#4 Tiempos
¿Guía Ética o Constitución Moral? | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO
En el año de 1944, el eminente Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, le solicitó a su amigo Alfonso Reyes —poeta, humanista y diplomático, hijo del general Bernardo Reyes— que le redactara una cartilla de principios y valores universales para incluirla en los libros de texto gratuitos dirigidos a los niños y jóvenes de las escuelas públicas. En solo tres días Alfonso
Reyes culminó la redacción de su encargo, aunque dicho texto salió publicado 12 años después, cuando Rosario Castellanos le solicitó publicar una edición de su cartilla para distribuirla a escuelas rurales. Reyes, según escribió en su diario, accedió a publicar su obra “más griega” en un “libro para indios”. Cabe mencionar que el texto de Reyes tiene una profunda influencia de una cartilla de valores militares que guardaba su padre; el texto, el día de hoy, lo podemos calificar de ser extremadamente conservador.
El jueves pasado en la Mañanera, el presidente destinó más de una hora a la presentación y lectura de la nueva “Guía Ética para la Transformación de México” (https://bit.ly/3leWVK8). El documento consta de una breve presentación y de 20 “principios, valores y preceptos […], para promover soluciones moralmente aceptables cuando entran en conflicto los fines particulares y los fines colectivos […]”. Desde la presentación, el texto anuncia rápidamente que el contenido de los 20 principios girará en torno al ya conocido discurso —por demás, jeremías— del neoliberalismo oligárquico. No hay ninguna sorpresa, como tampoco lo hubo en su anterior publicación “Hacia una economía moral”: ambos textos son una síntesis de lo dicho todos los días en las conferencias
matutinas.
Rápidamente sorprende el uso y desuso indiscriminado que hacen a los conceptos de “ética” y de “moral”. En campaña, López Obrador prometió que publicarían una Constitución moral y desde entonces no había cambiado el término utilizado. Ahora, el cuadernillo hace la sutil pero significativa modificación de que ya no se trata de una guía moral, sino de una guía ética. De todos modos, el presidente se sigue refiriendo a ella como moral y como ética, sin distinción.
Sabrán, la diferencia entre ambos términos no puede pasar desapercibida así sin más. En un principio, la palabra “ética” proviene del latín ethos, que significa “hábito”, “temperamento” o “personalidad”. La palabra “moral” proviene del latín mos, traducción de ethos. Cicerón, el gran filósofo y retórico de la República romana, acuñó el término moralis. Esta traducción del griego al latín hace que, de manera inherente, el concepto de moralidad tenga un núcleo fincado en mandamientos religiosos. En segundo término, otra diferencia entre estos dos conceptos es que la ética tiene un sentido y un carácter estrictamente personal, mientras que la moral está construida por la comunidad.
Estos breves datos etimológicos y lexicográficos son especialmente relevante para entender las inconsistencias en la Guía Ética. Me explico. La moral, por tener una textura porosa y ser modificable según el lugar y momento en el que se desarrolla, no puede estar redactada en un libro; va a ser, en buena medida, irrelevante en cuanto pasen los años. Ahora, si además quieren vaciar principios morales en una constitución, la 4T está doblemente equivocada: las constituciones son preceptos sobre los cuales se limita y da forma a la construcción del futuro — constituyen las normas que de ella emanan. Quererle dar una configuración inmóvil y constitutiva a la moral es una vacilada.
Otra contradicción salta a la vista cuando, durante la Mañanera, el presidente señaló que espera que estos valores sean aceptados de manera universal. Ciertamente, es deseable que todas las personas se rijan por un piso mínimo de valores positivos. Sin embargo, estrictamente la universalidad no puede empatar con la ética: reitero, cada persona da el sentido y alcance a su propia ética, de manera individual y no universal. Sobre esto, López Obrador aclara en repetidas ocasiones que esta guía es solamente eso: una guía que por ningún motivo pretende ser una imposición de valores. La manera en la que llegará a la gente, dice, es entregando ocho millones de ejemplares a los adultos mayores beneficiarios de programas sociales para que se las lean a sus nietos. Imagine usted: por un lado, una buena cantidad de abuelos y abuelas ya tienen la tarea de cuidar a los nietos debido a que ya no hay estancias infantiles. Ahora, también deberán leerle la cartilla a los nietos. Por otro lado, la pandemia por la que atravesamos no nos ha permitido a muchas familias pasar tiempo con nuestros abuelos y adultos mayores. La estrategia, al menos de momento, no será tan efectiva en esos términos.
La Guía Ética fue redactada por un grupo de seis personas, quienes a lo largo de dos años llevaron a cabo diversos foros y discusiones. En estos foros se recibieron propuestas de la población en general, participaron 18 iglesias e incluso algunas logias masónicas. Del grupo de seis redactores, uno de ellos es Jesús Ramírez —quien actualmente funge como el Vocero de la presidencia— y no es precisamente un líder moral y ético: actualmente está siendo investigado por la UIF por contratar empresas fantasma para dar servicio al periódico morenista Regeneración.
En fin. La Guía Ética pinta para ser un documento que tendrá poca relevancia en la vida de las y los mexicanos. Es una lectura sencilla y rápida: la liturgia de las mañaneras pero en versión escrita. Sin duda es deseable que haya una reconstrucción profunda del tejido social, severamente lastimado por la violencia, misoginia, discriminación y otros males. Me temo, la Guía Ética no abonará significativamente a la solución. Lo que sí es realmente deseable es que haya políticas públicas razonadas; que las instituciones e instancias de procuración de justicia sí funcionen.
Lee también: Defender la soberanía | Columna de Víctor Meade C.
#4 Tiempos
Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.
Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.
En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.
En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.
En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.
Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX, además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.
Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.
En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.
Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.
El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.
Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.
Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.
También lee: Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.
J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos
Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.
El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.
Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.
Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.
Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.
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#4 Tiempos
Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.
El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.
En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.
Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.
En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.
Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.
De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:
“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.
Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:
Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.
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