junio 20, 2021

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#Si Sostenido

¡Feliz tercer día internacional del gato! | Columna de Daniel Tristán

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LAGUNOTAS MENTALES

Estimado lector, a lo largo del año se celebra el día internacional del gato tres veces. Si, tres veces, y básicamente se debe a los siguientes motivos. El primero es el 20 de febrero y se debe a que ese día murió Socks, minino del ex Presidente de E.U.A. Bill Clinton, por lo cual queda claro que el único ser más poderoso que un Presidente de E.U.A. es el gato del Presidente de E.U.A.

El segundo día es el 8 de agosto, fecha establecida por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal. Y el tercero es el 29 de octubre, establecido por la experta en mascotas Collen Paige, con la intención de promover las adopciones felinas en una época del año en la que, estúpidamente, muchos gatos negros suelen ser sacrificados. Anyway, los gatos se festejan tres días al año porque a final de cuentas se les da la gana. Dentro del marco del 3er día del gato de este nefasto 2020 les comparto estas ideas random sobre mi experiencia de despertar día a día con el amor incondicional de mis tres mininos: Louie, Mina y Pepper. 

¡Siempre los voy a amar hijueputas!  

  • Vivir con tres gatos es tener acceso al triple de dicha, amor y alegría, pero también implica limpiar tres veces más mierda el arenero.
  • El amor del gato es el más puro al que un ser humano pueda aspirar en toda su vida. Nadie puede amar más fuerte que un felino.
  • Si todo el mundo cogiera diario y tuviera un gatito en casa las guerras simplemente no existirían.
  • El universo entero está en los ojos de un gato, una vez que uno los mira se pierde a sí mismo ante la inmensidad, ante el magnetismo del abismo.
  • Hay un pequeño espacio entre la quinta y sexta cerveza en la que el gato y tú hablan el mismo idioma y se entienden a la perfección. Palabra y maullido se funden para crear un canal de comunicación uniforme en el que todo se devela. No hay un solo “bla” ni “miau” malinterpretado ni fuera de lugar. Después de ese sexto trago todo vuelve a ser caos.
  • Los gatos son relojes, son máquinas puntuales que no perdonan un retraso (por mínimo que sea). Comen a tiempo, duermen a tiempo, te ignoran siempre a tiempo.
  • Aceptar a un gato en tu vida es renunciar por los próximos doce o quince años a tu espacio personal. No hay, no existe.
  • Todo lo que crees poseer en realidad le pertenece al minino, tómalo a préstamo si quieres. Si no puedes largarte.
  • Hacerle daño intencionalmente a un gato es firmar tu pase a la más dolorosa, lenta, indigna y siniestra de las muertes. El karma siempre llega. 
  • De todos los espacios en el universo en los que el gato pueda merodear va a elegir, invariablemente, el que menos te parezca adecuado a ti. Hará hasta lo imposible por dejar huella donde más te duela.
  • Para jugar con un gato se debe estar dispuesto a perderlo todo, no solamente el juego, también un ojo. Si algo ha de ganar el humano que juega contra un gato son cicatrices.
  • Al gato no le gusta arañar sillones, le gusta arañar TUS sillones.
  • La cama no es tuya, es del gato y deberías agradecer que te comparte su espacio.
  • Decidir adoptar un gato negro es lo mejor pues nunca se le nota cuando está sucio.
  • No hay nada más hermoso que ver a un gato jugar con su propia sombra, pues parece como si fueran dos gatos.
  • Es una ley universal que el gato siempre terminará comiendo mejor que tú.
  • El gato no ve. El gato observa, cuestiona y juzga.
  • Hay algo inexplicable en la mirada de los mininos, algo saben (y lo saben bastante bien) pero se niega a decírnoslo pues ese secreto es su tesoro.
  • Pocos entienden el amor que un humano puede llegar a sentir por un minino pues puede ser incluso más grande que el que puede sentirse por los de su misma especie.
  • Una vez que un humano hace vínculo con un gato está condenado a caerle bien a todos los gatos, a los callejeros también. Se obtiene una especie de certificación de humano aceptado en el mundo felino.
  • Tener gatos es acostumbrarte a gastar en juguetes caros para que los ignoren y se diviertan más con las cajas en las que venían empaquetados.
  • En todas las casas hay fantasmas y los gatos los ven, punto.
  • Cuando un gato está feliz y hace “prrrrr” todo en el mundo toma su lugar, hay armonía inquebrantable.
  • Regla de oro al tratar por primera vez con gatos: jamás te les acerques o te van a asesinar. Siéntate a esperar, si ellos se acercan siéntete digno. Si no se acercan olvídalo, no les interesas.
  • Cuenta la leyenda que cuando un gato te da masaje en la barriga en realidad está calculando tus puntos vulnerables en las vísceras para poder asesinarte, aunque al final el amor por ti les gane y no lo hagan. 
  • El gato no es estúpido, todos los días piensa en largarse de casa y no volver, pero no está dispuesto a renunciar a ti como sirviente.
  • Hablarle chiqueado a un gato te hace ver pendejo, el mismo gato lo piensa y si pudiera te lo diría en la cara.
  • Si tu gato te sigue a cada rincón de casa en el que estés siéntete honrado, pues su amor por ti es ligeramente superior al odio que te tiene.
  • Cada vez que despiertas y tu gato está sentado al pie de la cama observándote fijamente te sirve de entrenamiento para cuando abras los ojos y la muerte (o los cuervos, o las brujas) te sorprendan y te digan “Hasta aquí”. Esas pesadas miradas matutinas no son en vano, pues tanto el gato como tú sabes que morirás en cama.
  • Cuidar, proteger y amar profundamente a un minino es la mejor inversión que uno puede hacer en vida, pues al momento de partir habremos de encontrarlos nuevamente y tendremos con quién dormir calientitos por toda la eternidad.

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Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

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#Crónica | No fue tu culpa, no fue el alcohol … ¿abuso sexual o violación?

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No se trata de quien es víctima y quien victimario; porque si preguntas a las mujeres, ¿quiénes han sido sufrido violencia en alguna de sus formas?, te sorprendería el resultado

Por: Itzel Márquez

Texto ganador del segundo lugar en el Premio Estatal de Periodismo 2021 dentro de la categoría de Crónica.

Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.

Parece estar de moda denunciarla, pero la violencia sexual siempre ha estado ahí, como un testigo silencioso, normalizado y tan interiorizado socialmente, pero el “me too”, tantas famosas alzando la voz y el constante “si tocan a una respondemos todas”, nos han dado el valor de no callarnos más. Porque si en una habitación llena de personas piden que levanten la mano las mujeres que han sufrido violencia en alguna de sus formas, te sorprenderá el resultado.

Esta historia viene del 23 de julio de 2017, comienza como muchas otras, no era un día en el que se esperara mayor sobresalto: Julieta trabajaba en una cafetería desde algunos meses atrás y como era costumbre, ese sábado había decidido ir de fiesta con sus compañeros. Al término de la jornada laboral, pasaron por ella a su casa, tenían todo listo: comida y algo de alcohol. Ese día la fiesta sería en una de las casas de Beto, lejos de la ciudad para poder acampar y hacer una fogata.

Cerca de la medianoche, todos llegaron al lugar, escuchaban música, asaron malvaviscos y bebían un poco de cerveza. Al cabo de un rato, el anfitrión comentó que había un cementerio y una cancha de básquetbol cerca del lugar y propuso ir a caminar hacia esos lugares, a lo cual todos accedieron, un tanto porque el alcohol comenzaba hacer estragos en el organismo de los presentes y otro más para buscar aventura.

Todo marchaba bien, caminaron hacia ambos lugares sin más contratiempo; no obstante, al regresar de la cancha de básquetbol, Julieta comenzó a sentirse mareada, tropezó y Pablo la ayudó a continuar de regreso. Al llegar a la casa, comenzaron los shots de ese amargo licor, el tequila; uno, dos, tres, cinco… Julieta perdió la cuenta al grado de perder la conciencia, Pablo le insistió que se recostara un momento en la habitación para que se sintiera mejor, ella accedió, él la acompañó, cerró la puerta y la fiesta continuó.

Momentos borrosos y pocos recuerdos fueron lo que siguió en la mente de Julieta, cerró los ojos un momento y al instante siguiente tenía el busto descubierto y el pantalón desabrochado, de un lado de la cama estaba Beto y del otro Manuel, su hermano, una silla atrancaba la puerta para que nadie pudiera entrar. Ella quedó en shock sin saber qué había pasado, cerró los ojos otro instante y después vio entrar a Pablo, quien le dio un puñetazo a Beto en la cara, él solo dijo: “es mi vieja, ella me dijo que quería”.

Julieta sin saber qué hacer y al escuchar los gritos de todos, se vistió, luego se levantó de la cama y salió de la habitación, le pidió a Ana que buscara su celular, fueron por él al camino, subieron las cosas al automóvil mientras intentaban separar a Beto y a Pablo, él estaba furioso por lo que Beto (había o no hecho).

Condujeron a casa de Ana, todos decían que Julieta no podía volver así con sus papás. Fueron a casa de Ana, nadie sabía qué decirle a Julieta, Ana solo murmuró: “duerme, te sentirás mejor en un rato”; así fue y tras dos horas, Julieta despertó, dijo que quería ir a su casa, nadie se opuso. Comenzó a caminar, una calle tras otra, sabía a dónde dirigirse, pero en su mente no era ella.

Al llegar, sus padres le preguntaron cómo le había ido, ella solo dijo “bien”, sin más atención, se bañó y continuó con lo planeado para ese día.

Al pasar el tiempo, tal como cuando comienza a amanecer en el horizonte después de una larga oscuridad, los recuerdos volvían a Julieta: detalles de lo ocurrido ese sábado 23 de julio, pero tenía que seguir trabajando en la cafetería en donde Beto era su compañero, un día como si nada hubiera ocurrido, él se acercó y le dijo: “oye, estuve pensando en lo que pasó el sábado y solo quiero decirte perdón”, ella ni siquiera lo volteó a ver.

Cansada de tener que convivir con Beto, Julieta le contó a la encargada de la cafetería. Julieta nunca la había visto tan enojada, con la dueña no ocurrió lo mismo, ella solo dijo que no podía hacer mucho, porque “había ocurrido fuera del horario laboral”; Julieta solo pidió que no tuviera que volver a trabajar con él.

Una semana después decidió que era momento de hablarlo con sus padres, esa noche al salir del trabajo y llegar a casa, ella estaba tan nerviosa, lo único que pensaba era lo mucho que la iban a regañar, sus papás le dijeron: “tuviste que haber tomado menos, para poder defenderte”, se sentía llena de rabia. Su padre le sugirió que acudieran a dependencias locales para denunciar y que tomara terapia psicológica, después de muchas lágrimas y algunos abrazos, ella aceptó.

Al día siguiente su padre la acompañó, pero en el Ministerio Público, Julieta recibió comentarios como “te van a preguntar todo muy puntual y si no te acuerdas, mejor ni te desgastes”, o “si no recuerdas lo que pasó y no hay testigos, no podrás hacer nada”, ahí vio que legalmente no podría hacer nada, así que solo accedió a tomar terapia psicológica. Ese día, al llegar al trabajo, ella le contó a Ana todo lo que le habían dicho al querer tomar acciones legales, su amiga trató de consolarla: “tranquila, ya hicimos memoria todos y no pasó nada, también lo platicamos con Beto”; Julieta sintió de nuevo una rabia inmensa y solo se quedó callada.

Se fue de viaje una semana, la psicóloga le dijo que tenía que estar lejos para no pensar, para no ver a Beto y para meditar lo que decidiría, casi al regreso vio su horario de trabajo de la siguiente semana con tal sorpresa que, tendría que compartir horario con Beto tres días, ahí decidió que no quería seguir en ese lugar. A su regreso, renunció, la dueña solo dijo que no quería que se fuera, pero que no podía hacer nada; tiempo después, Julieta se enteró que habían ascendido a Beto y ahora era gerente del lugar.

Tal vez las ideas en la mente de Julieta nunca estén del todo claras, tal vez aunque hayan pasado cuatro años siempre será una herida abierta y tal vez Julieta no es real, tal vez su nombre es Itzel Márquez, una víctima más de violencia sexual que no encontró apoyo en la ley, pero que ha seguido con su vida y no, no se trata de quién es víctima y quién victimario, se trata de concientizar, se trata de que NUNCA MÁS UNA MUJER TENGA QUE SUFRIR VIOLENCIA SEXUAL.

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Crucigrama | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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Las instrucciones en el altavoz sonaron inútiles. ¿De qué sirve tener el cinturón de seguridad bien puesto a diez mil metros de altura? Moriríamos igual. Los protocolos guardan el orden, pero el orden no guarda certezas.

Fueron llamados pájaros de acero. Ahora ofrecen un falso wifi que nunca conecta, sólo promete que el avión sea de primera, y a su vez sugiere un vuelo seguro que nadie puede notar a las primeras.

Los protocolos, por inútiles que parezcan, guardan el orden de las cosas, unas tienen su sitio y las otras tienen su otro buen sitio. Tienen, ambas, prohibido salirse de sus lugares. Respetan el tiempo. Se siguen instrucciones, se obedecen las órdenes. Por lo demás, son los cielos los que se encargan de los nubarrones, turbulencias y caídas.

Nunca he conocido a ninguna asistente de vuelo, es decir, conocer a fondo, a pelo, hasta el hueso. Tampoco he conocido a nadie que conozca a una, ni de lejos a alguien que diga que ha conversado más de diez segundos con ellas.

Casi todas las azafatas son hermosas y viven en el cielo. Son como ángeles, por eso quienes habitamos en piso firme no las conocemos nunca.

La primera vez que una de estas criaturas me miró a los ojos, me sentí especial, como si ella quisiera que fuéramos algo más que pasajero y ángel. El hechizo debe ser el mismo para todos. Aquella era una asistente de una buena aerolínea, nada barata.

También he viajado en aerolíneas malas y sus azafatas son menos amables, y en vez de entregar sonrisas muestran sus culos, culos gordos, feos, desmedidos. Si eres pequeño puede que la señora del culo enorme te asuste, si eres mayor puede que te la ponga dura. Y si el vuelo tiene más de dos horas no habrá de otra que machacártela en los cielos, dentro de un baño donde la mierda no termina de irse del todo. El cielo no es justo con las aerolíneas baratas. Palabra de dios, ley de los cielos.

Confías en los ángeles cuando te dicen que un absurdo cinturón pegado al asiento te asegura la vida durante el viaje. Al bajar del avión te das cuenta que nada de eso era real y que los ángeles han desaparecido en cuanto la compuerta se cierra.

Me pone mal saber que las cosas se mueven mientras duermo. Ojalá al irse uno a dormir todo lo demás se fuera también a dormir con uno. Le haría un espacio en mi cama a todas las cosas con tal de que me permitieran dormir en paz.

Leonard Cohen le canta una canción a Lorca en secreto. Antes de despedirse del mundo, Pavese dijo: “El consuelo de una visión consiste en creer en ella, no en que sea real”. Por lo demás, el tiempo es una forma de experiencia limitada. Es como entrar y salir del cine, como subir y bajar de un avión, elevarse y descender del cielo. Todo cambia dentro, nada cambia afuera.

El viejo juego de las pestañas y los deseos, cosas que pasan frente a tus narices y otra persona se hace cargo de premiarte por ello. Alguien se las arregla para acariciarte la cara. Pierdes una pestaña, pides un deseo. Un día conoces a una chica preciosa y te dice que has perdido una pestaña. Luego te pide permiso para tomarla. Después viene el momento de pedir un deseo. Lo cierto también es que no todas las chicas conceden deseos, ni son todos los afortunados en perder oportunamente las pestañas frente a una chica.

Hay lluvias de miles de estrellas una vez cada cientos de años, hay una lámpara escondida en alguna parte con un genio dentro, y hay pestañas que pertenecen a chicas hermosas.

Uno de los ángeles resuelve crucigramas durante el vuelo. Adentro hay turbulencia, el aire se agita afuera. Brota el pánico, el miedo de irnos en picada, el miedo de estrellarnos contra el suelo, ese violento regreso al piso firme. La chica sigue en lo suyo, resuelve crucigramas, entonces la tripulación la observa y de a poco se tranquiliza. Pasan algunos minutos y el avión recupera el control del vuelo.

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