APUNTES
Culto Público, hijos de mis heridas y carencias, o de las realidades desiguales:
El sábado pasado fui invitado, como también lo fui al resto de las conferencias del ciclo “Unidas somos poderosas” en el marco del mes de marzo y el 8M, que organizó el DIF municipal de la mano del Ayuntamiento capitalino.
Los eventos, sin duda, de muy buen nivel, de gran participación, de inmejorable convocatoria, pero sobre todo -yo así me lo explico- “pensados para pensar, y generar conversación pública” ingrediente básico de la construcción del tejido social.
Cerró el ciclo la historiadora, periodista y política española, Cayetana Álvarez de Toledo. Con ella tuve oportunidad de desayunar de lejitos, escuchar su conversatorio y al final, de tener un momento de intercambio de ideas entre ella y compañeros del gremio y dueños de medios.
Su oratoria es impecable, su razonamiento lo entiendo con base en su construcción humana, su historia y sus circunstancias y no me atrevo a invalidarlo… pero tampoco a aceptarlo, la razón es muy simple, y es por ello que les comparto a ustedes mi Culto Público, mi muy humilde opinión.
Yo le creería a Cayetana Álvarez de Toledo, incluso quisiera tener ganas de creerle, sin caer en su definición de optimista o pesimista porque no todo es negro y blanco.
Al escucharla, es casi imposible no perderse en sus afirmaciones sólidamente construidas, y si no se pone atención yo le creería cuando dice que el populismo divide, cuando advierte que el poder puede usar a los pobres como clientela política y cuando insiste en que la libertad individual es la base de una democracia sana.
Le creería… si México fuera el país del que ella habla. Pero no lo es.
Y es que hay una diferencia brutal —y muchas veces invisible— entre el punto de partida de quien da el discurso… y el de quien lo escucha.
Cayetana habla desde una biografía de privilegio: Vida holgada en la Argentina sin crisis, redes de poder, nieta de franceses de abolengo vinculados con la realeza británica y a Edward Frank Willis James (lo conocemos como Sir Edward James -si el del castillo en Xilitla- y según las malas lenguas hijo ilegítimo del rey Eduardo VII), acceso a educación, capital cultural y muchos etcéteras.
(No es un juicio moral: es contexto)
Es por eso que su problema es que su receta parte de una premisa que en México simplemente no existe: y se llama la igualdad de condiciones.
Para algunos es muy fácil hablar del éxito y reducirlo al mérito individual. Uy, pues qué fácil. Se oye bonito. Se oye justo…
Pero en México hay niños que caminan kilómetros para ir a la escuela… y muchos otros que ni siquiera van.
Hay quienes estudian con internet, libros y tiempo…
y otros que todavía estudian con hambre.
Entonces la pregunta que me hago, creo que es válida: ¿De verdad todos compiten en la misma carrera? ¿O hay quienes arrancan metros adelante… y otros que ni siquiera están en la pista?
Porque si todo es mérito… entonces los que no llegamos, ¿qué somos? ¿flojos? ¿Fracasados porque queremos? ¿o simplemente nacimos donde el esfuerzo no alcanza?
Ah, órale ya entendí… (digo, me hubieran dicho y no nazco pobre)
Va el dato: en México, apenas uno de cada cuatro jóvenes logra terminar la universidad, y en muchas regiones, ni siquiera hay condiciones para intentarlo.
Pero claro… “échale ganas”
Ahora bien, hay quien explica la pobreza como una mezcla de falta de oportunidades… y malas decisiones, pues sí, es una explicación cómoda.
Porque traslada la responsabilidad al individuo, pero en México la pobreza no es una anécdota, es una condición estructural heredada por generaciones.
Porque no es lo mismo caer… que nacer cayendo.
Y cuando se ignora eso, lo que se hace no es explicar la pobreza, casi, casi es convertirla en culpa.
Cayetana, en su discurso y en la charla también nos dio a ver que desde su mirada, los apoyos sociales son mecanismos de control (y lo argumenta bien -lo reconozco-)
Pero lo plantea como si cada peso entregado fuera una cadena invisible (esclaviza, dijo) pero a ver, en un país donde millones viven al día… ese apoyo no es control, es margen de subsistencia. No se compran voluntades, para muchos se compra tiempo.
Tiempo para comer. Para estudiar. Para no abandonar.
Porque la verdadera pregunta no es si el apoyo genera dependencia… es si alguien puede ser libre
cuando no tiene nada.
Y creo que aquí es donde el discurso se rompe y -repito- no porque esté completamente equivocado… solo que está incompleto.
Porque asumir que el apoyo social esclaviza automáticamente al votante, implica algo bien problemático: que el pobre no decide… reacciona.
Y eso, además de falso… es profundamente injusto, Cayetana dice que los políticos nos tratan como “niños chiquitos”, pero decir que en automático más de 30 millones de mexicanos votando a cambio de un bolillo prácticamente es decirnos “niños, hambreados y pendejos”
Porque además en México los programas sociales no son nuevos ni exclusivos de la 4T: Los han dado todos. PRI: “Solidaridad, Procampo, Progresa” PAN: “Oportunidades, Seguro Popular, Adultos Mayores…” etc, y aún así, los gobiernos del PRI y el PAN han perdido elecciones, entonces no. El voto no se compra tan fácil. Si como afirma Cayetana, los subsidios sociales perpetúan al poder, pues nos seguiría gobernando el PRI y no es así. Los mexicanos si pensamos y tenemos dignidad.
La conferencista además ve al Estado como un riesgo, como un actor que estorba, pero eso sólo aplica cuando el Estado existe, y en México pues qué le digo que Usted no sepa: hay regiones donde el Estado no estorba simplemente porque no está.
En otros temas, Cayetana advierte que una mayoría electoral, la legitimidad de las urnas, no legitima a los abusos de poder y en eso tiene toda la razón, pero omite algo: la democracia no solo permite desconfiar del poder… también es reconocer la voluntad de las mayorías, y en México esa voluntad ha sido clara.
(Podrá gustar o no, eso es otra cosa)
Al final, el problema no es que critique el populismo. El problema es que lo hace desde una realidad donde las instituciones funcionan, donde el Estado existe y donde las oportunidades —aunque imperfectas— están al alcance.
México no es eso. México es un país donde millones de personas no necesitan teoría política, necesitan sobrevivir.
Y entre el ideal de “no depender del Estado” y la realidad de no tener nada pues hay un abismo.
Porque en México llamar “populismo” a que la gente coma, estudie o tenga lo mínimo para vivir
no es un análisis… eso es lenguaje del privilegio con mundo, relaciones y facciones hermosas.
Por eso, Culto Público, yo le creería a Cayetana, de verdad, pero para creerle tendría que creer que todos empezamos desde el mismo punto y con la cancha igual de pareja, tendría que olvidar la desigualdad y la injusticia que he visto (y toda la que no he visto) en este país, tendría que dejar de ser un mexicano y provinciano promedio que vivió de devaluación en devaluación y de crisis en crisis.
Tendría que hacer como que aquí no hay niños que nacen con la partida perdida antes de jugar, como que el esfuerzo siempre alcanza, o como que los “échale ganas” quitaran el hambre.
Prácticamente tendría que cerrar los ojos… y no quiero ese privilegio, ese de creer, cuando algunos apenas tienen el privilegio de resistir.
Jorge Saldaña.
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