#4 Tiempos
El silencio de Fray Luis | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Las máquinas nos han seducido de tal manera que ni tardos ni perezosos nos hemos puesto a imitarlas. Esto, como es lógico, ha resultado bastante provechoso para las empresas, aunque no sé si, finalmente, lo haya sido también para los individuos. ¡Las máquinas! ¿No es verdad que son éstas las que determinan ya el ritmo de la vida? Hoy se ha hecho necesario trabajar casi a su misma velocidad, con el resultado de que todos vivimos –hombres, mujeres y niños- con la lengua de fuera. ¿Y por qué no en vez de imitar a las máquinas tratamos de imitar a otros hombres y, sobre todo, a esos hombres representativos que la historia ha reconocido como auténticos maestros en el arte de vivir? Uno de ellos es el español Fray Luis de León. Veamos por qué es tan «representativo» como decimos y por qué tiene mucho que enseñarnos, aunque sólo sea en el breve espacio de esta página.
Fray Luis nació en Belmonte, provincia de Cuenca, en 1527; que haya quien diga que lo hizo más bien en el año 28 o 29 del mismo siglo, es cosa que a nosotros nos tiene sin cuidado. Ingresó muy joven en la Orden de los Agustinos, y en 1561 obtuvo la cátedra de teología escolástica en la prestigiosa Universidad de Salamanca. Francisco Pacheco, que conoció personalmente a Fray Luis, lo describe de esta manera en su Libro de verdaderos retratos: «En lo natural fue pequeño de cuerpo, en debida proporción; la cabeza grande, bien formada, poblada de cabello algo crespo; el cerquillo, cerrado; el rostro, más redondo que aguileño; trigueño en color; los ojos, verdes y vivos. En lo moral, es el hombre más callado que he conocido, si bien de singular agudeza en sus dichos, con extremo abstinente y templado en la comida, bebida y sueño; de mucho secreto, verdad y fidelidad; puntual en promesas y palabras…».
Que era un hombre que buscó siempre la sencillez, la soledad y el silencio y nunca el engañoso poder, es algo que puede colegirse de los siguientes versos salidos de su pluma:
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza, de recelo.
O también de estos otros:
Y mientras miserablemente
se están los otros abrasando
en sed insaciable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
El mismo año en que obtuvo la cátedra en la Universidad de Salamanca «en competencia de siete opositores», Fray Luis tradujo para el uso privado de una prima suya, Isabel Osorio, monja del convento del Espíritu Santo, el libro del Cantar de los Cantares, pues además del latín dominaba el hebreo a la perfección (Fray Luis descendía de judíos conversos). Y aquí es justamente donde empezaron sus requiebros, pues según un canon del Concilio de Trento, recientemente celebrado (1545-1563), quedaba prohibido -¡bajo pena de excomunión!- traducir cualquiera de los libros de la Biblia a lengua vulgar.
Él, claro está, conocía la existencia de semejante prohibición; lo que nunca se imaginó es que lo privado llegara a hacerse público –Facebook avant la lettre-, es decir, que en el monasterio alguien copiara su traducción y la sacara después a recorrer los caminos de Dios (al parecer, quien la sustrajo fue un mozo del mismo monasterio).
Dos pecados, pues, había cometido Fray Luis, al menos según la mentalidad de la época: traducir lo que no se podía, y además hacerlo no a partir de la versión latina de la Biblia (la llamada Vulgata, hecha por San Jerónimo), sino basándose en el texto original hebreo.
Cuando, durante el proceso, el inquisidor Vicente Hernández le reprocha haber escandalizado al pueblo cristiano con su traducción del Cantar de los Cantares, responde Fray Luis en alta voz:
«-A este hombre el oír besos y abrazos, ojos claros y otras palabras destas de que está lleno el texto de aquel libro le escandalizó los sentidos. No se percataba cuando lo leía en latín, si alguna vez lo llegó a leer, y le hirió el oído por oíllo en romance».
Pero no valieron sus razones y fue condenado a prisión, donde estuvo recluido del 27 de marzo de 1572 al 7 de diciembre de 1576. Al salir, la cátedra le fue restituida. Y tan pronto como pudo sentarse nuevamente en ella, empezó su lección diciendo: Dicebamus hesterna die: «Como decíamos ayer»…
Sus discípulos esperaban una explosión, una queja, una crítica a las autoridades que tan injustamente lo habían castigado enviándolo a la cárcel, pero él empezó su clase como si nada hubiera sucedido. Los estudiantes, que asistieron a ella en gran número, esperaban algo semejante a esto: «He perdido cuatro años de mi vida, señores. ¡Cuatro años que nadie me devolverá! ¡Maldita sea la vida, y malditos los inquisidores. ¡Que el diablo se los lleve!». Pero nada de esto dijo el maestro y siguió su curso como si tal cosa.
Es verdad que pudo pasarse el resto de sus días quejándose amargamente de Dios y de los hombres; de Dios por haber permitido tan grande afrenta, y de los hombres por haberla ejecutado. Pudo, además, haber dicho dos que tres cosillas de la gente que lo acusó. Pero de sus labios no salió más que un Dicebamus hesterna die que de seguro conmovió hondamente a sus alumnos. ¿Algún día seremos capaces de semejante discreción, de semejante silencio? El día en que lo seamos, habremos aprendido su lección. La mejor que dio a sus alumnos mientras vivió en nuestro achatado planeta…

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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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