febrero 2, 2026

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#4 Tiempos

Extraordinarios precursores de la física potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Hace sesenta y siete años se formalizó la institucionalización de la física en San Luis con la creación de la escuela de física y su instituto de investigación. Con su creación la UASLP contaba con un doctorado y el único en toda la universidad, el Dr. Gustavo del Castillo y Gama, que inmediatamente comenzó a contribuir con nuevo conocimiento realizando trabajo de investigación en física nuclear de altas energías. Poco a poco la física en la UASLP fue consolidándose y convirtiéndose en un importante catalizador para la investigación en la universidad potosina, siendo la ciencia en la actualidad la carta de presentación de la UASLP a nivel internacional.

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí, vivió tiempos de vertiginosa contribución a la física en tiempos pretéritos, una de las épocas más brillantes fue en plena segunda parte del siglo XIX, en el antecesor inmediato de la universidad el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí. En dicho lugar al reiniciar las actividades en 1868, después de la salida de los franceses quienes ocupaban como cuartel el edificio educativo, se instaura la cátedra de física otorgándosele a un brillante joven que pocos años antes terminará la carrera de farmacia en la ciudad de México y que había realizado estudios de física en la Escuela Nacional de Medicina. El joven en cuestión hijo de un destacado médico potosino y que entre otras acciones introdujo la primera imprenta en la capital de San Luis y Zacatecas, es Francisco Javier Estrada (hijo). Estrada el hombre de estudio y de acción por excelencia, pensaba, proyectaba, trabajaba en el acogedor silencio del laboratorio. Con sus nuevos aparatos impulsaba la comunicación telefónica entre México y San Luis, logrando realizar tal cosa el 20 de enero de 1882, utilizando para ello nuevos instrumentos reformados por él mismo para grandes distancias. Gracias a sus estudios por primera vez en todo el Continente, se encendió la primera luz eléctrica de arco, precisamente en el patio de la actual Universidad.

A pesar de ser atacado de ataxia locomotriz a los treinta años de edad, se ganó a pulso el título de primer electricista mexicano al tener contribuciones brillantes a la física. Extensa sería la lista de trabajos y aparatos realizados y fabricados por Estrada, entre ellas podemos mencionar: dos aparatos telegráficos impresores, un barómetro automático de máxima y mínima, varios sistemas de galvanoplastia, entre muchos otros. Dentro de sus notables contribuciones a nivel mundial es el descubrimiento de la comunicación inalámbrica, antes de que la descubriera Marconi.

Otro de los ilustres catedráticos del Instituto y al que puede considerarse el primer doctor en ciencias que tuvo el Instituto Científico y por lo tanto la UASLP lo es el Dr. Pedro Garza quien en 1874 obtuviera el título de doctor en ciencias en la Universidad de Goettingen en Alemania, el trabajo que presentó para la obtención del título versó sobre las leyes trascendentales de la óptica, descubriendo un nuevo modo de construir los ejes ópticos y de doble refracción en los cristales emisótropos; además, él fue el primero que planteó la fórmula del cilindro polarizado en los mismos cristales. Varios sectores de la sociedad solicitaban al Ministerio de Educación crear aun cuando fuera una plaza extraordinaria de catedrático con el objeto de retener al eminente profesor de veintitrés años que tal vez se vería obligado a regresar a Alemania, alegando que eso no debía suceder por el progreso de la educación pública.

Meses después, el joven Garza llegó a ser vice-director del Instituto y se encargó de la cátedra de geometría sintética, al finalizar el año regresó a Alemania y posteriormente en 1877 se reincorporó al Instituto como vice-director trayendo con su regresó libros e instrumentos que el Instituto había solicitado a Europa.

Un naturalista, y que por un tiempo se encargó de cátedras de física es el Dr. Gregorio Barroeta, quien fuera director del Observatorio Meteorológico, creado a fines de 1877 en el Instituto Científico y Literario de San Luis. Estuvo encargado de la cátedra de Historia Natural y del Museo. De los personajes tratados aquí es el único cuyo nombre ostenta una secundaria en el enclave minero de Santiago Papasquiaro en la sierra de Durango. Su dedicación al estudio de los vegetales quedó recompensada al merecer la honra que una especie del género violeta lleve su nombre, por habérselo dado en esta ciudad el Dr. Schaffner cuyo hecho fue sancionado por la autoridad de los Botánicos del Herbario de Kiew de Inglaterra; mientras que el Dr. Asa Gray profesor de Historia Natural en la Universidad de Harvard en Boston, director del Jardín Botánico, le dedicó un nuevo género de plantas que encontró entre las que se remitieron de esta ciudad y de sus alrededores, el ejemplar se le conoce como Barroetea setosa, Grey. Barroeta fue nombrado Miembro Honorario de la Sociedad Geográfica de Québec en Canadá.

Estrada, Garza y Barroeta engalanaron los pasillos del Instituto Científico y Literario, dieron vida a las cátedras de ciencias y en especial las relacionadas con la física, formaron los gabinetes de física, química, historia natural y se encargaron por su parte de realizar observaciones meteorológicas, registrar especies de plantas, disertar de temas de vanguardia científica a nivel mundial y construir una gran cantidad de nuevos aparatos, con ellos se cernía la posibilidad de enraizar la ciencia y en particular la física, con la formación de estudiantes que en su opufeiufherifhortunidad dieron realce al Instituto Científico y posteriormente a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, que hoy se vanagloria de contar con importante número de investigadores, la mayoría con el grado de doctor, con reconocimiento nacional e internacional, y nos recuerda que la Física que este año cumple cincuenta de su institucionalización en San Luis, tiene una historia de trabajos precursores que han contribuido a su progreso.

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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