los investigadores trabajan, digo entonces que yo puse en manos de ese investigador varios documentos relativos a su investigación, me tomé la molestia de paleografiarlos, interpretarlos y transcribirlos puntualmente, al poco tiempo estuvo lista la investigación para que fuera publicada, y se publicó, y cuál no sería mi sorpresa que no se hacía ninguna referencia a que en alguna parte de ese libro aparecía lo que yo había entregado al autor y que, obviamente, estaba ahí plasmado. Por supuesto que yo esperaba alguna referencia a la entrega que yo había hecho,  desde luego no para dar pábulo a mi soberbia, sino para sentir que yo estaba realizando un trabajo útil para los investigadores. ¿Cuál es el resultado de esto? Pues que quienes toman en sus manos y leen ese libro, suponen, aunque mal, que el autor hurgó, encontró y se tomó el trabajo de peleografiar e interpretar tales documentos.

Lo que acabamos de apuntar son las razones por las que encontramos obras compuestas: un pedazo copiado de un libro, otro de otro y así hasta terminar la “investigación” o lo que ya habíamos dichos son capas de pordiosero formadas por parches.

A éste propósito nuestro ya conocido Iriarte compuso dos fábulas que me permito transcribir a continuación: la primera la tituló El Cazador y el hurón, (éste es un mamífero carnívoro de tamaño pequeño y que se usa para cazar conejos); la segunda se titula Los huevos. Helas aquí:




Cargado de conejos, y muerto de calor,
      una tarde de lejos a su casa volvía un cazador.
Encontró en el camino, muy cerca del lugar,
a un amigo y vecino, y su fortuna le empezó a contar.


Me afané todo el día (le dijo); pero ¡qué!,
si mejor cacería no la he logrado ni la lograré.
Desde por la mañana es cierto que sufrí una buena solana;
mas mira que gazapos traigo aquí.
Te digo y te repito, fuera de vanidad,
que en todo este distrito no hay cazador de más habilidad.
Con el oído atento escuchaba un hurón este razonamiento,
desde el corcho en que tiene su mansión.
Y el puntiagudo hocico sacando por la red, dijo a su amo:
“Suplico dos palabritas, con perdón de usted.
Vaya, ¿Cuál de nosotros fue el que más trabajó?
¿Esos gazapos y otros quién se los ha cazado sino yo?
¡Patrón! ¿Tan poco valgo que me trata así?
Me parece que en algo bien se pudiera hacer mención de mí”.
Cualquiera pensaría que este aviso moral seguramente haría
al cazador gran fuerza; pues no hay tal como ingrato escritor
que del auxilio ajeno se aprovecha y no cita al bienhechor.

 

Esta fábula está dedicada a los que se aprovechan de las noticias de otros y tienen la ingratitud de no citarlos.  

La siguiente fábula se refiere a aquellos que quieren hacerse pasar por autores originales, cuando no hacen otra cosa más que repetir con poca diferencia lo que muchos otros han dicho.



Más allá de las islas Filipinas hay una, que ni sé como se llama,
ni me importa saberlo, donde es fama que jamás hubo casta de gallinas,
hasta que allá un viajero llevó por accidente un gallinero.
Al fin tal fue la cría, que ya el plato más común
y barato era de huevos frescos; pero todos
los pasaban por agua (que el viajante no enseñó
a componerlos de otros modos). Luego de aquella tierra
un habitante introdujo a comerlos estrellados.
¡Oh, que elogios se oyeron a porfía de su rara y fecunda!
Otro discurre hacerlos escalfados…
¡Pensamiento feliz! Otro, rellenos…
¡Ahora sí que están los huevos buenos!
Uno después inventa la tortilla, y todos claman ya:
¡”Qué maravilla!”
No bien se pasó un año, cuando otro dijo: “Sois unos petates;
Yo los haré revueltos con tomates.”
Y aquel guiso de huevos tan extraño,
con que toda la isla se alborota, hubiera estado
largo tiempo en uso, a no ser porque luego los ompuso
un famoso extranjero  la Hugonota.
Esto hicieron diversos cocineros<, pero,
¡qué condimentos delicados no añadieron después los reposteros!
Moles, dobles, hilados; en caramelo, en leche,
En sorbete, en compota, en escabeche.
Al cabo todos eran inventores, y los últimos huevos los mejores.
Mas un prudente anciano les dijo un dia: “Presumís en vano”
de esas composiciones peregrinas.
“¡Gracias al que nos trajo las gallinas! ¿Tantos autores nuevos
no se pudieran ir a guisar huevos más allá de las islas Filipinas?    
     

 

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

Lee también: Autonomía de la UASLP sobre senda de espinas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

“Ya cállate, tenías razón” | Apuntes de Jorge Saldaña

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¡Ah culto público! Buen día y compañeros espero de bienestar:

Luego de unos días por aquí y por allá, regreso dichoso de hablarles. ¿Andan en grillas? Se pasan siendo tan temprano de enero.

Empezaré por el señor gobernador Gallardo que bien sabe, es mi bendición y maldición enterarme de todo: una llamada lo hizo decidir. No, no va la Ley gobernadora y qué bueno. ¿Y para qué? Diría Napoleón con José José. 

Lo dije en privado y en público y eso me queda de satisfacción. La señora y senadora Ruth le puede ganar a todos y a todas. Esa ley iba a causarle nada más oposición en todos los niveles por su percepción de “imposicón” (Ese CEEPAC de veras…jajaja)

Qué bueno que lo pensaron bien y ¿pues cómo no? si llamada fue clara: ganas ahorita o te gano después. Punto.

Morena local como sea (Dicen que el gobernador Gallardo hasta un Ron Potosí mandó a Gabino Morales).

Lo que sí hay que pensar es en no confiar mucho los Verdes de los de yate. Esos lo usan y ya. (Los yates).

Para el 2027 se abren de nuevo todas las posibilidades y ¿qué mejor? 

Si alguien no lo pensó pues yo tampoco: el que tenga la estructura gallardista va a ganar, y solo hay una condición: no abrir los cajones.

El color es lo de menos. El triángulo dorado que se llama Soledad, capital (ahí si con Ruth porque no son casualidad las fotos de Galindo y Ricardo ni los 800 millones para la capital) Pozos y Villa de Reyes, no son cualquier cosa.

¿Todo cambia? Sí. Todo. Pero no tanto. El Gallardismo junto a Morena solo tiene un hombre y nombre para la gubernatura (luego se los digo pero empieza con Juan)

Mujeres tienen varias cartas: desde mi tía Leonor, hasta la maestra Lola.

Oposiciones pues Galindo y ya. (Con el que prefiere entenderse que con otros y otras) y si me apuran pues con el que haga contraste, entendimiento y punto.

¿Y la familia? Bien gracias. Don Ricardo feliz de que su nuera sea alcaldesa…y ya.

En estos días y como para cambiar de temas, y para no ser el “ya cállate, tenías razón” pues deje les cuento mejor de crayolas.

Yo no tuve tiempo de colores, pero Holbox y León me enseñaron en tonos de grises y nada más. Por algo se empieza. Los arcoíris luego.

¿La uni? Que weba… es la única rectoría con pensamiento de pobreza en años. (Hasta Mario García, al que Marcelo le abonaba hasta casi en 31 de diciembre, hizo “El Bicentenario)

Hace poco hablé sobre las “Las dos promesas” y son las siguientes: Fabian no quiere 846 millones, le prometieron 84 mitad y mitad para la próxima rectora si es que se deja ganar. (No la menciono porque me da una flojera enorme responder sus solicitudes de réplica).

El rector pues tiene “vicerrectoras”,”vicerrectores”, sabelotodos y sabelotodas a su alrededor. ¿Para qué necesita más? Suerte. Perdiendo 86, con 189 menos y un amparo en contra para que los estudiantes no paguen, ojalá no le haya tocado además poner los tamales.

Seguro tomarán la mejor decisión. Igual que Ricardo mañana. (Hoy)

¿INTERAPAS? Feliz. No hay cosa mejor que le pueda pasar que Soledad se vaya y Pozos también. ¿A quien le van a echar la culpa ahora?

Yo mientras, si usted me lo permite o no, “voyatrair” el pelo suelto.

Hasta la próxima. (Ha que por cierto, que que la próxima puede ser desde la Pila, pero mire que me van a caer de maravilla 30 días de escribirle a lápiz y papel una iniciativa que traigo sobre que los y las jueces también tomen en cuenta la voz del afectado en las órdenes de restricción cuando se compruebe que el caballero jamás buscó a la dama)

Yo soy Jorge Saldaña.

 

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