mayo 17, 2022

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#4 Tiempos

Gay Marketing | Columna de Paúl Ibarra

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Desde mi clóset

 

Esta mañana desperté con la firme intención de salir corriendo por un psiquiatra. Y es que luego de observar la guerra mediática que en las televisoras se está generando en relación a “los gays” me puse mal. Ahora resulta que Televisa es promotora asidua de la diversidad sexual y las disidencias sexuales. Así lo quieren vender a los incautos con su pseudo discurso progresista del gay cosmopolita que lucha por un lugar en la sociedad.

Al parecer ser gay está de moda, incluso Arath de la Torre es el modelo de padre gay friendly y Juan Osorio es el productor incluyente que Mexico esperaba, por la nueva historia del canal Las Estrellas.

Si lo analizamos desde la perspectiva de género y con enfoque crítico, nos damos cuenta que detrás del discurso incluyente de las historias fantásticas se continúa la preferencia a la heteronormatividad y la reproducción de los roles tradicionales.

El ejemplo más claro sería la novela Por ella soy Eva, donde un hombre se sacrifica al ponerse en los tacones de una mujer, y de esta manera se convierte en el héroe de una historia burda y mutilada. La censura y tradicionalismo de los televisos les impidió que Eva besara a Adriano en alguna escena por lo menos. O que al momento de la noche de pasión, Eva le pidiera a su prima el paro, como si ella no tuviera por dónde darle. Yo tengo muchas amigas transgénero trabajadoras sexuales que argumentan tener maridos bugas que jamás se dan cuenta que tienen antena gracias a los trucos de la chamba.

Al final de la supuesta historia jamás vista en la televisión mexicana se resaltan las características machistas de un personaje que la mayor parte del tiempo se la pasó con peluca y labial, además de la sumisión de una Lucerito que no deja las lágrimas ni para ir al baño. Si yo hubiera sido ella jamás hubiera perdonado a un cabrón que me hubiera mentido tanto tiempo. Esa es una reproducción vil y repulsiva de los príncipes misóginos de los cuentos que vienen a rescatar a la princesa abnegada en su corcel blanco.

Si bien la trama tuvo sus tintes incluyentes, como el hecho de que un personaje gay se convirtiera al final en un directivo importante luego de lidiar con la homofobia de un jefe machista. Pero les faltó generar en este personaje una vida cotidiana, nunca nos mostraron una salida al cine, un beso, un abrazo o una noche de pasión entre el hombre gay que incentiva el turismo LGBT en una empresa discriminadora.

El boom del mercado rosa ha generado una ola de mercadotecnia gay por debajo del agua, disfrazada. Luego de enterarse los empresarios sobre el potencial del mercado gay han decidido invertir en quienes nos asumimos como jotos. Pero no lo hacen de manera directa porque luego se queman con la banda, no. Otras como las cantantes poperas, les vale y prostituyen a la comunidad LGBTTTI con sus canciones ridículas y desangeladas que, ¡ah, cómo les encanta bailar a las jotitas!. solo porque vieron en el video de su cantante favorita a unas comadres en zapatillas.

En varios países, la situación es similar pero con un enfoque distinto. En varias naciones se capitalizó a las comunidades joteras para beneficio de su campaña rumbo a la reelección. De ser necesario, Sheimbaum se tatuará un arcoíris en el antebrazo o declarará una bisexualidad con fines mercadológicos.

Por otro lado, en México las cosas van de mal en peor. La represión está a la orden del día, quienes estamos en este rollo estamos a la expectativa de saber cuál será la estrategia del gobierno de Andrés Manuel en lo que a no discriminación respecta. Además queremos saber cuál será su postura en torno al tema de la prevención y atención del VIH, los derechos humanos y la atención a las alertas de género que mantienen a todo lo femenino en un segundo plano, lo que mantiene sumido a este país en una crisis histórica.

Por lo pronto, la telebasura continuará introyectándonos los roles tradicionales y los estatus quo de una sociedad que se resquebraja con cada paso que da.

@PaulIbarra06 

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#4 Tiempos

Nabor Carrillo pionero de la física nuclear en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los hijos de Julián Carrillo, fue Nabor Carrillo Flores, científico que llegara a ser rector de la UNAM en la década de los cincuenta; durante el referido rectorado, fungiría como secretario general el científico y humanista potosino Efrén Carlos del Pozo, quien sería un baluarte en el progreso de la medicina y en particular de la fisiología en México.

La relación con la UASLP fue manifiesta; por un lado, para Nabor Carrillo representaba la tierra de su padre y para Efrén del Pozo su alma mater. Del Pozo, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard donde también se graduaría de doctor en ciencias Nabor Carrillo.

Nabor Carrillo Flores se tituló en la UNAM de ingeniero civil en 1939, cuando estaba abriéndose apenas el Instituto de Física, su desempeño académico fue brillante lo que le permitió obtener la beca Guggenheim y convertirse en uno de los expertos internacionales en mecánica de suelos al graduarse de doctorado en ciencias en la Universidad de Harvard. Su brillante trayectoria académica, que incluye el ser uno de los pioneros de la investigación en física nuclear en el país al crear el Laboratorio de Van de Graaff, primer coordinador del organismo nacional de la Investigación Científica, rector de la UNAM, Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Michigan y Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otras distinciones, ha relegado, de cierta forma, su contribución a la ciencia originada con su tesis de licenciatura de la que poco se habla. Entre otros factores, por no haber sido publicada de manera formal.

La llamada órbita geoestacionaria, en realidad es la órbita de los satélites geoestacionarios sincrónicos, de esta forma los que se encuentran geoestacionarios son los satélites y no la órbita. La historia de la ciencia establece que fue hasta 1945 que Arthur C. Clarke la descubrió y la publicó en su obra Extraterritorial Relays y habló por primera vez de la posibilidad de colocar satélites artificiales en esa zona espacial formada por un “anillo” imaginario que circunda a la Tierra en dirección paralela a la línea ecuatorial a una altura cercana a los 36 mil kilómetros, con un ancho de 150 kilómetros y un espesor de alrededor de 30 kilómetros. A esa zona espacial se le conoce actualmente como cinturón de Clarke.

Antes de que la idea de órbitas geoestacionarias fuera publicada por Clarke, la comunidad científica comenzaba a debatir al respecto y, en particular, Nabor Carrillo la había planteado en su tesis de licenciatura, que presentara en la UNAM en 1939, tal como lo establece el maestro Julián Carrillo.

Durante un congreso de física en Nueva York y al que asistiera Carlos Graef, uno de los participantes planteaba justo esa posibilidad de los llamados anillos gravitacionales en el ecuador terrestre, por lo que Graef que conocía el trabajo de Nabor Carrillo, les refirió que eso ya estaba planteado en la tesis de Carrillo. Los participantes lo conminaron a demostrar la publicación del trabajo mencionado por Graef, así que, al regresar a México, buscó la publicación de la tesis, de manera infructuosa, pues solamente logró, en conjunto con Alberto Barajas encontrar el manuscrito del trabajo, que no fue publicado de manera formal. Julián Carrillo continúa narrando la diferencia entre guardar y archivar los trabajos o publicitarlos a través de congresos y publicaciones lo que debería de hacerlos trascender.

De esta forma, científicos mexicanos, participaban en las bases del desarrollo de las ciencias espaciales, que caracterizan en estos tiempos a nuestra sociedad. Las ideas de Carrillo fueron expuestas y discutidas en dicho congreso por Graef, lamentablemente su contribución no ha quedado registrada en la historia de la ciencia, como muchas otras aportaciones de nuestros científicos; gracias a Julián Carrillo podemos enterarnos del planteamiento de la teoría de anillo gravitacional introducida por Nabor Carrillo en la década de los treinta del siglo XX.

Nabor Carrillo murió el 19 de febrero de 1967 a los 56 años de edad, sus restos fueron trasladados a la rotonda de los hombres ilustres, al lado de su padre, justo en el centenario del natalicio de Don Julián Carrillo, el 28 de enero de 1975.

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#4 Tiempos

Gracias | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

Mucho podría hablar sobre el juego de cuartos de final entre San Luis y Pachuca, los errores en la marca, lo peligroso de Ibañez, los fallos de Murillo, en fin, demasiadas cosas sucedieron en la cancha del Lastras el miércoles por la noche.

Sin embargo hoy no quiero hablar de lo que sucedió en el rectángulo verde, hoy quiero hablar de la tribuna.

Simplemente gracias. Gracias a este equipo que me dio la oportunidad de volver a ver un estadio vibrante, una afición esperanzada y muchos rostros felices. Y es que ser aficionado al futbol en tierras potosinas, es una labor complicada, entre mudanzas, equipos malos, descensos y derrotas, el futbol en San Luis se traduce en sufrimiento.

Cuando la pandemia arrancó, el futbol potosino apenas llevaba unos meses en el máximo circuito después de su ascenso. El golpe a la afición fue duro, ya que semanas antes se había dado la lamentable bronca contra Querétaro que había terminado con juegos a puerta cerrada; en pocas palabras, entre una y otra cosa, el estadio no se pudo llenar.

Tuvieron que pasar los meses, los años, para que San Luis volviera a ilusionar, hoy este equipo que dista mucho de ser el mejor, levanta la mano con mucho sacrificio y humildemente busca aparecer en la historia local

: jugadores de bajo cartel, jóvenes y un par de referentes veteranos que intentan sobresalir nuevamente. San Luis hoy no pierde nada, para San Luis cualquier cosa es ganancia.

Por eso gracias, gracias a este equipo, a estos jugadores y cuerpo técnico, porque con muy poco están haciendo mucho, la ciudad vuelve a vivir esa emoción de ir al futbol, y aunque sé que esto puede ser muy efímero, agradezco que después del encierro y todos los problemas que se han sucitado, todavía pudieron encender las cenizas para alumbrar con emociones.

Así que, pase lo que pase el próximo sábado en Pachuca, yo ya me doy por bien servido, volver a ver el Lastras vibrar en primera, era algo que en ocasiones pensé que nunca más iba a volver a ver.

Gracias San Luis… y toda su gente.

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#4 Tiempos

Soledad o prisa | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

En 1863, Jules Verne (1828-1905), el famoso escritor de novelas de aventuras, se dio a la tarea de imaginar las cosas que sucederían en París un siglo más tarde, es decir, en 1960. El resultado de aquellas cavilaciones anticipatorias fue París en el siglo XX, novela que fue rechazada por un editor de la época y que el propio Verne, decepcionado, echó primero a un cajón y luego al olvido. ¡Ah, también este genio conoció el rechazo de los editores, la negativa descortés, el odio al propio manuscrito!

Durante más de un siglo la novela anduvo perdida hasta que en 1994 alguien –creo que un sobrino nieto o algo por el estilo- la encontró en una herrumbrosa caja fuerte y la hizo llegar a la Casa Hachette, editorial que la publicó ese mismo año y además con mucho gusto.

¿Qué sucedería en 1960, según Jules Verne? Luz eléctrica, autos velocísimos, gente apresurada: de todo esto hablaba ya nuestro autor en París en el siglo XX. Ah, claro, y también de los jóvenes managers parisinos, a quienes describe del siguiente modo: “Son hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos”.

¿Cómo hizo Verne para acertar una vez más? En efecto, así son los managers en la actualidad, y no únicamente los parisinos. Y ya ni siquiera sólo los managers, pues todos, de alguna manera, nos hemos convertido en hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos.

Verne no se hacía ilusiones en torno al progreso. Sabía que la locomotora, el telégrafo y la luz eléctrica, al modificar el ritmo de la vida, acabarían modificando también la manera en la que los hombres se relacionan entre ellos. Con la locomotora, el telégrafo y la luz nació la rapidez, y, con ella, la soledad social, el aislamiento, la atomización y la falta de amigos.

¿Cómo se puede ser amigo de un individuo eternamente apresurado, de un sujeto que cuando apenas se detiene porque no le queda más remedio está ya mirando ansioso hacia todas direcciones? Pues bien, con la revolución industrial nació precisamente este tipo de hombre: un ser estresado y hostil que vive con la mirada siempre fija en dos relojes: el gigantesco de la fábrica y el pequeño que lleva consigo entre las ropas atado a una cadena.

Por lo demás, todos conocemos gente cuya mirada está siempre en otra parte… ¿Qué ven en la lejanía?, ¿a dónde esperan llegar de un momento a otro? Su pensamiento francamente divaga mientras sus compañeros les hablan y les hablan. ¡Claro que los conocemos, y hasta es posible que nosotros mismos pertenezcamos a esa raza detestable! Pues bien, que nos quede claro: en semejantes condiciones nunca podremos ser amigos de nadie, pues el principal enemigo de la amistad es el exceso de movimiento: eso que conocemos comúnmente con  el nombre genérico de prisa.

Esto los griegos lo sabían muy bien: sin unos momentos de ocio, de tiempo libre compartido, en realidad no hay nada que hacer. ¡Ah, Platón llamaba ya a los amigos ladrones de tiempo! Pero no lo decía con el tono de un banquero o de un capataz,

sino con el de quien expresa una verdad perfectamente comprobable por la pura observación.

Sí, en la Europa del siglo XIX todos empezaron a conocer el ajetreo; de ahí que a Verne no le fuera nada difícil prever el tremendo peligro que se avecinaba.

«-Ven a jugar conmigo –dijo un día al zorro el Principito.

«-No puedo jugar contigo –dijo el zorro-. Aún no estoy domesticado.

«-Ah, perdón –dijo el Principito-. ¿Qué quiere decir domesticar?

«-Es algo demasiado olvidado –dijo el zorro-. Quiere decir crear lazos.

«-¿Crear lazos?

«-Por supuesto –dijo el zorro-. Tú no eres para mí, todavía, más que un muchachito totalmente parecido a otros cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás único en el mundo para mí. Seré único en el mundo para ti… Si quieres, domestícame.

«-Quisiera –contestó el Principito-. Pero no tengo tiempo. Tengo muchos amigos que descubrir y muchas cosas que conocer.

«-No se conocen más que las cosas que se han domesticado –dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas en los negocios. Pero como no existen en absoluto los negocios donde se vendan amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

«-¿Qué hay que hacer? –preguntó el Principito.

«-Hay que ser muy paciente –contestó el zorro-. Primero te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba. Yo te miraré por el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es una fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca»…

Nunca tendremos amigos hasta que vivamos con esa lentitud de la que hablaba el zorro en ese pasaje extraordinario de El Principito ¡La lentitud de sentarnos! De sentarnos hoy aquí y volver al día siguiente para sentarnos un poco más cerca, hasta que nos hayamos domesticado mutuamente. Pero, ¿quién es hoy capaz de hacer una pausa, arrellanarse en la hierba y respirar a pleno pulmón? Sí, la amistad –como todo lo que vale, como el arte mismo de vivir- es una larga, muy larga paciencia.

Los antiguos hablaban de libertad o muerte. Conocieron Estados totalitarios y el dilema era ese. Hoy, cuando los Estados parecen ser inofensivos, pero no las economías, el dilema sigue allí, pero ahora es este otro: o soledad o prisa. Y es preciso elegir.

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